La agricultura ecológica, a punto de inundar las grandes superficies

El crecimiento de la agricultura ecológica es menor en Asturias que la media estatal. Foto / Marieta.

La agricultura ecológica no para de crecer en España y está a punto de inundar las grandes superficies. Cada año tanto el número de productores como la producción aumentan, aunque en Asturias el desarrollo del sector y su incidencia son inferiores a la media nacional. Los agricultores ecológicos apuestan por comer menos y de temporada.

Ismael Juárez / Periodista

Adrian Hopkins y Vanesa Moreno son una pareja que hace dos años comenzó su andadura en la agricultura ecológica. Él, de Bristol, Inglaterra, y ella, de Avilés, decidieron arrendar una casa y unas tierras en el concejo de Carreño para empezar a cultivar productos ecológicos que venden en diferentes lugares cercanos a su huerta. Están entre los 400 productores ecológicos que hay en toda Asturias y que conforman un pequeño tejido que año a año sigue creciendo. Para Adrian el certificado, obligatorio en toda la UE, es necesario pero “quizás insuficiente. Regula principalmente el no uso de pesticidas. Eso es bueno. Pero también son importantes otro tipo de cuestiones”. Y es que para Adrian “deberían regularse también los monocultivos que, aunque no usen pesticidas, no creo que sean un modo muy ecológico de cultivar la tierra”.

En Asturias los primeros productores ecológicos aparecieron hacia 1991 aunque el impulso definitivo se dio en 1996, el año en que nace el Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado de Asturias (COPAE), órgano descentralizado de la Consejería de Medio Rural y Pesca, en el que están representados los productores, elaboradores, consumidores y la Administración autonómica. Javier González Aguilar, su presidente, afirma que desde COPAE se asegura la independencia en el proceso de certificación para que haya garantías de que los productos que se van a consumir están producidos, elaborados, envasados y comercializados según las normas de la agricultura ecológica. “Gracias al certificado ecológico el consumidor puede estar seguro de que no se usan pesticidas, que no va contra la naturaleza y que es bueno para la salud de las personas”, dice.

Desde COPAE se muestran optimistas. Actualmente en Asturias, de los 400 productores ecológicos, 74 son de huerta y 161, de frutales. Además, la Autonomía cuenta con 100 empresas de elaboración y comercialización y 160 comercios minoristas registrados y controlados.

Por superficie, el producto que más se cultiva es la manzana aunque no se llega a exportar fuera de la Comunidad, excepto puntualmente para productos transformados como la sidra o la mermelada. El kiwi y el arándano son los siguientes productos en importancia, que, aunque con menos producción, se llegan a exportar fuera de Asturias. “El arándano está cobrando mucho impulso”, cuentan desde COPAE. “Se está convirtiendo en uno de los productos con más futuro en el sector ecológico”.

Lo cierto es que lo ecológico se está empezando a abrir paso en las grandes superficies. Así lo confirma el presidente de COPAE, quien cree que el pasado año “se ha roto una barrera, las grandes superficies están empezando a apostar por lo ecológico, en España y más en concreto en Asturias, y eso es algo bueno aunque aún estemos lejos de una gran producción ecológica en la región”. Sin embargo, Adrian no tiene tan claro que eso sea necesariamente positivo, porque insiste en que “de nada vale que haya productos que guarden la normativa sobre insecticidas si están hechos fuera del ámbito local o regional, incluso importados desde otros países”.

Un 25% más de superficie

Mario Díaz Esteban, ecólogo e investigador científico del CSIC, cree que en términos generales la normativa actual es aceptable, “en el sentido de que el no uso de pesticidas es bueno, y reduce mucho el impacto medioambiental”. Pero, por otra parte, también confirma que hay un debate entre los científicos ya que “ciertamente los monocultivos van en contra de un desarrollo ecológico e incluso sostenible, pero también es cierto que la agricultura ecológica necesita emplear más tierra para conseguir la misma producción”. Según algunos estudios, alrededor de un 25% más de superficie. Por eso, concluye que “efectivamente la agricultura ecológica es algo bueno y necesario, pero posiblemente insuficiente”.

Otro de los problemas a los que se enfrenta la agricultura ecológica es la percepción generalizada entre los agricultores convencionales de que lo ecológico es más caro y menos rentable. “En realidad creo que la mayoría de los productores de agricultura ecológica de Asturias no éramos del gremio antes”, opina Adrian. “Llegamos a esto por ideología, con el convencimiento de que es necesario producir y consumir de formas más ecológicas y sostenibles”, y añade: “Los agricultores que estaban y siguen cultivando de modo convencional suelen desconfiar de lo ecológico. De hecho son pocos los que se pasan a lo ecológico”. Cree además que desde el Principado deberían facilitarse “más cursos de formación para los que hemos llegado hace relativamente poco a este sector”. Aunque, sin duda, para él uno de los principales problemas para empezar a producir agricultura ecológica es “conseguir tierra”.

Aunque a simple vista parezca que Asturias está repleta de prados infrautilizados, lo cierto es que Adrian cuenta que “nos llevó un año conseguir un lugar para cultivar que tuviese un precio de alquiler asequible”. Y por eso cree que las autoridades deberían ser más conscientes de este problema que “complica la vida a toda aquella persona que quiera cultivar la tierra usando métodos ecológicos en Asturias”. Y es que tanto él como Vanesa afirman que se puede vivir de esto. Algo que desde COPAE resaltan, ya que apostar por la producción ecológica es una forma de que la gente vuelva al ámbito rural, con un grave problema de despoblación que se remonta a décadas atrás.

Conseguir prados con precios asequibles para realizar cultivo ecológico no es fácil en Asturias. Foto / Marieta


Comer menos y de temporada

Pese al optimismo, también falta mucho por hacer. Actualmente la superficie agrícola útil ecológica, denominación que suma los cultivos, los prados y pastizales, supone tan solo un 3,78% del total asturiano. Unas cifras que sitúan al Principado en uno de los últimos lugares del Estado. No solo en producción ecológica. El número de consumidores de productos ecológicos es inferior en Asturias con respecto a la media nacional. Un consumidor que en términos generales todavía se sitúa mayoritariamente en la clase media y clase media alta y con un grado de concienciación que en muchos sentidos está fuera de los márgenes generalistas de consumo.

“Los precios son más altos, eso es verdad”, reconoce Adrian. “La gente está acostumbrada a pagar menos por la verdura y la fruta en una Comunidad como la asturiana, donde la gente prefiere comer carne y pescado”.

El grado de concienciación debe ser mayor, según Mario Díaz, quien como ecólogo cree que, “más allá de la certificación, nuestra sociedad tiene que aprender a comer menos”. Y lo repite varias veces. “El paradigma social que prevalece, el capitalista, es el que crea esta disfuncionalidad. El no uso de los pesticidas es algo necesario, algo que se debería imponer y que los consumidores deberían exigir siempre, pero también es importante tener en cuenta que no podemos mantener este ritmo de consumo tan desproporcionado y depredador”. E insiste: “Nuestra sociedad tiene que comer menos, el consumo es el problema”.

Adrian está de acuerdo. Aunque en su día a día de pequeño productor se conforma con que “la sociedad se dé cuenta de que hay que comer de temporada, que no se pueden comer todos los productos en todas las estaciones del año”. Para él “que la gente tomara conciencia y consumiera en función de este dato sería un gran avance que conseguiría reducir el consumo y avanzar en términos ecológicos”.

Desde COPAE cada día están más convencidos de que los productos ecológicos están a punto de inundar las grandes superficies y el consumo generalizado de muchos de ellos es algo que está al caer. Parece claro que el nicho de negocio de los productos ecológicos tiene futuro, aunque no está tan claro que el cambio de paradigma social propugnado por otros actores de este sector se vaya a producir inmediatamente. Habrá que esperar a ver si, como se prevé, la agricultura ecológica se extiende y los pequeños productores consiguen seguir construyendo un nuevo tejido de negocio y consumo que consiga sobreponerse a los grandes desafíos y contradicciones de la producción capitalista del sector agrario.

Organic, bio o ecológico 

I. J.

La producción ecológica en el campo nació con la agricultura en el Neolítico y se prolongó durante siglos. En su versión moderna hay que situar su aparición en la primera mitad del siglo XX, cuando Sir Albert Howard empezó a aplicar en la India conocimientos científicos a la agricultura tradicional. De igual forma, hacia 1924, Rudolf Steiner estableció en Polonia un sistema que supuso un antecedente directo a la agricultura ecológica actual. No obstante, será a partir de la II guerra Mundial, y muy especialmente desde el mundo anglosajón, cuando la actividad ecológica logre impulsarse de modo importante.

En España la producción ecológica empezó a desarrollarse muy tímidamente a partir de los años setenta del siglo pasado. Aunque es a partir de los ochenta cuando logra un impulso mayor a través de asociaciones ecologistas y movimientos alternativos. En el ámbito de la UE, el libro verde de la Comisión de 1985 fue el precedente que marcó un nuevo enfoque que hablaba de mantener una agricultura capaz de garantizar la conservación del medio ambiente. De esta forma, en 1986 comenzó a reconocerse su importancia al aprobarse el Programa Europeo de Apoyo a la Agricultura Biológica. Hay que tener en cuenta que, en términos legales, en la UE los productos ‘orgánicos’, ‘biológicos’ y ‘ecológicos’ son denominaciones sinónimas cuyo uso depende de cada país (organic, en Reino Unido; bio, en Francia; ecológico, en España).

En España la primera regulación legal del sector ecológico no se dio hasta 1989 al aprobarse el Reglamento de Denominación Genérica ‘Agricultura Ecológica’ y su Consejo Regulador. A partir de 1993 los preceptos de la UE son los que empiezan a prevalecer, por encima de las legislaciones nacionales, y se entra en una nueva fase donde para conseguir el certificado de producto ecológico no se permite el uso de pesticidas, antibióticos, organismos modificados genéticamente y aditivos.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 55, MARZO DE 2018

 

 

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