Alfons López Tena, exvocal del CGPJ: “En Cataluña la situación es de omertà”

Alfons López Tena en Barcelona durante la entrevista. Foto / Virginia Quiles.

Alfons López Tena (Sagunto, 1957) conoce muy bien los entresijos del poder judicial y del mundo político, tanto catalán como español. Notario de profesión, ha sido vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) entre 2001 y 2008 a propuesta de Convergència i Unió (CiU). En 2010, tras dos décadas de militancia, deja Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y funda, junto a Joan Laporta y Uriel Bertrán, el partido independentista Solidaritat Catalana per la Independència, siendo elegido en noviembre de aquel año diputado en el Parlamento de Cataluña. Con el inicio del procés soberanista abandona la política activa.

Steven Forti / Historiador e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa.

¿Cataluña ha sido un oasis desde el punto de vista de la corrupción?

No, en absoluto. La única diferencia es que en España siempre ha habido una clara oposición entre PP y PSOE, con lo cual los medios de comunicación afines a un partido atacaban al otro y muchos escándalos de corrupción se iban conociendo. En cambio en Cataluña la situación ha sido de omertà. Todos han tenido una parte del pastel, no ha habido una oposición rotunda. Una situación parecida a la italiana de la lottizzazione en los años de la Primera República. El catalán es un sistema consociativo que hasta ahora se mantenía en el silencio y podía parecer un oasis sobre la base de que todos se callaban. No porque no hubiera corrupción –aquí son unos chorizos igual que en Andalucía, Madrid o Calatayud–, sino porque todos tenían parte del pastel, más grande o más pequeño en función de que estuvieran o no en el Gobierno.

¿Un ejemplo?

Alavedra y Prenafeta, dos hombres fuertes de CiU de la época de Pujol, hacían negocios con Ayuntamientos socialistas. Cuando CiU consigue el Ayuntamiento de Barcelona con Xavier Trias, mantiene los mismos ‘chiringuitos’ que había tenido Maragall y añade los suyos. La corrupción catalana ha sido acumulativa y no sustitutoria como la española. De ahí la omertà y de ahí el oasis. Nadie habla porque todos tienen el techo de cristal.

El silencio de la prensa

¿Por qué la mayoría de los casos ha explotado a partir de 2009, cuando se tuerce la reforma del Estatut? ¿Hay una relación directa entre estos dos acontecimientos?

Para nada. En la época en que existía el terrorismo de ETA, la influencia del Gobierno español sobre la alta judicatura era potente de cara a que las decisiones judiciales fueran laxas en esa materia. En el momento en que acaba el terrorismo de ETA, los jueces reaccionan acordándose de que son independientes y de que los políticos y los Gobiernos están sujetos a su administración. Ahí empiezan actuaciones judiciales sistemáticas respecto a la corrupción. De ahí han entrado los casos de corrupción catalana, pero son una manifestación entre otras. Con un Gobierno del PP con mayoría absoluta, los jueces españoles han metido a la cárcel por corrupción a un exministro del PP, Jaume Matas, al hombre fuerte del PP en la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, a un extesorero, Luis Bárcenas, y han desmantelado agrupaciones enteras del PP. Dentro de todo esto entran también las corrupciones locales y regionales. Ahí entra el Caso Pujol, el Caso ITV, el Caso Pretoria, el Caso Palau. Lo que había antes era una situación en la cual todos los asuntos de corrupción no se perseguían en ningún caso. Ni los del PP, ni los del PSOE, ni los de Convergència, ni los del PNV. Cuando los jueces empiezan a perseguirlos, los persiguen a todos.

¿No hay ningún tratamiento específico con Cataluña, pues?

¿Hay algún presidente o algún consejero de la Generalitat de Cataluña en la cárcel en la actualidad? ¿Cuántos hay del PP? ¿Y cuántos investigados hay del PSOE? Es que primero fueron a por la caza mayor: la Infanta y los políticos de Madrid. Perseguir o encarcelar a consejeros de Comunidades Autónomas, incluida Cataluña, o alcaldes es caza menor.

El 3% era un secreto a voces ya antes de que Maragall lo sacara en el Parlamento de Cataluña en 2005. ¿Por qué no se investiga hasta que una concejala de Torredembarra presenta una denuncia en 2012?

Por la lottizzazione del poder. Y la prensa no lo investiga tampoco porque cobra de los Ayuntamientos, la Generalitat y las empresas que trabajan con las instituciones públicas. Ni un solo caso de corrupción en Cataluña ha sido levantado por la prensa catalana. Ni uno. Todos han sido levantado por la prensa española. Investigación propia nada, solo se hacen eco de lo que ha salido en otro sitio, aparte de algunos medios digitales que no están conectados con las financaciones públicas, como El Crític o La Directa.

¿Saldrán más casos de corrupción próximamente?

Sí. Y te lo explico con una experiencia personal. Como notario en los noventa me di cuenta de que había toda una serie de empresas de fuera que venían a Barcelona para invertir y se encontraban que en el Ayuntamiento, en el que no había ningún atisbo de corrupción, les ponían condiciones absolutamente arbitrarias con un cierto fundamento desde el punto de vista de políticas públicas, como aportar una cantidad de dinero para restaurar la fachada de la Catedral o ampliar una escuela. La lectura de la empresa era que dependían del capricho del concejal y no del cumplimiento de las leyes, con lo que se perdieron muchas inversiones. Eso empezó así. Y es muy fácil pasar de contribuciones a favor de la comunidad a que se pida un dinero para el partido o para embolsárselo. Esa ha sido la progresión. Y hay una cosa previa: se dice que Cataluña no es un país de leyes, sino un país de personas. Lo importante es conocer a la persona adecuada. Lo mismo se podría decir de Sicilia.

López Tena es notario. Foto / Virginia Quiles.

Cada vez conocemos detalles más esperpénticos sobre el Caso Palau, como el del teléfono escondido con conexión directa con los altos mandos convergentes.

Estando en aquellos años en Convergència me llamaron la atención dos cosas. La primera: la reacción de Artur Mas a las declaraciones de Maragall sobre el 3%. Fue una reacción mafiosa: “Retire usted lo que ha dicho o tomaré represalias”. La segunda: Jordi Pujol, que declaró públicamente que “si se ponen en ese plan, entonces todos podemos hablar”. Para mí fueron las dos comprobaciones de que efectivamente estaban robando. Sus reacciones y sus actuaciones fueron las de los delincuentes. Lo que no pensaba era que habían llegado a ese nivel industrial y sistemático.

En ocho años ha habido siete jueces que han llevado el Caso Palau.

Es interesante la rotación de jueces que ha habido. Y lo que han hecho estos jueces después. Cuando el primer juez, que lo ha llevado con una calma infinita, lo deja, es un juez de la Audiencia, Josep Maria Pijuan, que pide el traslado a ese juzgado, lo que significa cobrar menos y tener peores condiciones de trabajo. Y después de llevar este asunto unos cuantos años pide la excedencia y lo nombran juez en Andorra. Eso no ha pasado con los casos del PP.

“Mas es un zombi”

¿Cuánto tiempo puede aguantar Mas sin asumir responsabilidades políticas?

Hay cadáveres que no saben que lo son y se llaman zombis. Mas es un zombi. ¿Cómo podía no saber lo del Palau? Es imposible.

En Italia, cuando estalló el escándalo de Tangentopoli, al líder socialista Bettino Craxi la gente le tiró monedas. En Cataluña nadie ha ido a manifestarse bajo la sede de Convergència. Al contrario, millares de personas han acompañado a Mas a declarar al juzgado por lo del 9-N.

Cuando un gobernante es perseguido por lo que sea es muy fácil decir “no me están persiguiendo a mí, nos están persiguiendo a todos”. Mira a Nixon, Berlusconi o quién sea. La historia de envolverse en una bandera –nacional, de partido, ideológica o religiosa– es la primera táctica. En Cataluña es muy fácil que funcione porque lo puedes plantear en los términos Cataluña-España. Y además tienes la ventaja de que la prensa está comprada y cualquier información sobre todo esto aparece en la prensa española, con lo cual se puede reforzar el argumento de que “es España que nos ataca”. En un Estado que no es independiente es muy fácil recogerlo porque tienes un elemento de cohesión mucho más potente. Pero hay elementos que no encajan en este relato. Y sobre éstos hay el silencio más absoluto.

¿Por ejemplo?

Que Jordi Pujol, siendo presidente de la Generalitat, no pagó los impuestos de sucesiones sobre su casa de Vilassar. Y se trataba de un impuesto que se pagaba a la misma Generalitat, no a España. Él no lo pagó, nadie lo inspeccionó y tras diez años prescribió. No pagó los impuestos a la misma Generalitat que presidía.

¿La Justicia española está domesticada?

Si lo estuviese, no tendrías todo lo que ha habido estos años. Es susceptible de mejora, pero no se puede decir que esto es un desastre. Hay que introducir elementos de transparencia y de participación plural en la elección del Consejo de la Magistratura para no permitir un cambio de cromos tan sencillo. E incentivar más los comportamientos de independencia o un espíritu de cuerpo que les falta a los jueces. Está claro que aquí ha habido durante cuarenta años una situación en que la corrupción ha sido muy alta, pero ningún juez, notario, registrador o abogado del Estado ha estado metido en ello. Mientras en los órganos de gobierno, estatal, autonómico y local, se ha extendido una cultura de impunidad y corrupción, eso no ha contaminado a los órganos funcionariales. Es un dato importante.

Según un reciente sondeo del CIS, el 44,8% de los españoles considera la corrupción el principal problema. ¿Hay más o menos corrupción ahora respecto al pasado?

Justamente a partir del momento en que estallan públicamente los asuntos de corrupción, es cuando la corrupción baja, pero se percibe como un problema. Los partidos tienen problemas: deben vender sus sedes y despedir a gente. Mira Convergència y el PSC. Es que no le entra dinero, ni blanco ni negro. ¿Quién va a donar dinero a un partido, aunque quisiese por convicción, si sabe que la Fiscalía podría llamarle a declarar dentro de unos meses?

¿Qué nos espera a medio plazo?

Esto se está llevando mal. No hay un cambio de cultura. Por un lado, hay una línea populista del “todos son iguales”, lo cual genera un problema porque los que no son corruptos se retraen. Si el solo hecho de estar en una actividad pública implica que se presume que eres un ladrón, los que no lo son la dejan, y se pierde calidad y honestidad. Por otro lado, se imponen mayores requisitos. Y esto conlleva incentivar la corrupción. Creo que esta crisis acabará en falso. Habrá unos años en que el personal afectado no hará nada porque vive en una sensación de pánico. Y cuando esto acabe, volverá a ocurrir lo mismo. Mira lo que pasó en Italia: tras Tangentopoli llegó Berlusconi.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 50, MAYO DE 2017

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