Andrés Rábago, El Roto: “La pintura nunca será democrática”

Andrés Rábago en su estudio en Madrid. Foto / Isabel Permuy.

Andrés Rábago en su estudio de Madrid. Foto / Isabel Permuy.

Pocos saben que tras las viñetas de El Roto, que se publican cada día en el periódico El País, se oculta el pintor Andrés Rábago (Madrid, 1947), un artista sensible para el que el color y los significados trascendentes son lo único importante. Bajo su otro heterónimo, el ya extinto OPS, fue una presencia constante en la transición a la democracia y todavía persiste como conciencia inteligente de un mundo cada vez más desesperanzado, al que quiere inculcar unos valores que le permitan aspirar a algo de luz.  Por Luis Feás Costilla.

Cada año se espera con impaciencia su diagnóstico de la situación del arte contemporáneo con motivo de la feria Arco. ¿Es el pintor un terrorista, hoy en día?

Creo que los pintores nunca han sido revolucionarios. La pintura es, por su propia naturaleza, conservadora, en el buen sentido. La pintura no es algo segmentado, sino que es un río que viene de muy lejos y que va mucho más lejos todavía. Su corriente lleva miles de años fluyendo y de ella solo podemos ver una pequeña parte. Es verdad que en algunos momentos tiene menos caudal, pero siempre sigue fluyendo.

Sin embargo, ser pintor es ir un poco a contracorriente.

Efectivamente, hoy en día, tal y como están las cosas, es un ejercicio de voluntad, de resistencia, y en general de incomprensión por parte de los que deberían cuidar de que esa corriente siguiera fluyendo. Pintar actualmente es un suicidio, por eso ha habido pintores que se han suicidado ya y han dejado de pintar y otros que se suicidan al seguir pintando.

Pero sigue siendo el mejor vehículo para mostrar ideas.

Lo ha demostrado. Ha demostrado que es capaz de atravesar el tiempo como ningún otro vehículo artístico, salvo quizá la música. Todos los demás tienen demasiados contenidos temporales, incluso la literatura. La pintura tiene la facultad de que puede ser leída a lo largo del tiempo y por sucesivas generaciones, algo que todavía tienen que acreditar las artes nuevas, como la fotografía o el cine, demasiado condicionadas técnicamente.

¿Por qué cree entonces que hay tanto interés por denigrar la pintura, por proclamar constantemente su muerte y desaparición?

Hay muchas razones. La más profunda, porque hay una voluntad de destrucción del hombre. Cualquier cosa que sirva para elevarlo o para aumentar sus niveles de conciencia será siempre perseguida. Ese es el trasfondo de todo ello. Creo que la pintura nunca será democrática, porque es un lenguaje muy sofisticado, al que solo se accede en distintos niveles, pero en cualquier caso, incluso en los niveles más toscos, algo da. No todos van a recibir lo mismo, pero es verdad que todos van a recibir algo, y eso podría explicar por qué esta persecución de un lenguaje tan arraigado.

Dice que la pintura no es democrática pero sin embargo es el arte que más llega al público en general.

La palabra “democrática” está demasiado tergiversada, manipulada. La pintura no es democrática porque hay unos niveles: no toda la pintura es igual y por tanto en sí misma, como expresión, no es democrática, no es igualitaria en ese aspecto.

Desde el punto de vista del creador.

Sí, del que la hace. Y luego el acceso que se tiene a los distintos niveles de una obra no son iguales ni siquiera para una misma persona. Hay distintos niveles, distintas aproximaciones, es decir, no toda la pintura es para todos. Hay cosas que nos enriquecen y otras que no. Por eso digo, y a lo mejor me expreso mal, que la pintura no es democrática, que no es igualitaria, que no es homogénea para todos, sino que tiene distintas posibilidades de acceso y hay pinturas que son inaccesibles y siguen siendo un misterio después de haber sido vistas cuarenta veces.

Entre la luz y la sombra

¿Cuándo surge Andrés Rábago como pintor?

Desde siempre. La pintura estaba en mí. Siempre he estado pintando y dibujando, desde pequeñito. No tuve formación de ningún tipo, salvo unas pocas clases que di con Vela Zanetti, que era del pueblo de mi madre. En mi casa, como mi padre había querido ser escultor, comprendían que el arte era una vocación y me dejaron pintar y dibujar sin más preocupaciones. Cuando tuve la necesidad de ganarme la vida, el medio que encontré más próximo, quizá porque mi hermano Joaquín era periodista, fue el dibujo en prensa, y hacia él me orienté. Siempre he vivido de la prensa y me considero, en cierto modo, un hombre de prensa.

¿Hasta qué punto son disociables Andrés Rábago, el pintor, de OPS y El Roto?

Andrés Rábago tiene varios heterónimos, el más conocido de los cuales es El Roto. Foto / Isabel Permuy.

Andrés Rábago tiene varios heterónimos, el más conocido de los cuales es El Roto. Foto / Isabel Permuy.

Son disociables. Con OPS quizá un poquito menos, porque era más complejo. Tenía un contenido poético, visionario, con el que todavía me identifico. Quizá no lo desarrollé lo suficiente, pero me pareció que se había acabado. Podría haber seguido haciendo cosas, pero encontré que su lenguaje estaba un poco saturado, que ya no daba más de sí. Paralelamente, como seguía pintando, OPS se fragmentó en dos, por una parte la sátira política, que era El Roto,  y por otra parte el lado más poético y visual, que se fue dirigiendo lentamente hacia Rábago. Fueron dos caminos distintos, no solo divergentes, sino que además parten de estructuras mentales distintas: mientras que El Roto siempre habla del ambiente externo que nos atañe desde el punto de vista social y político, Rábago siempre ha querido expresar el mundo interior, ese territorio del espíritu o del alma que cada vez quiere hacerse más presente. Es un poco la pugna de nuestro tiempo: el alma, que había sido abolida, aniquilada por la razón, está intentando revivir y eso es justamente lo que los sistemas existentes quieren evitar a toda costa. Hay una lucha ahí entre la luz y la sombra de niveles casi teológicos. Por un lado, El Roto quiere debilitar la sombra desde el lado propio de la sombra, mientras que Rábago quiere reforzar la luz desde el lado propio de la luz. Por eso en mis cuadros siempre están los símbolos clásicos que hacen referencia al alma y al espíritu.

¿Qué quieren decir las siglas OPS?

No tienen un significado concreto, surgen en un momento en el que había muchas siglas. OPS proviene del Dadá. No del surrealismo, sino del Dadá directamente. OPS nunca fue surrealista, porque no era aleatorio, siempre tenía una dirección, quería hacer algo muy concreto y sabía cómo hacerlo, aunque su lenguaje sí que tenía aparentemente alguna conexión con el surrealismo. Y su nombre fue una elección arbitraria. Cuando OPS ya estaba languideciendo, Miguel Ángel Aguilar quiso que trabajara para su periódico, Diario 16, pero le dije que no. Y entonces le presenté a El Roto como si no fuera mío. Le dije: mira, hay un dibujante que puede ser interesante y le mostré unos dibujos. Él se quedó encantado y me dijo que sí, que le interesaba mucho.

Después El Roto siguió trabajando para El Independiente y luego ya, desde 1990, para el diario El País. ¿Qué le parece la evolución ideológica y empresarial de este último medio?

Quizá debiera ser discreto en ese terreno, pero puedo hablar en términos generales. Primero, el nivel de los directores de periódico es bastante mediocre, es decir, no tienen la suficiente perspectiva o densidad cultural que requiere su cargo. Lo mismo podría decirse de los redactores-jefe. No sé si es un problema de la educación que están recibiendo o de cómo se está desarrollando el periodismo ahora mismo, pero creo que les falta un fondo humanista, un mayor poso cultural. Y luego se ven sometidos a la presión de tener que vender a toda costa, hasta el punto de que corren el riesgo de perder a los lectores que buscan otras cosas.

Estructurar la mente

Son malos tiempos para el periodismo.

El problema no es solamente de periódicos y de periodistas, sino del desconcierto frente a algo que ellos mismos están propiciando. El que los propios periódicos tengan una versión digital y otra versión en papel es algo contradictorio en sí mismo, como una fórmula suicida. Comprendo que todavía necesitaremos tiempo para saber cómo encaja todo esto, pero de momento la situación es de una gran confusión y un exceso de querer competir en inmediatez y rapidez con otros medios, con los que un periódico no tiene por qué competir. Y también un olvido, que yo creo muy grave, del concepto documental que tiene el papel periódico, frente al concepto puramente informativo, rápido e inmediato, que tienen los medios digitales. Los periódicos tienen la función de estructurar la mente y en Internet no hay estructura, es todo un fluido continuo.

¿Cambiaría tableta, móvil, consola y ordenador por un lápiz, como decía una de sus viñetas?

Rábago piensa que un lápiz tiene más futuro que los medios digitales. Foto / Isabel Permuy.

Rábago piensa que un lápiz tiene más futuro que los medios digitales. Foto / Isabel Permuy.

Hay una ironía en todo ello. Pero al final es verdad que dentro de trescientos años un papel escrito a lápiz seguirá siendo legible, mientras que ninguno de los medios que conocemos actualmente existirá. Habrá que traspasarlos a otros medios, porque cada cinco años tienes que trasladar los mensajes a otro vehículo distinto porque los anteriores han quedado obsoletos. Un lápiz, curiosamente, tiene más futuro que los nuevos medios digitales.

Por eso usted insiste en fijar sus viñetas en papel, no ya en el de periódico, que es más efímero, sino en libros, de los que ha publicado una veintena desde 1971.

Y en conservar el original. Porque cuando haces un dibujo la voluntad que hay es la de conservarlo, aunque cada día se está dibujando y coloreando más con los medios digitales, directamente sobre las tabletas. A mí todo eso me da pena, porque es muy empobrecedor. Yo suelo publicar los dibujos en libro cada cierto tiempo para ordenarlos y porque además me gusta.

Y luego están las exposiciones.

Las exposiciones ya tienen otra función, mucho más minoritaria. Para mí son muy importantes, porque te permiten ver con una mayor distancia las cosas que has hecho, lo cual es básico para el propio pintor. Por eso la desaparición de las galerías va a ser una catástrofe. Las galerías de exposiciones deberían estar subvencionadas, en vez de tener un IVA del 21%. Son el primer escalón de lo que después va a irse cribando hasta llegar a los museos. No puede ser que un pintor llegue a los museos directamente. Eso es una aberración, una locura. Los museos no tienen esa función que quieren darles ahora, están usurpando la función que deben tener las galerías. Están poniéndoles el sello a obras cuya función y trascendencia desconocemos, es absurdo.

El Roto, servicio público

Supongo que será usted consciente de la admiración que suscita El Roto, no solo como dibujante, sino también como pensador, con sentencias de verdadero filósofo.

En realidad, son como pequeños apuntes de las cosas que pasan. Yo sostengo que el dibujo solo, sin el texto, puede aguantar, pero el texto sin el dibujo no aguanta, así que pongo un poco en sordina ese aspecto de filósofo que pueda tener. Son pensamientos comunes a nuestro tiempo y yo, como técnico, como especialista, como persona que ha desarrollado un lenguaje, puedo darles forma. Por eso el lector se siente identificado, porque lo que hago es transcribir su pensamiento. Básicamente, es un apoyo moral, un servicio público, no pretendo ser un descubridor de islas.

Pero sus enunciados son tan claros que a veces expresan mejor que mil libros lo que pasa.

Porque esa es un poco su función. Hay un exceso de confusión inducida y yo soy partidario de una cierta ascesis, para mantener lo más limpio posible el entorno. Por eso mis dibujos pretender ser muy escuetos, muy limitados, al igual que mi pintura, que quiere ser muy esencial, sin retóricas estúpidas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.

Deja un comentario