Ángel Gutiérrez:“Dolores Ibárruri me censuró en Moscú”

Ángel Gutiérrez en su casa en Madrid, con varias muestras de su trabajo teatral en la URSS. Foto / Isabel Permuy,

Ángel Gutiérrez, el introductor en España del método de formación teatral Stanilavski, salió de su Pintueles natal con 6 años, en 1938, hacia la Unión Soviética. Él no acepta la definición de niño de la guerra: “Qué sabíamos nosotros de la guerra. Los niños son siempre víctimas. Son inocentes, sueñan con lo mejor y lo más bello y de pronto se ven en un barco que es perseguido por los fascistas y tienen que dejar a su madre y a su patria. Nosotros no imaginábamos que existiera algo más que Pintueles. Rusia era algo de otro mundo, como de otro planeta. Cuando nos llevaban al puerto del Musel en realidad íbamos hacia otro planeta. La Unión Soviética se portó muy bien con nosotros”.

Chefor Rad / Periodista (Madrid).

¿Y qué pasó al llegar a Rusia, donde no habló hasta pasados dos años?

Tenía recuerdos de Pintueles, donde todos los días bajaba con un rebaño cantando. Me oía todo el pueblo. Era el niño Dios como decía Juan Ramón Jiménez. De repente ese mundo cambió. Mi madre me llevó a una finca de La Reboira, en donde había un caserón, después nos trasladaron a mí y a dos hermanas al puerto del Musel. Una, Angelina, se vino conmigo a Rusia, y la otra, Argelia, se quedó sola en el muelle. A mi madre no la vi más y no la culpo por ello.

¿Qué recuerda de la primera estancia en Leningrado?

Me acuerdo de los llantos de los niños hasta que llegaba la noche y el silencio. Al llegar a Leningrado todo el puerto estaba lleno de gente que fue a recibirnos. Yo estaba como en otro planeta. Fue como un relato de Dostoievski.

Dos guerras en la retina

Ángel Gutiérrez mezcla la estancia en Rusia con recuerdos constantes de Pintueles, un pueblo ubicado en el concejo de Piloña: “Mariano era un pastor que me llevaba a las romerías donde yo escuché por primera vez un violín. Entonces le dije a Mariano que yo quería un violín hasta que un día en La Reboira apareció junto a mi cama, como por arte de magia, un violín de juguete”.

¿Y en Leningrado empezaron sus inclinaciones hacia el arte?

Los educadores nos querían mucho. Tubin Markovic, primer violín en una orquesta, me vio tocar el piano, me llevó al conservatorio y de repente ese nuevo mundo se viene abajo. Un día descansando cerca de la frontera con Finlandia oímos la radio y la voz de Molotov que nos anunciaba la invasión de la Unión Soviética por los fascistas alemanes sin previo aviso. Nosotros queríamos ser tanquistas. Nos llevaron a Leningrado y subíamos a los tejados para tirar bombas incendiarias a los alemanes. Era el tiempo de las noches blancas, pero el cielo estaba negro de aviones alemanes que nos bombardeaban constantemente. Entonces nos llevaron al norte de Rusia en un viaje que duró semanas y semanas, en un lento tren a través de heladas estepas que parecían infinitas. Estábamos en una aldea remota de la provincia de Volodva, teníamos que seguir estudiando. Yo hasta entonces no había pensado en el teatro porque mi alma estaba en la música y la pintura. Al terminar la guerra trabajé talando bosques. Ya en Moscú estudié música con el director de orquesta del Bolshói, que me apreciaba tanto que venía expresamente al internado donde estaba a darme clases de armonía.

Ángel Gutiérrez intentó matricularse en el Instituto de Cine de Moscú pero no le admitieron porque era demasiado joven. Le enviaron al Instituto de Teatro y le rechazaron por la misma razón: “Desconsolado me quedé a las puertas del Instituto. Entonces el director Mihail Targanov me llamó y me preguntó qué sabía hacer. Le recité el monólogo de Orencia de Fuenteovejuna y una fábula rusa de Gogol”.

En 1953, a los 21 años, termina sus estudios de teatro y dirección escénica en la Academia Estatal de Arte Teatral de Moscú, habiendo obtenido la Licenciatura con Mención de Honor. Sus profesores fueron alumnos directos de Stanislavski (A. Lobanov, M. Knebel y otros). De prácticas en la Dirección del Teatro de Arte de Moscú estuvo tres años. Se establece en Tangarog como director artístico del Teatro Chéjov. Regresa a Moscú y permanece dieciocho años como catedrático de Interpretación y Dirección de la Academia Estatal de Teatro. Dirige más de 40 espectáculos en distintos teatros del país, muchos de ellos clásicos de autores tan conocidos como García Lorca, Chéjov, Shaw, Shakespeare, Cervantes y Pirandello.

También cine y trabajos en EEUU

Gutiérrez sostiene una foto suya de joven. Foto / Isabel Permuy,

En cuanto al cine Ángel Gutiérrez terminó los cursos superiores de Dirección de Cine en Moscú. Dirigió varios documentales y cortometrajes para la Televisión rusa. Fue autor del guión cinematográfico “A la mar fui por naranjas”, sobre la vida de los niños españoles en la URSS. Como actor protagonista participa, entre otras películas, en Estos lugares silenciosos, dirigida por Schukin; ¡Salud, María!, dirigida por Iosif Jeifiz, y premiada en el Festival de Cine de Moscú de 1972. Participa en la película El espejo, dirigida por su gran amigo Andrey Tarkovskiy.

En Estados Unidos dirige en la Universidad de RICE (Houston, Texas) Bodas de sangre de Federico García Lorca, y da conferencias sobre teatro en distintas universidades.

Y de repente…

En 1974 decide volver a España.

Yo me pasé diez años sin representar nada en la Unión Soviética, hice La casa de Bernarda Alba y en Izvestia, un periódico, se publicó una crítica donde denunciaban vicios pequeños burgueses en el espectáculo. Después me prohibieron Seis personajes en busca de un autor de Pirandello, una comedia de Kataev y un musical americano titulado El hombre de la Mancha. Entonces decidí regresar a España. Llegué con una mano delante y otra detrás. España no me admitió. Yo soñaba con el mejor teatro del mundo. Asturias tampoco me hizo caso. Hasta que me encontré con Rafael Pérez Sierra, que me facilitó un trabajo como profesor en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Hice la versión de Tío Vania de Chéjov para Televisión Española, con el inolvidable Pepe Calvo y Mercedes Sampietro. Pero yo tenía sueños de que me echaban del teatro.

En España dirige también óperas. En 1982 La Merope de Tarradellas y Fausto de Gounod en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, y El Barbero de Sevilla de Rossini en Palma de Mallorca. Fue durante 20 años catedrático de Interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Y en 1980 fue fundador y director artístico del Teatro de Cámara Chéjov en Madrid.

A pesar de esta carrera y su reconocido prestigio, su Compañía de Teatro Estudio fue desalojada del local que ocupó en Madrid durante 31 años. Los decorados del Jardín de los cerezos, otra obra de su querido Chéjov, tuvieron que ser trasladados al Centro Ruso de Madrid. Ángel Gutiérrez consiguió que la obra se representara durante tres días en el Teatro Alcalá de Madrid con llenos completos. En el camino se quedó su esposa, Ludmila, que renunció a un papel porque no se encontraba en condiciones de hacerlo. Siempre se refiere a ella con amor. Y una confesión final “Yo soy ruso, en todo caso un ruso asturiano. Mi patria es la Unión Soviética y un día me llamó un amigo del Comité Central del PCUS que me dijo que mis problemas no se debían a la censura sino a una persona que estaba contra mi manera de hacer teatro, Dolores Ibárruri”.

El jardín de los cerezos tuvo una representación final en la casa de verano de Chéjov, ubicada en Mélijovo.

Introductor en España del Método Stanislavski

Actores y actrices tan significados como Eduardo Noriega, Javier Gutiérrez o Luisa Martín se definen como discípulos del maestro Ángel Gutiérrez. Introdujo en España el método de formación teatral llamado Stanislavski, que es uno de los métodos de interpretación más famosos del mundo. Ha sido profesor y maestro de actores muy reconocidos en España, tanto en la Real Escuela Superior de Arte Dramático como en la Escuela que él mismo creó. La de Ángel es una historia dura porque siempre ha vivido desligado de su sitio: se lo llevaron de niño de su pueblo, tuvo que abandonar Rusia porque allí tampoco podía desarrollarse y cuando consigue establecerse en un teatro, lo vuelven a echar. Todo este itinerario se puede ver en el documental titulado El último maestro ruso de la aragonesa Anais Berdié, que se exhibió en el Centro Niemeyer de Avilés el pasado 28 de abril.

Ángel Gutiérrez recuerda la prueba de entrada en la Escuela Superior de Arte Dramático de Eduardo Noriega: “Le dije al final que cantara algo. Eduardo Noriega se extrañó al principio y después entonó un pasaje de Los nardos que se cantan en las verbenas de Llanes. La comisión de selección no quería que pasara Noriega pero yo les dije que estaban ante un futuro Romeo o un Otelo de Shakespeare y al final fue seleccionado”. Otro actor al que recuerda el maestro ruso es Javier Gutiérrez. Lo encontró en los pasillos de la RESAD mirando unas listas en las que no estaba su nombre, no había sido aceptado en la Academia, Ángel le ofreció acudir a su escuela. Javier cuenta muy bien el espíritu de esa escuela, que era como un templo del arte teatral. Se quedaba fascinado con todas las representaciones que se hacían allí.

De Luisa Martín, Ángel Gutiérrez dice que es una actriz con muchos registros y una sólida formación.

El método de formación Stanislavski es difícil de explicar. Proporciona al actor una serie de técnicas para acercarse a la verdad que hay en los personajes, con técnicas físicas para representar su psicología. Se trata de transmitir verdad en todo lo que se hace en el escenario, es una manera de meterse en los personajes y de vivir las obras muy intensa. En los ensayos Ángel Gutiérrez demanda mucho de los actores; todo el tiempo les hace buscar las sensaciones que el personaje tiene que transmitir. Si el personaje está sufriendo, él busca poner al actor en esa situación, y, claro, los actores sufren.

Ángel Gutiérrez, un niño de la guerra que triunfó en el teatro. Foto / Isabel Permuy,

Representaciones en Rusia

TEATRO STANISLAVSKI de Moscú: La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca (con la escenografía del escultor Alberto Sánchez).

TEATRO CHÉJOV de Taganrog: Las tres hermanas e Ivanov de A. Chéjov, Pigmalión de Bernard Shaw, Otello y La fierecilla domada de William Shakespeare, etc.

TEATRO GITANO “ROMEN” de Moscú: Carmen de Triana, adaptación de la novela de P. Merimeé (primer premio del Certamen Teatral “Primavera de Moscú”), en 1960, en cartel más de diez años, con mil representaciones.

En diversos teatros de Moscú: La cueva de Salamanca y La gitanilla de Miguel de Cervantes; West Side Story de Bernstein, Seis personajes en busca de autor de L. Pirandello, En la red de Alfonso Sastre; los musicales El hombre de la Mancha, El Murciélago de J. Strauss, etc.

Premios y homenajes

Ángel Gutiérrez fue galardonado en los XVII Premios “Cultura viva” por “una vida dedicada a la promoción y difusión del teatro, tanto en Rusia como en España” (Madrid, 2007).

Fue condecorado por el presidente de Rusia con “La Orden de la Amistad”, concedida por “su gran aportación a la preservación, desarrollo y difusión de la cultura rusa” (Moscú, 2008).

Recibió un homenaje en el Festival de la Patria de Chéjov (Taganrog, 2009).

Premio a la Tolerancia, otorgado por la Comunidad de Madrid, por su contribución a la difusión de la cultura teatral en la capital de España durante 30 años (Madrid, 2010).

Homenaje organizado por la Delegación del Principado de Asturias en Madrid y la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD). Fue reconocido como asturiano universal como niño de la guerra en Rusia, Maestro del Teatro, catedrático emérito de interpretación en la RESAD y heredero y transmisor del método Stanislavski en España (Madrid, 2011).

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 51, JULIO DE 2017

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