El apátrida Vicent: “España nunca me ha defendido”

supervivientes de los campos de exterminio

Vicente García en el la fosa común del cementerio de Oviedo, donde está enterrado su padre. Foto / Pablo Lorenzana.

Todo el mundo le conoce ya por Vicent, pero Vicente García Riestra es un antifascista asturiano de 93 años, uno de los últimos supervivientes de los campos de exterminio nazis. Esta semana ha vuelto a su tierra y nada más llegar fue a visitar las tumbas de su padre y de su hermano, en Oviedo y en Noreña, muertos en la guerra civil. También dio charlas en dos Institutos de Gijón y asistió en el Museo Arqueológico de Oviedo a la presentación del libro de Xuan Santori ”42.553, después de Buchenwald”, basado en su increíble peripecia vital, que incluye sobrevivir a 15 meses de hambre, frío y malos tratos en ese campo de concentración alemán.

Que sea Vicent y no Vicente no parece nada artificial. Francia le concedió la nacionalidad por sus servicios a la resistencia contra los nazis, preámbulo de su encierro en Buchenwald. También luce con orgullo la legión de honor gala, la condecoración más importante en el país vecino. España, su patria, nunca se ocupó de él, ni siquiera le repuso la nacionalidad que le robó el franquismo. Tampoco reparó las injusticias con este ciudadano al que el franquismo hurtó su vivienda familiar en Noreña. Reparar la llamada “memoria histórica” no es solo recuperar cadáveres de fosas y cunetas, sino la de personas vivas como Vicent García, que era un adolescente cuando se convirtió en un exiliado español con la derrota republicana.

Él mismo lo expresa así: “Francia me pagó todo lo que estuve en la resistencia, siendo extranjero me lo ha dado todo. En España nunca han tenido una palabra para defenderme. Es más, todavía no tengo la nacionalidad española. Franco nos la quitó en octubre de 1940 con el decreto de Serrano Súñer. Tengo aquí en mi maleta mi carta de apátrida. Si voy al consulado español no me conocen”.

No guarda rencor alguno, pero no entiende que no se hayan purgado los crímenes del franquismo en España, donde “se han quedado todos libres”. “Conozco a gente, no personas, que se han muerto tranquilamente en su cama”, dice en relación a asesinos y represores.

Sus charlas a los estudiantes no pretenden contar su vida, sino vacunar contra el fascismo: “El nazismo está a las puertas otra vez, las han entreabierto en Alemania, en Francia lo tenemos también y en España así, así. ¿Qué hay que hacer? Si lucho y voy a los colegios de Francia es por eso, para que los alumnos, los jóvenes, aprendan lo que hemos sufrido, no por explicar nuestra vida, sino para que hagan todo lo posible para no vivir lo que nosotros hemos vivido”.

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