Arrojar luz sobre la lectura de contadores

Fernando Huergo y Abel Quirós, despedidos de Lectoastur, junto a unos contadores. Foto / Iván Martínez.

Fernando Huergo y Abel Quirós, despedidos de Lectoastur, junto a unos contadores. Foto / Iván Martínez.

Elena Plaza / Periodista.

Los enormes beneficios de las empresas eléctricas contrastan con las condiciones laborales de los trabajadores que se dedican a leer los contadores para cobrar las tarifas. Tres de Lectoastur, una subcontrata de Hidrocantábrico (HC), fueron despedidos en Asturias tras un conflicto laboral iniciado cuando reclamaron un convenio. Hay mutuas acusaciones de falsear las lecturas. La empresa ha rechazado participar en la realización de esta información.

Abel Quirós y Fernando Huergo comenzaron a trabajar en 2008 para Lectoastur, una subcontrata de HC. Su función, leer los contadores de la luz en la zona central de Asturias. Desde entonces han trabajado sin convenio, sin saberlo, porque la empresa les daba “largas”. Y sin derechos sindicales: les hacían firmar un papel en el que renunciaban a ellos, aunque esto no tiene validez legal ninguna.

Se trataba de un trabajo tranquilo, sin presiones, mientras que el horario iba en función del tiempo que invirtieran en leer entre 2.000 y 2.500 contadores diarios (unos 40.000 al mes), tiempo que disminuía según adquirían experiencia. Por este trabajo recibían 24 euros al día, un total de 742 euros brutos mensuales (unos 680 líquidos), más complementos por dietas (12,80 euros/día) y kilometraje (0,19 euros/km). La empresa cobra 0,20 euros por contador, es decir, entre 400 y 500 euros al día, 8.000 al mes. Para ello no recibían formación, carnet identificador, uniforme o coche de empresa (éste se reservaba a trabajadores con mejores condiciones laborales). Ambos ex empleados lo definen como un trabajo “rentable para la empresa, incluso haciendo pocas lecturas en muchas horas; de hecho no se echaba a nadie”.

Los problemas comienzan en 2011, cuando las dietas deben ser cotizadas. Eulen, otra de las empresas subcontratadas, renuncia a su contrato por falta de rentabilidad y Lectoastur acaba quedándose con casi todo el mercado. Los trabajadores de Eulen no fueron subrogados. Estos cambios supusieron, por ejemplo, que los contadores del Oriente de Asturias estuvieran aproximadamente un año sin ser leídos.

Represalias por secundar huelgas

La empresa les comunicó la nueva situación y que “el que quisiera trabajar más (entre hora y hora y media) cobraría más”, relata Quirós. “Llegamos a hacer 300 kilómetros al día con nuestro propio coche. Las dietas y complementos los cobrabas si trabajabas fuera de Oviedo. Normalmente no cuadraban nuestras cuentas y las de la empresa”. Por aquella época tuvieron lugar dos huelgas generales. Quien participaba sufría represalias, que solían consistir en hacer únicamente rutas dentro de Oviedo para no cobrar los complementos ni beneficiarse del aumento de la carga de trabajo.

En 2013 sobrevienen más problemas con la instalación de los contadores telemáticos, lo que supone la disminución de trabajo que se salda con el despido de media docena de empleados. La lectura lleva ahora más tiempo, puesto que hay que localizar los contadores analógicos entre los digitales.

Es entonces cuando los trabajadores descubren que solo están amparados por el Estatuto de los Trabajadores, aunque en otras Autonomías pertenecen al convenio de Oficinas y Despachos. “Y nuestro trabajo supone mucha responsabilidad, porque hablamos del dinero de la gente”, comenta Huergo.

A partir de la denuncia para tener el amparo de un convenio tanto Quirós como Huergo, y otro compañero de Gijón, comienzan a tener problemas, que acabaron con su despido el 1 de agosto del año pasado, avalado por dos Juzgados de lo Social de la capital asturiana. Discrepan abiertamente de las sentencias e incluso ven una “mano negra” invisible.

Cuando cursaron su petición de su convenio vieron su carga de trabajo triplicada. “Todo lo tenemos documentado. En el juicio nuestro jefe afirmó que era él quien decidía la carga de trabajo y la jueza reconoce que es HC quien la impone, porque así se justifica el despido procedente”, lamentan. “Se nos empieza a exigir el cumplimiento del horario (que, aunque estaba firmado, nadie cumplía), nos pusieron varias sanciones ridículas basadas en mentiras, como que me negaba a identificarme, cuando nunca me dieron ningún documento identificativo”, arguye también Quirós. “Lo denunciamos en Inspección de Trabajo, que aún no resolvió; en el juicio no se cotejaron horarios ni el acoso laboral, cuando descubrimos que entre julio y agosto de 2014 había más de veinte sanciones a trabajadores por incumplimiento de horario”.

Detectives y lecturas bajo sospecha

“Nos pusieron detectives, que incluso siguieron a un coche que yo había vendido hacía cuatro años, aportaron fotos y coló, aunque ya no fuera mío. Incluso un día perdieron a Fernando por unas caleyas y alegaron que ese día no trabajó. Una de las razones del despido que argumentan es que falseamos lecturas porque nos vieron tomar datos durante las dos horas de la comida, en las que no puedes utilizar la máquina, y metes los datos pasado ese tiempo; y si tienes alguna lectura de un compañero se la pasas, y esto se hace como práctica habitual a través de un grupo de WhatsApp en el que está el encargado. Y no se nos aceptó como prueba”, explica Quirós.

Estiman que los dos juicios estuvieron llenos de irregularidades, reprochan el trato recibido por su abogada por parte de las juezas, el rechazo de pruebas y testimonios alegados por ambos denunciantes y contradicciones entre las sentencias y lo evidenciado en las vistas, algo que comprobaron con los vídeos, según exponen. “Es que incluso la carta de despido está llena de errores, como reconocer que salgo a las 16.10 y a continuación que estoy en casa a las 15.30”, comenta Fernando.

En cambio la situación del compañero de Gijón se resolvió de manera bien diferente, ya que “llegaron a un acuerdo antes de tener juicio, creemos que no veían tan claras las cosas en Gijón, que no lo tenían tan atado como en Oviedo. El caso es que quedaron en cuadro en Oviedo con siete trabajadores y que a nosotros nos acusan de falsear lecturas cuando ellos estuvieron quince días del mes de agosto haciendo lecturas estimadas desde la calle Uría hacia Colloto”.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 37, MARZO DE 2015

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