Arte actual en Asturias: El no lugar del norte del norte

Una de las piezas de Avelino Sala en la última edición de ARCO.

Una de las piezas de Avelino Sala en la última edición de ARCO.

Avelino Sala / Artista plástico. Asturias, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, sigue siendo un “no-lugar”, un espacio de tránsito sin la suficiente entidad como para habitarlo. En un tiempo en el que la vida acelerada es sinónimo de “éxito” tanto profesional como personal, los movimientos migratorios asturianos parecen tener una sola dirección, siempre hacia fuera. Esta Autonomía, no podemos negarlo, no ha superado la “transición” postindustrial, una vez agotados el carbón, los altos hornos, la industrial naval y alguna cosa más, y no ha sido capaz de variar el rumbo, como bien saben sus artistas por propia experiencia.

Podríamos entonces entender Asturias como una distopía, una novela utópica que acaba mal. Por eso, hablar sobre el arte actual asturiano es un honor y un dolor al mismo tiempo, porque hacer una reflexión de la tierra que uno habita a medias obliga a pensar en el porqué de muchas cosas. ¿Por qué muchos artistas asturianos han tenido que salir de su tierra para hacer una carrera profesional sólida? ¿Son necesarias todas las infraestructuras culturales en Asturias? ¿Hacia dónde van las pocas galerías asturianas? ¿Cuál es la presencia que tienen los artistas asturianos en el panorama nacional, ARCO incluido (aunque ésta no sea la única cita importante)? ¿Se apoya de manera real a los artistas asturianos para que se puedan promocionar fuera?

En una Autonomía que padece el importante déficit de no tener una Facultad de Bellas Artes, los estudios reglados se quedan en Artes y Oficios. Aquí, en esta primera parada, nos encontramos con el primer gran fallo. Las razones por las que falta esta carrera universitaria no se entienden, pero ya genera la primera migración forzada, la de tener que estudiarla fuera. Y eso que el nivel del arte asturiano es muy alto, ahí nos encontramos la primera paradoja.

También tenemos un vacío fundamental en la promoción de los artistas asturianos. Las plataformas de supuesto apoyo por parte de la Consejería de Cultura de Asturias están obsoletas y las dificultades burocráticas hacen que los artistas jamás lleguen a cobrar las ayudas o renuncien a ellas. Esos procesos no están adecuados a los tiempos actuales, no puede ser que para cobrar 1.200 euros tengas que esperar casi un año y justificar no solo ese dinero sino el proyecto completo. Todo a destiempo y con el enrevesamiento propio de la burocracia, esto es, la antitesis de la gestión real de la práctica artística. Conclusión: más de la mitad de las “ayudas” no llegan jamás a sus presuntos beneficiarios.

No es de recibo haber construido el Centro Niemeyer de Avilés en un tiempo de carestía en todos los ámbitos socioeconómicos, porque el efecto Guggenheim no es tal sin el respaldo de una franquicia como esa. Laboral Centro de Arte, tras pasar por varias fases, acaba de elegir hace unos días a su nuevo director artístico y parece que el sentido común redimensionará sus contenidos. El cambio era necesario y es de esperar una gestión ilusionante. Óscar Abril parece el candidato adecuado para ello.

Otra cuestión delirante es esta: ¿por qué el presupuesto del Museo Barjola de Gijón es prácticamente nulo? O esta: ¿por qué cada año se le recorta más presupuesto a la sala Borrón y a la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias, verdadera cantera de artistas en los años del desierto total y vivero de casi todo el arte actual asturiano?

Precariedad extrema

Pablo San José (derecha), del dúo PSJM, otro de los artistas asturianos del éxodo.

Pablo San José (derecha), del dúo PSJM, otro de los artistas asturianos del éxodo.

El sector de las artes actuales es de una precariedad extrema, se pueden contar con los dedos de las manos a los artistas que cotizan. El arte asturiano actual deambula por ese laberinto del acomodamiento en casa o la necesidad imperiosa de salir fuera. Es el largo viaje, ese que nadie conoce cuándo acabará. Vienen a la cabeza nombres como los de Paco Cao, Pelayo Varela, Iván Pérez o Pablo San José, miembro del dúo PSJM, artistas que “huyeron” de su contexto, como muchos otros. Y eso sin hablar de generaciones de la diáspora pero sí con una continua necesidad del viaje. Quizás este dato forme parte de la manera de vivir de un tiempo para el movimiento continuo.

Pero también vienen a la memoria artistas que se han quedado y que nunca han tenido el reconocimiento que merece su trabajo. ¿Qué pasa con Ánxel Nava, por ejemplo, artista conceptual e intelectual exquisito? ¿O con Adolfo Manzano o Ramón Isidoro? Este último al menos ha sido recuperado en el nuevo proyecto del Museo de Bellas Artes de Asturias, al que al fin parece que también le ha llegado el momento de aplicar el sentido común. El nuevo director, Alfonso Palacio, plantea con buen criterio estrategias de acercamiento del arte a la sociedad y la inclusión de lo contemporáneo en sus salas, dándole una importancia fundamental a la pedagogía.

Quizás lo lógico sería preparar un Plan Estratégico de las Artes Actuales Asturianas, contando con los artistas además del resto de los agentes afectados. Quizás debamos pararnos y repensar o recapitular el estado del lugar, cuáles son las posibles opciones y las salidas hacia un futuro con esperanza, conociendo las escasez de medios pero entendiendo que con sentido común todo se puede llevar a cabo. Redimensionar lo actual, sin miedo, para que funcione.

Hay que trazar unas dinámicas de apoyo al arte actual asturiano, absolutamente necesarias, porque hacerse fotos en ARCO con los artistas asturianos no es apoyar al arte asturiano, es aprovecharse de éste para obtener beneficios políticos. Tenemos que tener claro que si todos los agentes no remamos en la misma dirección los proyectos no llegarán a avanzar convenientemente y en ese caso seguiremos inmersos en esa utopía que acabó mal, rondaremos por el no-lugar que parece ser Asturias y no seremos capaces de superar la travesía del desierto. Sin la ayuda de todos seguiremos localizados al norte del norte, como dice la canción de Nacho Vegas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 31, MARZO DE 2014

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Ilustración / Alberto Cimadevilla.