Asturias, la patria proletaria manchada de carbón

Graciano Torre a la salida de su declaración ante la UCO. Foto / Imanol Rimada.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

Todos los que seguíamos de cerca el trabajo de la fiscal Carmen García Cerdá sobre la fortuna oculta de José Ángel Fernández Villa y José Antonio Postigo sabíamos que lo suyo no iba a quedar impune, a pesar de la lentitud de las investigaciones y el escepticismo general sobre el papel de la Justicia frente a la corrupción.

La valenciana García Cerdá, que comenzó sus investigaciones con las informaciones adelantadas por ATLÁNTICA XXII desde enero de 2012, es una fiscal rigurosa, pero su carga de trabajo, incluidos casos tan graves como Púnica, la obligaba a llevar un ritmo pausado en un asunto al que ella se refiere siempre como “lo del Norte”. Y por si fuera poco está el polvorín de la Fiscalía Anticorrupción en el que ella fue una de las fiscales que se enfrentó abiertamente a Manuel Moix por el Caso Lezo.

Que cayeran Villa y Postigo era cuestión de tiempo. Ni siquiera los llamó a declarar. Y eso que no se adentró en otros turbios asuntos del Montepío minero que reveló ATLÁNTICA XXII, como el pelotazo en sus hoteles de Almería y Murcia, donde volaban los maletines, porque los delitos están prescritos. Hizo bien en centrarse en el macrogeriátrico de Felechosa, donde hay tanto que aclarar que ya vamos por 50 investigados. A los detenidos que durmieron estos días en el cuartel de la Guardia Civil de Oviedo -el último Postigo, trasladado desde Murcia- hay que añadir como investigados a muchos parientes, entre ellos los de Villa y el expresidente del Montepío, o a colaboradores, como el abogado de la mutua Rafael Virgós.

En el villismo, que fue una especie de religión proletaria en las cuencas y el ADN del socialismo asturiano, la familia es muy importante, como en la mafia siciliana. Aquel régimen, que se va diluyendo, pero cuya cultura pervive en el propio Gobierno del exvillista Javier Fernández, se basaba en el culto al líder, el clientelismo y el proteccionismo a parientes, allegados y afiliados, al SOMA o al PSOE.

El villismo, en lo que se refiere a su entorno social, que lo hizo aflorar y lo mantuvo, es comparable al pujolismo de la familia que encarnaba las esencias nacionalistas en Cataluña. En Asturias no era la nación sino el mito obrero lo que sirvió de coartada para el silencio colectivo. Y las prejubilaciones y la chequera de HUNOSA, dos grandes éxitos sociales y políticos de Villa.

En Asturias está sin escribir una novela como Patria, de Fernando Aramburu, pero en este caso describiendo la decadencia de una clase obrera combativa y dinamitera, que pasó en pocas generaciones de la revolución a la corrupción. Qué gran personaje sería Postigo, un minero grandón que pisó poco el pozo por la liberación sindical, con pocas luces y menos lecturas, pero que se paseaba altanero con un chófer y las patéticas ínfulas de nuevo rico que ahora deberá explicar con detalle ante una jueza.

La familia socialista asturiana, tan mal avenida como en toda España, anda alarmada con lo que pueda salir del Caso Villa. Se teme que más de uno tire de la manta. Se encendieron las alarmas cuando fue llamado a declarar ante la UCO el exconsejero de Industria Graciano Torre, uno de los villistas a los que el amado líder tenía colocado en el Gobierno autonómico. Aunque eso no le evitaba tener que sufrir humillaciones públicas, como una vez en una rueda de prensa compartida en la presidencia del Principado, en la que Villa no paraba de lanzarle hirientes reproches que Torre acogía con sumisión, aunque desencajado:

-Ay, Chanín, Chanín, quién te ha visto y quién te ve.

Pero el Caso Villa no salpica solo al SOMA-UGT y al PSOE, también a CCOO, que fue de la mano del sindicato minero socialista a partir de los años ochenta, e incluso al PP, que sigue manteniendo una entente cordial con los socialistas que se remonta a aquellos mismos años. En el Ayuntamiento de Oviedo llegó a haber un pacto no escrito PP-SOMA y Gabino de Lorenzo, alcalde popular 24 años y hoy delegado del Gobierno, mantenía una excelente relación política y personal con Villa.

Apenas se extrae ya en Asturias, pero muchas manos siguen manchadas de carbón.

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