Bomberos forestales: los temporeros del monte

Manifestación de bomberos el pasado sábado en Madrid.

Manifestación de bomberos forestales el pasado sábado en Madrid.

Q. F. Realizan un trabajo idéntico, pero sus condiciones laborales varían de forma sustancial en función de a qué Comunidad Autónoma están adscritos. Muchos de ellos aún tienen contratos “fraudulentos” en los que figuran como peones agrícolas o rurales. Una buena porción, además, han sido privatizados en los últimos años, con lo que eso supone -aseguran- de “estafa a los ciudadanos” por parte de ciertas empresas que exprimen el negocio hasta descuidar la seguridad de sus trabajadores o la integridad del propio monte. Y no son ajenos a los recortes: las contrataciones de refuerzo en verano, dicen, han bajado hasta un 80% desde que llegaron las vacas flacas. Son todos datos que el sábado salieron a relucir durante una marcha de operarios de prevención y extinción de incendios forestales que confluyeron en Madrid para reclamar, en primer lugar, su reconocimiento como bomberos forestales.

Sostienen que lo hacen para reivindicarse como integrantes de lo que debería ser un servicio público de emergencias, pero también para liquidar la precariedad de un sector en el que no son mayoría quienes trabajan durante todo el año. Entre los que combaten las llamas en época de peligro alto, de hecho, hay contratos para todos los gustos: funcionarios, fijos, fijos-discontinuos y eventuales que en muchos casos son en la práctica esto último pero no tienen ese reconocimiento legal se afanan cada verano en contener los incendios, sabiendo que aunque manejan el mismo batefuegos o la misma manguera transitan por mundos laborales bastante diferentes.

El abanico va, por ejemplo, de las condiciones que rigen el trabajo de un vigilante navarro (ahora que esa Comunidad ha eliminado su red de torres de detección de fuegos) a las de un brigadista riojano de refuerzo que trabaja apenas unas semanas de verano, un trabajador de la empresa pública aragonesa Sodemasa que el pasado 1 de marzo se incorporó a la campaña de este año (tras una estimable resistencia de sus trabajadores ante la pretensión de nuevos recortes), o cualquiera de los casi cuatrocientos bomberos forestales de Castilla-La Mancha que aún hoy intentan sortear su despido, después de pasar en solo unos años de ser casi modélicos en Europa a afrontar los incendios bajo mínimos por el afán con que la Administración de esa comunidad esgrime sus tijeras.

Recortes o abandono. Estas fueron, quizá, las dos palabras más escuchadas en la concentración de Madrid para explicar la situación de los encargados de mantener el monte limpio en invierno y evitar que arda en verano. Públicos o privatizados, dependientes de las Comunidades Autónomas pero también, algunos, de la Administración central. Entre el más de un millar de bomberos que marcharon por el paseo de la Castellana (la principal avenida de la capital) estaban los integrantes de las Brigadas de Refuerzo en Grandes Incendios (BRIF), adscritos al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente a través de la empresa Tragsa. Se trata de personal muy cualificado que suele trabajar en zonas más expuestas de los fuegos con salarios que rondan los 1.000 euros mensuales.

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