Brasil: la falta de izquierda, el auge de la extrema derecha

Plinio de Arruda Sampaio: “La victoria de la extrema hundiría la nueva república, se aceleraría la destrucción de esta democracia de bajísima intensidad que se vivió en los últimas tres décadas”.

Quizá el nombre Plinio de Arruda Sampaio se asocie más a su ya desaparecido padre, reconocido jurista y militante del Partido de los Trabajadores. Pero es su hijo, de mismo nombre, acompañado de la clásica muletilla brasileña Jr, el que este año ha centrado las miradas. Profesor del Instituto de Economía de la Universidad de Campinas, investigador de historia económica en Brasil y teoría del desarrollo, ha centrado sus estudios en el análisis del impacto de la globalización en la economía de su país.

Su nombre se hizo sonar al presentarse como precandidato a las presidencia de Brasil. Al hablar con él sus ideas quedan claras: la necesidad de una izquierda real, la legalización de las drogas o la necesidad de una reforma del sistema económico brasileño son solo algunos de los puntos claves en su programa. Como candidatos a a la presidencia en estas elecciones han llegado Fernando Haddad y Bolsonaro. Con Plinio de Arruda analizamos el planteamiento de ambos y el futuro más próximo de Brasil.

El Ayuntamiento y la Universidad de Oviedo han invitado a Plinio a participar durante tres días en diferentes debates para sembrar la semilla de su discurso y dar a conocer la crisis brasileña y la situación sudamericana. Es viernes, 28 de septiembre, su último día, y se ha desplazado hasta Gijón invitado por la asociación Lázaro Cárdenas. Con paso firme pero tranquilo, igual que su palabra, cruza la puerta del Café de Macondo. Hasta allí le acompañan Germán Ojeda, que hace nueve años y medio participó en la creación de Atlántica XXII. Es profesor de Historia Económica de la Universidad de Oviedo y con él compartirá sillón. Jesús Montes, Churruca, ya más conocido, también le acompaña.

Tras escuchar la primera pregunta, sin apartar la mirada, Plinio baja apenas unos centímetros la cremallera de su chaqueta y comienza a hablar en un notable español, con acento sudamericano y toques de portugués.

¿Cómo se puede explicar la situación política de Brasil?

Para entender la situación brasileña es fundamental entender la crisis brasileña. El país pasa por una profunda crisis económica y política. El núcleo de la crisis de la economía es la desindustrialización y en la política la crisis terminal de lo que nosotros llamamos ‘nueva república’, la que surge en la transición de la dictadura militar al estado de derecho. Es la crisis de una constitución que promete beneficios, casi una Suiza en Brasil, y lo que en realidad entrega al pueblo es una Haití. La lucha política en Brasil se ve envuelta por dos problemas: el viejo sistema, que resiste a su muerte, y la disputa sobre qué va a ocupar su lugar.

Y dentro de este sistema, al igual que está pasando en todo el mundo, la extrema derecha está en pleno apogeo… ¿qué alternativas propone la izquierda?

La izquierda está siendo incapaz de formular un proyecto alternativo, lo nuevo quedó encarnado en la extrema derecha. Es una ironía, porque lo nuevo, en realidad, es muy viejo. Pero para la población y sobre todo para la juventud esto aparece como una alternativa a un sistema moribundo. Esta es la fuerza real y estructural de Jair Bolsonaro, que es el hombre que hoy en día capitanea la extrema derecha.

Y frente a Bolsonaro ¿a quién nos encontramos?

A los candidatos de la vieja orden. Entre ellos, el candidato que se destacó con más fuerza es Fernando Haddad, candidato del PT (Partido de los Trabajadores), ex alcalde de São Paulo. Fue el indicado por Lula.

Es, por tanto, el elegido por un acusado de corrupción que a día de hoy continúa en la cárcel. Una corrupción que tan presente está en Brasil… ¿Lula es un corrupto o una víctima?

Eso depende a quién se lo preguntes -bromea Plinio entre risas-. Ser corrupto en Brasil no cambia nada. De las alternativas Lula es el menos peor en el imaginario del pueblo. De lo que estoy seguro es que ningún partido de primera línea en Brasil sobreviviría sin un fuerte sistema de corrupción. Los hijos de Lula son ricos…

Tres segundos de pausa y una escueta sonrisa bastan para entender lo que Plinio trata de contar. Aún así, continúa.

…no sé de qué, la verdad, y trabajo en la economía. Lo que sí sé es que si algún día necesito asesoría consultaré a Lula.

¿Puede ser, además de corrupto, víctima?

Yo creo que es en parte una víctima. Si todos roban, ¿por qué sólo él está en la cárcel? Con su partido la justicia es más rápida, es una justicia selectiva que se ha centrado en atacar la figura de Lula porque encarna a la nueva república. Hay que atacarle, pegar más fuerte al que es más fuerte. Si quieres mi opinión: no liberar a unos sino arrestar a todos.

Solo el ruido de una moto interrumpe las concisas respuestas del profesor. Ahora sí, abre por completo la cremallera de su chaqueta dejando ver su camisa azul claro. Tras un breve tosido para aclarar la voz vuelve a fijar su mirada con atención.

¿Qué hay del programa de Bolsonaro? ¿Cuáles son sus líneas maestras?

En primer lugar la derecha plantea la intervención militar. Dicen que como esta democracia no funciona hay que emplear mano dura. La alternativa de la izquierda sería la intervención popular, pero esto no se logró convertir en voz política. Con esta tragedia llegamos a estas elecciones: elegir entre intervención militar o dar la supervivencia a un sistema que se está hundiendo.

La crisis económica, el auge de los discursos de extrema derecha, la falta de una confluencia entre las izquierdas capaz de plantar cara a estos movimientos y plantear una alternativa política… Parece que existen muchas similitudes entre la situación de Brasil y la de España.

La situación de los trabajadores en el mundo entero tiene similitudes muy grandes, aunque con particularidades muy claras. La similitud es que el capitalismo ofrece barbarie a los trabajadores y la crisis impone una agenda de ofensiva contra los derechos de los trabajadores y las políticas sociales. Ante esto hay que contraponer algo y ese algo tiene que ser el socialismo. Pero como no hay fuerza ni capacidad de convertir esta alternativa en una voluntad política, el juego político queda encerrado dentro del orden del capital. Todo esto agravado por la inmensa crisis social hace que la propuesta de mano dura, firmeza y xenofobia gane fuerza. La izquierda tiene mucha responsabilidad por el crecimiento de la derecha al no dar al obrero una alternativa civilizada a la crisis capitalista.

Pese a la crisis económica y social de las que habla el pre-candidato, si por algo se caracteriza Brasil es por el peso que tiene en su economía el turismo. Pero si en algo coinciden todos los que visitan el país es en la sensación de inseguridad, la pobreza de las clases bajas y la violencia en las calles.

¿Existe alguna propuesta desde los movimientos de izquierdas para combatir el problema de la inseguridad?

Para hacernos una idea, en Brasil mueren por muerte violenta cada año 62.000 personas: el 70% negros, casi la totalidad jóvenes, pobres y en la periferia de las grandes ciudades. Este problema está relacionado con dos elementos básicos.

Primero una guerra de la policía contra el pueblo pobre, que es una guerra travestida de una guerra a las drogas. Pero en realidad las drogas nunca sufrieron nada con esto y siguen creciendo. La guerra es en verdad contra los pobres, para mantenerlos intimidados y en toque de queda de noche, cuando las ciudades son peligrosísimas. Hay que legalizar las drogas y hay que democratizar la policía, que todavía es una policía de la dictadura militar.

En segundo lugar, más a medio y largo plazo, está la desigualdad social. La violencia política tiene como causa básica una asimetría social inmensa, y para combatir esto es necesario llevar a cabo una reforma agraria, una reforma urbana y, en definitiva, cambiar todo el sistema económico brasileño.

Pero con la poca estabilidad política que tiene Brasil, ¿es imaginable un proyecto a tan largo plazo que permita llevar a cabo todas estas reformas?

Es complicado. La lucha de clases se está polarizando en el mundo entero y en Brasil de manera muy rápida. Antes hablábamos de la intervención militar. Ante esto la izquierda tiene que promover una solución de abajo para arriba, lo que yo llamo de intervención popular. Si no hay un movimiento muy fuerte en la calle y en las fábricas, no hay voz alternativa porque las instituciones neutralizan de manera total la fuerza de los trabajadores. Esta solución pasa por una ruptura profunda con el sistema político actual. No una ruptura como propone la derecha que niegue la democracia, pero sí que supere las insuficiencias de una democracia formal. Que combine estado de derecho con igualdad sustantiva.

¿Qué espera de estas elecciones?

Pase lo que pase son una tragedia para la izquierda porque, en realidad, no se presentó y está totalmente neutralizada. Es una elección donde lucharán lo pésimo, la extrema derecha, con lo muy malo, que es la supervivencia de un sistema moribundo. Muy probablemente, como decía, irán a una segunda. Bolsonaro llega con mucha fuerza, sorprendente, con un 35 o 40 por ciento de los votos, y de Fernando Haddad que va a llegar con un 25 o 27 por ciento. En la segunda vuelta yo creo que ganará el candidato del PT.

¿Cree o desea?

Espero que no gane Bolsonaro… Hay que ver cómo transcurre, pero yo creo que la repulsa hacia él es todavía grande. Pero solo se sabe el resultado del partido después de jugarlo.

Ante la posible victoria de la extrema derecha… ¿adónde podría llevar a Brasil?

Primero se hundiría la nueva república, al fondo del mar. Se aceleraría la destrucción de esta democracia de bajísima intensidad que se vivió en los últimas tres décadas. En su lugar se impondría una dictadura con una forma que aún no está clara. No sabemos si sería una especie de dictadura civil, a la Fujimori, si va a ser explícitamente militar… Pero de cualquier manera será algo bien autoritario y truculento.

Germán Ojeda ya se ha sentado en el sillón. Churruca, micrófono en mano hace una breve introducción sobre la crisis en Brasil y sudamérica y el papel de ‘los medios de desinformación’. Plinio se sienta a su lado y en unos folios que acabará olvidándose sobre la mesa apunta las ideas que van surgiendo y más tarde comentará. Se hace el silencio. La charla comienza.

Fotografía de Carlos Álvarez / De izquierda a derecha, Jesús Montes ‘Churruca’, Plinio de Arruda y Germán Ojeda en su charla en El Café de Macondo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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