La brecha digital en Asturias: otra forma de desigualdad

Fotografía de Steve Halama

Ismael Juárez / Periodista

«Hablan de solucionar el despoblamiento del ámbito rural, pero no se están preocupando de las infraestructuras más básicas para frenarlo, como la cobertura de móvil y el acceso a internet». Paloma Silva, que regenta un hotel en el concejo de Casu, en el Parque Natural de Redes, pronuncia estas palabras con tono de enfado. Asegura que en su vida diaria tiene que tomar precauciones cuando sale de su negocio, ya que «la cobertura del móvil va por valles, y no en todas partes puedo estar disponible». Aunque en su hotel internet va razonablemente bien, los clientes que llegan con diferente operadora a la suya «no tienen cobertura». Paloma es también secretaria de la Asociación Redes Natural en una zona que el año pasado, debido a las nevadas, permaneció cuatro días «sin luz, sin teléfono, sin televisión y sin internet. Todos completamente aislados».

El problema de la brecha digital entre el campo y la ciudad, especialmente agudo en diferentes lugares del viejo continente, también se da en España, donde, en concreto, Asturias ofrece unas cifras engañosas en cuanto a evolución, ya que al tiempo que se sitúa en el pelotón de cabeza de las comunidades autónomas mejor conectadas, también es una de las regiones que más dificultades encuentra para afrontar la línea divisoria con la que estos cambios tecnológicos están separando a las poblaciones urbanas y rurales.

«No podemos ir a vivir a cualquier sitio», cuenta Sandra Ramiro, que tiene también un negocio en Abantro, en el mismo parque natural en el que vive Paloma: una gestora de publicidad y marketing
que dirige desde casa. Cuando el ADSL va bien, cuenta con seis megas. «El sistema es muy frágil y en cualquier momento tienes miedo de quedar mal con los clientes porque se te va internet o se pone muy lento», algo que también corrobora Paloma Silva, quien asegura con cierta ironía que «todos los que tenemos negocios en las zonas rurales mantenemos una colección de routers». Según un informe elaborado recientemente por el propio ministerio, hay una diferencia de hasta cinco puntos entre
el medio rural y el urbano en el uso del móvil. Y aunque esta diferencia ha disminuido en los últimos años, lo cierto es que, en cuanto a conexión ADSL, la brecha digital ha seguido creciendo, y de momento las soluciones parecen plantearse de forma titubeante y no siempre eficiente. Todavía quedan 2.500 municipios en España que no tienen acceso a internet con un mínimo de 10Mb. Son las llamadas Zonas Blancas NGA, lugares que ni tienen ni está previsto que antes de tres años, al menos, consigan la
banda ancha. Además todavía se pueden encontrar zonas oscuras en las que no hay cobertura de ningún tipo.

Como contraste, la red de fibra óptica instalada en España es la más amplia de Europa y el país figura en las posiciones más altas de la digitalización de las empresas y de la administración pública.

Sin embargo, según el informe del Tribunal de Cuentas Europeo publicado recientemente, España es el sexto Estado miembro con mayor diferencia entre la cobertura de banda ancha rápida rural y urbana. Algo que resulta preocupante, si se tiene en cuenta que el medio rural abarca el noventa por ciento del territorio nacional, aunque en él solo viva una quinta parte de los ciudadanos españoles.

Paloma Silva remarca que «en el ámbito rural debería caber cualquier empresa, como en las ciudades. Se podría incluso trabajar mejor que en las grandes urbes. Pero no se están preocupando lo suficiente de cosas que son absolutamente básicas para vivir y trabajar» Para la asociación de Paloma, eso para por disfrutar de banda ancha.

Asturias está a la cabeza de personas conectadas, pero en zonas urbanas, lo que contribuye al despoblamiento rural.

Asturias es un caso paradigmático de este problema. Como el Estado con respecto a la UE, el Principado está a la cabeza en número de personas conectadas en España, con alrededor del ochenta por ciento de asturianos con acceso a banda ancha. Pero más allá de la zona central, donde se concentra la mayor parte de la población, principalmente urbana, los problemas comienzan en una zona rural que sufre una de las crisis demográficas más severas del país.

La brecha salarial aumenta le despoblamiento

Para el Profesor de Economía de la Universidad de Oviedo Xosé Alba, «la falta de conexión agrava el problema del despoblamiento». Las causas de la auténtica sangría demográfica que sufre el medio rural en los municipios son varias, pero «nadie discute que si se consiguiera llegar con la banda ancha a todos los municipios el problema se mitigaría».

En los municipios de menos de 5.000 habitantes hay una pérdida de población que se sitúa en el 0,31 % en la media estatal, pero que en el caso de Galicia o Asturias alcanza el 11 %, seguidas muy de cerca por Castilla y León y Extremadura, ambas con un 9 %. Es por todo ello que en los informes que se realizan sobre esta materia hace tiempo que se ha incluido ya la brecha digital como un factor de despoblamiento. «¿Cómo van a hacer que venga gente a trabajar aquí?», se pregunta Sandra Ramiro. «Los que estamos ya en las zonas rurales nos están complicando salir adelante por esta marginación con respecto a las ciudades».

La razón por la cual existen estos problemas de conectividad en el campo tiene una explicación de consenso para casi todos los agentes que abordan la situación: la baja rentabilidad para las empresas. Los municipios pequeños no resultan rentables y esto hace que se creen zonas marginadas.

En el caso asturiano, la orografía complica aún más la situación, ya de por sí grave en regiones como las dos Castillas, Cantabria o La Rioja. A la orografía natural del paisaje asturiano se une la abundancia de pequeñas aldeas de tan solo unas cuantas decenas de vecinos, separadas entre sí por accidentes geográficos, donde las operadoras no encuentran rentable llegar.

Para Amelia Fernández López, alcaldesa de Carreño y presidenta del Grupo de Desarrollo Rural del Principado de Asturias (ADICAP), «hay menos oportunidades en el medio rural por las dificultades de acceso que tenemos». ADICAP ha reclamado la declaración de internet como servicio universal.

«La hostelería y el turismo no se pueden desarrollar como deberían», asegura José Antonio Barriento, alcalde de Boal, en cuyo municipio, como en tantos del medio rural asturiano, hay núcleos catalogados como Zonas Blancas NGA. «Es un freno no solo para que la gente venga a vivir a las zonas rurales, sino para que las empresas de aquí se desarrollen como deberían» y añade que la ampliación de cobertura de banda ancha «ayudaría mucho para traer iniciativas empresariales». En su municipio ha habido una recogida de firmas para que las operadoras lleguen a las parroquias que siguen sin la cobertura adecuada.

Las cifras hablan solas. En 51 de los 78 municipios que conforman la autonomía, hay acceso a redes de alta capacidad, sin embargo solo se garantiza la cobertura de un porcentaje de la población superior al 80% en ocho concejos: Oviedo, Gijón, Avilés, Castrillón, Corvera, Mieres, Langreo y Laviana.

De esta forma, 210.000 personas de 6.500 núcleos habitados en Asturias tienen conexiones por debajo de los 30 megabites por segundo. Más aún, hoy en día hay 27 municipios que todavía no cuentan con ninguna operadora que ofrezca servicios de este tipo. Pero lo más grave es que para muchos de estos núcleos pequeños aún no se vislumbra cómo llegará la banda ancha. A corto y medio plazo están fuera
del mercado de las operadoras e incluso de otros servicios alternativos.

La rentabilidad de las operadoras

La competencia es indiscutible. Operadoras como Vodafone, Telecable u Orange siguen ampliando su mercado. Sin embargo, las poblaciones más pequeñas continúan quedando fuera de sus inversiones. Al mismo tiempo, muchas comunidades autónomas han puesto redes alternativas que intentan compensar esta marginación que el mercado está creando.

En el caso asturiano, la Red Asturcón, dependiente del Principado, ha logrado llegar a ciertos lugares donde las operadoras no llegaban, aunque como ocurre en otras regiones, el éxito de sus actuaciones es limitado, incluyendo las que se realizan a través del  programa Leader 2014-2020 para la mejora y ampliación de las infraestructuras de banda ancha.

Por otra parte, toda esta división de coberturas entre operadoras, así como las iniciativas públicas según la región y el municipio, está creando una desigualdad entre territorios. «En Asturias, entre valles», corrige Paloma Silva.

El Tribunal de Cuentas Europeo pone de relieve que las operadoras actúan sin un marco regulador claro, bajo sus propios intereses, incluso cuando van contra planes de cobertura planificados desde el ámbito público. Por eso, el Tribunal recomienda que los Estados miembros deberían revisar el mandato de sus autoridades reguladoras nacionales con arreglo al marco regulador del sector de las telecomunicaciones e incluir medidas correctoras, con sanciones incluso, a las operadoras.

De esta forma, la UE parece ocuparse de un mercado que choca contra los intereses de la ciudadanía. De momento, desde Europa ya se reconoce que los 15.000 millones de ayudas previstos entre 2014 y 2020 serán insuficientes para acabar con la brecha digital. Por ello se está planteando otra nueva estrategia que intente llevar la banda ancha a todos los territorios comunitarios. Especialmente en el medio rural. Algo que, atendiendo a los informes, tanto del Gobierno de España como de la UE, parece poco probable que suceda antes de 2025.

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