Breve nomenclátor de bares lumpen

Sidrería Fortuna, en la Tenderina Baja de Oviedo, uno de los bares repasados en este reportaje. Foto / Pablo Lorenzana.

Sidrería Fortuna, en la Tenderina Baja de Oviedo, uno de los bares repasados en este reportaje. Foto / Pablo Lorenzana.

Prácticamente en todas las ciudades españolas sobreviven, en vías de extinción, bares feos, a veces sencillamente horrorosos, y a menudo sucios y cutres, algo que les da precisamente por ello una singularidad, un encanto y un calor humano que los convierte en imprescindibles para un buen observador etílico. El escritor Ernesto Colsa, colaborador del fanzine Letra y Puñal y de esta revista, acompañado por amigos del gremio literario, recorrió algunos de la zona Norte de Oviedo para detallar sus impresiones en esta crónica periodística, publicada en el número 31 de ATLÁNTICA XXII, en marzo de este año. Desde entonces, algunos de estos bares ya cerraron.

Querido lector: Olvídese de vinotecas, de pubs irlandeses y, en general, de ese tipo de establecimientos de nueva factura que a causa de su impersonalidad nada le sugieren. En la guía de ocio que hoy me honra presentarles impera la heterodoxia y la mugre en lugar de la asepsia de la nueva hostelería. Los reporteros hemos elaborado un trabajo sobre el proletariado tabernario aún superviviente en Oviedo, una ciudad presa de la vulgarización y la enología de baratillo. Pero en los locales que les daré a conocer campan con orgullo las napias de dipsómano, la baraja grasa y el licor polvoriento; el linóleo, el calendario de la parroquia y las letrinas. En cierta manera, no deja de constituir otro tipo de diseño. Puede que la atención no resultara exquisita ni la higiene ejemplar, pero los reporteros pudimos fanfarronear sin tapujos y practicar diletancias de señorito sin que nadie nos reconviniera por ello, o bien la curda nos impidió percibirlo.

Al principio del trabajo se plantearon ciertos parámetros que deberían haber servido para evaluar cada chamizo: trato, limpieza, decoración, factor mediocridad… La mayoría de variables puntuarían en proporción inversa, esto es: cuanto peor, mejor. Sin embargo, pronto el despropósito se adueñó de nuestra conducta, de modo que las rigurosas reglas tornaron en rémoras para el disfrute de una experiencia beoda ajena a clases sociales, decoro o murmuraciones.

Bienvenidos, pues, a las catacumbas del vino genérico y la tapa rancia.

12:00 HORAS

CAFETERÍA INDIA

C/ Marqués de Pidal (Galerías Pidal).

Quedo con mi compañero de reportaje, el Dr. Lengua, en esta anodina tasca subterránea con la decoración que de ella se espera: mapas de la provincia, máquinas tragaperras y antiestéticos banderines de diversas entidades civiles. Dispuesta en las paredes se halla una nutrida colección de mecheros con quince años de antigüedad, a decir del tabernero, educado sujeto que ni chista por muy insólita que le parezca nuestra conducta al fotografiarnos en el local y tomar misteriosos apuntes. Algún parroquiano despistado lee la prensa mientras se pregunta quienes serán los imbéciles que han venido a interrumpirle. Imponemos la primera norma cretina: hoy solo ha de fumarse tabaco mentolado, como las meretrices.

12:45 HORAS

BAR LAS DOS VÍAS

C/ Vázquez de Mella.

Abandonamos la zona noble y comenzamos nuestro periplo por el extrarradio en esta cantina, cuya decoración, humilde y coquetuela, desmerece un tanto la lóbrega apariencia exterior. Este es el tipo de establecimientos que andamos buscando: la excitación se apodera de nosotros mientras apuramos los mentolados antes de entrar. Nos atiende una amable señorita; tomamos notas dándonoslas de profesionales y jugamos a los naipes mientras bebemos una birra por barba, de momento. Primeras discrepancias con las puntuaciones, resueltas a base de insultos. En la tele echan un programa en el que unos tíos muy pesados no paran de hablar. Gano la partida y lo celebro tomando la droga que he traído, aunque intuyo que no ha sido una buena idea. ¿El bar? Bien, bien.

13:15 HORAS

BAR RAYMOND’S

C/ Vázquez de Mella.

En nuestra aventura no solo prima lo añejo, sino que el dudoso gusto y la pretenciosidad de barrio también cotizan al alza en el baremo. El Raymond’s, genitivo sajón mediante, es un clásico garito con ínfulas, ostentosa y abigarrada decoración y excelente trato. La camarera nos sonríe por más que nuestro comportamiento diste de parecer civilizado. Quizás no debiera haber comenzado el día con tanta ansia de toxicidad, así que me tomo una cerveza por ver si se me pasa un poco el incipiente vacilón. Se incorpora al reportaje nuestro compañero David Fueyo, poeta del desarraigo y de los suburbios, y excelente camarada de curda.

14:00 HORAS

BAR VINJOY

C/ Mariscal Solís.

En plena sesión vermú, subimos a la zona de transición entre Vallobín y Ciudad Naranco, donde hacemos escala en este pequeño bar de viejo, de ambiente familiar y recio canapé de tocino íntegramente blanco, queso reseco y salchichón. Azulejos, baldosa y tele, precios populares y un bote de laca en el retrete. Perfecto. La incipiente berza nos conmina a entablar palique con los dueños, gentil matrimonio próximo a la jubilación que nos anima en el empeño. Las grotescas conductas acompañan una conversación cada vez más deslavazada. Fumamos mentolado y firmamos unos cuantos contratos que imponen reglas cuya contravención acarreará funestas consecuencias para el firmante: así, quien profiera la locución “cuando” se verá obligado a consumir un pacharán en lugar de las cervezas que nos venimos apretando con prudencia, aunque lo de la droga es otro cantar.

Clientes en el bar La Parroquia. Foto / Pablo Lorenzana.

Clientes en el bar La Parroquia. Foto / Pablo Lorenzana.

14:45 HORAS

BAR LA PARROQUIA

C/ Monte Gamonal.

Un clásico de Ciudad Naranco, cuya estética se aproxima a la autenticidad que pretendemos. Amplios ventanales, piso bajo el nivel de la acera, generosa barra y, tras el mostrador, vetustas botellas que son una incitación a la dipsomanía. Mas no incurrimos en el disparate situacionista y continuamos a base de cervezas, que son largas las horas e innúmeras las etapas. Los parroquianos liban su tinto soluble y departen sin la falsa afectación del discopub. Mención especial merece el jersey del tabernero, una explosión de geometría y color entre tan conservadores atuendos. El cronista ha de purgar su primera apuesta y aplicarse un pacharán, lo que significa el inicio de su perdición.

15:15 HORAS

BAR ASTUR

C/ Monte Gamonal.

Excelente zaquizamí de paisanos donde impera el olor rancio y la lóbrega iluminación. Banderines, dudosa higiene, decoración vetusta, que no vintage, mesas en la zona de estancia y letrina de formato ciento uno. El bar y la peluquería dominicana contigua conforman un complejo de ocio que no merece desaprovecharse, de modo que el cronista procede a un ridículo corte de pelo mientras bebe cervezas al son de ritmos latinos. Osvaldo, el peluquero, se trata de un excelente profesional que se limita a cumplir con su trabajo por más que las bravatas de los reporteros justificarían un profundo desprecio. Mientras tanto, los ojos comienzan a hacer chiribitas, y el habla parece adoptar una curiosa autonomía respecto de la voluntad.

16:00 HORAS

BAR LA PEÑA

C/ Almacenes Industriales.

Continúa el tour de force donde caen con inclemente ritmo las consumiciones; la conversación sostiene ya dislocado argumentario y comienzan las agresiones mutuas, plenas de camaradería y carencia de juicio. El camarero, al vernos escribir y puntuar, se interesa por nuestra labor, creyendo que trabajamos para una guía de hostelería al uso, mas qué habría de pensar de la editorial con semejantes reporteros. Nos cuenta que el bar se fundó en los cuarenta y que fue pionero en la barriada. Para completar el peloteo, nos invita a una ronda de pinchos por si acaso. Se incorpora Diego Medrano, vate de acerado verbo y toscos modales, y compartimos mentolados y anecdotario sin fin. A la salida, deambulamos por el Little Belfast ovetense, nos regocijamos con los pintorescos graffitis del barrio y nos pegamos unos restregones contra la estatua del papa polaco que hay en las inmediaciones, enfrente del antiguo talego.

16:45 HORAS

BAR EL CRUCERO

C/ Eugenio Tamayo, 2.

Para acceder al próximo destino, se precisa sortear un desnivel, pero el cronista opta por abrirse la cabeza contra una valla al final de la pendiente por la que trata de atajar. Tras unos momentos de desconcierto, continúa la expedición. Nos encontramos en el pintoresco barrio de Tocote, urbanización de viviendas sociales aledaña a Pumarín, pero el bar que elegimos no hace honor a la ubicación. El adusto camarero sirve a los borrachos con displicencia: quizá el entorno de mediocridad que lo rodea ha acabado por adueñarse de su alma. Recitamos poemas, hablamos de toros y ponemos en práctica coreografías bufas, pero en lugar de ponderar nuestra sana excentricidad el gerente continúa observándonos con gesto hosco. No podemos sino otorgarle una de las más bajas puntuaciones, aunque su nula ergonomía y los carteles preconstitucionales le confieren cierto potencial, en especial uno donde bajo una foto del anterior jefe del Estado figura la leyenda “Conmigo podíais fumar”.

17:30 HORAS

BAR TEJAS

C/ Benjamín Ortiz.

Encantador barecillo de barrio, uno de los más exiguos de Oviedo, aunque de gran parroquia. Siete personas, cuatro de ellas los propios reporteros, hacinamos el local, mas nadie parece tener inconveniente en jugar a las cartas con el cantinero desde el exterior a través del ventanuco. Excelentes precios -cubata en torno a 2’50 euros- y olor a sobaco poderoso. Hay un aparato de radio en lugar de televisor; los clientes se hallan debidamente informados y nos ponen al día de los resultados del fútbol y comparten chanzas con nosotros sin desconcertarse con los continuos traspiés de quien suscribe, a pesar de que en tan reducido espacio las consecuencias podrían haber resultado desastrosas.

18:30 HORAS

BOCATERÍA LAS JUANAS

C/ Joaquina Bobela.

Hacemos un alto en este establecimiento del mestizo Pumarín con el fin de ingerir un tentempié, pues caemos en la cuenta de que nos hemos saltado la comida y por eso los efectos del alcohol están resultando más devastadores de lo habitual. La clientela parece hallarse en familia, y la conforman un conglomerado del Cono Sur compuesto por un tunero acodado en la barra, algún desocupado mirando la tele y unas chicas maduritas de descarados modales que nos sueltan procacidades de doble sentido. A pesar de la interrupción de la rutina que supone nuestra llegada, nos consideramos bienvenidos por más que quien esto firma casi quiebre el cristal de la puerta al caer hacia atrás. Departimos con el amable travestido que regenta el negocio, quien nos prepara unas viandas de textura incierta y rotundo sabor. El baño también hace las veces de almacén, oficina y hasta reservado, si se terciara, y una barrita de incienso camufla el olor de la letrina. El bar puntúa por su peculiar idiosincrasia y no por su adscripción al estereotipo de los bajos fondos.

19:15 HORAS

BAR BEBARES

C/ Bermúdez de Castro.

La atención deja mucho que desear; el ambiente no merece reseña, ni siquiera en términos de pintoresquismo, y la dueña es una desagradable mujer de dudosa higiene y pronunciada figura de ánfora. Por lo visto, su marido, quien también regenta el negocio, amenazó meses atrás con un machete a un atracador; por fortuna, a nosotros nos invita a salir de malos modos pero sin blandir arma alguna. No comprende que nuestra embriaguez obedece al noble desempeño de un deber por mucho que tratemos de explicárselo.

Carteles en el bar Jandro. Foto / Pablo Lorenzana.

Carteles en el bar Jandro. Foto / Pablo Lorenzana.

20:45 HORAS

BAR JANDRO

C/ Bermúdez de Castro.

Excelente tabernero colaborador en el reportaje, quien pone a nuestra disposición el juego de luces para sesión de fotos e incluso participa en un cadáver exquisito, del que lamento no poder proporcionar más detalles, pues a estas alturas los apuntes de la jornada ya resultan del todo ilegibles. Fabulosa decoración, añeja y horrenda a un tiempo, y barra a dos niveles, de las que no abundan. Recomendable sin paliativos.

HORA NO REGISTRADA

SIDRERÍA FORTUNA

C/ Tenderina Baja.

La magia de Oriente se amalgama con la boina, el cucho y la maledicencia norteña en total armonía. Oasis de exotismo en la españolísima Tenderina Baja, los reporteros no pueden sino quedar confundidos con el menú, consistente en generosa sidra acompañada de chop suey y rollitos de primavera. De nuevo trastabillo y caigo del taburete, sin que parezca necesario llamar a ningún tipo de asistencia sanitaria. Se forja una intensa amistad y prometemos regresar con nuestras señoras para una cena en condiciones, con lo cual los toxicómanos de alrededor se muestran entusiasmados.

DE NOCHE

BAR DOMITILA

C/ Tenderina Baja.

Domitila, Domitila, se regodea Medrano con la sonoridad del nombre, mientras paladea la palabra con vicio y le baja por el gaznate el vermú artesano que sirven en este templo del lumpen más exquisito, impregnado de un sabio polvo y un olor a covacha que reina sobre las fragancias humanas y nos retrotrae a la bohemia. La decoración es un alarde de utilitarismo trasnochado: una mesa de cocina, un poster de Clas-Cajastur de la temporada 90-91 -Rominger, Mauleón y Escarpín- y diversos enseres apilados contra la pared. Las letrinas se hallan en el exterior y semejan cabinas de teléfono hechas de ladrillo. La parroquia canta tonada, sin permitir interrupciones. El Domitila, inclinado su piso hacia poniente, ignora su alarde de magnificencia, su condición de enclave anacrónico, sus resabios de otro tiempo que se nos antojan miserables pero no menos míticos. Domitila resiste a la piqueta, como un chancro urbanístico entre impersonales bloques de ladrillo, y nosotros adoramos su declinar, asombroso y proletario…

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