Elecciones anticipadas en Asturias: el penúltimo acto de la farsa política

La convocatoria anticipada de elecciones al Principado vuelve a delatar el problema que supone para la ciudadanía, en este caso la asturiana, la clase política. Las diferencias irreconciliables de la derecha asturiana, los inauditos acuerdos entre socialistas y populares, los escándalos de clientelismo y corrupción, la irrupción amenazante de Cascos, etc. 

Atlántica XXII lleva años denunciando en su revista los males endémicos de la política asturiana que hoy vuelven a mantener paralizada la gestión administrativa del Principado coincidiendo con la peor crisis económica de la historia reciente. Ahora rescatamos de nuestro archivo una serie de artículos  muy oportunos sobre las peculiaridades actuales de la clase política asturiana. 

Cascos contra todo

María Antonia Mateos / Periodista. Atlántica XXII, Nº 17. Noviembre 2011. Como ocurre siempre con las más altas expectativas, y más si lo que se espera es poco menos que el advenimiento de un Salvador frente al Apocalipsis, las generadas por la llegada de Francisco Álvarez-Cascos al gobierno del Principado de Asturias están lejos de verse colmadas, de momento. El presidente asegura que está cumpliendo su programa punto por punto con las resistencias previsibles y confía en que el cambio en marcha se consolide, pese al frente común del PP-PSOE. Pero también entiende que algunos de sus votantes del 22-M den muestras de desasosiego por los pocos resultados visibles de un gobierno con preocupante imagen de escasa solvencia, aunque trabaje a tres turnos.

“Abogada con despacho en Tineo” no parecía el tipo de currículum que se esperaba del equipo de profesionales de brillante trayectoria que acompañaría a Álvarez-Cascos en la labor gubernativa tras su sorprendente triunfo electoral. La fantasía de sus votantes imaginaba un aluvión de jóvenes técnicos y profesionales de prestigio, leyendas urbanas políglotas que acudieran raudas a la llamada patriótica del presidente electo. Lejos de eso y salvo excepciones -como los consejeros de las áreas más técnicas y Emilio Marcos Vallaure, un asturianista con amplia experiencia en gestión cultural- se sucedieron los perfiles menos que medianos. La labor de reclutar grandes fichajes fue imposible. Profesionales de alto nivel perdían miles de euros con el cambio,  desconfiaban de la duración de un gobierno en minoría o, aun atraídos por el proyecto “transversal y reformista” de Foro Asturias, tenían grabada a fuego la memoria de un Cascos con fama de autoritario hasta el despotismo. En los segundos niveles, cargos considerados estratégicos como la dirección de Empleo llegaron a estar casi de saldo y los funcionarios bromeaban con la frase “¿Y a ti, no te ofrecieron nada?” a modo de saludo. Como algún miembro del gobierno ha admitido en privado, “se ha inventado un gobierno y un partido en dos meses”. Las comparecencias de los consejeros en la Junta General del Principado hicieron pasar malos tragos al propio grupo parlamentario de Foro y dieron alas a la oposición: Cascos no tenía equipo.

Como su maestro Manuel Fraga, el presidente del Principado ejerce un mando personalista. Si bien atemperado por los años, abronca a colaboradores en reuniones nutridas y algún consejero ha tenido que abandonar la sala para preparar mejor, hasta saberse, la lección apenas aprendida. “¡A hacer los deberes!”, dicen que se le ha oído en un consejo de gobierno. Él y solo él, comentan varios miembros del gobierno, tiene la hoja de ruta del ejecutivo. La comparte, si acaso, señalan otras fuentes, con Florentino Alonso Piñón, consejero de la Presidencia y colaborador del político asturiano desde 1991.

Quizá a ese exceso presidencialista de quien no gusta delegar se deba buena parte de la imagen de inacción del nuevo gobierno y explique también la otra gran debilidad del nuevo ejecutivo: la continua polémica. Los conflictos suscitados en torno al Centro Niemeyer o la RTPA, torpemente gestionados y atizados por intereses partidistas y choques de viejos resentimientos, han venido a dar la razón a los augures de tempestades en cuanto Cascos llegara al gobierno, aunque también han llenado de regocijo a sus votantes y a buena parte de la opinión pública, que aplaude esos ataques a lo que entienden como búnkeres donde se han atrincherado los últimos arecistas. Alguien que sufrió al actual presidente del Principado en la agitada legislatura asturiana de 1995-1999 vive con un continuo comentario de “Ya os lo decía yo” cada uno de los sonoros encontronazos: “Será siempre como un elefante en una cacharrería”.

 Como el salmón

En el palacio presidencial de Suárez de la Riva, donde vive y trabaja al ritmo frenético que ya le es consustancial, Álvarez-Cascos repite el discurso bien medido que ha fijado para sus encuentros con los medios con motivo de los cien días de gobierno: se sigue trabajando en el diagnóstico de la situación recibida, un panorama desolador de gastos sin cobertura, endeudamiento no declarado y lo que define como “un fortín del poder blindado por un campo de minas”. Como a cualquier político experimentado, es difícil sacarlo de los mensajes fijados y la impenetrabilidad de un rostro que acusa cansancio no ayuda a detectar otros discursos disonantes del oficial. Los conflictos generados en los últimos meses y amplificados por la oposición no son para él “ni sorpresas ni accidentes no previstos”, sino “el mero resultado del cumplimiento del programa electoral, una consecuencia de introducir modificaciones en materia de control en organismos en los que simplemente se pretende aportar en la medida en que se participa en su gestión, exigiendo transparencia de cada euro. Y eso genera resistencias de quienes no quieren cambios. Parece que se acepta el cambio de personas en el Gobierno, pero no se acepta que ese nuevo Gobierno haga nueva política”.

También quita hierro a la iniciativa conjunta de PP, PSOE e IU para frenar desde la Junta General del Principado los recortes presupuestarios del gobierno autonómico, algo insólito que se ha interpretado como una moción de censura encubierta y que el presidente contempla con absoluta tranquilidad. “Han clarificado lo que algunos aún dudaban: aquí en Asturias desde las cúspides del PP y del PSOE no se están defendiendo soluciones a los problemas sino la continuidad de unas cuotas de poder que se habían repartido cómodamente”. Ni siquiera cita en la “entente” a IU: “Izquierda Unida ha demostrado una vez más que tiene vocación de irrelevante en la política asturiana”. Álvarez-Cascos, dicen quienes le conocen bien, se siente cómodo en la tesitura del “Yo contra todos”. “No es un propósito, es una actitud. Puedes dejarte arrastrar por la corriente o puedes tener una actitud de lucha. Mi especie favorita es el salmón, experto en remontar corrientes”. La foto del “frente antiCascos”, de hecho, le refuerza el aura de víctima perseguida cuando la idea de la inoperancia estaba calando incluso entre sus votantes. Él lo sabe y pide tiempo. “La política no se parece a los fuegos de artificio sino una siembra. Recuerdo el primer semestre del 96, que empezó con un recorte de 600.000 millones de pesetas para corregir desequilibrios presupuestarios. Los ministerios se quedaron con los brazos cruzados durante seis meses, pero un año después empezaron a cambiarse las tendencias y comenzó el crecimiento. Ese proceso, que algunos hemos vivido y conocemos muy bien, es el que estamos tratando de repetir en Asturias”.

20-N, la gran fecha

“Es indiscutible que tiene experiencia y seguramente buenas intenciones, pero también que es incapaz de gobernar en minoría y esa será su perdición, además de la ‘aventura madrileña’, que en general no se entiende y que, con mucha probabilidad, no le saldrá bien”. Es el diagnóstico de un veterano militante del PP aún admirador de Cascos, pero es también una valoración extendida hasta llegar al propio Mariano Rajoy, al que sentó como un tiro la aventura de Foro en la capital del reino. De parecida opinión son el exsindicalista Antón Saavedra –El gran error de Madrid le costará caro a Cascos y a nosotros: va a volver el PPSOE”- o el sociólogo Holm-Detlev Köhler, para quien el efecto Cascos ni siquiera ha servido para que los otros partidos se pusieran las pilas y renovaran listas y mensajes. Curiosamente, ha ocurrido lo contrario: los mismos nombres de hace décadas se medirán en las elecciones del 20-N. “Ni electores ni partidos han aprendido nada”, lamenta Köhler.

La cita electoral del 20-N marcará la hora de la verdad en la política asturiana. A la espera de unos resultados bastante más inciertos que en el ámbito estatal, en el PP y el PSOE ya se perfilan venganzas larvadas durante meses y aplazadas tras las derrotas del 22-M. En Foro, aunque Cascos es ahora cauto al aventurar cualquier resultado, Enrique Álvarez Sostres, número 1 al Congreso por Asturias, fija como objetivo lograr los 5 diputados que garantizarían el ansiado grupo parlamentario propio con voz en el escenario estatal. Si los resultados se quedan por debajo, el tiempo que pide Cascos para consolidar sus políticas se acortará alarmantemente, se declarará oficialmente el fin del efecto Cascos y las fricciones internas en el seno de un gobierno heterogéneo y de un partido que ha crecido en muy poco tiempo hasta los más de 11.000 militantes, pero donde no faltan los arribistas en busca de solución al “¿qué hay de lo mío?”, aflorarán sin remedio. Por el contrario, si se consiguen los resultados óptimos, algunos militantes ya están preparados para urgir al presidente a convocar elecciones autonómicas anticipadas, convencidos de que entonces Foro lograría la mayoría necesaria para gobernar con comodidad, despejadas las resistencias. “Es una idea que no tengo presente”, afirma Álvarez-Cascos, “ahora debemos ocuparnos de la campaña, pero no hay ningún otro proyecto para los próximos meses que no sea poner en marcha nuestras políticas”.

La batalla mediática (Despiece)

Tal como se adelantaba en el número 14 de atlántica xxii, las elecciones del 22-M también han tenido consecuencias evidentes en los medios periodísticos que apostaban por las diferentes candidaturas. Cinco redactores de El Comercio, que había mostrado su apoyo incondicional a Foro y sigue dando el mejor trato al gobierno casquista, se integraron en el equipo de Álvarez-Cascos, uno de ellos incluso como viceconsejero de Comunicación. “Le ahorró el ERE a Vocento y ahora Vocento le paga con una continua campaña a su favor, y lo que venga”, es el comentario extendido en los medios asturianos. Hay quien cree que Vocento podría gestionar la televisión privada autonómica que propone Cascos, que ya prometió enajenar la RTPA en su programa electoral. En muy distinta posición quedó el “anticasquista” La Nueva España, objeto de desmentidos y rectificaciones por parte del Gobierno y convertido desde la propia web de Foro en blanco de mordaces críticas en la sección La Noria Extraña. Los trabajadores del diario ovetense han llegado incluso a firmar una nota de protesta por el trato recibido desde la web del partido de Cascos. El presidente del Principado no lee La Nueva España: “No me gustan los medios instalados en la desinformación. Si de lo que yo conozco tiene de verdad lo que sé, que es nada, ¿por qué voy a pensar que lo que cuentan de los demás se ajusta a la verdad?”. Sí sigue La Noria Extraña, que define como “una página colectiva de humor que refleja de manera precisa el sentimiento de un número cada vez mayor de personas”.

Publicado en Atlántica XXII, Nº 17, noviembre de 2011

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