Catalunya sacará la ‘roja’ a España

Una imagen de la última Diada en Barcelona (Foto de Daniel Bernal Picazo)

Una imagen de la última Diada en Barcelona (Foto de Daniel Bernal Picazo)

Por Daniel Mari Ripa. Investigador en Psicología Social en la Universidad de Oviedo. Tras la inscripción obligatoria de su nombre en castellano durante el franquismo, el President Mas (Barcelona, 1956) siguió siendo Arturo hasta sus 44 años. Aunque en 1976 podía ya cambiarlo por Artur, no lo hizo hasta el año 2000, apenas 3 años antes de ser candidato a la Generalitat. “No le daba prácticamente importancia”, afirma. Una contradicción para quien se auto-presenta como el mesías del pueblo catalán. Su carrera política, a la sombra de Pujol, comenzó siendo, con 32 años, el Director General más joven de la Generalitat. A partir de allí, un camino de ida y vuelta entre cargos públicos y el sector privado, algo normal en un partido que lleva décadas viviendo bajo la sombra de la corrupción. Finalmente, Puyol lo eligió como sucesor, e incluso falseó en su favor las encuestas de la Generalitat. Desde entonces mejoró resultados en cada elección, apoyado en su control sobre los medios de comunicación catalanes. En 2010 lograría la Presidencia, ocultando -como Rajoy- sus planes reales de efectuar unos drásticos recortes. Con ambas economías al borde del colapso, CiU y el PP representan un ‘juego de espejos’ que busca silenciar bajo sus banderas la creciente contestación social a sus medidas. Por eso muchos en Catalunya desconfían del reciente abrazo de Mas al independentismo. Aun así, a diferencia del gallego, el barcelonés no llegó al poder como un ‘mal menor’. Su mayor carisma y su olfato de la oportunidad política le hacen ser el político catalán mejor valorado. ¿Las consecuencias? CiU este 25-N conseguirá la victoria más abultada desde 1932, pero no la mayoría absoluta. La campaña de El Mundo por presunta corrupción de Pujol, Mas y Puig en el caso Palau, paradójicamente, va a reforzarle. Aunque lo más escalofriante es lo que no dice El Mundo: Que la corrupción política se oculta habitualmente y que sólo se hace pública cuando alguien se sale del redil. El miedo de la izquierda parlamentaria a hacer de altavoz a esa información es significativo: Saben que Mas, a través de TV3 y La Vanguardia, lo está vendiendo como un ataque de ‘España’, polarizarndo la campaña entre él y el PP. Pero también muestra la ‘domesticación’ de una izquierda que no se atreve a remover las cloacas de los entramados público-privados.

Sin mayoría absoluta, será Esquerra Republicana de Catalunya quien sostenga al gobierno. Los independentistas pretenden sobrepasar al PSC y, como líderes de la oposición, presionar a CiU hacia un Estado propio. Recuperarán parte de los 11 diputados perdidos hace dos años. Aunque poco les queda de izquierdas tras la salida de Puigercós y Ridao, su recuperación ‘milagrosa’ ejemplifica una renovación bien hecha. Un ‘outsider’ como el carismático Oriol Junqueras (Barcelona, 1969) tomó en 2011 el control de un partido al que 9 meses antes no estaba afiliado. Historiador, colaborador de radios y TVs catalanas, eurodiputado y alcalde de Sant Vicenç dels Horts, en su primer año como Secretario General reunificó una formación acosada por las escisiones, renegó del Tripartit y primó la cuestión nacional sobre la social. Ahora capitalizará parte del crecimiento independentista, lo que se llevará por delante a Solidaritat Catalana per la Independencia (SI). El partido del que Joan Laporta fue fundador y después tránsfuga ha abierto un hueco electoral del que se aprovecharán CiU y Esquerra. Solidaritat, muy activos contra los peajes, difícilmente lleguen al 3% en Barcelona que haga diputado al reconocido jurista Alfons López Tena (Sagunto, 1957).

El hundimiento del PSC

Todas las encuestas auguran una caída histórica del PSC, la federación socialista más importante junto a la andaluza. El único partido que ha superado en votos a CiU en unas autonómicas (1999 y 2003) afrontará el abismo: Va a perder en 6 años dos tercios de sus escaños. Sin autocrítica, tras el fiasco del Tripartit, optaron por un clásico en la política catalana: Culpar a Madrid, en este caso al PSOE de Zapatero. No coló. Su ‘alma’ catalanista no perdona la ‘liquidación’ de Maragall. Su ‘alma’ española, sus pactos con Esquerra. Y sus bases socialistas, su giro neoliberal. Pero aún han añadido leña al fuego haciendo del federalismo el centro de su campaña. Grave error: Pocos en su partido se creen el proyecto federal, abortado primero por Zapatero y después por Rubalcaba. Pese al batacazo, Rubalcaba sonreirá. Saldrán debilitados sus críticos internos, articulados en torno a Carme Chacón. Trasladando la crisis del PSOE al propio PSC, el cántabro tendrá margen para realizar una renovación a su manera, que beneficiará a los vascos Patxi López y Eduardo Madina.

Los partidos más nacionalistas españoles, Ciutadans y el PP, sacarán partido de su enfrentamiento con CiU. Ciutadans fue creado en 2006 a partir de intelectuales catalanes descontentos con el apoyo del PSC a la reforma del Estatut. Ahora podrá doblar sus 3 escaños, con una campaña donde intelectuales y candidatos recitan versos de Sabina sobre el himno de España. De paso cerrará la entrada a UPyD, el alumno aventajado que adaptó a España el modelo de Ciutadans. Por su parte, el PP, históricamente marginal en Catalunya, competirá por ser segunda fuerza, aunque quienes les apoyen buscan más frenar a CiU que respaldar a Rajoy. Finalmente, los fascistas de Plataforma x Catalunya, que rozaron hace dos años la puerta del Parlament y que ya cuentan con 67 concejales, pueden obtener representación.

Las CUP darán la sorpresa

No habrá un ‘efecto Syriza’ en Catalunya. Iniciativa per Catalunya-Verds y EUiA (IU), en coalición, sólo crecerán levemente. Su candidato, Joan Herrera (Barcelona, 1971), es fiel reflejo de una clase política catalana más preparada, renovada y carismática que la española. Herrera, desde las juventudes de ICV, lideró el giro  ecosocialista en su partido y se acercó a los antiglobalización, lo que le llevó a ser Portavoz de ICV con apenas 29 años. Fueron años de éxitos electorales de su partido, lo que impulsó a Llamazares a intentar calcar su modelo en IU. Sin embargo, ICV pagará nuevamente las heridas abiertas de la polémica gestión de Joan Saura, predecesor de Herrera, al frente de los Mossos d’Esquadra. El recuerdo de la represión a los estudiantes anti-Bolonia entre 2006 y 2010 alejará a ICV del 15-M. De ello, y del giro al centro de Esquerra Republicana, se aprovecharán las Candidaturas d’Unitat Popular (CUP-AE) para dar la campanada electoral, con una horquilla de entre 2 y 6 diputados.

Las CUP, una coalición de asambleas municipales con más de cien concejales, ha mezclado a independentistas, anarcosindicalistas, estudiantes, activistas antiglobalización e ‘indignados’. Apuntan maneras: No han solicitado créditos bancarios y han limitado el salario de sus cargos públicos a 1600 euros. Sus vídeos de campaña o su lema “Ho Volem Tot” (“Lo queremos todo”) son pura estética ’15-M’. Lo es también su cabeza de lista, David Fernández (Barcelona, 1974), un periodista que denunció las listas negras policiales y que fue golpeado por los Mossos d’Esquadra en el desalojo de la Acampada de Plaza Catalunya. Curiosamente, las CUP –impulsadas desde la esquerra independentista- han sido quienes más han dejado de lado la cuestión nacional, centrándose en la ‘independencia de los mercados’, los centros de internamiento de extranjeros o la represión. Hibai Arbide lo explica así: “En esta campaña electoral hay tantas banderas y tan grandes que están consiguiendo tapar a las tijeras. Pero mientras los no independentistas digan ‘no pienses en la independencia’, el debate seguirá siendo ese y sólo ese. A las CUP se les presupone el independentismo, por lo que puede permitirse no hablar de él y centrar su campaña en la deuda, los recortes, la ausencia de democracia”.

La entrada de las CUP afianzará una histórica mayoría secesionista en el Parlament. Tiene lógica: La población catalana está cansada. Zapatero abortó el Estado federal, Rajoy rechazó el pacto fiscal, el Tribunal Constitucional fusiló el Estatut, mientras la prensa madrileña atacaba a todo lo que oliera a catalán. Agotados de intentar convencer a un Estado en el que son minoría, sufriendo de incomprensión, han tirado la toalla. Por eso este 25 de Noviembre, Catalunya sacará la ‘tarjeta roja’ a España y con ello removerá las raíces de Europa.

Deja un comentario