¿Cuándo viene el lobo a Belmonte?

La Casa del Lobo de Belmonte costó 1,3 millones, pero aún no se ha abierto. Foto / María Arce.

La Casa del Lobo de Belmonte costó 1,3 millones, pero aún no se ha abierto. Foto / María Arce.

Belmonte de Miranda espera desde 2010 por la apertura de un aula didáctica y un cercado dedicado al lobo: 1,3 millones de euros y una infraestructura totalmente preparada que son pasto del desuso y la maleza. Un episodio que irrita a los vecinos y que es similar a otros muchos ocurridos en Asturias en los últimos años.

Javier Fernández / Periodista.

La noticia vio la luz en 2009 y un año más tarde las obras estaban terminadas. Los remates y la retirada de maquinaria y herramientas dejaron tras de sí una inversión de 1,3 millones de euros y la promesa de que el complejo estaría abierto en la primavera de 2011. Pero en Belmonte de Miranda siguen esperando a que llegue el lobo. O los lobos. Y con ellos el impulso al turismo que auguraba el proyecto.

Cuentan para albergarlos con un cercado de casi 9.000 metros cuadrados construido expresamente para alojar a varios de estos cánidos en semilibertad. A aproximadamente un kilómetro de distancia se encuentra también un edificio con varias salas monográficas dedicadas al estudio y conocimiento de estos mamíferos. Los vecinos de la zona recuerdan alguna visita aislada de escolares. Y punto. Sus puertas no se han abierto más.

Todos los engranajes para que eche a andar este proyecto educativo y medioambiental, que surgió de un convenio de colaboración en el que estamparon su firma el Gobierno de Asturias y el Ministerio de Medio Ambiente, están dispuestos. Sin embargo, aún no se ha dado la orden de arrancar el motor. Muchos de los vecinos apuntan a la falta de voluntad política como causa principal de la parálisis y asociaciones como Sendas de Asturias critican que no se realizaron planes de viabilidad que respaldasen la inversión.

Cuando se le plantea esta cuestión, el Ayuntamiento de Belmonte remite directamente a la Consejería de Medio Ambiente que, a su vez, rechazó realizar para esta revista comentario alguno sobre los planes que tiene para el complejo. Tampoco quiso confirmar o desmentir las informaciones que apuntan a la llegada al recinto de un par de ejemplares, que aparecieron abandonados. Ni facilitar información sobre el dinero que debería gastarse en la puesta a punto que tendrá que afrontarse antes de cortar la cinta roja.

El Aula Didáctica no tiene por el momento quien la visite. Foto / María Arce.

El Aula Didáctica no tiene por el momento quien la visite. Foto / María Arce.

Jabalíes en vez de lobos

Los lobos no han llegado pero tampoco se han realizado labores de mantenimiento en el cercado, que tiene un doble alambrado que no ha servido para impedir la entrada de los jabalíes en las instalaciones. Y mientras los habitantes de la localidad esperan, la naturaleza sigue su curso. Desde los miradores, construidos para facilitar la observación de los animales, se aprecia cómo la maleza se ha ido haciendo dueña de todo, fundiéndose con el metal y la madera. Para acondicionar la zona y afrontar pequeñas reparaciones, el Principado tendrá que sacar de nuevo la chequera.

Entre quienes pasan cada día por delante del edificio o la alambrada y quienes conocen las rutas de las montañas asturianas, sacar el tema desata una cascada de críticas. “Esas instalaciones necesitan personal y no hay presupuesto para tenerlas abiertas”, resume Luis Álvarez, gerente de una ferretería situada frente a la Casa del Lobo, al otro lado de la carretera. Un comentario que se repite en los comercios y bares de la zona. “Es una vergüenza que esté cerrado con el dinero que costó”, dicen unos al tiempo que otros replican automáticamente que “si estuviera en funcionamiento vendría mucha más gente, son muchos los que preguntan”. La promesa del impulso al turismo se desvanece y muchos creen ya que no se hará realidad. “¿Que si habrá lobos? Va ser difícil…”, duda un corrillo de personas en torno a la caja de un supermercado.

Luis Álvarez en su ferretería. Foto / María Arce.

Luis Álvarez en su ferretería. Foto / María Arce.

Eso quien no cuestiona directamente el proyecto. Como Gabino Fernández, habitante de la zona: “No sé para qué quieren eso ahí. Para gastar dinero”. O el presidente de Sendas de Asturias, Manuel López: “En Proaza hicieron el cercado del oso y aquí éste. No porque hubiese una necesidad, sino porque era el momento de las vacas gordas y se realizaron inversiones a golpe de ocurrencia”. Esta organización, surgida de “la voluntad de hacer de mediadores para garantizar el uso, la gestión y el mantenimiento” de recursos construidos o acondicionados con dinero público (como museos, sendas, aulas didácticas o centros de interpretación),defiende, además, que “el lobo no es un animal para meter en un cercado” y que hubiese sido más beneficioso destinar el dinero a labores de limpieza “para que el pueblo volviese a tener su pradería”. No es el único que cuestiona estos planes.

Ecologismo de oficina

“Es un proyecto para todos los que están en una oficina y vienen a ver al lobo. Llegará el día en que un prao con vacas sea un museo”, comenta la doctora Maravy Álvarez al pie del cercado. “Lo que habría que hacer es potenciar las brañas y las praderías. Si no, ¿de qué viven los pueblos?”. Matiza que no es totalmente contraria a este tipo de proyectos, que atraen turistas y enriquecen la zona, pero explica con rabia que le parece “indignante” la política ecologista que se elabora desde los despachos “sin contar para nada con los pueblos”.

Como ella opinan algunos ganaderos de la zona. Aunque estos últimos se muestran mucho más críticos. Es mencionar al lobo y estallan. “El otro día, sin ir más lejos, mataron a un ternero en los montes de la zona”, cuenta Gabino Fernández. El hecho lo ponen en contexto algunos ganaderos, irritados por los ataques de los cánidos a su medio de vida y la dificultad para cobrar las indemnizaciones por la pérdida. “Eso cuando aparecen los restos, porque si no los encuentras no ves un euro”, comenta un afectado en una tienda de comestibles que, cabreado, no repara en blasfemias.

La parálisis del proyecto solo provoca que los ánimos se avinagren aún más. La llegada del dinero proveniente del turismo es solo una expectativa y los ataques de los cánidos una realidad. En Belmonte sienten que el lobo, de momento, les quita mucho más de lo que les da. A pesar de los 1,3 millones de euros que se está comiendo la maleza.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 33, JULIO DE 2014

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