Cuba, apertura a ritmo caribeño

Una imagen habitual en Cuba. Foto / Patricio Zambrano.

Una imagen habitual en Cuba. Foto / Patricio Zambrano.

Gestos. Eso es lo único que se percibe de momento en Cuba en relación a la apertura política del castrismo, un anhelo popular, al igual que el fin del bloqueo económico de los Estados Unidos. Los cambios sí se notan en la calle en lo cultural e identitario.

Lucía Menéndez / Periodista (La Habana, Cuba).

El acontecimiento político del año en Cuba ha sido, sin duda, la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el acercamiento en las relaciones entre ambos países del continente americano. Muchos dicen que es un primer paso, otros que es un símbolo, y los que más, no tienen mucha esperanza de que las cosas cambien para mejor, al menos a corto o medio plazo.

El concierto de los Rolling Stones a principios de 2016 causó magnetismo en el pueblo cubano. Fue, de todos, el evento que más hondo caló entre los locales. Se trata de música, de rock –que es símbolo de rebeldía–, es sentimiento, es cultura con mayúsculas, sin duda una apertura en ese ámbito.

En cambio, otros eventos, como el desfile de moda de Chanel presentando su Colección Crucero por el Paseo del Prado de la capital, pasaron sin pena ni gloria. A pesar de lo expresado en muchos medios de comunicación, dicha cita no despertó el interés de la sociedad cubana. Solo sirvió para recaudar el dinero que dejó la poderosa firma al Estado, aunque como símbolo de apertura resultara francamente débil.

Desde la llegada al poder de Raúl Castro en 2006 se han sucedido las reformas, unos cambios económicos y sociales que han logrado ciertos avances en la isla, pero que para muchos no son suficientes y según otras opiniones ni siquiera han resultado ser positivos. La generación que vivió la revolución tiene un parecer muy diferente al de las generaciones posteriores.

María, profesora en un Instituto de enseñanza media, recuerda que Cuba ha tenido que resistir ante auténticas atrocidades a lo largo de la historia. Asfixia económica y épocas realmente duras en las que llegaba a faltar comida, sobre todo tras la caída del bloque soviético en los años noventa. “Ahí Estados Unidos nos apretó aun más si cabe, había desabastecimiento de alimentos, lo pasamos mal pero resistimos, otros muchos emigraron entonces”. Tras estos momentos tan críticos es cuando la isla decide abrirse al turismo como principal fuente económica, se crea una moneda para los turistas –el CUC– y se empieza a gestionar un modelo de funcionamiento distinto entre visitantes y cubanos.

José, portero de un edificio, añora la época en la que Fidel estaba al mando, sobre todo cuando tenían apoyo ruso. “Realmente para algunas cosas Raúl es peor, nos rebajó comida de la ‘libreta’, ahora ya no da para nada lo que dan al mes”, se queja. Ahora hay que trabajar más duro porque ciertos productos tienen precios inalcanzables para muchos cubanos.

Con las dos monedas se crearon desigualdades, que se intentan salvar como se puede, muchas veces con artimañas como el mercado negro y la picaresca en la calle. Pequeños timos a turistas están a la orden del día. En la calle se compra, se vende y se intercambia de todo. Bueno, de todo no, no hay drogas ni armas. La isla es de los pocos países en el mundo que están libres de estos lucrativos negocios.

Crisis de valores

En la isla se advierte una cierta crisis de valores. Muchos cubanos se han acostumbrado al dinero fácil y pseudolujos a costa del turista. Prefieren emigrar de las provincias a La Habana y ofrecer cualquier “negocio” a los visitantes a cambio de un beneficio. El sangrante acoso al turista es insultante para muchos visitantes. “Es bastante decepcionante ver cómo muchas veces la gente del país te habla solo porque quiere obtener algo de ti a toda costa, no es un trato sincero o natural”, se queja una viajera italiana.

Aunque es cierto que muchos turistas asumen este precio de la desigualdad y entran en el juego, este conflicto ha generado a la isla una fama injusta. En vez de atender a la historia, la cultura o el paisaje del país, se tiende a caer en el tópico del turismo sexual que se fomenta por ambas partes. Por otra parte, la autorización de apertura de empresas de transporte, aprobada hace unos años, ha provocado que haya una masificación de taxistas que cobran a precio de oro la carrera, pequeños puestos en la calle que tienen como objetivo al visitante, o casas de alquiler, uno de los negocios más rentables. Esos son negocios legales, pero la mendicidad también está a la orden del día.

María califica de indigna a la gente que se pone a mendigar en la calle compulsivamente sin buscar una alternativa de trabajo. “Me da vergüenza ver a gente así. Este país tiene muchos problemas pero ahora no nos morimos de hambre para dar esa imagen. La garantía de vivienda, educación y servicios sociales que tiene el señor que pide en la calle no puede decirse de otros países. Podía buscarse otra fuente de ingresos como hacemos otros, pero lo fácil es saquear al turista”, apunta.

Turistas en un concierto de son, mientras un grupo de cubanos presenta la actuación desde la calle. Foto / Patricio Zambrano.

Turistas en un concierto de son, mientras un grupo de cubanos presenta la actuación desde la calle. Foto / Patricio Zambrano.

El sueño americano

Para la generación más joven, parece que solo hay un objetivo claro en la vida, Miami. La obsesión de muchos jóvenes es llegar a EEUU y conseguirlo al precio que sea. En la ciudad de Baracoa, esperando montarse en un “pisicorre” –como llaman en Cuba a los pequeños vehículos motorizados de cuentapropistas de transporte entre provincias–, un vecino llamado Manuel nos cuenta la historia de su hija. “Se fue como tantos jóvenes del país de manera ilegal buscando, según ella, libertad”, empieza. “Marchó con visado a Ecuador cuando ambos Gobiernos abrieron el tránsito, y después se cruzó ilegalmente todas las fronteras centroamericanas hasta llegar a su destino soñado, EEUU”, explica. “Estuve dos meses angustiado, sin saber nada de ella”.

A la pregunta de si merece la pena arriesgar la vida yéndose en balsa como muchos cubanos o de esta forma por el paso centroamericano tan temerario, Manuel responde que él no lo haría. “La gente se cree que cuando sale de Cuba todo es fácil, pero hay mucha mentira en el sueño de Miami. Muchos vuelven mostrando riqueza y lujos, y hablando de que todo es maravilloso cuando en realidad están hipotecados con el coche que traen, se disfraza mucho la realidad y eso contamina a los jóvenes de la isla”.

Comparte su opinión Vanesa, cuya madre regenta una casa de alquiler en Santiago de Cuba. “Yo no me voy de Cuba para estar fregando váteres aunque gane más por ello en EEUU. Tengo una carrera universitaria, soy ingeniera y aunque aquí gane mucho menos, puedo trabajar de lo mío y estoy en casa”. La economía “está dura”, como se dice allí. El sueldo medio de un médico en Cuba es menos de 100 dólares mensuales, siendo ésta una de las profesiones más demandadas para realizar misiones en el extranjero.

Perversión de la cultura autóctona

Ya no se escucha el son ni la salsa como antes. Si acaso los de edad más avanzada recuerdan a los clásicos o siguen reivindicando la música propia y tradicional. Pero en general Compay Segundo y tantos otros se ha convertido más bien en un reclamo turístico, y los músicos animadores de visitantes son los que interpretan dichas canciones en terrazas y hoteles a precios no asumibles por un lugareño medio.

En la calle se palpa reguetón y mucho rap, desde que grupos como Orishas abrieran el género. Lo afrocubano se sigue manteniendo en el famoso Callejón de Hamel de La Habana, un espacio que fue creado por y para la gente que apuesta por la cultura urbana, tolerante y respetuosa con la diversidad.

Pero el presente –y parece que el futuro– viene marcado por ritmos machacones y remezclas con sintetizadores “miameros” de letras abiertamente machistas. “Mami, es que Cuba es caliente”, te dicen. Pero nada tiene que ver la sensualidad caribeña con las vejaciones a las mujeres en letras de canciones sin sentido. La salsa cubana, o el merengue de otras islas cercanas, tenían un marcado carácter sensual, sin por ello caer en la denigración machista. Cambios como estos, que para muchos pueden parecer insignificantes, hacen tambalearse la esencia de la Cuba más soberana y revolucionaria.

Internet, la novedad más ansiada

Internet ha llegado a la isla pero solo en ciertos parques y hoteles, y no es gratuito ni mucho menos. Para conectarse hace falta comprar una tarjeta con código de la compañía estatal de telecomunicaciones ETECSA. Cuesta 2 CUC (2 euros) la hora y no siempre es fácil adquirirlas por las interminables colas de gente que se forman y la escasez de tarjetas, que puede llevar a la isla a quedarse varios días sin existencias. La conexión, aún de baja calidad, se satura. Es habitual ver barullos de gente con teléfonos móviles o portátiles en los parques o a la puerta de conocidos locales, como el emblemático Floridita de Hemingway. Pero es esa conexión a Internet, a menudo incómoda y cara, la que les permite chatear con familiares que se encuentran en el exterior o navegar por la red.

Pero en el caso de la obtención de información a mayor escala, como para todo en la isla, los cubanos tienen que “resolver”, buscar alternativas o soluciones. Se popularizó el llamado “paquete semanal”, una recopilación de lo que acontece en el mundo elaborada por personas con buena conexión. Películas, series, programas, revistas y diarios digitalizados se pueden comprar en centros comerciales y comercios llevando un pendrive y pagando unos pocos CUC. No se sabe a ciencia cierta quién lo baja de Internet y lo distribuye, pero sin duda se trata de gente que trabaja en empresas que tienen conexión de alta velocidad para descargar todo semana a semana. Se llega a especular con que pueden ser miembros del propio Gobierno, pero el origen real es un misterio.

Mientras tanto los coches de los años cincuenta siguen circulando por uno de los países más singulares del mundo. Los cambios se irán viendo para bien y para mal. Como apuntan muchos, “cuando aparezca un McDonald’s en la Plaza de la Revolución todo será irreversible”. ¿Ocurrirá? Todo está por ver.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 46, SEPTIEMBRE DE 2016

Deja un comentario