CUP, la izquierda alternativa que crece en las instituciones

La presencia social de la CUP en Cataluña es relevante en muchos municipios. Foto / Miquel Monfort.

La presencia social de la CUP en Cataluña es relevante en muchos municipios. Foto / Miquel Monfort.

126.435. Estos son los votos conseguidos por la CUP (Candidatura d’Unitat Popular) en las últimas elecciones autonómicas catalanas en noviembre. El 3,47% del total y tres diputados. Entre ellos, el carismático periodista y activista David Fernández. Un resultado histórico que abrió por primera vez las puertas del Parlamento catalán a esta formación asamblearia, horizontal, anticapitalista, ecologista e independentista. Y que le ha dado también una gran visibilidad en todo el Estado, donde se ha convertido en un referente de la izquierda alternativa. Por Steven Forti / Historiador (Barcelona).

Ayuntamientos y Parlamento

Aunque la CUP tiene sus orígenes en la lucha antifranquista y en las primeras candidaturas alternativas municipales, su nacimiento puede fecharse en 1986. El momento que marcó un antes y un después de la formación fue el Proceso de Vinaroz de abril del año 2000. En la ciudad fronteriza entre Cataluña y la Comunidad Valenciana se reunieron varios colectivos del heterogéneo mundo del independentismo catalán de izquierdas (Endavant, Maulets, Moviment de Defensa de la Terra…) con el objetivo de salir de la persistente división y elaborar una estrategia común. En el trienio siguiente se vieron los primeros resultados de este intento: en junio de 2002 empezó a publicarse Unitat Popular, el primer boletín municipal de la CUP; en noviembre de 2002 se creó la Coordinadora de la Esquerra Indipendentista; el 15 de diciembre de 2002, en una asamblea celebrada en Vilafranca del Penedès, se establecieron los objetivos del movimiento, que se postulaba como el referente político unitario a nivel municipal de la izquierda independentista; y en las elecciones municipales de mayo de 2003 la CUP consiguió una veintena de concejales en toda Cataluña.

Su avance se acrecentó en las elecciones municipales de los años siguientes: en la primavera de 2007 triplicó el número de concejales respecto a 2004 y en la primavera de 2011 multiplicó su resultado por cinco, superando los cien, conquistando cuatro alcaldías, entrando en una capital de provincia como Gerona y destacando con buenos resultados en otras capitales de comarcas como Vilanova i la Geltrù, Vic, Berga y Valls.

En las elecciones autonómicas de noviembre de 2010, que dieron la victoria a Convergència i Unió, la CUP no se presentó. Sin embargo, los tiempos eran maduros para dar el salto y pasar de la política municipal a la autonómica. Y así se decidió el pasado 13 de octubre en la Asamblea Nacional de Molins del Rei, donde el 77% de los 650 militantes presentes votaron a favor de que la CUP se presentase a las elecciones autonómicas convocadas anticipadamente por Artur Mas. En la campaña electoral participaron activamente muchos militantes de movimientos sociales no independentistas. Un fenómeno que permite entender el éxito que la CUP está teniendo en una Cataluña azotada por la crisis y las políticas de recortes de los Gobiernos de CiU y del PP.

Entre lo social y lo nacional

El arraigo en los movimientos sociales y el apoyo a las luchas de diferentes colectivos es un rasgo distintivo de esta formación, cuyo nombre se inspira en la Unidad Popular de Salvador Allende. Y también la lucha contra la corrupción y para que la política vuelva a ser ética. No ha sido casualidad que una de las primeras medidas tomadas por David Fernández, Georgina Rieradevall y Quim Arrufat ha sido la de fijarse un sueldo máximo de 1.600 euros y renunciar a todos los beneficios materiales de ser diputado en el Parlamento de Cataluña. La estructura se basa en asambleas municipales y territoriales y en otra nacional donde participan y tienen derecho al voto todos los militantes. Un Consejo Político y un Secretariado Nacional se ocupan de la gestión diaria. El perfil del concejal de la CUP, según un estudio elaborado por el mismo Fernández en el libro Cop de CUP, escrito junto a Julià de Jòdar, es un hombre de treinta y tres años con estudios superiores, mileurista, que se define catalán, ateo, participa en entidades sociales y es de izquierdas o extrema izquierda.

El otro pilar en que se basa el discurso y la práctica política de la CUP es la lucha por la conquista de la independencia de los Países Catalanes. Una lucha con tiempos y modalidades distintas según las diferentes realidades y que se piensa en una perspectiva de futuro y en clave de confederalidad. Un intento de aunar lo social y lo nacional. En su primera intervención parlamentaria, Fernández habló de “manos tendida” al pueblo catalán (no al Gobierno) para la autodeterminación y de “puño bien cerrado” contra los recortes. Y poco más tarde, el 23 de enero, los tres diputados votaron de forma diferente (un voto a favor y dos abstenciones) sobre la declaración de soberanía y el derecho a decidir aprobados por el Parlamento de Cataluña, con una maniobra crítica respecto al plan Mas-Junqueras similar a la realizada por la izquierda abertzale ante el plan Ibarretxe.

La manera en que se puede juntar lo social y lo nacional es una verdadera vexata quaestio que ha dado frutos bellísimos (los frentes populares, la resistencia italiana, francesa y yugoslava y los movimientos de liberación nacional en África, Asia y América Latina) y otros venenosos (los nacionalsocialismos de entreguerras). A este respecto, David Fernández explica que “es imposible la liberación nacional sin la liberación social”. La CUP, dice el portavoz de esta formación, “es un proyecto muy internacionalista. Es fácil defender la libre determinación de los pueblos cuando están muy lejos, pero también hay que asumir cuál es la historia del Estado español como negador de libertades ajenas”. Según Fernández, la clave está en pensar el nacionalismo “desde una perspectiva civil y poco identitaria, con códigos muy abiertos y muy integradores, frente a lecturas del catalanismo muy excluyentes”. El objetivo de la CUP es “caminar hacia la plena independencia. Soberanía económica, ambiental, alimentaria, energética y autodeterminación en todos los ámbitos de la vida política y social”, fuera de la Unión Europea. Un camino complejo el que ha escogido la CUP, que despierta mucho interés y también un poco de preocupación dentro del variado mundo de las izquierdas. ¿En la Europa del siglo XXI, ensalzar la bandera de una nación puede ir de la mano de una perspectiva internacionalista? Solo el tiempo lo dirá.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 26, MAYO DE 2013.

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