Hay que denunciar el acoso laboral

Lamentablemente, en los convenios se obvia el problema del acoso laboral en las empresas, ante el que no intervienen los inspectores. Foto / Fernando Geijo.

Cándido González Carnero / Miembro de las Marchas por la Dignidad.

Hay ciclos de información por los que en momentos temas determinados se comentan con insistencia y otros en los que no se habla tanto de ellos. Bien porque hay otras cosas que suscitan más interés informativo o bien porque, pese a tener que convivir con ello a diario, lo asumimos como algo natural, cuando es inhumano e irracional. Hablamos del mobbing y sus consecuencias en nuestra sociedad.

Tengo que reconocer que al principio la utilización de este término novedoso levantó enormemente mi curiosidad. Por lo que había podido comprobar entonces, el anglicismo mobbing en castellano significa acoso moral, psicológico, laboral, amilanar, abuso de poder, caterva, chinchar, chivo expiatorio, hostigar, mal de ojo, ningunear, putear, tener manía, etc., por supuesto de los que mandan hacia otras personas.

El acoso moral y psicológico, en el trabajo y en otros estamentos, se define a través de una conducta abusiva, que atenta contra el trabajador/a, cuando ésta se repite una y otra vez (con comentarios de descalificación, rumores, separación de otros compañeros/as). También contra la integridad física o psíquica de una persona, poniendo en peligro su empleo, creando un ambiente hostil en el trabajo, con el fin de perpetrar el acoso moral y psicológico (mobbing).

La práctica de acoso supone una violencia en pequeñas dosis, que aparentemente no se percibe, al menos en el entorno de la persona que lo sufre, pero es muy destructivo. Este tipo de violencia psicológica (rara vez visible o sexual) tiene la ventaja de no dejar señales extrañas, al no ser la del deterioro de la víctima. Se trata por ello de un “crimen” limpio que no deja huella, los datos que se manejan así lo demuestran: es el primer factor de absentismo y baja laboral. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) comenta ampliamente este aspecto y considera este fenómeno como un grave problema mundial; las estadísticas estiman que un 8% de hombres y un 13% de mujeres sufren acoso moral en el trabajo.

Si bien el acoso moral no es nada nuevo, sino todo lo contrario, porque era ya utilizado en la época de Carlos III, cierto es que cada día se practica más, se desarrolla como un mecanismo propio de las condiciones de trabajo y se produce con más intensidad en la época de la era global, lo que permite a las empresas y otros organismo utilizar esta fórmula como alternativa al despido, por lo que en muchos casos el trabajador/a acosado/a opta por solicitar la baja voluntaria, favoreciendo que la empresa no tenga que pagar ninguna indemnización por despido.

Las prácticas de mobbing, además de crueles, producen daños psicológicos irreparables en muchas personas que los sufren, sobre todo porque estas prácticas proceden de grandes núcleos de poder. La prueba más evidente es que los mayores casos de denuncias por mobbing son contra empresarios, administraciones públicas, instituciones políticas, sindicatos, etc.

Cuando una persona está siendo víctima de acoso moral y psicológico, bien sea por iniciativa del empresario, de un mando superior en la empresa, de un dirigente político o sindical, o de sus propios compañeros influenciados y manipulados, con el único fin de anular a la víctima, se considera a esa persona responsable de todo lo que ocurre, de repente se encuentra con el rechazo de todos y si algunos no comparten esa opinión manipulada no se atreven a manifestarlo.

Todo esto se produce como consecuencia de un comportamiento destructivo y cruel del acosador/a, sin escrúpulos de ningún tipo, con tal de mantener una posición de poder, por los que la víctima asignada se siente mal y debido a esa situación su conducta cambia, se convierte en una persona difícil, que no se resigna a convivir con la injusticia a la que le quieren someter, y por esa razón padece el rechazo de todo el mundo.

El acoso moral y psicológico generalmente tiene como único objetivo el desprestigio y la eliminación de las personas que muestran su disconformidad con un sistema impuesto, proceda de donde proceda.

El acoso moral y psicológico es un proceso tremendamente perverso, habida cuenta que se puede manipular a las personas a través del desprecio a su propia dignidad, con el fin de que aquellos que lo practican puedan incrementar su poder y sus beneficios, sin importarles que otras personas puedan sufrir las consecuencias de tan dañina conspiración.

No podemos ser ajenos a este mal generalizado. En la actualidad existen bastantes dificultades para poder denunciar los casos de mobbing por el hecho de no poder demostrarlo, unido a las grandes carencias del sistema judicial para poder erradicar este fenómeno que cada vez se produce con más virulencia, y en muchos casos bajo el amparo institucional.

Pese a todas las dificultades, las personas que sufren el acoso deben denunciarlo. Son innumerables para describir aquí la cantidad de sentencias que existen, contra empresarios, instituciones públicas, organizaciones políticas y sindicales, por la práctica y reiteración del acoso.

Si hechos de esta magnitud se producen también en organizaciones de clase, ¿qué podemos esperar? Es importante saber que, además de los mecanismos legales establecidos contra este fenómeno, existen también otras fórmulas para combatirlo, mediante denuncia pública o el asesoramiento por parte de expertos y asociaciones creadas a tal fin, y que, en Cataluña, Valencia, Madrid y numerosas localidades de todo el Estado, están consiguiendo importantes avances, por lo que sería también importante seguir el ejemplo práctico de estas Comunidades.

Nunca puede haber una razón para la marginación de nadie, por lo que debemos ser muy sensibles con todas las víctimas de acoso. Sabiendo además que en cualquier momento todos/as podemos serlo, si es que no lo estamos siendo ya.

Deja un comentario