Editorial: Dar El Salto a los 50

El Salto, del que han salido ya tres números, tiene seis ediciones territoriales.

ATLÁNTICA XXII lleva más de ocho años de cita ininterrumpida con sus lectores cada dos meses. No acertaron quienes nos auguraban un corto recorrido ni quienes rechazaban la posibilidad de que un medio en papel tuviese futuro alguno.

En este tiempo, la revista ha publicado grandes exclusivas y los más relevantes reportajes de investigación, generalmente con gran repercusión política, social y judicial. Pero si algún mérito tiene ATLÁNTICA XXII es haber sobrevivido sin editor, porque ni antes de la salida del primer número ni después, con la revista consolidada en el mercado, conseguimos que nadie asumiese el reto de gestionar Letras Atlánticas, la empresa fundada por un grupo de ciudadanos que aportaron el capital inicial.

Y que cuenta con el veto absoluto de la publicidad institucional por parte del Principado, la Junta General y los Ayuntamientos socialistas, a excepción de Oviedo. El acoso del Gobierno asturiano y el partido que lo sustenta a esta revista es tal, que sus cargos públicos no atienden nuestras llamadas para solicitar o corroborar informaciones, como si cumplieran un mandato secreto. También se veta su presencia en las bibliotecas públicas dependientes del Principado, a pesar de la demanda de sus usuarios.

Sobrevivir a esta intolerable marginación en una sociedad democrática no hubiera sido posible sin el apoyo de sus lectores, sobre todo el de sus suscriptores, que no han parado de crecer y ahora son más de 800. No solo adquiriéndola en los puntos de venta o pagando su suscripción, convencional o solidaria (30 o 50 euros anuales), sino apoyando generosamente las campañas puestas en marcha con distintos fines en estos ocho años, entre ellas una para frenar la ofensiva de UGT-Asturias, que puso una batería de denuncias injustificadas que no parecen tener otro fin que el de ahogar económicamente a un medio modesto y autogestionado. Una de esas denuncias, la única que prosperó por una decisión incomprensible de la Audiencia de Oviedo al aceptar un recurso, está ahora en el Tribunal Supremo.

Pero no todo son motivos de satisfacción. La revista padece evidentes limitaciones, causadas fundamentalmente por ese acoso institucional. No tiene una redacción estable ni asalariados, por lo que su crecimiento está limitado, e incluso la posibilidad de abordar informaciones o proyectos más ambiciosos.

A pesar de ello ATLÁNTICA XXII ha emprendido ahora una nueva aventura con la intención de desarrollarse y diversificar su proyecto mediático. Se trata de dar un salto, nunca mejor dicho, porque pretendemos poner en marcha, con destino a la sociedad asturiana, un periódico digital que se llamaría ATLÁNTICA EL SALTO. Consideramos que Asturias demanda un medio digital nuevo con el espíritu de ATLÁNTICA XXII, que nos permita un contacto directo con los lectores para abordar temas y perspectivas informativas que no parecen estar ahora muy presentes en la agenda del día a día.

Para ello nos hemos asociado con el grupo nacional El Salto, una interesante apuesta informativa, que ya es realidad, fruto de la unión de numerosos medios de todo el Estado que tienen en común la defensa del periodismo libre y crítico. Llevamos meses ayudando a que El Salto, que ya tiene en marcha un digital nacional y una revista mensual, consiga 500 socios en Asturias. Eso haría viable ATLÁNTICA EL SALTO. Si se lograra el objetivo ATLÁNTICA XXII aportaría los periodistas de su redacción, que de inicio serían dos, y El Salto pagaría sus sueldos, modestos en principio y condicionados a la marcha del digital.

De momento hay un centenar de socios, pero esperamos que se consiga alcanzar el objetivo y conseguir que Asturias tenga un nuevo medio de comunicación en defensa de sus intereses, de la libertad de expresión y de los anhelos de su sociedad civil.

Apuestas así, salidas de la ciudadanía y de profesionales comprometidos, son cada día más necesarias ante el retroceso en las libertades democráticas, entre ellas la de expresión, una peligrosa realidad que ha podido constatar esta misma revista por publicar informaciones que a los grandes poderes no les interesa que se conozcan. Pero precisamente eso, dar a conocer lo que al poder no le interesa, y no solo al económico y al político, es la esencia del periodismo. Esa a la que ATLÁNTICA XXII no piensa renunciar jamás por muchas presiones, amenazas o intimidaciones que padezcamos.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 50, MAYO DE 2017

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