Editorial: Medidas eficaces contra la contaminación

Una estatua de Avilés con mascarilla, en una acción de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies.

La contaminación del aire que soporta Asturias, según todos los estudios, es de las más altas de España. Su origen es doble: industrial (Arcelor y las cuatro centrales térmicas de carbón se encuentran entre las plantas más contaminantes de nuestro país) y urbano (tráfico todo el año y, en invierno, calefacciones).

Asturias es la región española con mayor contaminación de partículas PM10 y benceno, y la Autonomía con más emisión de C02 por habitante. También hay niveles altos de óxidos de azufre y nitrógeno, partículas PM2,5 y sustancias como hidrocarburos aromáticos policíclicos y metales pesados.

Esta contaminación, debido a la evolución de la normativa, el progreso técnico y la desindustrialización, se ha ido reduciendo en las últimas décadas y se encuentra la mayor parte de las veces por debajo de los laxos niveles legales vigentes en España. Pero, como señalan la Coordinadora Ecoloxista de Asturias y Ecologistas en Acción, se sitúa muy por encima de los límites que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS), más exigentes y respetuosos con la salud humana.

Además la contaminación del aire de Asturias, y también la de las aguas, está dando lugar a expedientes sancionadores de la UE, que seguramente acabarán con multas y sanciones importantes. Y en los próximos años la normativa europea sobre los límites a la contaminación se va a ir endureciendo muy rápidamente para equipararla a las recomendaciones de la OMS.

Porque, como está demostrado por la ciencia, la contaminación, casi cualquier nivel de contaminación, tiene efectos para la salud de los ciudadanos y la economía. A todos nos escandalizaría ver aguas fecales corriendo por nuestras calles. No se consentiría por su impacto sobre la salud y la vida social. La contaminación del aire y de las aguas, aunque normalmente no se vea a simple vista, es algo muy parecido y tiene unos efectos sobre la salud y el medio ambiente igualmente negativos.

Según la OMS, el 93% de la población asturiana respira un aire perjudicial para la salud. Más de 31.000 personas mueren de forma prematura en España, cada año, por afecciones derivadas de la contaminación del aire, según las estimaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente (cerca de 1.000 personas en Asturias). Y los costes derivados de la contaminación atmosférica representan al menos 32.000 millones de euros al año en España (un 2,8 % del PIB) según la OMS y la OCDE (al menos 640 millones en Asturias).

Por todo ello es imprescindible que el Gobierno y los Ayuntamientos asturianos abandonen la inoperancia de los últimos años y pongan en marcha medidas eficaces para reducir los niveles de contaminación, tanto industrial como urbana, al igual que se está haciendo en otras ciudades, regiones y países europeos.

Ya no vale decir, como afirmó la eterna y conformista consejera de Medio Ambiente Belén Fernández, que “la contaminación que padecimos en el año 2016 fue razonable”. O que para luchar contra la contaminación atmosférica los ciudadanos “debemos esforzarnos en encender poco la calefacción y usar más el transporte público”. Las Administraciones Públicas no pueden cruzarse de brazos y dejar en manos del libre comportamiento individual el que suframos más o menos contaminación, como están haciendo con el reciclaje de basuras, por cierto, también con resultados lamentables.

La calidad del aire y de las aguas son bienes públicos, no privados. Es decir, bienes de cuya provisión, por su naturaleza, deben encargarse sobre todo las Administraciones, no los ciudadanos. Las Administraciones, además de medir su calidad, deben actuar con todos los instrumentos a su alcance, que son poderosos (normas, impuestos, precios, subvenciones, infraestructuras, etc.) para conseguir que esos bienes se conserven como requiere la sociedad.

Así, en relación a la contaminación urbana, es necesario que las Administraciones pongan en marcha de una vez medidas legales y fiscales efectivas para aislar los edificios y reducir las calefacciones contaminantes, disminuir el tráfico motorizado en las ciudades asturianas, reducir la necesidad de movilidad, potenciar de verdad el transporte público y fomentar el uso peatonal y de la bicicleta en la ciudad. No son medidas extrañas ni novedosas. Y al incluir medidas de ingreso (fiscalidad verde) y de gasto, se pueden autofinanciar en su conjunto. No puede ser excusa la crisis, o la falta de recursos, para ponerlas en marcha. De hecho la UE, el FMI y la OCDE piden a España que aumente ya los impuestos y tasas medioambientales. Medidas así se están implantando en muchas ciudades europeas, grandes, como Madrid, París o Londres, y en muchas pequeñas como las asturianas.

Algunas de estas medidas concretas son aumentar las zonas peatonales y verdes en el centro y en los barrios, incrementar las tarifas de la zona azul, aumentar los impuestos sobre los combustibles y las viñetas, reducir el espacio para los coches y dificultar el estacionamiento en la ciudad, reservar muchas calles y carriles para el transporte público y la bici, recuperar y mejorar el transporte ferroviario de cercanías, convertir todos los buses y taxis en vehículos eléctricos, prohibir el acceso a la ciudad a los coches y camiones más contaminantes, favorecer el desguace de vehículos viejos, no con subvenciones a la compra de otro vehículo nuevo, sino con abonos con descuentos o gratuitos para el transporte público, apoyar la rehabilitación eficiente energéticamente y adaptar el urbanismo a ese nuevo modelo de transporte y consumo energético, etc.

Y para reducir la contaminación industrial sin penalizar el empleo y la competitividad es necesario poner en marcha controles precisos y frecuentes de las emisiones, proyectos de I+D de reducción de emisiones y eficiencia energética, un régimen sancionador que incentive la mejora y otras medidas de fomento que generalicen el uso de las mejores técnicas industriales disponibles en todas las empresas, así como reducir fuertemente la generación eléctrica por centrales térmicas, en particular las que utilizan carbón, a favor de las energías renovables no contaminantes.

No son tiempos para la desgana o el inmovilismo. La sociedad no puede soportar más pasividad en relación con la contaminación y su impacto en la salud. Los Gobiernos de Asturias deben poner en marcha este tipo de medidas y si no saben, o no quieren, deberán dejar sus puestos a otros preparados para ello.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 49, MARZO DE 2017

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