El Che era un mal guerrillero

Una tienda de Camagüey (Cuba) donde el Ché sigue presente. Foto/ María Arce.

Una tienda de Camagüey (Cuba) donde el Che sigue presente. Foto / María Arce.

Muchos fueron los trabajos, investigaciones y libros en los que Humberto Vázquez Viaña, que acaba de fallecer en Estocolmo, desmitificó con pleno conocimiento la figura de Ernesto Che Guevara, fundamentalmente desde el punto de vista militar. Pero es en Dogmas y herejías de la guerrilla del Che (Heterodoxia, Santa Cruz, Bolivia, 2011) donde sus testimonios, sus experiencias en la propia guerrilla boliviana del argentino y sus investigaciones dejan más clara la evidencia: el Che era un deficiente guerrillero.

En ese libro y en entrevistas con el propio Humberto se basó Mercedes González, periodista de ATLÁNTICA XXII en Suecia, para elaborar un reportaje sobre el tema que apareció en el número 25 de la revista y que ahora reproducimos.

LOS ERRORES DE ERNESTO GUEVARA PROVOCARON EL FRACASO DE LA GUERRILLA EN BOLIVIA

Los dogmas de la iglesia del ‘Che’sucristo

Recién muerto, unas monjas acudieron a despedir al Che, evocaron su parecido con Jesucristo y le cortaron unos mechones de pelo, que guardaron como una reliquia. Cuarenta y seis años después el mito del guerrillero pervive, pero le ha llegado la hora del revisionismo a lo que uno de los supervivientes de la última aventura de Ernesto Guevara llama Iglesia de ‘Che’sucristo. En un libro esclarecedor Humberto Vázquez Viaña desmonta lo que considera dogmas y herejías en la mitomanía del Che.

Mercedes González / Periodista (Suecia).

Que la última aventura revolucionaria del Che, que le condujo a la muerte en Bolivia, fue un inmenso error y una chapuza no lo ponen en duda ni sus seguidores. Pero hasta ahora Ernesto Guevara era considerado una víctima, por la falta de apoyo, la mala planificación o las deserciones en sus filas. Dogmas y herejías de la guerrilla del Che, el detallado y riguroso libro de Humberto Vázquez Viaña editado en Bolivia (Heterodoxia y El País), pone en evidencia lo contrario. Fue el propio comandante revolucionario el responsable del fracaso y trágico final de un proyecto absurdo que mantuvo durante casi ocho meses a un grupo de guerrilleros de varios países deambulando sin sentido por los montes bolivianos.

Cometió una serie de errores estratégicos, tácticos y logísticos que ponen en duda sus habilidades militares y condenaron a la guerrilla desde el principio.

Humberto, nada sospechoso de contrarevolucionario, era uno de los enlaces de la guerrilla en La Paz y hermano de Jorge Vázquez, “Loro”, uno de los guerrilleros que acompañaron al Che, también asesinado por los militares bolivianos. Su libro, que es la culminación de toda una vida dedicada a la investigación de este tema, desmonta uno a uno los dogmas sobre aquel plan revolucionario que pretendía exportar el modelo cubano a América del Sur, comenzando por el país elegido para tan desastroso experimento.

Una guerrilla enlatada

La figura de Ernesto Guevara como icono del triunfo del comunismo y de la lucha contra el capitalismo ya estaba en auge en 1966 más allá de las fronteras cubanas e incluso latinoamericanas. Por este motivo, Cuba no dudó en apoyar al Che en su propósito guerrillero ayudándole a preparar una rebelión armada que se llevaría a cabo inicialmente en Perú, territorio que el Comandante conocía de sobra puesto que su esposa era de allí, y que presentaba las condiciones perfectas para acoger este tipo de acto insurreccional contra el Gobierno. Pero la falta de apoyo del PC peruano hizo que se trasladara de forma totalmente espontánea a Bolivia, único estado latinoamericano que no había negado su apoyo a la iniciativa guerrillera de forma frontal desde un principio. El problema era que en Bolivia no existían condiciones de ningún tipo para asegurar el triunfo de la guerrilla.

Primero, porque aunque el Presidente del Gobierno, el general René Barrientos, había llegado al poder por un golpe de Estado, en aquel momento estaba gobernando democráticamente, tras imponerse en unas elecciones. Esto significa que no era fácil encontrar muchos opositores al Gobierno dispuestos a colaborar con la guerrilla. En un sistema democrático, la oposición busca gobernar a través de las urnas, no mediante un movimiento insurreccional armado, alternativa ésta más propia bajo un gobierno dictatorial. Además, el Partido Comunista boliviano, liderado entonces por Mario Monje, había concurrido a las elecciones y obtenido los mejores resultados de su historia. ¿Cómo puede entenderse entonces que un partido que participa en unas elecciones, esté poco después practicando la lucha armada?. Es más, ¿por qué un partido que participa en unas elecciones, en el que sus miembros serían por tanto fácilmente identificables, colaboraría con un acto ilegal, ejecutado desde el anonimato de sus participantes para garantizar su seguridad? “Porque el apoyo del partido de Monje a la guerrilla era totalmente ficticio”, responde Humberto Vázquez Viaña. Humberto detalla cómo en la víspera del comienzo de la guerrilla Monje se reúne con el Che para, según éste, concretar las fórmulas de apoyo al movimiento. Pero la verdadera intención de Monje era romper todo tipo de relaciones de colaboración con el Comandante y la mejor excusa para hacerlo era exigirle la dirección de la guerrilla sabiendo de antemano que el Che no aceptaría. Prueba de ello es que antes del encuentro, el dirigente comunista ya había convocado una reunión de urgencia del comité del partido para informarle de las intenciones de Cuba de iniciar una lucha armada en el país, en la que el PC boliviano no participaría. Esta falta de acuerdo forzaría la ruptura, como así ocurrió, y el Che comenzó la guerrilla en Bolivia sin ningún tipo de apoyo político en el país.

Tampoco el apoyo del campesinado, tan indispensable en una guerrilla, fue factible. Primero, porque Bolivia había gozado de una reforma agraria en 1953 que permitía a los campesinos ser propietarios de sus propias tierras, lo que les situaba en una posición acomodada, casi aburguesada, se podría decir en el lenguaje revolucionario de la época. Sin nada que reprochar al Gobierno, los campesinos bolivianos no tenían razón alguna para apoyar a una guerrilla opositora. A este contexto político-económico, había que añadirle además que el país vivía una ola de nacionalismo alimentado desde las esferas políticas, motivo por el que un acto insurreccional como el del Che podría parecer una invasión y provocar un frontal rechazo entre los bolivianos.

Desconocimiento del terreno

Si tenemos en cuenta los errores logísticos, cabe decir que no sólo el país, sino también la zona de operaciones -Ñancahuazú- fue escogida totalmente al azar y tan sólo quince días antes de la llegada del Che a Bolivia, en noviembre de 1966. No hubo opción de explorar la zona, lo que provocó que los guerrilleros se movieran en todo momento en terreno desconocido. Quizá si el Che hubiera conocido la comarca en profundidad, no la habría elegido como escenario para su particular cruzada, pues estaba situada en el centro del país, en pleno corazón de la selva amazónica, era de difícil acceso y estaba totalmente alejada de las principales ciudades, a más de mil kilómetros de La Paz, desde donde operaba el servicio de prensa y comunicaciones de la guerrilla. Esto dificultó enormemente el aprovisionamiento tanto de alimentos como de medicinas (especialmente las necesarias para mitigar el asma que padecía el Che, que le supuso un calvario) y una comunicación fluida que permitiera una correcta coordinación de movimientos. Además, la poca ayuda local que pudieran recibir en el camino se veía reducida por los problemas para comunicarse, pues la lengua de la zona era el guaraní y ninguno de los guerrilleros lo hablaba. Es más, los combatientes se dedicaban a aprender francés en sus ratos libres.

Y si de táctica hablamos, la Guerrilla de Ñancahuazú podría definirse como la cruzada de la improvisación, completamente condenada al discurrir de los acontecimientos. Los propios guerrilleros no tuvieron el cuidado necesario y se fueron delatando a su paso. Antes de comenzar la contienda, el capitán Silva, del Ejército boliviano, ya es alertado por los habitantes de Tatarenda de la presencia de “barbudos buscando comida por los alrededores”, cuando casualmente se acerca hasta el Rio Grande a pescar. Los trabajadores de la industria petrolera también dan la voz de alarma sobre la presencia de hombres armados merodeando la zona y preguntando cómo alcanzar Ñancahuazú. Comienza así el Ejército a perseguir a los insurrectos y su identificación era solo cuestión de tiempo. La facilitan pistas tan simples como la forma de abrir el camino a través de la jungla: los bolivianos lo hacen a machetazos de arriba a abajo y en esta ocasión, el corte que presentaban los tallos de las plantas denotaba haberse hecho en la dirección contraria, por lo que el Ejército dedujo que los guerrilleros eran extranjeros.

Crónica de una muerte anunciada

La guerrilla comenzó con éxito en las batallas de Ñancahuazú e Iripití, con 11 y 10 soldados muertos respectivamente y en las que cayeron prisioneros Silva y el Mayor Sánchez . Después, el ejército aprendió del error, reforzó su ofensiva y la guerrilla no volvería a experimentar ninguna otra victoria. Tras esos primeros episodios, la cruzada del Che se convierte en un deambular de los guerrilleros por la comarca, malgastando fuerzas, divididos en tres grupos sin equilibrio ni criterio militar lógico (al Che lo acompañaban sus hombres de confianza y con los que mejor relación tenía, pero no eran necesariamente los más adecuados para componer este grupo), sin comunicación entre ellos y por tanto, sin coordinación. Abandonados a su suerte, el Che y sus compañeros estaban condenados por tanto a una muerte segura. Dramático es recordar como cae la retaguardia, sorprendida por el ejército cuando trata de atravesar el Rio Grande en busca del Che. Este grupo, compuesto por los combatientes más débiles y enfermos y por Tania, la única guerrillera, esperó durante meses en la zona de Bellavista a un Comandante que prometió volver a buscarlos, pero que nunca lo hizo: el cerco del ejército se estrechaba y el grupo de Guevara tuvo que huir hacia el norte.

También la batalla de la Quebrada del Churo, la que pone punto y trágico final a la guerrilla en octubre de 1967, es el punto de inflexión entre la falta de planificación y la ingenuidad. Los hombres del Che llegan a La Higuera, un pueblo que encuentran deshabitado y, sin extrañarse lo más mínimo de este hecho y a plena luz del día, el Comandante les ordena avanzar, enviándoles directamente a la emboscada que ya tenían lista los soldados bolivianos. No hubo salvación posible. Ahí murió un hombre, Ernesto Guevara, y nació un mito, el del Che, que pervive hasta nuestros días. Y como todos los mitos tiene sus dogmas, que los suyos no cuestionan. El del Che como gran guerrillero y estratega ya no se sostiene. Hasta oscurece la faceta de aquel idealista médico argentino como político y pensador revolucionario, probablemente mucho más defendible.

El Diario y la Biblia

La Biblia de la Iglesia de ‘Che’sucristo, que alimenta el mito y los dogmas sobre Ernesto Guevara, sería su Diario, escrito a mano narrando todos los detalles de su aventura boliviana. La primera versión la publica Fidel Castro en 1968 para evitar que la CIA manipulase los textos, según el presidente cubano. Pero Humberto Vázquez asegura que contiene “alteraciones”. Se ocultan los graves errores del Che que acabaron con la primera guerrilla que dirigía y con su propia vida.

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