El fallo más poético: Un padre homenajea a su hijo muerto con un concurso de sonetos

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Ramón Alzola revisa los sonetos que se presentaron en una edición
del concurso.

 

Abundan los premios literarios y entre ellos muchos que son pura trampa y mercantilismo, como el Planeta. Y también los hay muy meritorios y relevantes, no ya por su cuantía, sino por su prestigio y la pasión por la literatura que suponen. Pero, entre todos los que se
fallan en España, ninguno tan emotivo, tan romático y tan poético como el concurso de sonetos de Buelles, una pequeña aldea asturiana. Lo instauró un padre en homenaje a su hijo, fallecido en plena juventud en un accidente de tráfico. Es el mejor dotado de España en su género, aunque eso es lo de menos en relación a un certamen tan especial.
ATLÁNTICA XXII le dedicó un reportaje elaborado por Blanca M. García
en su número 22, en septiembre de 2012. Lo reproducimos a continuación.

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El fallo del concurso siempre es un acontecimiento en el pequeño
pueblo de Buelles.

Un padre homenajea a su hijo muerto con un premio de poesía

SONETOS PARA LA OTRA VIDA

Bruno Alzola García prometía. Número uno de su promoción, su carrera como técnico de mantenimiento apenas había comenzado hacía año y medio en una empresa de Avilés cuando un trágico suceso acabó con su vida. Su padre, Ramón Alzola Llamero, le había regalado un Seat Ibiza y Bruno, con 21 años cumplidos, solía utilizarlo para ir a trabajar. Un sábado por la mañana, cogió el coche para cumplir su jornada laboral y otro vehículo se cruzó en su camino. “Yo estaba en Marruecos. Me quedé de piedra”, recuerda Ramón Alzola, que combina su profesión de metalúrgico con sus grandes pasiones: la pintura, la escultura y la poesía.

La familia quedó destrozada tras el repentino adiós del pequeño de los hermanos Alzola García, que donó sus órganos al morir. Sus padres, Ramón y Rosi García Rebollar, decidieron reunir sus bártulos y retirarse desde el urbano Avilés a un lugar tranquilo que apaciguara el dolor. El sitio elegido fue Buelles, una pequeña localidad perteneciente al concejo asturiano de Peñamellera Baja, con apenas medio centenar de habitantes. Allí, abrieron un restaurante bautizado como La Sauceda y, en el año 2004, convocaron la primera edición del certamen internacional de poesía Memorial Bruno Alzola García. “Todos creen que está dedicado a un poeta; pero lo que me importa es que de Bruno se habla en todo el mundo”, cuenta Ramón Alzola, quien actúa como secretario del concurso y reconoce que su hijo no tenía ninguna vinculación con esta iniciativa, que pretende reunir a los mejores sonetos del planeta.

Pero… ¿por qué sonetos? “El 27 de junio de 1977 nació Bruno. Quería hacerle un regalo de cumpleaños y pensé que el soneto es algo eterno. Un poeta que no haya escrito uno nunca siempre se va a sentir inferior como versificador”, explica. De hecho, la entrega de los premios del certamen, que en las últimas ediciones se ha venido celebrando en el Hotel Palacio de Cimiano, coincide con el domingo más cercano al día en el que su hijo cumpliría años.

Tal ha sido la repercusión que ha tenido la idea, que hasta la fecha han sido ya entre 2.500 y 3.000 los poemas que se han presentado al concurso, que tiene la peculiaridad de ser el que mayor cuantía ofrece a su ganador. En la edición de este año 2012 –la novena– la dotación fue de 2.000 euros para el primer premiado y una escultura de bronce realizada por el propio Ramón Alzola. Para poder celebrarlo, Alzola puso en la pasada convocatoria cerca de 3.000 euros de su bolsillo, que se sumaron a los 1.500 que concede el Ayuntamiento de Peñamellera Baja.

El auge de la aldea

Hasta Buelles llegan cada año sonetos procedentes de los lugares más variopintos. La mayoría –dos terceras partes– de la Península Ibérica, y el resto de países como Cuba, Puerto Rico, Suiza, Alemania, Ecuador, Grecia y hasta India. “Hay incluso un poeta que nos suele escribir desde Jerusalén”, afirma Ramón Alzola. A diferencia de otras iniciativas, el secretario del memorial considera que, “posiblemente”, este sea “el más cercano y humano” de cuantos se convocan. “Todo el trabajo es poco cuando se trata de Bruno”, admite. Pese a la acogida que ha recibido entre los amantes de la poesía, Alzola Llamero lamenta que los medios no le hayan dado la repercusión que merece. “Parece que aquí la poesía no existe en la aldea”.

Lo que nació como un regalo ha supuesto una importante transformación para Buelles. Cecilio Fernández Testón, cronista de Peñamellera Baja y Peñamellera Alta y miembro del jurado, asegura que “el enclave geográfico ha mejorado muchísimo”. “Ha habido cambios físicos, con ampliaciones urbanísticas y el acicalamiento de nuevos edificios”. A ello se suma el aumento del turismo, especialmente en época estival. “Hasta 1833 Peñamellera Baja pertenecía a Cantabria, pero siempre estuvo muy a desmano de Santander y de Oviedo. Los extremos de provincia están condenados a la incomunicación”. No obstante, recuerda que “los romances provienen principalmente de los pueblos”.

Junto a Fernández Testón y Alzola Llamero, el jurado de la última edición estuvo compuesto por Manuel Maya Conde (presidente), Antonio Portero Soro, Jaime Vinuesa y Josep Mari Martinell Gispert y Sauch. En la decisión final también participaron Blas Muñoz, Juan Olavarría Agra, Pedro García Rebollar y Alejandro Céspedes. A esta novena convocatoria se presentaron 130 trabajos, de los que fueron seleccionados 14 y lograron quedar finalistas diez sonetos.

Ramón Alzola, autor de Sonetos y Caminante,  indica que una de las características de este concurso es que a la dificultad de construir 14 versos endecasílabos organizados en dos cuartetos y dos tercetos hay que añadir la de ser capaz de dar forma a una poesía que llegue. “Hacer un soneto cargado de lirismo es muy complicado”.

Así lo confirma el ganador de este año, Santiago Romero de Ávila y García Abadillo, que se alzó con el premio por su obra Nervioso trino y lleva más de 40 años escribiendo poesía. “Lo más importante es que posea belleza”. Nacido en La Solana (Ciudad Real) e hijo predilecto de esta ciudad, Romero de Ávila ha publicado cuatro libros de poesía –¿Quién nos quita las rosas del alba?, Esta tierra de amor y silencio, Poemas heterogéneos y Sonetos de duda y esperanza– y está en posesión de numerosos premios de este tipo, pero confiesa que el Bruno Alzola García es el que “más prestigio posee”. Tras su galardón, en esta novena convocatoria el segundo clasificado fue Moisés Navarro Fernández con Nube encendida, y el tercero Antonio Casares por Ofrenda.

Con motivo del décimo aniversario, el Ayuntamiento de Peñamellera Baja tiene previsto editar un libro que reunirá los sonetos ganadores de todas las ediciones y algunos de los más significativos. Y es que, como sostiene Cecilio Fernández Testón, “al arte no se le pueden poner límites”. “Los poetas siguen escribiendo haya crisis o no… Y que no falte la poesía”, puntualiza Santiago Romero de Ávila.

 

 

 

 

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