El fracaso olímpico también afecta al ex director del Centro Niemeyer

Grueso en una fotografía oficial del Ayuntamiento de Madrid.

Natalio Grueso en una fotografía oficial del Ayuntamiento de Madrid.

Les salió mal la jugada. La razón última del fichaje de Natalio Grueso por el Ayuntamiento de Madrid era que la persona que lo contrató, Fernando Villalonga, entonces delegado de las Artes, iba a ser el encargado de llevar los Juegos Olímpicos y necesitaba a su lado a alguien especializado en relaciones públicas y gestión de marca. El fracaso de la candidatura -la relaxing cup of café con leche costó 25 millones de euros- y el regreso de Villalonga a sus labores diplomáticas lo ha dejado todo en el aire, incluida la gestión de los teatros madrileños, a cargo del polémico ex director del Centro Niemeyer de Avilés. En el ánimo del Ayuntamiento del PP sigue estando la idea de privatizar los servicios públicos de cultura y se ha despedido a uno de sus principales colaboradores, Miguel Munárriz, director del Teatro Fernán Gómez, que podría ser uno de los primeros centros en caer en manos privadas. La pugna entre gestión cultural y gestión especulativa solo beneficia a los políticos profesionales y a altos ejecutivos como Grueso, que debido a los recortes presupuestarios -que no afectan a su sueldo- se ha limitado a repetir patrones cortados en Avilés y a tirar de su famosa agenda, perteneciente en realidad a la relaciones públicas norteamericana Karin Davison, según contó el periodista Luis Feás Costilla en un artículo publicado en el número 28 de nuestra revista que reproducimos a continuación.

Natalio Grueso se repite en Madrid

No se puede decir que Natalio Grueso no sea fiel a los suyos. Tras dejar la dirección del Centro Niemeyer, una etapa que ahora investiga un Juzgado de Avilés por si hubiera delitos de corrupción, mantiene a sus más estrechos colaboradores al frente de la Programación en Artes Escénicas del Ayuntamiento de Madrid. Pasó de servir a una Administración del PSOE a otra del PP, pero repite actividades con las mismas estrellas. Su famosa agenda no es tan amplia y pertenece en realidad a una consultora internacional de Nueva York.

Luis Feás Costilla / Periodista.

Natalio Grueso sigue acompañado por los dos principales colaboradores de su época en el Centro Niemeyer, el que fuera subdirector del centro avilesino, Joan Picanyol, y su jefe de producción, Marc Martí. El primero comenzó su nueva etapa en Madrid como coordinador del festival Fringe, en el que también trabajó Martí, pero ahora figuran, respectivamente, como director de Relaciones Internacionales y director de Producción del prestigioso Teatro Español, uno de los cinco que están a cargo de Grueso. Ninguno de ellos tiene experiencia en artes escénicas, salvo el curso acelerado que supuso la colaboración del Centro Niemeyer con el teatro Old Vic de Londres, pero en lo que sí que son buenos es en gestión de marca corporativa, su verdadera especialidad. Tanto Picanyol como Martí tienen contrato fijo, con sueldo de alto funcionario.

La repetición de los mismos esquemas de programación ha sido patente desde que Natalio Grueso y su equipo iniciaron la gestión efectiva de los teatros madrileños, en agosto de 2012. Se vuelven a representar espectáculos como Utopía, el homenaje flamenco de la bailarina María Pagés al arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, que se estrenó en octubre de 2011 en Avilés y se repuso entre octubre y noviembre de 2012 en el Teatro Español, donde ya había estado en diciembre del año anterior. El montaje, producido íntegramente por el Centro Niemeyer, costó 320.597 euros y solo reporta unos beneficios de 600 euros por actuación, según datos del Principado.

Otro de los recintos que gestiona Grueso, el Teatro Fernán Gómez, acogió en noviembre una nueva edición del ciclo de charlas “Times Talks”, organizado por el periódico norteamericano The New York Times, que ya había tenido acogida en el Centro Niemeyer de Avilés. En ellas participaron el actor Jeremy Irons, la cantante Tori Amos, el cineasta Juan Antonio Bayona y la directora de musicales Julie Taymor, entre otros. Ya se anuncia un segundo ciclo, esta vez en elTeatro Español. El planteamiento es siempre el mismo: una conversación ligera de periodistas del diario neoyorquino con personalidades internacionales del mundo de la cultura y el espectáculo.

Por su parte, el cineasta Carlos Saura, que comisarió la exposición inaugural del Centro Niemeyer, con un sobrecoste del 50% hasta superar los 470.000 euros, debutó como director de escena con una adaptación libre de El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca que se representó en las Naves del Español del Matadero de Madrid entre el 4 de abril y el 5 de mayo. Y, finalmente, el pintor Hugo Fontela, asturiano residente en Nueva York, que fue el segundo en exponer en la Cúpula del Niemeyer, participó en el festival Fringe de Madrid con un Concierto para pintura, celebrado en el Matadero el pasado 7 de julio.

El pintor Hugo Fontela durante su intervención en el festival Fringe de Madrid. Foto / Carmen Figaredo.

El pintor Hugo Fontela durante su intervención en el festival Fringe de Madrid. Foto / Carmen Figaredo.

No sería de extrañar que en los próximos meses aparecieran por allí Woody Allen y Kevin Spacey, las estrellas más relucientes de la programación del Centro Niemeyer, o incluso Brad Pitt, al que todo el mundo recuerda con casco visitando las obras del complejo avilesino todavía en construcción. La principal apuesta de Natalio Grueso al frente de los teatros madrileños ha sido llevar a escena las obras completas de teatro de Mario Vargas Llosa y ya cuando dirigía el Centro Niemeyer pensó rendir homenaje al Premio Nobel de Literatura hispano-peruano, en unas jornadas dedicadas a Iberoamérica que no se celebraron.

Asesora norteamericana

Ahora empieza a saberse que los contactos internacionales del Centro Niemeyer fueron proporcionados en realidad por la consultora norteamericana Karin Davison, que ya fue asesora de Natalio Grueso en la Fundación Príncipe de Asturias. No está muy claro cuándo se conocieron, si en la Comisión Europea o en Naciones Unidas o ya en Nueva York, adonde Grueso viajó en 2001 por encargo de la Fundación Príncipe de Asturias.

La relación entre ambos se ha mantenido desde entonces. Natalio Grueso figura como consultor de la Fundación Humanidad sin Fronteras, que creó y dirige la propia Davison en Nueva York. A su vez, la relaciones públicas norteamericana aparece en su web como consultora internacional del Centro Niemeyer, en cuya contabilidad se anota que recibió pagos por valor de 17.754 euros en 2010 y 15.383 euros en 2011.

Karin Davison viajó a Avilés al menos en dos ocasiones. Una, acompañando a Brad Pitt en su sonada visita a las obras del Centro Niemeyer, en agosto de 2009, dentro de la comitiva que fue recibida por el presidente del Principado,Vicente Álvarez Areces, principal apoyo político de Natalio Grueso. La segunda, en diciembre de 2010, con motivo de la inauguración oficiosa del centro, coincidiendo con el cumpleaños de Oscar Niemeyer, que supuso un coste para las arcas públicas superior a los 400.000 euros.

Entre 1998 y 2001, Karin Davison fue asesora de la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigida por Daniel Barenboim, y tomó parte activa en el West Eastern Divan, el taller de trabajo con jóvenes músicos de Oriente Medio por el que Barenboim y Edward Said recibieron en 2002 el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En este taller participó como maestro el violonchelista de origen chino Yo-Yo Ma,que posteriormente actuaría en el Niemeyer.

La biografía de Davison publicada en la web de la Fundación Humanidad sin Fronteras también señala que fue consultora internacional de medios para la Fundación Príncipe de Asturias, haciendo hincapié en la vinculación de ésta con la Corona española, para favorecer los contactos.

Karin Davison con Brad Pitt en su visita a Avilés, en agosto de 2009. Foto / Dani Mora.

Karin Davison con Brad Pitt en su visita a Avilés, en agosto de 2009. Foto / Dani Mora.

En la etapa en la que Natalio Grueso formaba parte de la Fundación Príncipe, como director de Relaciones Internacionales, la asistencia de Davison a actos y galas de entrega de premios fue habitual y algunas fuentes aseguran que la Fundación Príncipe de Asturias pagó sus servicios en Nueva York, lo cual sería lógico puesto que se trata de una profesional de las relaciones públicas, pero desde la Fundación siempre lo han negado. Una de sus aportaciones más sonadas fue la presentación de la Fundación Príncipe en la sede del periódico The New York Times, con el que Grueso se ha mantenido vinculado desde entonces.

Otra, el contacto con Woody Allen, consiguiendo así el primer gran éxito internacional para Natalio Grueso, al permitir otorgarle al cineasta el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2002 y contar con él para el apoyo, promoción y posterior inauguración del Centro Niemeyer. También con el escritor Norman Mailer, que llegó a ser miembro del honorario consejo asesor del centro avilesino. Davison siempre ha tenido buenas relaciones con la comunidad judía, a la que pertenece. Mailer fue protagonista de uno de los documentales producidos por ella para el mercado de la televisión europeo, con los que llegó a conseguir un premio Emmy.

En lo que todo el mundo coincide es en la capacidad de Grueso para hacer suyos estos contactos, convirtiéndolos en amistades, a base de llamadas personales: con halagos y dinero abundante siempre es fácil. La agenda de ambos fue engordando a medida en que Natalio Grueso fue nombrado coordinador de los actos del XXV aniversario de la Fundación Príncipe de Asturias, celebrados en 2005, y director del Centro Niemeyer, ya en 2006.

Gestión despilfarradora

La relación de Natalio Grueso con la Fundación Príncipe de Asturias acabó mal por la tensión que mantenía con el secretario general de la Fundación, el fallecido José Luis Iglesias Prada, al que molestaba la actitud ostentosa de Grueso y su mujer. La tormenta estalló durante un viaje a Río de Janeiro, cuando Iglesias Prada descubrió que el matrimonio Grueso y otras dos parejas se alojaban en un hotel de lujo mucho más caro que el que él mismo ocupaba, según informó la edición digital de ATLÁNTICA XXII.

El viaje había servido para ultimar los detalles de la cesión del proyecto de Niemeyer y Natalio Grueso fue despedido hacia arriba, al ser nombrado director del Centro Niemeyer por el Gobierno de Álvarez Areces. El resto ya es conocido: seis años después, su gestión despilfarradora deja a su paso por Avilés unas pérdidas que rozan el millón de euros (993.648) y una deuda de 2,2 millones que podría alcanzar los 3,5 millones, en caso de que se tengan que reintegrar al Principado las subvenciones recibidas. Y para ofrecer actividades flojísimas, la gestión cultural es otra cosa. Sorprende por tanto su designación como director de Programación en Artes Escénicas del Ayuntamiento de Madrid, cargo que le fue ofrecido por el entonces delegado municipal de las Artes, Fernando Villalonga, al que conoció cuando éste era Cónsul General de España en Nueva York.

El nombramiento de Natalio Grueso no cayó muy bien en el sector teatral madrileño, puesto que venía a sustituir al frente del Teatro Español al actor y director de escena Mario Gas, muy respetado en la profesión. Para colmo, su contratación coincidía con el intento de implantar un ERE con el que despedir a 75 trabajadores de la empresa municipal Madrid Arte y Cultura SA (MACSA), mientras al recién llegado se le proporcionaba un sueldo de 86.000 euros al año más 1.400 euros mensuales por ayuda a la vivienda, lo que motivó la protesta de CCOO. Más o menos lo mismo que cobraba en el Centro Niemeyer. Tampoco sentaron bien sus primeras declaraciones a los medios, señalando que quería “poner a Madrid en el mapa”, como antes había hecho con Avilés. En general se les considera a él y a los suyos unos advenedizos, lo que se ha intentado solventar con las correspondientes cenas de conciliación a cargo de los contribuyentes.

En su haber está la creación del festival Fringe de Madrid, a imagen y semejanza del Fringe de Edimburgo, una apuesta por el teatro “al margen” desde la oficialidad pero sin riesgos para la Administración, pues todas las compañías actúan a taquilla y no se pagan cachés. En el Ayuntamiento de la alcaldesa Ana Botella, como en otros gobernados por el PP, se defiende la privatización de los servicios públicos de cultura, lo que significa que solo cobrarán dinero público los políticos y los altos cargos municipales.

En su responsabilidad al frente de los teatros madrileños, Natalio Grueso cuenta con otro viejo conocido asturiano, el que fuera delegado en Madrid del Gobierno de Areces, Miguel Munárriz, nombrado director del Teatro Fernán Gómez, que pese a no tener tampoco experiencia teatral está bien introducido en los medios literarios madrileños y es por tanto nueva fuente de contactos para el responsable de las artes escénicas de la capital, que sabrá aprovechar como suele.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013.

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