En lucha por las pensiones de nuestros hijos

Los jubilados mantienen el pulso y, además de convocar las grandes manifestaciones, siguen celebrando concentraciones semanales: “Si nada cambia, nuestros hijos no tendrán un retiro público y digno”

Un grupo de pensionistas se manifiesta en la plaza del Ayuntamiento de Oviedo.

Todavía pasea por la plaza algún grupo de turistas, que han ido a menos desde que terminó el verano, y muchos vecinos que van de un lado a otro. A través de un altavoz el cantautor, escritor y político José Antonio Labordeta, con su canción “Somos”, pone ritmo a la protesta de un grupo de personas que se han reunido frente al Ayuntamiento de Oviedo para seguir reclamando una mejora de sus pensiones: “Somos  como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar”.

Son las doce de la mañana del jueves y los jubilados aparecen puntuales a su cita con la lucha social. “Seguimos viniendo cada semana porque nuestros problemas no se han resuelto”, cuenta Carmen Álvarez, que recibe su pensión de los años que trabajó en el sector de la limpieza y desde hace meses lucha por la dignidad de esa remuneración y de la que tienen sus compañeros. Los asistentes alzan pancartas al sol de octubre, gritan consignas y van cogiendo el micrófono para exponer sus quejas y compartir sus preocupaciones. En los pequeños grupos que se generan al margen del corro principal, las conversaciones coinciden en la necesidad de que los más jóvenes se incorporen a la causa.

“Echamos de menos a muchos compañeros que prefieren estar paseando al sol”, añade Carmen Álvarez. Lo hace, sin embargo, sin ningún tipo de rencor. Porque no son esos acomodados peatones quienes más le preocupan: “Tienen una pensionuca a la que se aclimataron pero no son conscientes de que vienen sus hijos detrás”. Mientras habla, esta luchadora piensa en sus propias hijas que, si nada cambia, “no van a cobrar una pensión digna”. Ya ha echado cuentas y por eso mantiene la lucha antes de que la situación sea irreversible, consciente de que cada avance ha tenido que pelearse. “Las mujeres que empezamos a luchar en los años setenta para que los jóvenes no fuesen ni pobres ni ignorantes y pudiesen ir a la universidad pedimos que tengan ahora una condiciones laborales decentes que den acceso a una jubilación digna”. “No nos da la gana de dejar de luchar”, sentencia.

Recuerda que fue en la calle donde se logró recientemente que la subida de las pensiones pasase del 0,25% al 2%. Pero el resto de mejoras pendientes y prometidas aún flota en el aire y la presión es la mejor manera de convertirlas en realidad y seguir avanzando. “Hay que subir las pensiones más bajas, porque si cobras apenas 400 euros poco importa que te suban el IPC. Sigue siendo una miseria”, defiende Carmen Álvarez.

Señala con las manos a la plaza que se abre ante ella para recalcar que los pensionistas de clase media y alta no se paran a protestar porque “consideran que esto no les afecta”. Tras varios meses de movilizaciones, sabe que quienes se paran cada jueves en la plaza o acuden a las grandes manifestaciones que se van convocando (las últimas hace unos días en Gijón) lo hacen porque han perdido la inocencia y saben que “una cosa son las promesas y la otra realidades”.

Y también porque “somos conscientes de que en la clase obrera tenemos unas pensiones bajísimas que con la subida de la luz, el copago sanitario y tantas otras cosas suman a la gente en la pobreza”. Por eso Carmen Álvarez, una guardiana de los derechos con pancarta, se muestra decidida a seguir peleando y no se pierde tampoco las manifestaciones feministas.  “Las mujeres y las viudas pensionistas o comen o se medican. Se me cae la moral al suelo al pensar cuantas viudas pensionistas tienen pensiones miserables”, lamenta moviendo la cabeza. “Están pasándolas canutas”, sentencia mientras los altavoces cierran la manifestación. La voz de Labordeta les llamó a la protesta y la misma canción les despide: “Vamos a hacer con el futuro un canto a la esperanza y poder encontrar tiempos cubiertos con las manos los rostros y los labios que sueñan libertad”. Hasta la semana que viene.

 

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