El Encuentro de Fotoperiodismo de Gijón como escuela de valores

Protestas electorales en Irán en 2009, en la llamada Revuelta Verde. Foto / Olivier Laban-Mattei.

Desde hace 21 años, el Encuentro Internacional de Foto y Periodismo “Ciudad de Gijón”, dirigido por Javier Bauluz, convierte cada verano la urbe asturiana en el referente nacional de la fotografía documental y el periodismo internacional. El evento se ha convertido en una escuela por la que muchos de sus alumnos se han ido convirtiendo en referentes internacionales y cabezas de cartel de las últimas ediciones.

Patricia Simón / Periodista.

Las guerras de los Balcanes, del Golfo, de Irak. La inmigración, las primaveras árabes, el 15-M. La guerra civil española, las fosas comunes que siguen poblando nuestras cunetas y asfixiando nuestra memoria. La crianza por parte de madres lesbianas, la violencia machista desde dentro de los hogares. Éstos son solo algunos de los asuntos que la ciudadanía asturiana y los visitantes que recalan en la Semana Negra de Gijón llevan veintiún años conociendo a través de la mirada de los mejores fotoperiodistas del mundo. Exposiciones visitadas cada edición por decenas de miles de personas que, en muchos casos, raramente acudirían a un museo o sala de exposiciones. “Hay que llevar las exposiciones adonde están las personas, no esperar que sean éstas las que vayan a buscarlas. Por eso la Semana Negra es un espacio perfecto para realizarlas”, nos explica Bauluz, quien lleva dirigiendo el Encuentro desde 1996.

Un niño cierra la camisa de su padre, asesinado por los paramilitares en San Carlos, Colombia, en 1998. Foto / Jesús Abad Colorado.

Romper el círculo

Ha pasado la medianoche y más de doscientas personas llevan más de cuatro horas escuchando conferencias y viendo proyecciones sobre las guerras de Siria e Irak, el éxodo de refugiados y la manipulación informativa. Para los ponentes de esta última edición, algunos de ellos recién aterrizados procedentes de la ofensiva iraquí de Mosul, este interés por parte de un público tan variado es sorprendente. “Confieso que me sorprendió ver la carpa repleta a esas horas un sábado con la ciudad en plenas fiestas. Encuentros como éste, que combinan la imagen, el testimonio directo y la contextualización, son la mejor manera no solo de mantener el interés por cuestiones que nos competen a todos, sino de llegar a públicos más amplios”, explica la ponente Naomí Ramírez, una de las voces académicas más destacadas sobre el conflicto sirio. Ése es uno de los grandes logros del evento, haber conseguido romper con el círculo endogámico en el que suelen desarrollarse los eventos sobre periodismo y derechos humanos –a los que suelen acercarse los activistas o ya iniciados en la cuestión–, mientras que lo habitual en estas exposiciones y charlas es ver a familias completas, jóvenes, ancianos y profesionales de ámbitos muy alejados del informativo.

Desgraciadamente, los recortes presupuestarios acabaron con uno de los pilares del Encuentro, un taller intensivo de una semana que se realizaba en colaboración con la Universidad de Oviedo, y al que asistían hasta cuarenta alumnos llegados, incluso, desde América Latina. El evento becaba a una quincena de ellos, algunos de los cuales se han convertido en grandes referentes del fotoperiodismo: Walter Astrada u Olmo Calvo son dos de ellos. En el caso de éste último –reconocido con premios como el Luis Valtueña de Fotografía Humanitaria o el estadounidense “Picture of the Year” en la categoría de noticias en 2016– además ha sido ponente y autor de una de las últimas exposiciones del Encuentro.

Náufragos de una patera momentos antes de ahogarse cerca de las costas canarias. De las 36 personas que iban en la embarcación, 8 murieron aquella madrugada de noviembre de 2004. Foto / Juan Medina.

“Ser alumno en el Encuentro fue una experiencia muy importante en mi trayectoria porque había una cercanía y convivencia con el profesorado absolutas. Además de las ponencias por las mañanas, teníamos clases prácticas por las tardes y que desarrollar un proyecto a lo largo de la semana, tutorizado por el profesorado. Los talleres del Encuentro suponían un formato ideal porque el aprendizaje continuaba en los ratos de esparcimiento con los profesores”, explica Calvo, recién llegado de Marruecos, donde ha estado cubriendo para medios como Al Jazeera las revueltas del Rif.

“Las exposiciones, las proyecciones, el profesorado… todo estaba elegido desde una visión de los derechos humanos y de respeto hacia las personas a las que se fotografiaba”, rasgos ahora distintivos del trabajo de Calvo, que años después, en 2013, volvió al Encuentro ya como ponente. “La mayoría de los compañeros con los que coincidí como alumno en Gijón están trabajando profesionalmente como fotoperiodistas. Por ejemplo, Edu Ponces, de la agencia Ruido Photo, o Lissette Lemus, que ganó el World Press Photo por documentar la violencia en su país, El Salvador”.

Bauluz recuerda cómo era habitual que muchos de los alumnos, el último día del Encuentro, se le acercasen para compartir una reflexión muy similar, que rememora gráficamente: “Me decían que habían llegado así [se coloca las manos a los lados de los ojos como orejeras] y que se iban así [y abre las palmas, dibujando un amplio horizonte ante su mirada]”.

Un detenido en la prisión estadounidense de Nayaf, Irak, consuela a su hijo en 2003. Foto / Jean-Marc Bouju(AP).

Más de 300 periodistas

En estos años han participado y expuesto en el Encuentro más de 300 periodistas y fotoperiodistas internacionales, entre ellos los multipremiados Eddie Adams, autor de imágenes tan icónicas como la ejecución por un disparo de un preso del Vietcong, Santiago Lyon, presidente de Associated Press durante más de una década, Emma Daly, entonces corresponsal de The Independent y actual jefa de comunicación de Human Rights Watch, la fotoperiodista y ahora investigadora Corinne Dufka o los reporteros españoles Manu Brabo, Eloy Alonso, Mónica G. Prieto, Ramón Lobo, Javier Espinosa, Gervasio Sánchez, Bru Rovira y Enrique Meneses.

A la pregunta de por qué sigue organizando el Encuentro, a pesar de las dificultades, Bauluz contesta: “Lo más complicado es la selección de las fotografías, de los temas, pero también de los fotógrafos y periodistas. Siempre hemos procurado traer a grandísimos profesionales, que tenían que ser también grandísimas personas. Y eso incluye tener una mirada humanista, honesta, veraz y desde los derechos humanos, a pesar de todos los horrores que hayan vivido. Dar la posibilidad a los ciudadanos de que puedan ver lo que está pasando en lugares en los que no han estado a través de esa mirada es fundamental, porque no suele abundar en los medios de comunicación, y menos con esa calidad y profundidad”.

Y así es cómo Bauluz esquiva hablar de los obstáculos para volver a poner el foco en las personas, en la militancia de hacer periodismo –ya sea a través de sus trabajos o de este Encuentro– para que la ciudadanía no pueda decir que no sabía lo que estaba ocurriendo, que la hospitalidad, la empatía y, en definitiva, la humanidad se estaban yendo al carajo sin que fuésemos advertidos. Quedan advertidos, pues.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 52, SEPTIEMBRE DE 2017

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