Escuelas Libres: aprendiendo matemáticas y a trepar a un árbol

Las Escuelas Libres priman el juego y el trabajo con proyectos.

Las Escuelas Libres priman el juego y el trabajo con proyectos.

Cada vez son más los padres que pasan página de la enseñanza oficial y mandan a sus hijos a las Escuelas Libres que ellos mismos gestionan y financian. Son centros privados, consentidos por las autoridades educativas, pero con el espíritu y la pedagogía que debería inspirar a los públicos. Frente al modelo impositivo, memorístico y punitivo, hay este otro basado en el respeto a los niños, el juego y el trabajo con proyectos. Por Elena Plaza / Periodista.

Botas de agua de colorido variopinto, zapatillas de andar por casa y zuecos. Esto es lo primero que los alumnos y visitantes se encuentran al acceder a la escuela Tximeleta, ubicada en un caserío navarro en el valle de Etxarri. La misma acogida tienen en la casona gijonesa que alberga a Andolina, un colegio similar. Los pequeños se ponen cómodos para acceder a su colegio, como harían en su propia casa. Y ése es el sentimiento, la sensación, la realidad que se transmite. Es lo primero que llama la atención al neófito que se interna en esto de las Escuelas Libres, también llamadas democráticas o de Pedagogía Activa, entre otros nombres. Son escuelas alternativas frente a las convencionales acogidas bajo el paraguas de la “oficialidad” estatal, en manos de las Autonomías.

Suele tratarse de cooperativas familiares o asociaciones de familias que, poco atraídas por el sistema oficial y el trato que se da a los niños, deciden implicarse en la educación de sus hijos y fundan estos colegios privados, mixtos, laicos y de pedagogía activa, que acogen en su mayoría Educación Infantil y Primaria. Algunos de ellos, como es el caso de Andolina, surgen en parte de grupos de crianza, igual que La Quinta’l Texu, que abrirá sus puertas en Villaperi (Oviedo) este mes de septiembre.

El profesorado que trabaja en estos colegios lo hace de una manera más vivencial, más consciente, más intensa. Cuentan, además de con la titulación específica en Magisterio, Psicopedagogía o Psicomotricidad (sobre todo en las homologadas por exigencia de las Consejerías), con formación alternativa, como material Montessori.

En este modelo el niño es el centro, es él quien marca las pautas, el que decide qué hacer, qué aprender, sobre qué investigar en cada momento y a qué ritmo. Son escuelas libres, no de libertinaje, porque también hay límites dados por los propios alumnos en el marco de un sistema asambleario. Los alumnos marcan el tiempo que necesitan para sus aprendizajes, mientras que en la escuela convencional es el adulto el que decide el programa. Se da tanto valor a aprender matemáticas como a trepar a un árbol o a relacionarse en el medio.

Es un modelo basado en el apego, en el respeto al niño, donde la escucha activa tiene un peso importante y se valoran los potenciales propios de cada uno de ellos. Unos principios que chocan con el modelo de competitividad y segregacionismo por el que aboga la LOMCE promovida por el ministro de Educación José Ignacio Wert.

Las mariposas navarras

Tximeleta, mariposa en euskera, nació hace unos diez años en Pamplona como iniciativa de unas pocas familias. Su iniciativa cuajó y a este pequeño embrión se unió otro proyecto basado en la pedagogía Waldorf. Así surgió esta escuela no homologada que acabó trasladándose al valle de Etxarri, a unos veinte minutos de la capital navarra,  a la que vuelve en este curso. Este paso lo interpretan como “salir de la clandestinidad, una salida del armario, aunque cuando ves el apoyo fuera, no necesitas ya apoyo del sistema”, explicar Asier Itoiz, uno de sus acompañantes (aquí no hay maestros).

Tximeleta vive una tolerancia administrativa. Los padres que la conforman han considerado oportuno no homologarla dentro del sistema oficial y así ha venido manteniéndose todos estos años. Nadie les molesta, nadie se acuerda de ellos, “aunque, ya se sabe, cualquier día viene otra corriente política y nos cierran”, comenta Santiago González, padre y maestro en esta escuela durante cuatro años, experiencia que narra en su libro Un bombero entre mariposas, prologado por el pedagogo italiano Francesco Tonucci, Frato. En cierta ocasión recibieron una visita de la Policía Foral debido a la denuncia malintencionada de algún vecino. Fue entonces cuando tuvieron algún contacto con la Consejería de Educación. Y ahí acabó todo.

Unos 35 niños conforman su alumnado entre 3 y 12 años. Es entonces cuando se incorporan a la ESO dentro del sistema oficial. A pesar del diferente recorrido, estos alumnos no suelen tener problemas de adaptación. En Tximeleta, el último año reciben un apoyo que les prepara para lo que se encontrarán una vez dejen el centro. En las escuelas alternativas no hay exámenes ni deberes para casa, sino que se basan en la evaluación continua a través de proyectos marcados por los propios alumnos. El cambio de sistema les resulta tan novedoso que suelen destacar por su curiosidad; son autónomos a la hora de estudiar, frente al pasotismo de los “oficiales”, que “van solo a aprobar exámenes”.

Ésa es una de las grandes diferencias entre los dos modelos: el sistema convencional viene dictaminado por “unos señores, un Estado, que es el que decide los contenidos y el cómo”; el alternativo se mueve por los intereses de los alumnos, una manera de aprender jugando, experimentando, a través de la curiosidad, del contacto con el medio.

Un acompañante con varios niños en la escuela Andolina de Deva (Gijón).

Una acompañante con varias niñas en la escuela Andolina de Deva (Gijón).

La Andolina gijonesa

Éste será el tercer curso que afronta Andolina, un colegio gijonés ubicado en la parroquia de Deva, constituido en cooperativa familiar sin ánimo de lucro y con interés social. En la actualidad cuenta con 52 niños (30 en Infantil y 22 en Primaria) y sitúa su tope en 99, con una ratio de 15 alumnos por acompañante. Un grupo de personas “comprometidas que se preguntan por el entorno, por la crianza”, indica Eva Friera, una de las promotoras del proyecto, dieron forma a esta golondrina (andolina en asturiano). Entre sus alumnos cuentan con algunos venidos desde otras Comunidades Autónomas, como Madrid y Guadalajara, para formar parte de este proyecto, y también los hay que todos los días se desplazan desde Cadavedo o Arriondas.

En Andolina, como en todas las Escuelas Libres, se paga una matrícula o derrama oficial, más las mensualidades correspondientes, en este caso 3.500 euros por familia, que se devuelven al dejar el centro, y 250 al mes.

A diferencia de Tximeleta, Andolina está homologada. “Seguimos los pasos de la Consejería. Hay unos mínimos de conocimiento establecidos por ésta, pero nosotros trabajamos con la evaluación continua, sin exámenes, respetando el ritmo de cada niño. Luego hay que contemplar unos requisitos en cuanto a espacios, profesorado titulado, cuestiones técnicas… y cumplir el currículum”, explica Nuria Carvajal, otra de las madres. La diferencia se halla en la manera de trabajar estos objetivos: su día a día comienza con una asamblea seguida de momento libre para continuar con un taller estructurado pero libre, es decir, que no se basa en el directivismo por parte del acompañante, como ocurre en la convencional. Contempla también el momento del almuerzo y termina la mañana con otra asamblea. Hay servicio de comedor y actividades extraescolares, por aquello de la conciliación familiar, o más bien por su falta. Los alumnos pueden estar en cualquier espacio, siempre acompañados por un adulto.

Tampoco hay maestros al estilo convencional, sino acompañantes. “El acompañante juega un papel de apoyo y de guía, no interviene salvo que se le solicite esa intervención”, señala Carvajal. Los padres juegan un papel muy importante, ya que están implicados al 100% en el funcionamiento del colegio, como también ocurre en Tximeleta: a través de comisiones de trabajo, acompañando en las aulas, aportando sus capacidades y habilidades…

En el exterior un enorme jardín les espera con un sinfín de oportunidades en las que también seguir aprendiendo, ya que el contacto con la Naturaleza es muy importante en este tipo de educación. Zonas verdes, areneros, columpios… Allí, además de jugar, organizan talleres como el de construcción de cabañas. Y cuentan incluso con una zona de carpintería.

“Al trabajar mucho el aspecto emocional y la autoestima, desarrollan recursos sociales, ganan en autogestión y desarrollan una gran curiosidad”, destaca Nuria Carvajal. “Nos basamos en el respeto por el niño, que lleve su propio ritmo, sin violencia, en un espacio relajado… queremos que aprender sea un disfrute”.

Señala Santiago González que “se tiende mucho a no tener paciencia”, de ahí que no se respeten los distintos ritmos, mientras que Eva Friera hace hincapié en que “el error permite el aprendizaje. Una mayor salud emocional desemboca en un mayor desarrollo cognitivo” frente a un modelo, el institucionalizado, donde no hay tiempo, y cada vez menos recursos, para atender la diferencia, para respetar los tiempos de cada uno, sus intereses. Y de unos padres en muchas ocasiones obsesionados con la consecución de unas excelentes calificaciones, diferenciando entre asignaturas marías e importantes y no entendiendo la enseñanza como algo vivencial, integral, emocional. Por querer tener ingenieros de tan solo tres años.

Los niños son los que siguen sus propios intereses, a través del juego libre.

Los niños son los que siguen sus propios intereses, a través del juego libre.

Debutan Oviedo y Castropol

Cada vez son más los padres que cuestionan el sistema oficial de enseñanza. La contrarreforma de la LOMCE y los recortes en la enseñanza pública impuestos por el Gobierno del PP aumentan la demanda de las Escuelas Libres.

Y ese auge no solo proviene de los movimientos alternativos. Cada vez se cuestiona más la educación oficial, la falta de respeto hacia los menores y la imposición de criterios muy discutibles. En muchos debates se habla de la alienación, de una educación destinada a que los futuros adultos no cuestionen nada. En España, en democracia se han establecido siete planes educativos diferentes, porque el PP y el PSOE son incapaces de llegar en este tema esencial a un pacto de Estado. Quizás ello explique que España sea el país de la UE con un mayor índice de fracaso escolar, 1 alumno de cada 3.

En todo el Estado hay cerca de un centenar de Escuelas Libres, sin tener en cuenta las no homologadas o registradas o los proyectos nuevos en los que se está trabajando. Barcelona destaca con 26 y Madrid cuenta con 14, mientras que en Navarra hay 3. En Asturias existe desde hace dos cursos Andolina y este mes de septiembre abren sus puertas La Quinta’l Texu en Oviedo y Charamuzas en Castropol, ambas en proceso de homologación. El año pasado surgió en Tiñana (Siero) Caracola, sin homologar, y en Gijón existe el Centro de Aprendizaje Activo Currusquinos, que abarca la franja de edad de 0 a 3 años, una oferta que pretende cubrir no una necesidad de los menores, sino de los adultos que se ven limitados por unas bajas de maternidad exiguas y una falta total de conciliación familiar. En el Oriente asturiano (Parres-Piloña) existe un grupo de crianza, Flores de Berezu, basado en la filosofía de los Wild.

Hay países, básicamente los del Norte de Europa, donde los más pequeños no se incorporan a la Primaria hasta los 6 o 7 años, y progresivamente en cuanto al número de horas de asistencia a clase, como también ocurre en Argentina.

Se trata de un concepto más integral y no tan parcelado como en la convencional. Y con más demanda que oferta, al menos entre los maestros. En el caso de La Quinta’l Texu, a finales de julio ya habían recibido 300 currículos para 2 plazas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013

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