Estoy eufórico, y eso que no invierto en Bolsa

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Wall Street/ Foto de Antonio M. Mora

Fernando Romero/ Periodista  El año comienza bien. Al menos eso dicen los expertos en economía, las portadas de los principales diarios de información general y las de color salmón. Y para decirlo se basan en un dogma de nuestros tiempos: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. Con esa pretendida ecuación no hay nada más que discutir: la economía se recupera y, además, con “euforia”. Todo muy bonito, todo muy propagandístico, todo muy poco económico. La quimera capitalista ha llegado a un estado surrealista que ni los propios capitalistas creían posible. El coro de “expertos” “informadores” “líderes de opinión” han dictado sentencia: “Se ha evitado el abismo fiscal” y eso significa que vamos a ser más felices, que se generará más riqueza, que se distribuirá mejor y que se acaba la crisis (o al menos se vislumbrarán brotes verdes). Hasta un niño de Primaria que aún no está hipnotizado por el lenguaje del Pensamiento Único sabe que eso no es economía. Eso es capitalismo y es un parche, un remendón social, una improvisación más con mucho marketing y escenografía de Hollywood.

El capitalismo -y que me perdone Marx-  no es un sistema económico (ni siquiera hace falta darle el calificativo moral de bueno o malo). Simplemente no es un sistema, ni en su concepción kantiana (conjunto de ideas, principios  que conforman una teoría coherente y completa), ni en su concepción jurídica (conjunto de reglas o principios sobre una materia estructurados y enlazados entre sí) ni en su acepción física (conjunto de elementos que, ordenadamente relacionadas entre sí, contribuyen a determinado objeto). Es más bien una  suma de improvisaciones de los que detentan el poder económico para  mantener su posición utilizando para ello a los periodistas,  a los políticos, a los jueces y a los maestros. Y su principal arma, en primera instancia, es el lenguaje (la  más convincente) aunque su verdadero mando radica en el monopolio de la violencia.

Y va siendo hora de explicarse. ¿Por qué ese gran optimismo en los diversos ámbitos de Poder por la noticia de que la Bolsa sube? Bien, ha habido un acuerdo en el seno del Imperio, entre  los republicanos y los demócratas para “salvar el abismo fiscal” (sic). Ello ha tenido como consecuencia la subida de la Bolsa en todo el mundo (en España un 3,4%) y la bajada de la “prima de riesgo” (sic), en España hasta los 360 puntos. ¿Qué es esto realmente? Nada. Pura palabrería, titulares hueros: política y maniobras financieras. Lo único que ha hecho Obama es aplazar recortes sociales y subir impuestos a la clase media, que no a las grandes fortunas. Pero además, aunque hubiera metido al inspector de Hacienda en la boca del lobo, tampoco arreglaba nada ya que aunque el Estado recaude más eso no significa que la economía vaya mejor. Es de cajón.

El chapucero milagro que nos va a “salvar”  es que el Tesoro ¿público? americano obtendrá una recaudación de 620.000 millones de euros.  Claro, eso da estabilidad a los “mercados” (sic), es decir, a los grandes bancos y financieras porque saben que si el Estado recauda, ellos recaudan, que para eso les pagan.

¿Y la economía? De que me habla, oiga. ¿Mejorará la productividad? ¿Disminuirá el paro? ¿Se creará más riqueza (que no dinero)?   La crisis va a seguir y a peor si no ponemos remedio los de abajo. La “buena noticia” solo es para los inversores  y no para las personas que hacemos economía real, no para el pueblo. Ahí está un desastroso  cierre de año en términos de empleo con 4.848.723 parados en España, 426.364 (+ 9,6%) más que en 2011. No se engañen los críticos de la izquierda clásica. Aquí no hay liberalismo, ni neoliberalismo ni teoría económica que sustente nada a la que enfrentar con otra teoría alternativa. Esto es una juerga en la que el pueblo no ha sido invitado porque es a costa de sus riñones y contra la que no se puede rebelar. Unos, la mayoría, porque aún no se han enterado con tanto famoseo y fútbol (panem et circenses). Los otros, porque no tenemos capacidad material para pararla. ¡Se me ha bajao la euforia!

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