Falta una semana de campaña y un nuevo orden mediático

Un joven lee Atlántica XXII en la plaza de la Escandalera de Oviedo durante el 15-M. Foto / María Arce.

Un joven lee Atlántica XXII en la plaza de la Escandalera de Oviedo durante el 15-M. Foto / María Arce.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

Este fin de semana una suscriptora de esta revista se empeñó en darme 50 euros en la calle para la campaña de financiación popular de ATLÁNTICA XXII. No hubo manera de convencerla, aunque su situación económica familiar no es precisamente boyante y bastante hacen todos los suscriptores con su apoyo incondicional, que es el gran pulmón de esta publicación.

Detalles y anécdotas como ésta son incontables desde que se inició la campaña, que finaliza justo dentro de una semana. Sabíamos que hay, desde que nació, una masa crítica que sostiene a ATLÁNTICA XXII, porque existe una clara demanda social en favor de medios de comunicación críticos e independientes, pero ahora se nos ha evidenciado. Los seguidores “atlánticos” están aportado dinero, pero también grandes muestras de solidaridad, que es más importante, y sobre todo muchas ideas, cuya eficacia ya se está demostrando. Un grupo de suscriptores, en una red social, lanzaron la propuesta de pagar voluntariamente 50 euros por su suscripción anual en vez de los 30 actuales, y otros se sumaron a la iniciativa inmediatamente. Las mismas suscripciones han crecido desde la salida del último número en buena cantidad.

Cada vez que sale la revista, en una emisora de radio donde se da cuenta del nuevo número se dice que ATLÁNTICA XXII no tiene más dueños que sus lectores. Parece un reclamo, pero es la pura realidad, lo que puede indicar incluso un cierto fracaso en la gestión empresarial, porque en seis años no fuimos capaces de atraer a inversores o anunciantes que garanticen la viabilidad económica de la revista. Es completamente cierto, ATLÁNTICA XXII no tiene más dueños que sus lectores, que son quienes la sostienen. Hasta ahora se mantuvo con las aportaciones altruistas de un grupo de accionistas fundadores, que nunca pensaron en recuperar su inversión, pero ahora su supervivencia está en manos de quienes la compran, la leen y la consideran un valor democrático.

Y eso está pasando con todos los medios emergentes que han venido apareciendo en España en los últimos años, un fenómeno del que podemos presumir de figurar entre los pioneros. Como está pasando en toda la sociedad, en el panorama mediático hay un mundo viejo que aún mantiene el poder y la influencia, aunque cada vez más mermada, frente a otro nuevo que le supera en credibilidad, pero no en solvencia económica y gestión empresarial. Y entre ese mundo viejo que se resiste a desaparecer y el nuevo que no acaba de sustituirlo andamos los periodistas, soportando un desempleo brutal y unas condiciones laborales lamentables, y los ciudadanos, hartos de medios dependientes de los grandes poderes y de periodismo servil y carente de credibilidad. Es necesario un nuevo orden mediático, tanto como el político, el social y el económico. Sin medios de comunicación libres que ejerzan de contrapoder no hay democracia y acabar con ese déficit es otra de las condiciones para la regeneración por la que clama la ciudadanía.

Los objetivos de la campaña que lanzamos aún no están cumplidos y confiamos en que en la semana que queda para que finalice nos acerquemos a ellos. Y han aparecido otros problemas económicos añadidos, porque UGT ha presentado tres denuncias diferentes por el artículo de portada del número que ahora está en la calle, que es de esperar que no prosperen, pero que supondrán gastos en la defensa que para una empresa tan modesta como ésta son muy considerables. Pero las aportaciones llegadas hasta la fecha para la campaña ya garantizan la continuidad de la revista en un plazo razonable, lo que permitirá comprobar si los cambios democráticos que lleva defendiendo ATLÁNTICA XXII desde su nacimiento se confirman y contribuyen al mantenimiento y la aparición de los medios que no tienen más dueños que sus lectores.

Queda una semana para sumar más apoyos a la campaña y un plazo más largo para ver si el miedo, la autocensura, la falta de transparencia y la dependencia de los poderes que ahora se observa da paso a un periodismo más libre y de mayor calidad, y por tanto con más credibilidad. Otro orden mediático es posible. E imprescindible.

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Ilustración / Alberto Cimadevilla.