Fasenuova: “Somos analfabetos musicales”

Roberto Lobo (izquierda) y Ernesto Avelino Suárez (derecha) forman el dúo Fasenuova. Foto / Irma Collin.

Roberto Lobo (izquierda) y Ernesto Avelino Suárez (derecha) forman el dúo Fasenuova. Foto / Irma Collin.

La sintonía de la crisis industrial de Asturias la pone Fasenuova, el dúo que forman Ernesto Avelino Suárez (Mieres, 1969) y Roberto Lobo (Aller, 1973). Acaban de presentar en un concierto en el Red Bull Music Academy de Madrid Salsa del cuervo, el tercer álbum en su discografía tras la edición de A la quinta hoguera, ambos editados por el sello ovetense Discos Humeantes.

Fasenuova son presencia habitual en los festivales indie más importantes (Primavera Sound, Bam, Lev), llaman la atención de los grandes medios, incluido The Guardian, que les cita en un reportaje sobre música española actual, y son estrellas en fanzines, radios libres, en la red de redes y en las catacumbas de la información.

Conquistaron las vanguardias contemporáneas sin salir de Mieres porque su autenticidad es demoledora y su música suena a la cruel realidad social del momento, que demanda discursos alejados de la retórica.

Su electrofolk no se entiende sin la luz esquiva y mutante de Asturias, sin el orificio épico de la bocamina, sin la sinuosidad del paisaje, la majestuosidad de la montaña, el movimiento obrero y los neumáticos ardiendo, sin la decadencia, la degeneración social y la devastación industrial que ahoga las cuencas mineras.

Manejan sintetizadores y cajas de ritmo para crear su corpus melódico al que se adhiere la voz dolida de Ernesto. No son transgénicos aunque sí post-punk y elaboran una suerte de folk radioactivo y celta. No son aptos para todos los públicos, eso es cierto, pero si te gustan Joy Division, Esplendor Geométrico, Suicide, Cabaret Voltaire… y necesitas una descarga pura y conspirativa, una catarsis y un desparrame sonoro y lírico, estás tardando en caer embaucado en la termita lisérgica de Fasenuova.

Carlos Barral Álvarez / Poeta y promotor cultural.

¿Las actuaciones son la principal razón de ser de Fasenuova o más bien prevalece el proceso de construcción de los temas en el local de ensayo?

Roberto: Son diferentes pero igual de importantes. Es lo que más disfrutamos pero también necesitamos hacer discos; son las dos caras de la misma moneda.

¿Cuál ha sido la inspiración para este nuevo disco? ¿Hay algún elemento que articule el álbum, alguna idea conceptual que lo atraviese?

Ernesto: Mientras que el anterior elepé lo fue de paisaje y naturaleza, este es un disco urbano con una idea clara de baile.

¿Hacen música para gente culta aunque provenga de una cultura alternativa?

E: Pensamos que hacemos música que puede ser aceptada por el gran público aunque haya barreras difíciles de saltar; es música destinada a un público abstracto, como si fuera un ente inaccesible. Siempre quisimos que nuestra música gustase a la gente, nuestra vocación es underground por las circunstancias, pero eso no quiere decir que renunciemos a las mayorías.

R: Nuestra música es sencilla, sin demasiada elaboración. Es música folk popular porque no controlamos el código.

E: Hacemos música popular a pesar de que somos analfabetos musicales. Somos dos paisanos de pueblo que en vez de gaita y tambor manejan un MS 20 y una caja de ritmos.

Resultará halagador que otros músicos hagan versiones de algunos de sus temas.

R: Nunca hubiésemos pensado que nos versionase gente como Gerald Donald, histórico de la música de baile industrial. Nos encanta que la gente haga suyas nuestras canciones.

Orquestas de prao

Construyen la música con aparatos antiguos de los que sale un sonido que remite a décadas atrás. ¿Se sienten vinculados a esas máquinas, hay una complicidad temporal con ellas?

E: Cuando a finales de los ochenta las orquestas de prao se desprendieron de determinadas máquinas nos hicimos con ellas y esa es la base de nuestra música.

R: Trabajamos con estos aparatos también por gusto, nunca quisimos usar ordenadores en directo.

¿La música sana las heridas?

E: Algunas sí y otras no. Dedicarte a crear es algo muy sano, algo que te beneficia. Te acuerdas de cuando trabajábamos en aquel gasoducto, en aquel momento ir a hacer canciones era un escape…

R: Más que cura, es una prevención.

Además de rabia y desasosiego ¿cabe también la mística? ¿Hay algún sentido espiritual en la propuesta artística del grupo?

E: No somos religiosos aunque juguemos mucho con esas ideas. Nuestra música gira en torno a unas cuantas imágenes, entre ellas el amor abstracto.

R: La violencia y la rabia no son el discurso primordial aunque sea el que más resaltan, quizá porque la mayoría de grupos no toca esos temas.

E: El protagonista de nuestras canciones y de nuestros conciertos es un ser humano que resalta un muestrario variado de emociones: rabia, llanto, ira, el sentimiento poético y contemplativo.

¿Qué tal la militancia en el sello Discos Humeantes?

R: Desde que  nos aliamos con Pablo (Fernández) ha sido todo crecer, conocer mucha gente de otros sellos, gente que hace las cosas por amor al arte.

E: Tuvimos la gran suerte de tener a Pablo aquí, sabíamos que existía Pablo, un chaval listo, trabajador y serio, así que cuando nos propuso sacar el disco nos pusimos muy contentos. Edita lo que le gusta. Además, estaba en un punto exponencial, con lo cual había una retroalimentación. Realmente hace una labor encomiable y seria, nunca nadie nos trató así, estamos flipando.

Fasenuova en uno de sus conciertos.

Fasenuova en uno de sus conciertos.

En plena era post-CD, el álbum únicamente se edita en vinilo. ¿Contradicción propia de este tiempo?

E: En este caso sí se van a hacer cedés, no tenemos nada en contra de ningún formato. Aunque el vinilo presta, siempre prestó, son discos muy guapos.

En cuanto a las letras y las fuentes de las que beben, les influyen escritores como Poe, DeLillo… ¿Les gusta la poesía?

E: Sí, claro, la poesía siempre fue algo que compartimos, es una de las fuentes de inspiración junto al cine o la arquitectura.

R: Incluso pensamos hacer una versión de algún tema interpretado por Paco Ibáñez, hacer una versión de un buen poema es una puerta que está abierta.

Les interesa la física, la ciencia ficción, el espacio exterior, elementos que contaminan su propuesta. ¿Hasta qué punto les influye?

E: Menos que el cine o la literatura. El trabajo bebe más de las vanguardias. Sospecho que ahora somos más surrealistas que futuristas. Las influencias más importantes son la música, el cine y la literatura. Las músicas electrónicas pesan más que otras cosas. Soy aficionado al tema espacial desde guaje pero intento evadir esos temas.

R: Las vanguardias también son resultado de los avances de la física, la técnica…

Son constantes las alusiones a los metales, los animales y los elementos naturales en sus letras. ¿Les resulta un imaginario fructífero o tiene que ver con algo de mayor calado filosófico?

E: Igual sí, cuando abordamos hacer música siempre quisimos encontrar un espacio de libertad y en ese reducto una de nuestras intenciones primigenias era encontrar una realidad diferente. Las letras y las palabras nos sugieren esa capacidad alquímica, de cambio hacia otra dimensión, de entrar en otra zona distinta a la real.

¿Tienen interés en triunfar?

R: Sí, a mayor éxito mejores condiciones tendremos para hacer nuestro trabajo.

E. ¡Si llamamos éxito a desarrollar con libertad nuestra expresión, sí!

¿Viven únicamente el presente o piensan también en el futuro de Fasenuova?

E:  Aún hay caminos y ases en la manga. Estamos contentos, nos divertimos y nos llevamos bien: nuestra vida es esta.

R: La obra es más del presente, dada su inmediatez.

Suelen hacer sus propios vídeos. ¿Para ejercer un control total o es que no hay producción para más?

R: Al principio, como no había producción para más, los hice yo, pero ahora tenemos el reto de ejercer el control y hacerlos nosotros, pero con más medios.

¿Cuál va a ser el primer vídeo?

E: Salsa del Cuervo, el último tema del disco. Nunca cerramos las puertas a colaborar con otra gente pero siempre terminamos tropezando y, al final, lo que hacíamos nosotros nos satisfacía más. Sin avaricia, pero nos sentimos más a gusto porque expresamos mejor que nadie lo que queremos.

Nacionalistas y republicanos

Son activos defensores de la lengua asturiana, ¿tienen intención de usarla en el futuro?

E: Intentamos hacer un disco en asturiano pero fracasamos. Será la diglosia. Nos preocupa, además, porque ya chocamos contra ese muro. Es una puerta que continúa abierta y espero que algún día sepamos sortear las barreras.

También son activistas del asturianismo político.

E: Yo soy un nacionalista, no me siento español ni me identifico con la idea de España ni pienso que la cultura asturiana sea superior a ninguna otra. No creo en la monarquía y, como no soy un independentista puro, quizá en una república de pueblos bien avenidos…

R: Yo lo suscribo todo aunque las cosas van en el sentido contrario y están muy feas…

¿Qué piensan sobre el conflicto minero y su futuro?

R: Mi padre trabajó toda la vida en la mina. No puede ser que se deje a la gente trabajadora tirada, aunque no estoy a favor de las centrales térmicas ni del carbón porque sí, preferiría una recolocación de los trabajadores, pero…

¿Su visión sobre Mieres y las cuencas tiene el voltaje y la piel que tienen sus canciones?

E: El entorno ejerce una influencia importante sobre nuestras canciones, es imposible que no te subleve, que no te influya. Siempre hicimos música de raíces industriales. Siempre quisimos que Mieres y las cuencas tuvieran más industria porque ese era el modelo. En la grieta entre el modelo industrial y la realidad crecimos nosotros a nivel artístico. Nuestro paisaje es el de las cuencas.

R: Hace años hicimos una recopilación sobre los grupos que había en Mieres y llegamos a contabilizar más de sesenta…

E: Había mucha gente con cultura musical, que sabía cómo se graba una canción, que compraba y compartía música. Un ambiente cosmopolita muy propicio para comenzar a tocar.

¿Qué Asturias sueñan?

R: Una Asturias orgullosa, independiente y socialista.

E: Un marco sin Principado ni cuentos chinos.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 29, NOVIEMBRE DE 2013

 

 

 

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