Gervasio Sánchez, fotoperiodista: “Hay que tirar la objetividad a la basura”

El fotoperiodista Gervasio Sánchez durante la entrevista. Foto / Verónica Martín Egüen.

El fotoperiodista Gervasio Sánchez durante la entrevista. Foto / Verónica Martín Egüen.

Cubriendo conflictos por todo el mundo desde hace treinta años, Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) demuestra que, con coraje, talento y dignidad, aún se puede hacer un buen periodismo radicalmente independiente, al margen de las empresas. Colabora con numerosos medios, pero alejado de las redacciones, cuyas cúpulas considera copadas por periodistas serviles que están hundiendo a la profesión. Por José Cezón / Periodista.

¿Ha tenido que elegir alguna vez  entre captar una buena foto o auxiliar a un herido, o estamos ante otro tópico?

Uno de los problemas más graves del periodismo español es que hay gente que habla más de lo que le pasa a él que de lo que pasa sobre el terreno. Creo que lo que tú hagas o dejes de hacer es parte de tu intimidad. Sería muy fácil para mí decir ‘cuando hay una situación como ésta, siempre auxilio’. Y tú dirías ‘este Gervasio es fabuloso’. O te podría decir ‘cada vez que veo una situación como ésta, yo lo que hago es mi trabajo’. Y tú pensarías ‘joder, qué hijo de puta, le importan un carajo las víctimas, lo único que le interesan son sus fotos’. A veces, auxiliar es negativo y hacer las fotos es positivo. En una ciudad que están bombardeando, si hay equipos de emergencia que están recogiendo a los heridos y trasladándolos a los hospitales, posiblemente va a ser mejor que ese equipo se lo lleve y le pueda hacer el primer auxilio en el mismo camino, porque tú no tienes la más remota idea de cómo tratar a un herido. Y, al mismo tiempo, quizás tus fotos sirvan para mostrar, documentar, impresionar o provocar una decisión política. No es que pase siempre, pero a veces pasa. Hay que analizar cada situación concreta y te diré qué haría yo y qué harían otros, porque seguro que habría muchas formas de comportarse. En el fondo, lo más importante en esta vida, aparte de hacer bien tu trabajo, es poder mirarte al espejo sin llamarte hijo de puta. Yo, al menos con la gente con la que he trabajado, fotógrafos amigos míos, todos hemos mantenido una cierta lógica en cualquier situación.

¿No es un poco decepcionante que, cuando se produce una noticia, ya sabemos de antemano cómo la van a enfocar los periódicos del día siguiente?

Porque el periodismo en España es un periodismo de trincheras, totalmente. Hay muchos intereses opacos y escondidos en los medios de comunicación. Son empresas que obedecen a diferentes intereses y, si lo niegan, mienten. Y a las personas que colocan en los puestos directivos y claves en las estructuras de los medios -de subdirectores para arriba, porque ahora ni los redactores jefes tienen poder-, pues son gente dispuesta a aceptar determinadas prebendas. Unos quizás menos, otros quizás más, pero hoy en día ser subdirector de un diario es muy sospechoso. La estructura quiere gente que luego no rechiste cuando haya que hacer determinadas historias.

¿Y un periodista de base cómo puede capear esa situación?

Los periodistas jóvenes lo tienen muy jodido, porque primero no hay trabajo, ni dentro de los medios como fijo, ni colaborando. Las redacciones se han ido al carajo, apenas se están pagando las colaboraciones, y nos estamos cargando el periodismo a marchas forzadas. Los medios cada vez tienen menos páginas, con menos contenidos; se cubren las historias de lejos, por Internet; se montan entrevistas pactadas como si fueran de verdad y de referencia; reportajes que son, simplemente, dossieres que se pasan por debajo de la puerta como si fuera periodismo de investigación. ¿Qué tiene que hacer un joven? Llenarse de mucha paciencia, de muchas ganas, buscarse una alternativa laboral. Quizás la mejor manera de empezar es no tener que depender de ello.

¿Qué le provoca mayor frustración e impotencia, la contemplación de la guerra o la posterior incomprensión o desinterés del redactor jefe de turno?

Yo he tenido pocas veces esa situación, porque siempre trabajo con gente que respeta mi trabajo. He dejado de trabajar para algunos medios porque en la estructura de mando había gente que no respetaba mi trabajo y, sobre todo, a los protagonistas de ese trabajo. De hecho, llevo 25 años en El Heraldo de Aragón, porque siempre se me ha respetado. Y eso les ha venido muy bien, porque, cuando recibes algún premio, soy siempre muy generoso y si alguien me pregunta para qué medio trabajo, siempre menciono a El Heraldo por encima de los demás; al resto ni los nombro o los nombro poco. Y si los nombro a veces, es para criticarlos. Es sorprendente cómo en los medios de comunicación hay una serie personajillos de cuarta categoría, que están en la cúspide de la pirámide de dirección, que son trepadores, pelotas e incluso a veces gente repugnante, que están haciendo un daño tremendo al diario. Dejé de trabajar con un diario muy conocido hace unos años y yo les costaba cuatro duros, ellos perdieron mucho más que yo. Y la razón fue porque había determinada gente que me estaba haciendo la vida imposible y los que estaban por encima eran incapaces de pararles los pies. Hay gente que dice sí a todo y al final acaba atrapada.

El Banco Santander y las armas

Usted ha denunciado que España multiplicó por seis la venta de armas durante el Gobierno de Zapatero. ¿Cómo se digiere eso?

Yo sé cómo digerirlo: me parecen unos farsantes, unos cínicos y unos hipócritas. Me preocupa mucho más que los votantes del Partido Socialista lo hayan permitido, que no se quejen. Los políticos cuando llegan al poder hacen lo que quieren, pisotean sus propias promesas, insultan lo más decente de su ideología, se buscan excusas para tomar decisiones contradictorias con todo lo que pensaban, pero la opinión pública y los votantes están ahí. El tema de la venta de armas en la época de Zapatero me parece escandaloso, se sextuplicó que no es ninguna broma, y no he visto a nadie rasgarse las vestiduras. En Twitter no aparecen los amigos de Zapatero, los prosocialistas de turno, criticando esa postura. Que yo recuerde, en las entrevistas con políticos no he visto ni una sola pregunta en ese sentido. Si mañana me encontrara con Zapatero enfrente, la primera pregunta sería esa.

También apuntaba hacia los bancos españoles como accionistas mayoritarios de estas empresas armamentísticas.

Los principales bancos y las principales cajas de ahorros se han dedicado a financiar a la industria armamentística, empezando por el Santander. Y tuve que recordarlo cuando me invitaron a un taller en la Universidad Menéndez y Pelayo: les dije que todos aplaudimos que dedicaran dinero a la universidad, pero que había que recordar también que el Santander es el principal banco financiador de armas de este país.

Hay una frase del periodista en cómic Joe Sacco que dice que una de las trampas de las universidades americanas es ‘la servil adhesión a la ecuanimidad del periodista’.

Gervasio Sánchez vive en Zaragoza. Foto / Verónica Martín Egüen.

Gervasio Sánchez vive en Zaragoza. Foto / Verónica Martín Egüen.

También pasa con las universidades españolas, la famosa objetividad. Yo, sinceramente, cogería el primer día la objetividad, la rompería y la tiraría a la basura. Cómo se le puede pedir a un periodista que está trabajando sobre el terreno en zona de conflicto que sea objetivo cuando su diario no lo es, cuando toda la estructura del periódico está allí defendiendo intereses determinados o está obligando a los periodistas que están en Colombia o en México, por ejemplo, a no criticar al poderoso de turno porque está haciendo contratos con ellos. Hay que ser riguroso y tienes que saber interpretar lo que está pasando con rigor absoluto, sin caer en la trampa de manipular cosas, porque si manipulas una vez y te pillan, la cagaste para siempre. Si una persona es poderosa y otra es débil, lo lógico para ser ecuánime es que dediques más tiempo a contar por qué uno es poderoso. ¿Cómo le vas a dar el mismo tiempo al poderoso que al débil? ¿Eso es ecuanimidad? A la basura. Cuando un presidente habla, se levantan diez manos y él elige los que van a hablar. Si es el presidente de un país con cultura democrática, que no es el caso de España, va a tener que pasar la palabra a todos. Aquí se selecciona a los periodistas que hacen las preguntan, se hacen ruedas de prensa sin preguntas, la mediocre de Carme Chacón lo hacía cada día en el Ministerio de Defensa; van a hacer las entrevistas los que son cercanos al partido de turno con cuestionarios totalmente taimados, con preguntas sin importancia. Dejémonos de rollos, hablemos de seriedad y rigurosidad; de periodistas vigilantes, no amigos del poder; del periodismo inoportuno y certero en su impertinencia, que decía Kapuscinski. Seamos así e igual la gente empezará a confiar de nuevo en nosotros.

Un soldado americano patrullando, atemorizado, por las calles de la Bagdad ocupada, o en Afganistán, ¿también es una víctima?

La mayor parte de los soldados que van a Afganistán no saben dónde van. Muchos de los soldados americanos de las fuerzas especiales están intentando obtener un salario para poder estudiar, o incluso conseguir los papeles. Hay muchos latinos que quieren ser ciudadanos americanos y lo demuestran pegando tiros por ahí durante unos años. Evidentemente, van bien pertrechados, mucho mejor que otros soldados y ejércitos, pero, al final, cuando los ves destrozados después de un ataque, o sin las dos piernas o con estrés postraumático, ¿cómo lo vamos a llamar?, ¿vamos a decir que se lo merecen y los demás no? Pues no, son víctimas, muchas veces teledirigidas. Los verdaderos verdugos de la tierra, los verdaderos tratantes de seres humanos en las guerras, los verdaderos asesinos y negociantes de la guerra, no van a la guerra, están muy lejos y toman decisiones a miles de kilómetros y además están muy bien protegidos.

Periodistas con la cabeza alta

La muerte de José Couso, ¿fue un incidente o que se disparó intencionadamente a los periodistas?

Sobre el tema de José Couso, lo más grave fue la actitud del Gobierno español del momento, que se plegó y se arrodilló ante los americanos. Tenía que haber pedido explicaciones y haberles obligado a realizar una investigación oficial y eso no se hizo. El Gobierno de Aznar dio una lección de cobardía política, se bajó los pantalones ante los americanos y tuvo un comportamiento obsceno hasta decir basta. Pero también hubo una periodista belga que entrevistó a los miembros del carro de combate, que aseguran que ellos no sabían dónde estaban disparando. Se cree que la orden se tomó de manera escalonada, como hace siempre el ejército americano. Cuesta trabajo creer, no tanto al artillero que disparó, sino a los jefes que dieron la orden, que no tuviesen información de que era un lugar en el que se sabía que estaban los periodistas, que estaban retransmitiendo la guerra desde allí. En todo caso, se tendrían que haber aceptado responsabilidades y haber buscado una solución. Ni lo hizo el Gobierno americano, ni el español, y la familia Couso ha ido a saco y me parece de puta madre que lo haya hecho. Además, han dado una lección de lo que debe ser la búsqueda de la verdad, de la justicia y de la memoria.

Joan Fontcuberta sostiene que el fotoperiodista siempre es el último eslabón de la cadena, cuando en el propio medio hay manipulaciones mucho más flagrantes y él es el primero que paga por ello de forma inmediata.

Estoy totalmente de acuerdo con Fontcuberta. Se pone siempre énfasis en la imagen, porque presiona más a la opinión pública y es más evidente, pero lo que estamos hablando del fotoperiodismo se tendría que aplicar a todos los textos, a todas las radios y a todas las televisiones. Entonces sería el desastre generalizado. Si tuviéramos que buscar todas las cosas negativas que se han hecho en el periodismo español, quedaría muy poca gente con la cabeza en su sitio. Hay gente que ha hecho cosas tan graves, que ya tiene muy poco margen de maniobra, gente que conocemos y que algún día se estrellará.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013.

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