Gijón: la mancha marrón de la costa de Asturias

Artículo publicado en el número 57 (julio de 2018)

Fotografía de Carlos Álvarez

Carlos Álvarez / Periodista

«Huele a mierda». Esa era la denuncia de muchos bañistas el pasado 26 de mayo en la Playa de San Lorenzo. La espuma en la arena, los fuertes olores, las evidentes manchas marrones que brotaban del río Piles y la denuncia de ecologistas y surfistas no fueron suficientes razones para que el Ayuntamiento de Gijón decidiese izar la bandera roja. El concejal de Seguridad Ciudadana, Esteban Aparicio, anunció días después la revisión del protocolo de seguridad y explicó que en el futuro, en caso de aparecer «manchas de entidad», se prohibiría el baño. A finales de semana, en rueda de prensa, la alcaldesa reconocía el error y admitía que la playa debería haber sido cerrada porque las muestras tomadas un día después de la aparición de las manchas desvelaron en los análisis unos índices muy elevados de bacterias fecales. «Si el máximo aceptable son 500 en varias zonas de la playa (escaleras 4, 8 y 12) se llegó a 800», informaban los medios sobre los resultados de las muestras tomadas por Salvamento y enviadas a analizar. Moriyón explicaba que el problema se debía a las fuertes tormentas que arreciaron sobre la ciudad los días previos. Cuando el sistema de saneamiento no da a basto se abren los aliviaderos del Piles para evitar inundaciones y se vierten directamente al mar las aguas fluviales y las fecales, que van por el mismo sistema, según explicó la alcaldesa.

La concejala de Hacienda y presidenta de la EMA, Ana Braña, explica que esta red unitaria con la que cuenta Gijón es la que tiene la mayor parte de las ciudades. Esto surge a partir del siglo XIX, cuando las grandes urbes se encuentran con la necesidad de evacuar las aguas fecales y para ello utilizan el sistema que ya estaba construido, el alcantarillado. Es ahora cuando se está desarrollando el nuevo modelo separativo, un sistema que parece inviable en Gijón. «Habría que levantar toda la ciudad», explica Braña. Fructuoso Pontigo, de la Plataforma Ecoloxista, cree que lo normal en las grandes ciudades sería que los sistemas de saneamiento cuenten con un circuito que se haga cargo de las aguas pluviales y otro que se haga cargo de las aguas residuales. El funcionamiento es simple. Cuando llueve unos colectores recogen el agua y lo dirigen a las alcantarillas y si estos no dan a basto se llenan los pozos de tormenta, unas presas subterráneas que almacenan el agua de lluvia temporalmente para luego soltarla a los cauces. Las aguas residuales, por su parte, son conducidas hasta las EDAR (estaciones depuradoras de aguas residuales), donde son tratadas y enviadas al mar a través de un canal de evacuación (emisario). Tal y como explicó la alcaldesa en rueda de prensa, el problema de Gijón es que no están separadas las aguas pluviales de las residuales. Pontigo, Braña y Moriyón coinciden en la explicación: «todo va por el mismo sistema».

Pero tras los acontecimientos la polémica estaba servida y con ella dio comienzo una guerra política que el gobierno forista, completamente desbordado, trataba de minimizar sin éxito. Desde Foro acusaban al resto de partidos de tratar de desgastar al gobierno municipal con sus críticas a costa de los intereses de los gijoneses y de la imagen de la ciudad, a lo que Izquierda Unida respondía con una sonora bofetada que aún resuena por las calles de Gijón. «Que se bañe en la playa a lo Fraga en Palomares cuando aparezcan estas manchas», espetó su portavoz, Aurelio Martín, en referencia al concejal Aparicio. Casi dos semanas después de la primera mancha, el viernes 4 de junio, la aparición de ratas muertas y nuevos vertidos a primera hora de la mañana obligaron al consistorio, esta vez sí, a rendirse ante la evidencia. El rojo ondeaba en el cielo de Gijón. Y mientras el gobierno local achicaba agua –bromas a parte– Esteban Aparicio, concejal de Seguridad Ciudadana, Movilidad y Transportes, desataba la tormenta. «Esas ratas se las comen mis gatos», bromeó en el peor momento, según denunció el portavoz del PSOE de Gijón, José María Pérez. Era la segunda ocasión en la que la alcaldesa, Carmen Moriyón, se veía obligada a cerrar una playa por la aparición de manchas sospechosas. En 2016, en la zona de Peñarrubia, prohibió el baño en la Ñora por lo que según la regidora resultó ser «una mezcla de espuma de mar con algas rojas». Pero esta vez era especial: por primera en la historia de la ciudad se cerraba una playa a causa de los vertidos contaminantes. Pese a la previsión de fuertes lluvias para el fin de semana siguiente, la Comisión de Seguimiento decidió permitir el baño apenas dos días después del suceso, el domingo 10. Esa misma noche, alrededor de las doce, Gijón fue el municipio con más lluvias de todo el país. El resultado fue el mismo que había explicado días atrás la alcaldesa: la apertura de los aliviaderos y un río Piles totalmente saturado. El lunes 11 de junio por la mañana los tonos marrones volvían a invadir la bahía de San Lorenzo y ese caso aparentemente aislado que había ocurrido días atrás empezaba a parecer algo habitual. El lunes negro –o marrón, según prefieran– comenzaba a desatar los nervios entre locales y turistas.

27 años de polémica

Esta caótica red de la que dispone Gijón se remonta años atrás. Fue en 1991 cuando de la mano del por entonces alcalde, el socialista Vicente Álvarez Areces, se aprobó el Plan General de Saneamiento de Gijón que dio lugar al sistema actual. Este plan contemplaba la división de la ciudad en dos cuencas: la del Oeste, con la estación depuradora que años más tarde se construiría en Aboño, y que abarca barrios como La Calzada, Roces, Jove, Tremañes o Poniente y la Este, en la que se encuentran La Arena, El Coto, La Camocha, Cabueñes y Somió, entre otros. Fue precisamente en este último donde, en 1995, cuatro años después de la puesta en marcha del plan de saneamiento, se inauguró la ‘La Plantona’, una planta de pretratamiento ubicada junto al ahora conocido como Parque Hermanos Castro, al lado de la Feria de Muestras. La idea era que esta instalación se hiciera cargo de las aguas residuales de la cuenca este, pero desde su construcción se vio amenazada por las denuncias de la urbanización de ‘El Pisón’, ubicada a pocos metros. En el año 2008, el TSJA dio la razón a los vecinos y obligó a su cierre. Desde entonces pasarían a lanzarse al mar sin ningún tratamiento previo todas las aguas de la zona este a través del emisario de Peñarrubia.

Por falta de saneamiento se vierte al mar y el emisario submarino tiene fugas.

En 2009 se dio un paso más en el absurdo desarrollo del plan de saneamiento. Los vecinos de El Pisón habían ganado la batalla un año antes a las administraciones. Por fin habían logrado echar el cierre a La Plantona cuando, en un ataque de genialidad, Ministerio, Principado -capitaneado por un viejo conocido, Tini Areces– y Ayuntamiento, todos socialistas, pusieron en marcha la construcción de la nueva estación depuradora ubicada justo al lado de la antigua planta de pretratamiento. Como era lógico los vecinos no tardaron en alzar la voz, pero el proyecto, que incluía la conexión de las dos plantas depuradoras de la ciudad (la del Este y la del Oeste) y la construcción de las nuevas instalaciones, siguió adelante. El mazazo tardó unos años en llegar, cinco concretamente, cuando el Tribunal Supremo, a mediados de 2016, ya con Javier Fernández en el Principado tras el breve paso de Álvarez-Cascos, sentenció que las instalaciones no se ajustaban a la legalidad y debían ser derribadas. La estación depuradora ahí sigue, en pie, pero nunca llegó a entrar en funcionamiento y las aguas residuales, desde el cierre en 2008 de la estación de pretratamiento, se siguen vertiendo al mar directamente. Y desde Foro echan ahora balones fuera. Ni estaban en el gobierno cuando se aprobó el proyecto de la nueva planta ni tienen competencias sobre ella, que depende del Ministerio y de Confederación Hidrográfica del Cantábrico, y esta a su vez del mismo Ministerio.

Las fugas del emisario

Pero por si todo este caos no era suficiente, en julio de 2016 Xixón Sí Puede denunció la presencia de fugas y el estado de abandono del emisario de Peñarrubia. La formación aportó un vídeo grabado por
unos buzos y aseguró que a 400 metros de la costa, a tan solo ocho metros de profundidad, el conducto estaba reventado, pero que carecían de medios para abrir el hormigón que lo cubre y por tanto no podía averiguar la causa. En los alrededores captaron la presencia de restos fecales, papeles, plásticos y otros sólidos que eran vertidos a través del emisario. «La mierda sin tratar de 150.000 personas, 23,7 millones de botellas de litro y medio al día», explicó el portavoz en el Parlamento autonómico, Daniel Ripa. Una mierda que, según sus palabras, únicamente pasa por una red de acero que hace las veces de tamiz y que solo vale para hacer que los restos «salgan más pequeñitos». Una de las primeras respuestas a esta denuncia llegó desde el Principado. El Director General de Calidad Ambiental, el socialista Manuel Gutiérrez, aseguró que la empresa municipal de aguas no había transmitido la necesidad de hacer reparaciones en las instalaciones, que fueron financiadas en un 75% por el Estado y en un 25% por elPrincipado. «La vigilancia, explotación y mantenimiento corresponden al Ayuntamiento, pero recibirá ayudas de otras administraciones para hacer las reparaciones que sean necesarias», aseguró Gutiérrez.

La imagen icónica de la playa de San Lorenzo está sucia por un problema que tiene 27 años

Casi un año después, en junio de 2017, la EMA certificó que las instalaciones no contaban con ninguna fuga e iba más allá. «No hay contaminación en Peñarrubia», sentenciaron desde la empresa municipal
pese a que las aguas se estaban vertiendo directamente al mar sin ningún tratamiento previo. Ahora, tras los vertidos puntuales en San Lorenzo y varios análisis que desvelaron la presencia de bacterias e-coli
y enterococos, la alcaldesa volvió a negar la evidencia: «la playa de San Lorenzo no tiene ningún problema de contaminación ni sanitario», aseguró en rueda de prensa. Y eso que es licenciada en Medicina. Que se lo diga a la veintena de afectados que se dieron un chapuzón durante el primer
vertido, en el que no se prohibió el baño, y que acabaron en el hospital por dolencias gastrointestinales e irritación de ojos y piel. «La playa se cierra por prevención, las bacterias e-coli mueren a las 24 horas en
el agua y los enterococos a las 48», explica Ana Braña. Sobre la denuncia del PP, que aseguró la contaminación era mayor en la arena que en el agua, Braña, como Presidenta de la EMA se limita a responder: «yo te puedo hablar del agua, la arena pregúntaselo al organismo que corresponda»

El río Piles, cerca de su desembocadura en la Playa de San Lorenzo, en junio.

Cuando la mierda sale a flote

En Gijón al Este no está el Edén, sino el punto negro de vertidos y contaminación en la costa. Pero en la zona Oeste tampoco la situación es buena. A mediados del año 2005 se construyó la estación depuradora de Aboño, encargada del tratamiento –insuficiente según las plataformas ecologistas– de las aguas de toda la cuenca antes de su lanzamiento al mar a través del emisario. Esta estación está en pleno proceso de mejora y ampliación al no adaptarse a la normativa de la Unión Europea, por lo que el Ministerio
ha tenido que invertir cerca de 20 millones de euros. A su favor, el sistema de saneamiento de la zona Oeste cuenta con unas buenas instalaciones antes de que las aguas residuales lleguen hasta la depuradora. Dispone de varios colectores distribuidos por el territorio que recogen las aguas de lluvia y un pozo de tormentas en el Natahoyo, junto a la comisaría de la Policía Nacional, además del que está previsto construir en El Arbeyal para evitar las inundaciones de las zonas próximas a la calle Brasil.

Infografía de Amelia Celaya.

Pese a las carencias en esta zona, las instalaciones están a años luz de las del Este. El nuevo colector construido en el barrio de Viesques no está en funcionamiento precisamente porque conecta con una estación depuradora que está parada, mientras que el pozo de tormentas necesario para evitar inundaciones sigue sin construirse. «Sin pozo de tormentasno podemos hacer milagros», afirmó Moriyón en la misma rueda de prensa en la que explicó que la causa de los vertidos se debía a la apertura de los aliviaderos del Piles. Desde Foro explican que cuando llegaron al gobierno la construcción del pozo junto al Parque Hermanos Castro estaba ya para iniciarse, pero fue entonces cuando la empresa contratista alegó que el proyecto era inviable. Tras varios años de enfrentamiento han conseguido rescindir el contrato y ya se está trabajando para poner en marcha las obras. «El proyecto está redactado, llevó nueve meses hacerlo y lleva dos meses siendo revisado por la dirección técnica de la EMA», explica Ana Braña. La previsión es que las obras se pongan en marcha a finales de año, pero para ello el consejo de administración de la EMA tiene que licitarlas. De haber contado con el pozo de tormentas, las fuertes lluvias que cayeron sobre la ciudad quizás podrían haber sido asumidas por el sistema de saneamiento. Pero no fue así. El alcantarillado no dio a basto y arrasó con todo lo que encontró a su paso, incluyendo las ratas que por allí vivían o la basura del Piles, arrastrándolo
hasta la playa.

Desde el PSOE piden una dimisión en cadena: Carmen Moriyón y tres de sus concejales, Ana Braña, Estaban Aparicio y Fernando Couto. «No están capacitados para resolver un problema grave que
ellos mismos han generado», aseguró el socialista César González. Unas palabras con las que Braña no está para nada de acuerdo. «La primera responsabilidad es del actual portavoz municipal del PSOE, José María Pérez, que formaba parte del núcleo duro de su partido en el año 2000». Según la concejala, fue entonces cuando no planificaron un crecimiento del sistema de saneamiento acorde al crecimiento de la ciudad. Zonas en desarrollo como Nuevo Roces o Viesques y núcleos rurales como Granda, Vega o Caldones se conectaron a un viejo colector de La Camocha, y no fue hasta 2010, en el último año de mandato del PSOE, cuando se plantearon los posibles problemas y encargaron un estudio tras las inundaciones que a principios de ese año anegaron algunos barrios como Viesques. «Me hace gracia que pida dimisiones viendo lo que hicieron ellos con todos estos barrios», replica Braña.

Todas las posibles soluciones a este problema parecen muy complicadas. Un sistema separativo implicaría levantar toda la ciudad para cambiar el saneamiento. La construcción del pozo de tormentas en la zona Este parece que tira hacia adelante, pero no sería más que un sistema de prevención de inundaciones y que, eso sí, evitaría en gran medida la apertura de los aliviaderos en caso de lluvias importantes. Pero esto no atajaría el problema de raíz. Algunas voces apuntan a que la puesta en marcha provisional de la depuradora del Este como medida de excepción para poder darles algún tratamiento está más próxima, pero no hay nada seguro. La realidad ahora mismo es que las aguas fecales de media
ciudad están saliendo al mar directamente y las trombas de agua que han obligado a verterlas por el río Piles solo han hecho visible lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de allí, en Peñarrubia.

Entre tanto, los socialistas critican al gobierno municipal por un plan de saneamiento y unas instalaciones que su propio partido puso en marcha, pero poco o nada reprochan a sus compañeros del Principado, culpables en gran medida. Desde Foro, aparentemente asustados y desbordados por la situación, siguen negando un problema sanitario ni de contaminación en un intento de amortiguar un golpe que puede ser crítico para el turismo de la ciudad. Y por el medio los populares se limitan a denunciar, algunas veces incluso en falso, como ocurrió con los supuestos vertidos directos en el Piles, para los que aportó unas fotografías de puntos negros en los que, aseguraban, las aguas daban al río sin pasar por la red de saneamiento. Esos desagües eran en verdad dos de los aliviaderos del Piles.

Quizá debamos agradecer las fuertes lluvias que han hecho visible un problema que durante tantos años se ha tratado de minimizar. La mierda ha salido a flote.

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