El golpe de Tejero en el Real Avilés

Estado de abandono del estadio Suárez Puerta de Avilés. Foto / Mara Villamuza.

Sin tiros ni tricornios, solo con dinero por delante y operaciones mercantiles, Tejero dio un golpe en el Real Avilés que también llegó al esperpento. Al empresario José María Tejero, como ocurre en tantos equipos de todo el mundo, no le interesa el fútbol sino los negocios. Ha hundido a un histórico club asturiano, que en la pretemporada tenía dos equipos y dos entrenadores.

Santy Menor / Periodista.

Todo el fútbol asturiano conoce a José María Tejero del Río. Empresario, máximo accionista y presidente del Real Avilés, lleva desde 1997 al frente del club y es asambleísta de la Federación Española a través de la Asturiana. Buen amigo de Maximino Martínez y también de Ángel María Villar, su poder es tan latente como los problemas económicos y de embargos que acorralan a la entidad que dirige a través de una de sus empresas. Deberá enfrentarse en diciembre a la justicia por un supuesto delito de estafa por otro conflicto extradeportivo.

Convincente en la oratoria, querido y odiado, Tejero no deja indiferente a nadie. Natural de León pese a tratarse de un avilesino de adopción, seguir su pista no es tan fácil como parece. Cuenta con numerosas propiedades tanto en España como fuera de nuestro país –posee una casa en Lisboa, a la que acude todos los veranos– y sus viajes son constantes, la mayoría por motivos de negocio.

Criado en el barrio avilesino de Llaranes, ocupó su primer puesto de trabajo en el Banco Central de Piedras Blancas, una experiencia que le sirvió para hacer contactos de cara al futuro. Tras unos meses en el paro, encontró una nueva oportunidad de empleo en el mundo de la banca, pero esta vez fuera de Asturias, concretamente en Caixa Catalunya. Allí se incentivó su interés por los negocios inmobiliarios, de la que hoy día es experto y la que le ha servido para amasar una fortuna que según dicen algunos de sus allegados en estos momentos ya no existe, al menos en líquido.

Después de un tiempo en Cataluña, Tejero regresó a Avilés pero comenzó a frecuentar Madrid, donde comenzó a fundar empresas, una de sus especialidades. Gracias a sus contactos se enteraba antes que el resto de con qué terrenos tenían pensado hacerse las Administraciones para construir infraestructuras, principalmente carreteras, y a raíz de ahí comenzó a especular, comprando barato y vendiendo caro.

El dinero florecía debajo de las piedras y el Tejero que se había quedado en el paro y suplicaba por una nueva oportunidad después de su paso por el Banco Central de Piedras Blancas se paseaba por Avilés en coches de lujo y guardaespaldas. Su lista de terrenos y fincas aumentaba exponencialmente y, en 1992, realizó de forma oficial, tras algunos acercamientos a equipos modestos de la ciudad, su desembarco en el mundo del fútbol a través del Real Avilés Industrial.

Máximo accionista desde 1992

En junio de 1992, el equipo blanquiazul, fundado en 1903, se veía abocado al descenso de Segunda División por deméritos deportivos y solo existía una pequeña opción de salvarse en los despachos: la transformación voluntaria del club, por recomendación del Gobierno, en Sociedad Anónima Deportiva. Para ello fue necesario suscribir un capital mínimo por valor de 55 millones de pesetas y el 29 de junio el club se convirtió oficialmente en SAD, pasando a ser su máximo accionista José María Tejero con 5,5 millones. Era necesario el descenso de al menos tres equipos para que el Real Avilés Industrial pudiera permanecer en Segunda, por lo que la desaparición del Málaga y el descenso por impagos del Murcia no fueron suficientes.

El 20 de octubre de 1992 se constituía el primer Consejo de Administración del Real Avilés Industrial Club de Fútbol, SAD, siendo nombrado presidente el empresario Manuel Álvarez ‘Lloriana’, aunque Tejero se mantenía como el accionista con mayor capital aportado de todos los que se animaron a contribuir a la conversión por entonces.

Poco duró la bonanza económica –al final se suscribieron más de 59 millones, cuatro por encima de lo exigido por el Gobierno–, ya que un año después de la conversión en SAD el Real Avilés entraba en quiebra técnica al agotar todo su capital social. Además, esta debacle económica iba acompañada de una pérdida paulatina de socios que llega a nuestros días, sobre todo tras el descenso desde Segunda y la imposibilidad desde entonces de recuperar dicha categoría.

José María Tejero con José Luis Rodríguez, cuando éste era director general de Golplus. Foto / Sergio López.

En mitad de la temporada 1996-1997, Lloriana presentaba su dimisión y el 5 de febrero de 1997 Tomás Medina tomaba las riendas del Real Avilés hasta final de temporada. El 14 de julio, con el curso liquidado, se produciría un nuevo cambio en la presidencia. Tras una ampliación de capital era José María Tejero quien, sobre el límite del plazo, compraba la mayoría de acciones del club y se hacía con el control de la sociedad después de presentar 3.307 acciones, 517 más que Tomás Medina, el otro candidato. Comenzaba así de forma definitiva la era Tejero, el período más negro de la centenaria historia del fútbol en Avilés. De la mano del empresario llegaba también una nueva forma de gestionar el aspecto deportivo, contando para ello con Ulpiano Cervero, su fiel asesor deportivo hasta ahora, que es presidente del Atlético Avilés, segundo juvenil del club.

Desde que José María Tejero, que pese a continuar trabajando en la compra-venta de terrenos y bienes inmobiliarios a través de sus múltiples empresas comenzaba a ser mucho más conocido por ser el presidente del club avilesino, se hiciese con la presidencia del equipo, el histórico Real Avilés ha vivido tan solo un ascenso en el campo y tres descensos, todos ellos de Segunda B a Tercera, coqueteando incluso una temporada con la Regional Preferente. Este desastre deportivo siempre ha estado acompañado por el económico, con continuos impagos a jugadores y una pérdida de socios que llegó a convertir el Suárez Puerta en un solar.

Tras el segundo descenso a Tercera, en 2004, Tejero, que siempre ha achacado los males del club a la falta de apoyo de la instituciones, decidió por primera vez desde 1997 apartarse del primer plano y otorgar la gestión a dos hombres de su confianza: José Antonio Álvarez (jefe de prensa del club en una etapa anterior) y Emilio Gutiérrez (exjugador y secretario técnico). Con ellos llegaban nuevas caras a la directiva e incluso exjugadores del club aceptaban colaborar, como Pepe Albert (en funciones de delegado) o Luis Castro. Parecía que todo podía cambiar, pero nada más lejos de la realidad: la sombra de Tejero seguía siendo demasiado alargada. No llegaron los resultados deportivos y la afición continuaba abandonando el Suárez Puerta progresivamente. Más tarde un grupo de aficionados llegaron incluso a fundar un equipo para recuperar las esencias: el Avilés Stadium.

En 2010 lo deportivo pasaba a un segundo plano. Lo que un día fue un club respetado y con cierto nombre dentro del fútbol español, se estaba convirtiendo en un cadáver que deambulaba por la Tercera División, manchando el nombre del Real Avilés y de la propia ciudad. Todo ello debido a la gestión de un José María Tejero que por entonces no tenía problema en reconocer públicamente que no le interesaba que el equipo ascendiese a Segunda B, escudándose en la falta de apoyo institucional y de la afición, una masa que él mismo, con su gestión, se había encargado de echar del estadio. Esa misma campaña había comenzado con un plante, pues el 21 de julio los jugadores se habían negado a entrenar hasta que la directiva les garantizase el cobro de las 5 mensualidades que se les adeudaban del ejercicio anterior. Días después se producía el pago a los jugadores que continuaban en la plantilla, pero otros se vieron obligados a acudir a los tribunales para reclamar su dinero, una práctica habitual desde que Tejero se convirtió en presidente del club.

Tejero no encontró compañeros de viaje en las inversiones realizadas en las distintas ampliaciones de capital, a las que poco más de diez personas siguieron acudiendo con los mínimos para mantener, en la actualidad, una representación aunque sea testimonial en las juntas de accionistas, aunque la última se celebró en 2011, porque el poder absoluto lo aglutina el presidente a través de la sociedad Investiment for Rent. El resto de los accionistas del club avilesino son minoritarios y tienen un 0,43% del total, o lo que es lo mismo, 50 títulos.

Una sucesión de empresas

La situación cambió exponencialmente en el verano de 2011 cuando el máximo accionista descubrió una nueva fórmula para darle un giro al club: los contratos de gestión. Ante el interés de varios grupos de inversión por hacerse con sus acciones, que nunca ha acabado por vender pese a los numerosos contactos y amagos desde el año 2000, apostó por una nueva fórmula: la cesión de la gestión de la entidad a una empresa externa, manteniendo él la presidencia del club y la firma de la mayoría de documentos relativos a la entidad.

Bajo estas condiciones desembarcó en la ciudad el grupo gijonés de representación de jugadores Golplus, que a los pocos meses de llegar se hizo con el 30% de las acciones de la entidad, un porcentaje que en la práctica no le permitía tomar mayores decisiones que las de gestionar el equipo. El proyecto de Golplus era para cinco años y, aunque se retiraron antes de tiempo por la falta de apoyos institucionales –el Ayuntamiento se niega a subvencionar a un club que tiene una deuda con el consistorio de más de 500.000 euros y embargada la concesión del Suárez Puerta por el reiterado impago del canon de uso–, las cifras de socios aumentaron hasta los 1.500 abonados, se consiguió en los despachos un ascenso a Segunda B y el equipo disputó incluso el ‘play off’ para regresar a Segunda División, logrando un lleno del estadio (4.000 espectadores) y muchas entradas por encima de los 2.500, algo impensable en 2010.

Tras la retirada de Golplus, Tejero continuó con ese modelo y cedió la gestión del club al entrenador y empresario escocés John Clarkson, a través de su empresa Amber Care. El acuerdo también era por cinco temporadas, pero, tras rechazar el máximo accionista una oferta de compra por valor de un millón de euros y después de un descenso de categoría, Clarkson decidió abandonar la entidad, retomando las riendas del club el presidente. Como el club está embargado por Hacienda y Seguridad Social y no puede recibir ingresos, pues éstos irían destinados automáticamente a los citados organismos, Tejero creó para gestionar la entidad la empresa Real Avilés Gestión Deportiva, la cual dirigió durante una campaña y media, hasta diciembre de 2016.

Pablo Pantiga, que actualmente juega en el Marino de Luanco. Foto / Ricardo Solís.

Acuerdo y bronca con López

El cambio no borró las deudas ni los hábitos de Tejero. No pagó a los jugadores el último mes de competición ni las primas por la disputa del ‘play off’. Comenzó la temporada 2016-2017 y el dinero seguía sin llegar, acumulando la plantilla hasta cuatro meses de impagos. Fue entonces cuando contactó con Álvaro López, empresario chileno representante del grupo inversor mexicano IQ Finanzas.

López firmó un contrato de gestión similar al de Golplus y Amber Care, aunque desde un principio dejó claro su interés por la compra del club en algún momento. Las relaciones entre José María Tejero y Álvaro López se fueron agriando, agudizadas por la figura del director deportivo José Luis Tamargo, amigo personal y colaborador de Tejero años atrás, que en los últimos meses se había postulado del lado del chileno, a la postre quien estaba pagando las nóminas de los jugadores al día y le estaba permitiendo realizar fichajes. Las reiteradas y públicas declaraciones de ambos en contra de la figura del máximo accionista acabaron por desatar la furia de Tejero, que comenzó a buscar el mínimo de los pretextos para anular el contrato de gestión.

Así, acogiéndose al retraso en el pago de los gastos de la escuela de fútbol –entidad gestionada por técnicos y directivos de la cuerda del máximo accionista–, Tejero presentó una demanda en el juzgado por incumplimiento de contrato para la rescisión del mismo. Sin embargo, ante la habitual tardanza de la justicia y como el inicio de liga estaba próximo, decidió, acogiéndose a una cláusula del contrato, que según la otra parte en cuestión debe ser ratificada por un juez, emprender un proyecto paralelo al margen del de Álvaro López. Una situación nunca vista en el fútbol español, porque durante la pretemporada este conflicto provocó que se enfrentaran dos equipos con las camisetas blanquiazules, con dos plantillas y dos entrenadores, Iván Palacios y Blas.

Iván Palacios es el fichado por Tejero, que formó el equipo cinco días antes de comenzar la temporada, a la vez que rechazaba una oferta de entre 2 y 3 millones de euros de sus adversarios, a pagar a plazos. El golpe de Tejero en el Real Avilés tiene otra prórroga.

Un conglomerado empresarial

Al margen del Real Avilés, que obviamente es la entidad que más quebraderos de cabeza le da a José María Tejero, el empresario está relacionado con compañías como Avilés Inmobiliaria SL, Graveras del Bierzo SA, Inversiones inmobiliarias Villalegre SA, Terrenos e Inmuebles SL, Investiment for Rent SA, Pescados Asociados SL, Inversiones Oneta SA, Team Inmobiliario SL, Avilés Centro de Negocios SA, Inversiones Fitoria SL, Josma Consulting SL e Inversiones Lanetran SA, aunque ninguna de ellas está a su nombre y la mayoría ya no tienen actividad, pues fueron creadas para fines concretos y fueron dadas de baja posteriormente.

Otro de sus negocios más conocidos fue TeleAvilés, una cadena local privada. Fue fundada por José María Tejero en 1996 y para aumentar su emisión adquirió el Canal 48 Occidente, lo que permitió su expansión a gran parte de la región, confirmada posteriormente con la concesión de las licencias TDT, recibiendo cinco para otras tantas demarcaciones de las siete en concurso. Posteriormente perteneció a Cadena Local, hasta que en agosto de 2011 el grupo desapareció.

Denunciado por estafa

Más allá de lo que ocurra con el Real Avilés, cuyo desenlace será a todas luces complejo, Tejero se enfrenta a dos años y medio de cárcel, como mínimo, como presunto responsable de un delito de estafa por la venta de unas fincas a la distribuidora de lubricantes Repsol, Canivell y Fernández SL. La Fiscalía del Principado pide para él dos años de cárcel, una multa de 2.400 euros y el pago de 418.633 euros a la empresa Canivell y Fernández, en concepto de responsabilidad civil, por el perjuicio económico causado. La pena de cárcel solicitada podría ser mayor puesto que no ha trascendido la petición de la acusación particular.

Los hechos investigados tras la denuncia de Canivell y Fernández se remontan a 2011, cuando esta empresa adquirió dos fincas urbanas en Avilés gravadas con un derecho real de superficie a favor de la petrolera Shell España SA, según sendas escrituras de 19 de noviembre de 1996. El contrato de compraventa se firmó el 30 de diciembre de 2011 y en él se señalaba que ambas propiedades estaban libres de cargas, sin ninguna hipoteca. Esto, finalmente, no resultó así porque Tejero habría firmado y ocultado la existencia de una segunda modificación de la escritura, del 3 de diciembre de 2001, y la existencia de un préstamo hipotecario otorgado por el Banco Sabadell en julio de 2009.

En lo personal, José María Tejero está casado con la también avilesina María Fernández Rodríguez, que trabaja como psicóloga en el Centro de Salud Mental Infantil de Avilés, un servicio que tiene como particularidad ser el decano de Asturias, pues en sus orígenes el centro comenzó a funcionar en abril de 1981 fue una experiencia piloto a nivel nacional ya que solo existía otro de características similares en Cataluña. Fernández ha participado en la elaboración de numerosos programas autonómicos y municipales en relación con salud mental y la infancia. El matrimonio tiene dos hijos varones.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 52, SEPTIEMBRE DE 2017

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