Grandas, cuando la política se impone a la cultura

El castro del Chao Samartín, en Grandas de Salime, es la joya de la corona de la arqueología asturiana. Foto / Andrés Rodríguez.

Preside desde hace 13 años el Ayuntamiento de Grandas de Salime, un pequeño y aislado concejo del Suroccidente asturiano, pero el socialista Eustaquio Revilla ha usado el apoyo que le brinda el Gobierno de Javier Fernández para eliminar a los que considera sus enemigos y frenar las excavaciones y las investigaciones arqueológicas en el Chao Samartín. Es el triunfo de las miserias de la política sobre la cultura y el patrimonio histórico.

Andrés Rodríguez y Xuan Cándano.

En torno al siglo II d.C., el castro del Chao Samartín se vio repentinamente abandonado por sus habitantes tras sufrir un terremoto que devastó el poblamiento casi en su totalidad, dejando atrás etapas de gran prosperidad económica para el entorno. Y desde el año 2010 se han venido sucediendo en el concejo de Grandas una serie de “movimientos sísmicos”, con su epicentro en el Chao Samartín, instigados por el alcalde del PSOE, Eustaquio Revilla, que han supuesto un duro golpe para ese importante yacimiento, para todo el patrimonio histórico de la comarca y para la cultura asturiana.

El terremoto se desencadenó tras el cese por el Gobierno de Vicente Álvarez Areces en 2010 de José Navieras, Pepe el Ferreiro, fundador y alma del modélico Museo Etnográfico de Grandas de Salime, que puso en el mapa a este aislado concejo del Suroccidente asturiano. Aquel cese nunca explicado, aunque parece evidente que se debía al espíritu libre de Pepe, que nunca ahorró críticas a políticos de todo tipo, dividió a la hasta entonces bien allegada vecindad de Grandas, provocó movilizaciones de protesta en el mundo de la cultura y abrió la veda a las purgas del alcalde Revilla. Puede que la primera fuera la del propio Pepe el Ferreiro, uno de los múltiples enemigos que en la cultura asturiana se fue labrando el polémico alcalde grandalés, que poco a poco los fue apartando a todos de su camino.

Ángel Villa

El siguiente en caer en la lista negra que parece manejar Eustaquio Revilla fue Ángel Villa, un arqueólogo de la Consejería de Cultura y director de las excavaciones del Chao Samartín, que convirtieron a ese yacimiento en el más importante del Noroeste español, aportando tantos y tan espectaculares descubrimientos arqueológicos que modificaron la percepción que se tenía sobre la romanización en esta parte de la península. Villa -al que se vio llorar en la concentración de apoyo a Pepe el Ferreiro cuando se le comunicó su cese en Oviedo, un apoyo que inicia su defenestración- también era el director del Plan Arqueológico del Navia.

Con el cambio en el Gobierno asturiano y el acceso a la Consejería de Educación y Cultura de la consejera Ana González y del prehistoriador Adolfo Rodríguez Asensio como director de Patrimonio, llegó un apoyo institucional imprescindible para los trabajos en Grandas de Ángel Villa, aunque Eustaquio Revilla exigía su cabeza. No lo consiguió, pero sí boicotear de tal manera su labor que llegó a tener que intervenir la Guardia Civil, que escoltaba al arqueólogo cuando acudía a trabajar al Chao Samartín, a cuyo acceso le impedía la entrada el alcalde.

En aquella época el enfrentamiento entre el Ayuntamiento de Grandas y la Consejería de Educación y Cultura se tradujo en un prolongado cruce de denuncias judiciales. Desde el punto de vista económico la “Guerra del Chao” supuso un largo proceso que salió muy caro a los grandaleses, que vieron como su pequeño Ayuntamiento se convertía en un excelente cliente de grandes bufetes de abogados asturianos. Se han sucedido imnumerables pleitos y juicios entre el Ayuntamiento y diferentes partes perjudicadas, lo que supone un alto precio en costes judiciales y contratación de abogados. La representación del alcalde en los litigios la han llevado el bufete de Raúl Bocanegra y el letrado Alejandro Huergo, contratado a través de la Fundación Universidad de Oviedo. Desde Grandaleses Agrupación Independiente, en la oposición municipal, se han formulado varias preguntas al Ayuntamiento para intentar esclarecer la cifra de gastos en procesos judiciales, sin haber conseguido aún respuesta alguna que permita saberlo, lo que es una evidente violación de la Ley de Transparencia y Buen Gobierno.

En su pulso obsesivo con Ángel Villa y la Consejería de Educación y Cultura, Eustaquio Revilla siempre apeló a la Federación Socialista Asturiana (FSA) y al propio presidente del Gobierno Javier Fernández, también secretario general del partido, que se han plegado a sus exigencias. A la consejera Ana González la llegó a retar a que se presentase a las elecciones locales en Grandas, donde Revilla lleva varias legislaturas arrasando con mayorías absolutas.

El museo del Chao podría haberse convertido en una sala externa del Museo Arqueológico de Asturias. Foto / Andrés Rodríguez.

Ana González y Rodríguez Asensio

A principios de 2014, la petición de esta revista a Adolfo Rodríguez Asensio de una entrevista, en mitad del conflicto, desató una verdadera tormenta en el Gobierno asturiano, que quiso impedirla. La propia consejera Ana González se reunió con el director de ATLÁNTICA XXII para intentar que la revista desistiese de la realización de esa entrevista, entendiendo que podía perjudicar a su director de Patrimonio, prehistoriador prestigioso, exvicerrector de la Universidad de Oviedo y exdecano de la Facultad de Historia, un independiente sin carnet del PSOE. La petición de aquella entrevista llegó a provocar una reunión en Presidencia del Principado a la que asistieron entre otros Javier Fernández y el secretario de organización de la FSA, Jesús Gutiérrez.

Rodríguez Asensio no se plegó a las presiones y concedió la entrevista, cuyo titular era “Es un empecinamiento caciquil del alcalde”, en referencia a Eustaquio Revilla, sus enfrentamientos con Ángel Villa y el cerco al que sometía a los trabajos arqueológicos de la Consejería en el Chao Samartín (véase ATLÁNTICA XXII número 31, marzo de 2014). En términos parecidos se manifestaba en otra entrevista posterior concedida al diario La Nueva España.

Rodríguez Asensio tenía ambiciosos planes para el Chao Samartín, la joya de la corona de la arqueología asturiana. Su hoja de ruta pasaba por tres fases. La primera se centraba en la consolidación de las ruinas, que llevaban tres años deteriorándose por el conflicto institucional. La segunda pretendía convertir al Museo del Chao, que alberga piezas de toda la zona, es una sala externa del Museo Arqueológico de Asturias, con sede en Oviedo. Y la tercera fase consistía en poner en marcha una escuela de arqueología, similar a la que funciona en Ampurias. Solo se cumplió la primera, cuya muestra más visible es la recuperación del domus, la casa romana, una gran novedad histórica en esta zona de España.

La salida de la Consejería de Ana González y de Adolfo Rodríguez Asensio tras las últimas elecciones autonómicas ratificó el triunfo de Eustaquio Revilla en la “Guerra del Chao” y sobre todo el de la política sobre la cultura. Ángel Villa ha sido apartado de las excavaciones en toda la cuenca del Navia, de las que fue impulsor y director. Sus trabajos y sus investigaciones no se han detenido, pero son un esfuerzo personal con grandes esfuerzos y limitaciones. Y todo ello con el silencio cómplice de los alcaldes de la zona, que no han abierto la boca en relación al freno a los trabajos de investigación en toda la zona occidental.

Ni uno solo se ha manifestado con una posición clara, prefiriendo evitar algún tipo de conflicto y dejando sus yacimientos relegados como mucho a las simples tareas de mantenimiento. Un claro ejemplo de ello es el mutismo por parte de los responsables políticos del Parque Histórico del Navia-Porcía, en el que se enmarcan las excavaciones realizadas hasta el año 2010, y desde el cual no ha surgido opinión alguna sobre el fin del estudio de sus recursos.

El alcalde de Grandas, Eustaquio Revilla, es muy controvertido, incluso en su propio concejo. Foto / Andrés Rodríguez.

Convenio y parte de guerra

De los enemigos declarados de Eustaquio Revilla tras estallar la “Guerra del Chao” solo permanece en su puesto la directora del Museo Etnográfico de Grandas, la arqueóloga Susana Hevia, que ganó un concurso-oposición convocado por el efímero Gobierno de Francisco Álvarez-Cascos tras el cese del sucesor de Pepe el Ferreiro, Francisco Cuesta, que tenía un contrato anual de 46.000 euros.

En 2013 el Ayuntamiento grandalés abandonó el Consorcio que gestiona el Museo Etnográfico, del que forman parte el Gobierno asturiano y la Universidad, lo que la oposición municipal y la Plataforma de Apoyo a Pepe el Ferreiro interpretaron como un intento de forzar su disolución para librarse de Susana Hevia. A partir de ese instante el gobierno municipal deja de abonar su parte del convenio económico, quedando en suspenso hasta que se resuelva definitivamente la disolución del Consorcio y el Museo pase, como ya han avanzado algunos medios, a manos de la empresa pública autonómica RECREA.

Recientemente se ha firmado un convenio entre la Consejería de Educación y Cultura y el Ayuntamiento de Grandas para la gestión conjunta de Chao Samartín, que viene a ser el parte que pone fin a un largo conflicto en el que se impusieron los criterios políticos y personales de un alcalde autoritario frente a los científicos y culturales de arqueólogos e historiadores del Principado, abandonados por su propio Gobierno.

El convenio recoge que las competencias arqueológicas son de la Consejería, algo que puede ser papel mojado si desde Oviedo siguen las concesiones a un alcalde que también lo parece del castro que tantas aportaciones dio al conocimiento del pasado en el Noroeste de España.

Para los miembros de la Plataforma de Apoyo a Pepe el Ferreiro no hay motivo alguno de esperanza. Entienden que “en la actualidad el alcalde ya no representa ningún plan organizado que proponga un nuevo modelo de gestión y control sobre los recursos etnográficos y arqueológicos del concejo, sino que intenta vengarse y continuar haciendo daño a todas aquellas personas que no son de su signo o con las que ha tenido un conflicto”.

Esta revista no pudo obtener la opinión del polémico alcalde grandalés, que también considera a ATLÁNTICA XXII un enemigo, como demostraron sus palabras de descalificación a uno de los autores de este reportaje cuando se dirigió a Revilla para ello. Parecido y duro tono con ATLÁNTICA XXII empleó en una ocasión en un pleno municipal.

Del último terremoto en Grandas de Salime aún continúan las réplicas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 50, MAYO DE 2017

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