Grecia, la esperanza de un país humillado

Calle Ajamón de Atenas, en un barrio de inmigrantes. Foto / Clara Palma.

Calle Ajamón de Atenas, en un barrio de inmigrantes. Foto / Clara Palma.

Por Steven Forti / Historiador (Grecia). Durante el verano Atenas no es la caótica ciudad que dibuja Petros Márkaris en su Noticias de la noche. A pesar de la crisis los más de 5 millones de habitantes de la capital helena se van a los pueblos del interior o a las islas del Egeo; la política parlamentaria se va de vacaciones y, aparte de algunas manifestaciones y concentraciones aisladas, también estudiantes y activistas se toman un descanso. En la plaza Syntagma, centro de las protestas, solo hay turistas que sacan fotografías a los tsoliades, mientras que en Exarjia las tabernas donde se puede escuchar el rebetiko, el blues griego, cierran sus puertas, de la misma manera que Nosotros, el más interesante centro social de este barrio estudiantil y anarquista. A pesar de los pesares, parece que sigue vigente esa famosa frase que pronunció Andreas Papandreu: “En los tres meses del verano no queremos molestar al pueblo griego”.

La verdad, de todos modos, es bien distinta, aunque el turista que pasea por las callejuelas del barrio de Plaka no se da cuenta de ello. Grecia está sumergida en una crisis que no tiene antecedentes en su historia. Después de seis años consecutivos de recesión y una caída en el PIB del 25% (la deuda pública está por encima del 160%), en julio la tasa de desempleo alcanzó un nuevo récord histórico, el 27,6%, mientras el desempleo juvenil ha llegado ya al 64,9%. El Estado del bienestar está siendo desmantelado a golpes de contrarreformas bajo los dictados de la troika (FMI, BCE y Comisión Europea): bajada del salario mínimo a 480 euros mensuales para los menores de 25 años (y de 580 euros para los demás), cierre y/o privatización de hospitales, despido masivo de funcionarios públicos (4.000 este año y otros 11.000 en 2014, además de otros 25.000 que pasarán a reserva), cierre y privatización de la televisión pública ERT y probables recortes en otros sectores sensibles como la universidad -que hasta hoy es pública y gratuita- y la vivienda -de momento la primera casa está protegida por ley y en Grecia no existe aún el drama de los desahucios-.

Pero, ¿cuánto puede aguantar el pueblo griego? “No lo sé. Es un interrogante para todos”,  contesta con un aire resignado Giorgos Bramos, escritor, periodista y miembro del Comité Central de Dimar, el pequeño partido de centro izquierda que abandonó el Gobierno Samaras-Venizelos a comienzos del verano. Y, ¿qué pasara en otoño? ¿Habrá nuevas elecciones? “Todos esperan los resultados de las elecciones alemanas, pero hoy en día no sabemos ni lo que pasará mañana”,  comenta Stavros Karagkounis, responsable del Departamento de Relaciones Internacionales de Syriza. Lo único que todo el mundo sabe es que la clase política que gobierna el país desde hace cuarenta años ha tocado fondo. Los periódicos dibujan a Antonis Samaras como a un hombre atado a la cuadriga de Merkel y a Evangelos Venizelos, que ha relevado a Giorgios Papandreu en el PASOK, como a un fantoche que sigue estando en el Gobierno solo para poder financiar la próxima campaña electoral de los socialdemócratas. El partido que hace unos años rondaba el 40% de los votos está ahora en caída libre. Actualmente los sondeos le dan entre el 6 y el 8%, muy por detrás de Amanecer Dorado, el partido de extrema derecha que entró en el Parlamento el año pasado. “El PASOK ya no tiene una ideología”, glosa Giorgos Bramos, “no hay diferencia entre Samaras y Venizelos. Lo que quedaba de izquierdas en el PASOK se ha ido a Syriza. En cinco años el PASOK será un partido definitivamente muerto”.

Inmigrantes y base productiva

“La crisis griega es antes que cualquier cosa el último acto de la guerra civil” que sacudió al país al final de la Segunda Guerra Mundial, opina Bramos. “Se dice que Grecia es la patria de la democracia, pero los griegos no poseemos la cultura de la democracia. Cuando hablamos de crisis de la política no se trata sencillamente de una de las muchas crisis parlamentarias: se trata de la crisis de las palabras y de los hechos”. Por esto también la participación electoral ha pasado del 90% de los años setenta al 60% actual. La crisis, según Bramos, no es solo política y económica, es también social y cultural. Empezó con la dictadura de los coroneles y se agrandó con un consumismo desenfrenado, sobre todo por parte las clases medias, que gastaron demasiado en villas, barcos y coches de lujo. El país no tenía una base productiva y el entusiasmo de los Juegos Olímpicos de 2004, que cambiaron completamente Atenas,se evaporó de la noche a la mañana. “Cuando hay una crisis, hay dos posibilidades. O miras hacia fuera y te abres a otras culturas o miras hacia dentro y te cierras culturalmente. En Grecia no hay día en que no se escuche la retórica identitaria. Parece que el problema ahora son los inmigrantes. ¿No es ridículo para un pueblo que es una mezcla de todas las poblaciones del Mediterráneo?”. Bramos cree que la crisis griega es sobre todo una crisis europea. “Amanecer Dorado no es solo un problema griego, es un problema europeo. Y esta crisis es la crisis de la política y de la idea de Europa. No soy pesimista por Grecia, soy pesimista por Europa. Muchos europeos se han olvidado de por qué nuestros padres constituyeron una Unión europea: para evitar una nueva guerra. Repetimos continuamente que Europa es la patria de la cultura, la filosofía y la poesía, pero no debemos olvidarnos de que Europa es también la patria de los chovinismos, la sangre y la guerra”.

Inmigrantes durmiendo en tubos de hormigón en Atenas junto a una pintada del partido nazi Amanecer Dorado. Foto / Clara Palma.

Inmigrantes durmiendo en tubos de hormigón en Atenas junto a una pintada del partido nazi Amanecer Dorado. Foto / Clara Palma.

Syriza, incógnita y esperanza

Syriza es actualmente el segundo partido en el parlamento griego y los sondeos le auguran una victoria en las próximas elecciones. El pasado mes de julio dejó de ser una alianza de diferentes partidos y grupos de izquierdas y se convirtió en un solo partido. Yannis Balafas, miembro del Secretariado del Comité Central de Syriza, hace un análisis pragmático. “En la izquierda hay siempre problemas, pero hemos conseguido fortalecer Syriza. Una mayoría clara, del 70%, se ha encontrado de acuerdo sobre la mayoría de los puntos. Las divergencias se centraron sobre todo en dos puntos: acerca de la UE y del euro y acerca de la cuestión de la deuda griega. ¿Salimos del euro y decidimos unilaterlamente rechazar la deuda? La cuestión es que no podemos aislarnos del mundo. Si decidimos salir del euro y de la UE, ¿qué hacemos luego? ¿El capitalismo y el imperialismo van a desaparecer? Y si dejamos Europa, ¿adónde vamos? ¿Con Rusia? ¿Con China? La cuestión es que a Europa le falta un proyecto esperanzador para todos”. Alexis Tsipras, recuerda Balafas, lo explicó muy bien recientemente. “No somos antieuropeos”, dijo el actual líder de Syriza en una entrevista en la televisión rusa, “los que son antieuropeos son Merkel y los que imponen aquellas políticas. No queremos dejar Europa en sus manos”. Balafas considera que la crisis lo cambió todo: “Una cosa es ser un partido con el 4%, otra cosa es ser el primer partido. Es un gran reto porque debemos dar respuestas a estas esperanzas. Syriza debe entender estos cambios. Esto no significa ser menos radicales, significa entender la nueva situación que se ha generado, significa crear hegemonía”.

Como apunta Giorgos Karatsioubanis, miembro del Departamento de Políticas Europeas de Syriza, los puntos principales del programa del partido, redactado entre otros por Tsipras, son bloquear el memorándum, volver a negociar la deuda con la troika, poner en práctica un nuevo plan para reactivar la economía griega y otro para ayudar a los más pobres, además de rechazar las medidas ilegales y antidemocráticas adoptadas por el Gobierno Samaras con el objetivo de evitar que Grecia se convierta en una colonia del siglo XXI. “Estamos abiertos a la colaboración con todas las fuerzas que apoyen esta línea, aparte del partido de Samaras y de Amanecer Dorado. El PASOK de ahora no tiene nada que ver con el de 1974. La situación real demuestra que la socialdemocracia actualmente ha pasado al otro lado del río. No estamos de acuerdo en nada con sus políticas, pero no le cerramos la puerta y veremos qué actitud va a tomar”, explica pragmáticamente Yannis Balafas. Y continúa: “La crisis lo cambió todo. Syriza fue el único partido en Grecia que vio la crisis y sus consecuencias, que la entendió y que intentó actuar consecuentemente. Creo que el resultado de Syriza del año pasado no es importante solo para Grecia, sino también para Europa. Syriza ha permitido que los pueblos europeos tengan una esperanza. El día que Syriza consiga ganar las elecciones en Grecia será una victoria para todos los pueblos del sur de Europa”.

Mientras tanto, la sociedad griega debe luchar también contra el alarmante fenómeno de Amenecer Dorado, que en el último trienio ha ampliado su influencia gracias a un intenso trabajo de propaganda en ambientes favorables a su tipo de discurso (hinchas de fútbol, gimnasios y vigilantes). “Amanecer Dorado es un producto de la crisis capitalista que sabe venderse como una fuerza antisistema, aunque no lo es”, comenta Giorgos Karatsioubanis. “Lo que desde Syriza hemos intentado crear son redes de solidaridad en los barrios, unos comités antifascistas que funcionan horizontalmente, a través de la colaboración con las escuelas, de la organización de eventos culturales, estimulando la cultura del intercambio (de comida, de ropa, etc.), para que griegos y inmigrantes se ayuden mutuamente. Lo que debemos conseguir es crear una cultura diferente”. Yannis Balafas recuerda que existe una luz al final del túnel: “Las crisis crean fuerzas como Amanecer Dorado. No creo que la historia se repita, pero algo de la situación del ocaso de la República de Weimar tiene similaridades con la actual situación griega. Y no hablo solo del paro, la pobreza y la crisis. Hablo también de un país humillado. Lo que para los nazis eran los judíos, para Amanecer Dorado son los inmigrantes. Es decir, los responsables de todo. Ofrecer una esperanza, aunque sea pequeña, a la gente, sobre todo a los jóvenes, es la mejor manera para vencer a estos partidos”. Aunque cueste verla, en Grecia y en Europa, efectivamente, existe una luz al final del túnel. Lo esperamos todos.

Dos dirigentes de Syriza presentan una nueva corriente socialista en el partido a finales de agosto. Foto / Clara Palma.

Dos dirigentes de Syriza presentan una nueva corriente socialista en el partido a finales de agosto. Foto / Clara Palma.

Nuevo partido, ¿nueva izquierda?

El origen de Syriza se encuentra en Synaspismós -Coalición de los Movimientos de Izquierda y ecologistas- que se formó en 1988 gracias a la alianza del Partido Comunista Griego (KKE) y de la izquierda griega que anteriormente se había escindido del KKE. En 1989 una parte del KKE dejó Synaspismós. En 1991, tras la caída de la URSS, se constituyó en partido. Diez años más tarde Synaspismós con otros diez partidos y pequeños grupos de izquierdas creó Syriza -Coalición de la Izquierda Radical-. En solitario o ya dentro de Syriza, Synaspismós se quedó entre el 3 y el 6% de los votos, mientras que en las elecciones de junio de 2012 Syriza rondó el 27%, superando el PASOK y convirtiéndose en el segundo partido, ligeramente por detrás de Nueva Democracia, el partido de derechas liderado por Samaras. El pasado mes de julio, en su Primer Congreso, Syriza dejó de ser una coalición y se convirtió en partido. Yannis Balafas relató recientemente la historia de Synaspimós en un libro cuyo título es, significativamente, Han sido necesarios veinte años.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013.

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