Gregorio Morán: “Aquí se ha comprado a gente, sobre todo la izquierda”

Gregorio Morán en Barcelona, donde vive. Foto / Eva Vignini.

Gregorio Morán en Barcelona, donde vive. Foto / Eva Vignini.

Galería de heterodoxos/as. Los libros y los artículos periodísticos de Gregorio Morán (Oviedo, 1947) son un referente imprescindible en la historia reciente de España. El que acaba de publicar, La decadencia de Cataluña contada por un charnego (Debate), también. Resume su decepción con la sociedad catalana, que lo acogió hace más de veinte años, e incluye todos los artículos que sobre ella lleva publicados en La Vanguardia, incluido uno que fue censurado. Por  Steven Forti / Historiador (Barcelona).

¿Cómo ve la situación política catalana?

Artur Mas se metió en un lío muy por encima de sus posibilidades. Los grupos de asesores están estudiando ya cómo salir de este berenjenal. Felipe González se había metido en el lío del referendum de la OTAN, pero ahí era ganar o perder. Esto es mucho más complicado. Tienes que convocar un referéndum pero al mismo tiempo explicar que no convocas un referéndum porque la base social y política sobre la cual se apoya Convergència no es partidaria de un referéndum. Menos partidaria aún de ganarlo, porque no quieren la independencia. Es decir, tienes que convocar un referéndum y perderlo. Es una cosa realmente absurda.

Para usted Cataluña ha pasado de ser un oasis a un infierno. ¿Qué le llevó a cambiar de idea?

El deterioro de la vida completa. La decadencia se nota. Hasta en las cosas más sencillas. Y en la clase política. Aquí hay la pregunta del millón: ¿la clase política española es más corrupta o menos corrupta que la italiana? Y todos responden que no, que nuestra clase política no es como la italiana. Es absolutamente igual, con la diferencia además de que en Italia hay recursos y tradición y vida cultural que puede sobrevivir. En Italia hay una sociedad civil. Se sabe que el Estado es un tramposo al cual hay que estafar como se puede, pero, independientemente de esto, veo algo. Aquí no.

Pero no hay solo esto.

Luego está el deterioro de esta sociedad. Esta era la sociedad más avanzada de España, sin lugar a dudas. Ahora no lo es. Me pondrías en un aprieto si tuviera que decirte cuál es, porque no la hay. Sencillamente se acabó. Esta es una sociedad que se acabó. La sociedad española dio un triple salto mortal sin red y se rompió el espinazo. Y la catalana igual que la española. O más. Lo que pasa es que aquí hay una capacidad de cinismo más alto. Aquí te pueden decir del aeropuerto que han construido en Castellón. ¿Y eso que hay en Lleida? Todos hicieron lo mismo. El país era rico. No se sabía muy bien por qué. Esta sociedad se ha ido deteriorando muchísimo con una clase política que sigue manteniéndose exactamente igual.

¿Le decepcionó Cataluña porque estaba esperanzado con ella?

Quizás incluso por razones biográficas. Mi ciudad es Madrid, aunque nací en Oviedo. A mí me tocó el Madrid malo, el Madrid del franquismo. Cuando vengo aquí, todo estaba muy bien. La verdad es que uno no ha tenido mucha suerte. En el año 1992 es el final de la escapada. A partir de allí empieza la quiebra. Y la frivolidad. Hay una anécdota que explica muy bien todo esto. Hace unos años fui a Sicilia y a la vuelta aproveché para hacer una serie sobre Sicilia y sobre escritores sicilianos. Pues el personaje más importante en este momento de la cultura catalana hizo una carta pública pidiendo que, después de este despliegue sobre la literatura siciliana, hiciera otra cosa igual sobre la moderna literatura catalana. Esta gente se ha vuelto loca. Yo no dije nada. ¿Qué le iba a decir?

¿Esto no existía antes?

¡Qué va! El pujolismo fue mortal. Aquí la compra del personal ha sido la táctica pujolista por excelencia. Aquí se ha comprado a gente, se ha comprado a todo. Y además a un precio de saldo. La izquierda, sobre todo. No me canso de decirlo, el 1976-1977 aquí fueron los mejores años. No había ningún lugar de España con la fuerza, el dinamismo, el giro social y político que había en Cataluña. En tres años lo liquidaron. El PSUC se suicidó en un año. Fue todo muy rápido. Y luego Pujol consiguió comprarlo todo. Una cosa muy divertida son los mitos de este país.

¿Por ejemplo?

Fíjate, vas a la Plaça Sant Jaume y está la izquierda en el Ayuntamiento y la derecha en la Generalitat. Bueno, ahora ya no. Era mentira. Eran todos iguales. Sencillamente era un comedero. Se repartían los beneficios y así funcionó todo.

¿Eso no pasó también en otras realidades de España?

Sin esa soberbia del “somos los mejores”.

Pero, ¿no cree que ha cambiado algo en el último año?

La independencia es un planteamiento a partir de la quiebra. Quiebra el Estado catalán y entonces de pronto tiene que echarse la culpa a alguien. Entonces, “España nos roba”. O lo de Mas en los Estados Unidos, que dijo: “Nosotros no pertenecemos a esa clase de españoles que duerme la siesta”. Es de una estupidez soberana. El problema es volver a la realidad. Pujol fue un hombre que impregnó toda la vida política catalana de una manera absoluta. Y planteó una cosa muy clara: está bien ya de autocrítica y, ¿nuestra autoestima? Pues se acabaron los fondos. Y, ¿qué hacemos? ¿Lo hemos hecho mal nosotros? No, tiene que haber alguien que lo haya hecho mal. Es muy simple. En política, como demuestra Berlusconi, los mecanismos son muy simples. Aquellas vueltas que le dábamos, berlinguerianas y gramscianas de hace tropecientos años, están bien, pero la política es mucho más simple.

Jordi Pujol es una de sus obsesiones como articulista. ¿Qué opina de él?

En mi opinión fue un líder con enormes limitaciones que además impregnó la sociedad catalana de elementos no demasiado positivos, por no decir todo lo contrario. Pero mientras no se constituyó en la familia de Kim Il Sung… Eso no se sabe cómo va a acabar, pero no tiene muy buena pinta. ¿Te imaginas el caso Palau o el caso ITV siendo un país independiente? Esto es Kosovo. Ni Prenafeta entra a la cárcel, ni nada. La independencia consiste en la impunidad de estos caballeros. Absoluta. Esto sitúa a la izquierda en una posición difícil, por no decir imposible.

¿Las nuevas generaciones han estado impregnadas de lo que usted llama el pujolismo?

Desde luego. Sobre todo en las comarcas. Si quieres hacer un reportaje brutal, viaja a pueblos y a las escuelas. Pero métete dentro. Ahí verás esteladas. Están haciendo niños cantores. El ser diferente aquí ya empieza a ser algo que me recuerda mucho al pasado. No tiene nada que ver con el franquismo. Pero es incómodo. Es muy incómodo.

¿Ve un punto de inflexión en este proceso?

No. Creo que hubo una notable irresponsabilidad. La izquierda en Cataluña se liquidó muy rápidamente. Aquí no están claros términos que en Italia pueden parecer obvios. Aquí lo que domina es la Liga Norte. No hay otra ideología. Lo único que hay es ir contra Madrid. El lío ahora es que hay una parcial ideología en lo de la independencia. Y los de CiU están aterrorizados. En Cataluña había un tejido muy italiano durante la transición: unos partidos muy enraizados con unas clases sociales que les apoyaban, un tejido de barrios y de Ayuntamientos… Lo destruyeron todo ellos mismos. Los colocaron a todos. Fue muy sencillo. Y barato. Porque había dinero y tampoco eran tantos. Y se liquidó. Todo esto dejó una situación tan insólita como la que se vive ahora en que nadie sabe qué demonios va a pasar mañana. Lo único que sabes es que debes seguir reivindicando una cosa que lo más probable es que no se pueda hacer. Una situación política como esta es muy difícil de resolver.

Gregorio Morán es escritor y periodista. Su artículo semanal en La Vanguardia es de los más seguidos de la prensa española. Foto / Eva Vignini.

Gregorio Morán es escritor y periodista. Su artículo semanal en La Vanguardia es de los más seguidos de la prensa española. Foto / Eva Vignini.

“El PSOE está caducado”

Usted sostiene que el PCE fracasó en las primeras elecciones de 1977, entre otros motivos, por la gerontrocracia de su dirección y sus candidaturas electorales. ¿Qué hubiera cambiado en España y en la izquierda si hubiera habido sorpasso y el PCE hubiera ocupado el papel del PSOE?

Ahí hay una equivocación. Hay una interpretación hispana equivocada de la política italiana. Las primeras elecciones en Italia no las gana la Democracia Cristiana por la derecha y el PCI por la izquierda. El PCI queda muy mal, gana el Partido Socialista. El PCI va conquistando la hegemonía. Lo del PCE en las elecciones de 1977, con aquella candidaturas que parecían salidas de un mausoleo, no era un mal resultado. Lo que pasa es que había que ganarse el futuro. Y Carrillo tenía prisa, no podía esperar diez años. El quería conseguirlo en cinco. Es verdad que el PSOE consiguió un resultado mucho mejor que el PCE habiendo trabajado menos, pero como la propia sociedad española. No engañaban a nadie. La propia sociedad española se sentía mucho más identificada con el PSOE que con el PCE. Porque si se hubiera sentido identificada con el PCE desde mucho antes, hubiéramos derribado a Franco. Los resultados electorales eran un espejo de la sociedad. Lo sorprendente de ese periodo de transición es que Carrillo logra algo insólito: que el partido más joven que había en España, que era el PCE, se convierte en el más viejo y el partido con mayores problemas, que era el PSOE, se convierte en el partido más joven.

¿Carrillo jugó bien sus cartas?

No, las jugó muy mal. Jugó las suyas, pero el póquer es el póquer. O ganas o pierdes. Si pierdes, jugaste mal. Fijate, los viejos líderes de la izquierda son todos unos santos. San Santiago Carrillo, Santa Dolores Ibárruri. Es lógico que sean santos porque cuando el adversario te santifica así es que has perdido todo. Carrillo jugó unas cartas muy difíciles. Faltaba experiencia política. Hasta un hombre como Gramsci tenía una experiencia parlamentaria, Carrillo ninguna. Era un hombre del aparato. No sabía qué era la negociación, siendo un magnífico táctico. Era un tipo que tenía muy claro la jugada a corto, pero no veía más allá. Los últimos años de Carrillo son patéticos, convertido en un tertuliano. Era su sueño, de todas maneras. Siempre explico que la pasión de toda la vida de Dolores Ibárruri era ser ama de casa. El final de Santiago es que le trataran bien y que olvidaran su pasado. Además colocaron bien a sus dos hijos.

¿La socialdemocracia tiene futuro?

Futuro no tiene ninguno. Lo del presente está en discusión. De todas formas, creo que lo de la socialdemocracia está cerrado. El PSOE está caducado. Me gustaría hacer una narración literaria, que además es muy sencilla. Un chaval toca el timbre de la sede del PSC y dice: “Oiga, vengo a afiliarme porque quiero cambiar la sociedad.” Lo ponen inmediatamente a tratamiento. Es imposible que le crean. No puedes ahora tocar el timbre de un partido, como hubiera sido en otra época normal. Serías un provocador. ¿Ver a Rubalcaba de líder de la izquierda qué atractivo puede tener? Si va a la universidad, le linchan.

¿Y el bipartidismo?

El bipartidismo en España se ha acabado hace tropecientos años. ¿Esto qué significa? Que aumenta la abstención. Subirá un poco ICV y Ciutadans aquí en Cataluña; y IU y UPyD en Madrid, pero eso no compensa electoralmente. Llegaremos a proporciones de voto norteamericanas del 30%.

¿Qué futuro tiene la monarquía?

Eso sí que es muy difícil. Ahí entramos en un tema muy delicado porque el peso de la Guerra Civil en la sociedad española todavía está ahí. Azaña, cuando está a punto de cruzar la frontera, hace una reflexión: “Esto serán cien años”. Y serán como mínimo cien años. Y ahí entra la monarquía. Entra el fantasma de la guerra y de la posguerra. Aquí monárquicos no hay y la figura del Rey acaba resultando como un chiste, pero si creen que va a abdicar, están esperando sentados. Abdicar ni en silla de ruedas. No creo que el problema que se plantee sea monarquía o república. Esto es donde IU está haciendo el ridículo. La sociedad no está por debatir el tema monarquía-república. Bueno, la gente ahora no está por ningún debate. La gente está por cómo salir del día a día. ¿Cómo es posible que a esta sociedad un tipo como el Rey le caiga bien? Imposible que pueda caer bien un tío así.

¿Y Mariano Rajoy?

La gente se equivoca con Mariano Rajoy. Es un peligro mucho mayor que el de Aznar. Rajoy sí que puede ser un hombre que dure. En España siempre que te dicen que alguien va a ser breve, dura la hostia. Cuando te dicen que va a durar toda la vida, dura unos meses. Ojo con Rajoy. Es un adversario muy peligroso. Es un hombre que puede ganar las próximas elecciones si llega a ellas. Aznar no las ganaría.

Periodistas a comisión

¿No se pregunta usted mismo, como muchos de sus lectores, cuanto durará en La Vanguardia teniendo en cuenta el giro nacionalista del periódico?

Es una pregunta que habría que hacer a la dirección de La Vanguardia. Sigo haciendo mi página los sábados y punto. De todos modos, veinticinco años no están mal.

¿Qué opina usted de los periódicos de hoy en día?

Los periódicos los hacemos tan mal que es imposible que la gente los compre. No hay ninguna razón para comprarse un periódico. Seamos claros: el gratuito que se agarra en el metro está mejor hecho que el periódico que pagas. Es una ruina para los lectores. Para los empresarios puede ser un negocio cojonudo. Y luego hay esa intelectualidad, absolutamente subvencionada. Es algo impresionante. Sobre todo por la desvergüenza. Si robas, cállate, al menos. La ausencia de realidad en los medios de comunicación es increíble. ¡Puede haber una manifestación en la puerta de la televisión y están rodando una colla en no sé dónde!

¿Conoce usted a muchos periodistas a sueldo de políticos, banqueros y empresarios?

A sueldo, no. Están a comisión, que es diferente. Solamente un detalle. Los regalos de Navidad antes se mandaban a los periódicos. El periodista los recogía en la sede del periódico. Ahora se tienen que mandar a las casas de los periodistas.

¿Para cuándo un libro suyo de narrativa?

En el momento en que me pueda quitar la esclavitud de los otros libros. Quizás me libre del todo a mitad del próximo año.

¿Tiene miedo que le pasen factura sus enemigos?

Por supuesto. Clarín era crítico, sobre todo crítico de literatura, y cuando se le ocurrió escribir La Regenta, se ensañaron mucho con él. Pero no es un tema que me preocupe. Había un directivo de La Vanguardia que solía decir “los sábados, cabreo”, cuando aparecían mis artículos los sábados. Vamos, que ya estoy acostumbrado.

Gregorio Morán en Llastres (Asturias). Foto / Natalia Fernández.

Gregorio Morán en Llastres (Asturias). Foto / Natalia Fernández.

Asturias, epicentro de la droga

Considera que en Asturias hay mucha corrupción hace mucho tiempo. ¿En que se basa?

ATLÁNTICA XXII se ha dedicado todos los números sucesivamente a hablar de la corrupción asturiana. La corrupción es a un nivel notable. Lo de Asturias es un milagro. ¿Cómo un país puede sobrevivir a una crisis como la de ahora con un nivel de industrialización prácticamente cero? Y eso tiene una sola respuesta: tráfico de droga. Mucho más que Galicia. Asturias es el centro de tráfico y de blanqueo de droga más importante que hay en España en este momento.

¿Por qué en Asturias, donde existe una identidad muy fuerte, no hay un nacionalismo fuerte?

Eso es un problema histórico. Empieza ya en el siglo XIX. No hay una burguesía que lo sustente y la clase obrera estaba en una pelea que no era precisamente nacionalista. En Asturias, como en Cataluña, como en todos los sitios, la discusión es siempre la misma: izquierda/nacionalismo. Y la izquierda es internacionalista. Esto es una obviedad. Es la diferencia entre Garibaldi y los fundadores de la República Italiana. Es decir, si vas en unas posiciones radicales el nacionalismo atenúa la fuerza del radicalismo.

¿Cómo se explica entonces que la izquierda catalana sea en gran parte nacionalista?

Bueno, primero porque dejó de ser izquierda.

¿No puede haber una izquierda nacionalista?

No, es una frivolidad política. Cuando empieza la invasión nazi de la URSS, ¿qué saca Stalin? La patria. Cambia el himno, cambia los símbolos y es la gran patria rusa. Si un hombre como Stalin lo hizo, es que esto funciona. El nacionalismo funciona. Es la Liga Norte. ¿Qué ideología tiene la Liga Norte? ¿Y Convergència i Unió?

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