Guerrilleras del arte

La autora de este artículo recorrió durante tres horas y con los ojos vendados la Gran Muralla China.

María Peña Coto / Artivista.

Hace unos meses realicé una performance artística en la que recorrí a ciegas y en tacones, durante tres horas, parte de la Gran Muralla China. Llevaba los ojos cubiertos por varias vendas, y en cada una de ellas había escrito un mensaje que representaba una barrera: miedo al rechazo social, aceptación pasiva de la tradición, multiplicidad de roles, soledad, miedo al acoso, religión, etc. Durante esas tres horas, de forma simbólica, me enfrenté a obstáculos asociados a mi género. Una metáfora del sobresfuerzo que supone a las mujeres vivir en una sociedad desigual.

Una desigualdad muy presente en la historia del arte y del mundo que muchas artistas han plasmado en su trabajo.

En el arte activista feminista las Guerrilla Girls son un referente indiscutible. Este colectivo surge en EEUU en los años ochenta, una época en que la creación artística femenina destaca por su perfil innovador y transgresor. En el pasado la capacidad creativa de las mujeres se infravaloraba y excluía a técnicas catalogadas como de segunda. Los varones eran los considerados aptos para trabajar las artes nobles: la pintura y la escultura. Esta situación deriva en un estallido de talento artístico experimental cuando las mujeres comienzan a tomar protagonismo en el panorama artístico internacional.

Chicas guerreras

Las Guerrilla Girls se adentran en la escena estadounidense con reivindicaciones sobre la discriminación sexual y racial dentro del mundo del arte. Son anónimas, adoptan nombres de mujeres ilustres fallecidas y ocultan sus rostros bajo máscaras de gorilas para preservar su anonimato.

Trabajan, principalmente, con cartelería en espacios públicos y con acciones e intervenciones en museos y otras instituciones.

Las Guerrilla Girls, además de utilizar el diseño y la creatividad, dan contenido estadístico a sus trabajos y demandas. Su obra más famosa incluye el siguiente mensaje: “¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Museo Metropolitano de Nueva York? Menos del 5% de los artistas expuestos en la secciones de arte moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos”.

El famoso cartel de las Guerrilla Girls.

Como ellas, artistas de todo el mundo promueven la activación social con mensajes que luchan por terminar con esta inequidad, sin olvidar la creatividad y el talento en sus obras.

Un ejemplo de ello es la artista asturiana Soledad Córdoba (1977). En la exposición que tiene ahora en el Museo Barjola de Gijón (hasta el 5 de mayo), clama a la resistencia: “Porque para estar hay que resistir siempre”. Soledad construye un espacio lleno de fuerza con una instalación y tres vídeos en los que la artista pelea por avanzar, pese a cargar a rastras con enormes piedras.

La obra se completa con una serie de dibujos que titula “Guerreras” y que describe del siguiente modo: “Son los retratos de la fuerza, la regeneración, la transformación y la superación. Son mujeres que ya no se tapan para velar su vulnerabilidad sino que se cubren porque están preparadas para defenderse, no tienen miedo. Mujeres con una arquitectura aparentemente frágil, con una delgadez atlética y con una potencia totémica. No son diosas, son guerreras”.

Aspirar a más

Guerreras son también las artistas que se atreven a alzar la voz por la defensa de sus derechos y libertades en países en los que hacerlo supone un alto riesgo para su propia seguridad.

Este es el caso de Kubra Khademi (1989), artista de origen afgano que vive exiliada en París. Kubra, que el año pasado vino a Asturias invitada por el Consejo de Juventud de Principado de Asturias (http://www.atlanticaxxii.com/kubra-khademi-la-artista-acorazada/), en 2015 llevó a cabo la performance “Armor”, una acción que dio la vuelta al mundo como ejemplo de valentía.

La artista ha sufrido varias veces el acoso de hombres en Afganistán. La primera vez que le ocurrió, a los 4 o 5 años, pensó que le gustaría utilizar ropa interior de hierro que la protegiera. Años más tarde, ya como mujer adulta y artista, se inspira en esta idea para llevar a las calles de Kabul, y posteriormente al mundo entero, su protesta. Kubra caminó durante 8 minutos por una concurrida calle de la capital afgana con una armadura metálica sobre la ropa, que protegía su cuerpo y acentuaba sus atributos femeninos. Según avanzaba en su recorrido los transeúntes se iban encendiendo. La siguieron, insultaron e incluso pegaron hasta que la tensión alcanzó tales límites que tuvo que huir en el coche de un amigo. Después de esta performance, tras continuas amenazas de muerte, Kubra se tuvo que exiliar a Francia.

Kubra Khademi se jugó la vida realizando esta performance en Afganistán.

En una conferencia en la biblioteca Vila de Gracia de Barcelona, Kubra contó que en su familia son seis hermanas, de las cuales algunas han estudiado y otras se han casado muy jóvenes. “Una de ellas venía a casa llorando porque su marido y su suegro le pegaban. ¿Sabes lo que le decía mi madre? ‘No llores, eres una mujer y este es tu destino’. Casarse, parir hijos y morir, todo sin salir de casa, sin derecho a pensar. ¿Esa es la máxima aspiración de un ser humano?”.

Activistas de nuestros espacios

Afganistán se posiciona en el puesto 154 de un total de 159 países clasificados por Naciones Unidas en su Índice de Inequidad de Género (2015). A la cola de este ranking Níger, Chad y Yemen. El primer país de la lista es Suiza, seguido de Dinamarca y Países Bajos. España se sitúa en el puesto 15.

En un índice más reciente (2016) del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) no entra Afganistán, pero nos da información interesante sobre cómo evoluciona la brecha de género en España, que en el último año ralentiza su progreso. Según este Índice de Brecha Global de Género del WEF España en 2016 ha perdido puntos y ha pasado, de un año para otro, del puesto 25 al 29 de 144 países analizados.

En un mundo cada vez más globalizado y que además enfrenta un momento de cambio, se precisa del esfuerzo internacional conjunto para lograr el equilibrio. Se necesitan hombres y mujeres feministas en todos los ámbitos que trabajen por construir sociedades que cuenten con el 100% de su ciudadanía.

Muchos hombres y mujeres se sienten atacados por el feminismo y lo rechazan. Es preciso aclarar que el feminismo no busca separar, promueve la igualdad de derechos y libertades y se defiende ante un sistema que menosprecia a la mujer. No apoya el odio al hombre, ni proclama que varones y hembras seamos biológicamente iguales, ni que se deba imponer lo femenino y terminar con lo masculino. Es más, el machismo también afecta a los hombres que se quieren diferenciar de un modelo, el machista, que les retrata como seres instintivos y animales incontrolables.

De todos modos, es cierto que somos las mujeres las primeras que debemos exigir que se accione el cambio. Como dijo Pilar López Díez, periodista experta en cuestiones de género en los medios: ”Mientras no luchemos y no seamos activistas en cada uno de nuestros espacios, no vamos a conseguir que los problemas fundamentales de las mujeres se resuelvan en este mundo”.

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