Guillem Martínez, periodista: “Rajoy no es nadie”

Guillem Martínez en Barcelona. Foto / Virginia Quiles.

Aunque conocido especialmente en Cataluña, Guillem Martínez (Cerdanyola, 1965) es uno de los periodistas más lúcidos de la España de la gran crisis. Sus artículos de análisis, escritos con un estilo peculiar, rico en metáforas y onomatopeyas, permiten entender lo que está pasando a un lado y en otro del Ebro. Nunca falta ironía en lo que escribe, como en García contra la España zombi, la novela por entregas aparecida el verano pasado en la revista digital CTXT, con la cual colabora asiduamente. Tras haber coordinado un libro imprescindible para entender la España post-15-M, CT o la Cultura de la Transición (Debolsillo, 2012), hace unos meses ha publicado La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe (Debate, 2016), en que propone un análisis apasionante de la historia catalana desde la noche de los tiempos hasta los últimos acontecimientos. Quedamos con él en un bar de Barcelona, donde nos habla de todo esto. Y de mucho más.

Steven Forti / Historiador e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa.

¿Qué va a pasar en Cataluña?

Pues no va a pasar nada. El juicio a Artur Mas fue un diálogo entre Gobiernos y con la sociedad por parte de los dos Gobiernos. Uno dijo que iría por la vía penal con casos de inhabilitación o de cárcel y el otro afirmó que lo desobedecería. Se convocará el referéndum, intervendrá el Tribunal Constitucional y luego habrá algo. Un estado de ánimo. Una ceremonia. Dos millones en la calle, por ejemplo. Algo llamativo, pero que no conduzca a nada.

¿El referéndum es entonces un espejismo?

Es un imposible. El referéndum se puede hacer solo con un proceso constituyente. Y esto está en otra acera. No está en el procesismo. Es 15-M. El referéndum legalmente es imposible. Y nadie quiere desobedecer. Solamente serán gestos.

¿Con qué objetivo?

Ir tirando. El gran marco en Cataluña es Cataluña. El objetivo es hacerse con este marco más aún. Y hacer que nadie se haga con él.

¿Tiene éxito esta estrategia?

Lo veo muy español. Con lo cual le veo mucho éxito. Si en España nos hemos pasado 40 años con este culto a la democracia española, aquí pueden pasarse 40 años con el culto a la democracia catalana.

Un país de fe

El procesismo ha muerto. ¡Larga vida al procesismo! ¿Algo así?

El procesismo seguirá con gestos. Había una cosa muy franquista que era la revolución pendiente. Esto es una revolución pendiente también. En fin, un lenguaje.

¿Cambiará algo respecto a lo que hemos vivido desde 2012?

No lo sé. El referéndum es una pantalla superada. Si son listos, harán hegemonía social. Y con esto puedes hacer independencia. Pero no hay ningún proyecto cultural y de ruptura en el procesismo. No tiene vocación de ningún cambio.

Una de las grandes novedades del proceso catalán es la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Todo el mundo se metía con Errejón por querer hacer las Juventudes Peronistas y estos las han hecho. Es una institución única en el mundo. Trump carece de ello. El Brexit también. La ANC vincula sentimentalmente Gobierno y sociedad. Y lo hace muy bien. Con mucha épica. Es la dinámica de la fe, una dinámica española al 100%. Esto es un país de fe.

¿El proceso catalán puede considerarse un caso más de populismo?

Es un fenómeno bastante espontáneo que se ha ido fraguando en su época. No hay ninguna originalidad catalana ahí. Y la época es dura. Es una época de mentiras. De reivindicación de soberanías que no volverán y de mentiras sobre esas soberanías. El resultado es comparable al del Brexit donde se hizo campaña para salir de un sitio del cual no puedes salir. Todo está tan imbricado que es imposible que el Estado recupere nada. Es la época. Es comparable, aunque no es lo mismo, a los populismos europeos que son inquietantes. Aquí hay signos muy esencialistas, aunque son aún muy frikis. Es un populismo pro-soberanista en un país desindustrializado y sin futuro.

Ahora ya no se habla del expolio fiscal. ¿Por qué?

Son fases. Empezó todo en 2010 hablando de IVA. Se decía que solamente con el IVA Cataluña sería Dinamarca. Es una fantasía liberal. Intentaban atraerse a la clase media. Luego vinieron las balanzas fiscales. Luego el agravio. Estamos tirando ya hacia la identidad. Cuando esto se frustre, será porque no ha habido una identidad suficientemente segura de sí misma. En Cataluña ha habido muchas más cosas que catalanes y muchas más que independentismo. Pero se ha vertebrado toda la historia de los últimos 300 años en clave territorial. Es la originalidad de Cataluña. No hay ningún otro país en Europa sin Estado que tenga una lengua tan vigorosa y que sea tan antiestatalista. Cataluña ha sido siempre históricamente antiEstado.

¿Todo empieza en 2010 con la frustración del Estatuto? ¿Uno de los momentos clave no es el sitio al Parlamento de Cataluña de junio de 2011?

El Estatuto fue un último intento. Consistía en pasar ya de reformar España. Se hacía legalmente algo federalista en Cataluña sin violar la Constitución. Esto hizo saltar por los aires el régimen. Nadie del catalanismo vio el Estatuto como una oportunidad de todo esto. En la historia catalana todos los estatutos partían de la idea de autogobierno. No de reparto de soberanía, que es el federalismo, algo de izquierdas. La derecha no entiende el federalismo, solo entiende el autogobierno. Cuando Mas llegó al poder hizo esto, junto a los primeros recortes descomunales en Europa. El Parlamento de Cataluña fue el primer Parlamento rodeado. Después de este fracaso gubernamental tuvieron que inventarse algo que fuera cierto desorden conducido por ellos, es decir el proceso.

¿Le ve futuro a Mas?

Después del juicio, sí. La prueba es que se habla off the record de que, si le condenan, lo indultarían. Quieren un líder que no sea independentista y que solo quiera un pacto fiscal no foralista. Es decir, Mas.

Guillem Martínez en el bar donde se realizó la entrevista. Foto / Virginia Quiles.

La vieja cultura sobrevivió al 15-M

¿Qué ha quedado del 15-M?

En 2011 se inició una revolución democrática. Y muy espontánea. Me sorprende la rapidez con que se ha normalizado. Pero ha habido una ruptura cultural descomunal. Te acuerdas de cómo era la vida antes y era terrible. Todo era diferente. Ha cambiado una cultura. Pensábamos que habíamos matado la vieja. Pero no: hay otra nueva más astuta fundamentada en el orden y el miedo. Falta por ver lo que nos contagiamos de esta cultura del miedo y del orden.

¿Cuánto durará la crisis del régimen?

Lo que sustentaba el régimen, que era una cultura de cohesión, ya no existe. Institucionalmente está muy mal España. La reforma exprés de la Constitución ha sido un cambio de régimen. El título territorial no existe desde la sentencia sobre el Estatuto. Ahora no hay un marco legal para nada. Actualmente es un fiasco legal de Estado. Hay la convención de que existe, pero no es así. Se están produciendo decantaciones de la democracia. Y en Europa hay mucha tolerancia con esto, mírese Hungría y Polonia. Europa quiere orden. Es la gran baza de todos los Gobiernos del sur.

¿Se ha cerrado ya la ventana de oportunidad?

Hubo una oportunidad enorme hasta 2012. España estaba en una situación como no lo había desde el siglo XVII. El miedo que creó Podemos se acabó en 2014. Este miedo es el que condenó a Grecia. Podemos ya no inspira miedo.

El izquierdismo caricaturesco de Podemos

¿Qué hay después de Vistalegre II?

Vistalegre es institucionalización. A lo bruto. Nadie sabe imaginar otra cosa. Podemos se ha convertido en un partido y no en una forma de vida. Pero, bueno, siempre habrá un Podemos, se llame como se llame. Porque la crisis se ha ido acuciando. Hay una cosa que me molesta mucho de Podemos: su izquierdismo en sentido caricaturesco. Parece un partido marxista más de cuando yo era pequeño. La verticalidad. Tics de autocrítica. Pero hay una cosa buena también: por primera vez tampoco hay guetos. Un militante de Podemos y uno de la calle no tienen especiales problemas como los tuvo el PCE y la calle en los setenta. Hay una cultura en común que quizás es más fuerte que el partido. Lo espero.

¿Iglesias se está convirtiendo en el Anguita del siglo XXI?

Viene de este mundo. La de la izquierda española es una historia trágica. No hay nada para reivindicarla. Igual la del siglo XIX y algunos trazos hasta la Guerra Civil. Después la izquierda ha compaginado grandeza y miseria, como dice Gregorio Morán.

¿Se ha infravalorado a Rajoy?

Rajoy no es nadie. Es un líder de la Transición de tercera generación. Su conocimiento recae en la cultura que tiene que gestionar y en el conocimiento interno de su partido. No tienen ni idea de nada. Con estos conocimientos supongo que en España puedes ser un estadista. Esta gente no lee. Son unos indocumentados. Y se nota.

La corrupción no ha disminuido, pero ya no se considera un problema como hace tres años. ¿Por qué?

Con menos de la mitad de detenidos el sistema político italiano se fue al garete a principios de los noventa. A esta hora el Caso Palau y el Caso Gürtel están amortizados ya. Es inexplicable salvo por la identidad. En España la gente vota identidad. Pero lo peor es quizás el periodismo. No ha existido. Es muy bestia. Le ha quitado hierro al asunto. El “Luis, sé fuerte” habría acabado con cualquier carrera en el mundo. Incluso en Uganda. Aquí no. Porque existe una cultura periodística que te ofrece la capacidad de anecdotizar este producto. El problema no es el PP. El PP es un partido de la Transición. Son todos así.

¿El PSOE va camino de la pasokización?

No, va a durar. Tiene su público. Va a competir con Podemos. Y este sería el paisaje más triste. El PSOE puede que se convierta en un partido andaluz, pero muy fuerte.

¿La Monarquía se ha recuperado?

Es incomprensible. Está corrompida hasta el tuétano. Quizás es lo que la acerca a la sociedad. Pero no está fuerte. En toda la crisis española inaugurada en 2011 la única defenestración que ha habido es la del rey. Lo han echado ellos. Esto demuestra que en caso de aumento de la crisis será el primero en caer. Lo que no es ni bueno ni malo porque no creo que le suceda una República cachonda. Pero yo no dormiría tranquilo si fuera el rey tan solo por sus compañeros de viaje que se han pegado a su padre. La abdicación de Juan Carlos I fue la decisión que se tomó para atajar la crisis española.

Cinco años de proceso catalán, seis desde el 15-M, casi diez de crisis. ¿Quién ha salido ganando y quién perdiendo de todo esto?

Hubo un momento de crisis demoledora y un momento de recomposición. Esta fue mayor y más rápida en Cataluña porque la crisis empezó con el Estatuto y el proceso soberanista ayudó mucho a restablecer el orden. Detrás va España. Seguro que se va a recomponer. También gracias al proceso. El vacío que ha dejado ETA lo ocupará el proceso. Dicho lo cual, España es un país en crisis desde el siglo XVII, así que puede vivir mil años más. Aquí no pasa nada. Este país parece siempre a punto de disgregarse, pero nunca se disgrega. Siempre está al límite. Y convives con ello.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 49, MARZO DE 2017

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