El hogar de los “yayoflautas”

Manuel Beltrán, Jaime Moreno y Baudilia Lozano, almorzando en una de las habitaciones del centro. Foto / Isabel Permuy.

En Europa aparecieron mucho antes, pero en España podrían multiplicarse las cooperativas de jubilados dado el éxito de la de Torremocha de Jarama (Madrid), la más conocida de las nueve repartidas por seis Autonomías. Hay más proyectos en marcha.

Xuan Fernández / Periodista.

En Torremocha de Jarama, un pequeño pueblo de casi mil habitantes situado a unos sesenta kilómetros al norte de Madrid, se encuentra la cooperativa más singular de España. El centro Trabensol (Trabajadores en Solidaridad) cumplió en junio tres años de funcionamiento con un éxito rotundo a sus espaldas. Se trata de una “comunidad humana”, que no cuenta con ninguna ayuda estatal, en la que conviven, en régimen de solidaridad, 85 personas de edad avanzada que quisieron hacer frente a la llegada de la vejez de un modo alternativo al habitual y hacerse mayores en armonía, colaborando los unos con los otros para hacerse la vida más agradable.

Esta revista se desplazó a las instalaciones de Trabensol para permanecer medio día en el centro y observar de primera mano el funcionamiento de esta “cooperativa social”, que está sirviendo de referente para otros proyectos similares en diferentes lugares de España. De guía hace Jaime Moreno, uno de los impulsores iniciales de Trabensol y el encargado de las relaciones del centro con los medios. “Para entender Trabensol hay que tener claro que no estamos en un geriátrico; la diferencia es total. Aquí estamos porque queremos, esto es un grupo de amor y colaboración entre muchos para hacernos la vida mejor”, advierte Jaime mientras nos da la bienvenida en las puertas del centro.

La fachada de las habitaciones de Trabensol. Foto / Isabel Permuy.

Talento emocional

La rutina diaria de Trabensol tiene más que ver con un Colegio Mayor Universitario de los años ochenta que con un centro de mayores. Los usuarios tienen actividades culturales diarias como talleres de lectura, teatro o conferencias políticas. Todas esas iniciativas están totalmente gestionadas y organizadas por los propios usuarios mediante diferentes comisiones de trabajo que se crean según las peticiones de ellos mismos. Trabensol acoge actividades tan dispares como talleres de danzas del mundo, clases de meditación, gimnasia o yoga.

La cooperativa tiene un Consejo Rector, formado por nueve miembros y renovable cada cuatro años, que se encarga de organizar las Asambleas Generales. Trabensol no disfruta de ninguna ayuda de organismos públicos y el grueso de su financiación se obtiene de las cuotas de los usuarios: 1.200 euros mensuales para las parejas y 1.000 para la opción individual, incluyendo todos los servicios del centro. Según explica Jaime, alrededor del 50% de los usuarios comparten las 54 viviendas de las instalaciones, de ahí que el número de usuarios sea superior al número de socios; tantos como viviendas. Trabensol apenas tiene servicios exteriores contratados, solo uno de catering para las comidas (aunque ellos mismos se ocupan de programar el menú), un jardinero y un técnico para asesoramiento en algunos temas económicos y fiscales.

“La clave de todo esto es que todo el mundo se implica en las cosas. Por ejemplo, si a un usuario no le gusta cómo tenemos el jardín se puede crear una comisión de jardinería y todos nos intentamos involucrar en la manera de lo posible para arreglarlo. Es una manera distinta de convivir”, detalla Jaime. “Hacerse mayor es una cosa complicada y lo más difícil es desprenderte del egoísmo de fuera para entrar en un ambiente distinto. Nosotros tenemos la humildad de pedir algo si lo necesitamos”, apunta Jaime.

Baudilia Lozano, ‘Baudi’, es una usuaria gijonesa de Trabensol que lleva medio año viviendo en el centro. “Me enteré por la televisión y me animé a venir. Como cualquier cambio, al principio te da miedo, pero ahora estoy encantada, me aterraba verme en una residencia”. En un principio, Baudi se fue sola desde Asturias a la aventura de Trabensol pero hace pocos meses conoció a Manuel Beltrán y los dos conviven juntos en una de las habitaciones de la cooperativa. A Manuel se le ilumina la cara cuando habla de sus compañeros de Trabensol: “Esto es mucho más que un centro de convivencia. Aquí hay mucho talento, sobre todo emocional. La gente desprende un aroma especial”.

Un usuario arregla una silla en uno de los talleres. Foto / Isabel Permuy.

Las instalaciones

La planta de abajo del centro tiene un gran salón que se utiliza como comedor por los usuarios. El desayuno y la cena es de las pocas rutinas que cada persona realiza en su habitación. El interior del edificio, de tres plantas, lo ocupan también los pasillos de las habitaciones y las diferentes salas que sirven como talleres para las actividades. Las instalaciones están perfectamente diseñadas en armonía con el medioambiente para no malgastar más energía de la debida. “El edificio es bioclimático, fue una condición que se le puso a los arquitectos. Toda la fachada está orientada al norte para aprovechar la luz y gracias a la geotermia obtenemos 16 grados de temperatura constante. También tenemos un aljibe de tres metros de profundidad para no malgastar agua”, detalla Jaime. Algo que llama la atención de las instalaciones del centro es su cuidada decoración. Cada uno de los cincos pasillos de viviendas tiene un nombre y un color diferente según su floración (por ejemplo, los pasillos de la segunda planta se llaman “Árbol de Júpiter” y los de la primera “Manzano del Japón”).

Las habitaciones de los usuarios son una especie de miniestudio de una dimensión de unos cincuenta metros cuadrados en los que hay una pequeña cocina, salón, un baño apto para mayores y un dormitorio con una cama de matrimonio. No hay diferencia entre los alojamientos del centro, todas las habitaciones tienen las mismas características físicas. En el exterior, las instalaciones cuentan con un pequeño cenador llamado “Patio de Agua”, huertos ecológicos, jardines e incluso un pequeño invernadero que aún no está en funcionamiento.

La recepción del centro, que es gestionada por los propios cooperativistas. Foto / Isabel Permuy.

Origen de la iniciativa

Trabensol lleva funcionando a pleno rendimiento más de tres años, aunque hizo falta mucho trabajo previo para que el centro fuese una realidad. “En los últimos años de los noventa nos juntamos quince o veinte amigos que siempre habíamos sido muy activos socialmente y empezamos a imaginarnos el proyecto”, recuerda Jaime. “Llegamos a ser más de cien, pero a la hora de la verdad quedamos alrededor de cincuenta, que fuimos los que constituimos la cooperativa de forma oficial en el año 2002”. Y es que los primeros socios de Trabensol tuvieron que asumir grandes riesgos económicos en su vida personal para que el proyecto fuese en serio, muchos de ellos vendieron sus casas para poder meterse de lleno en la cooperativa. “Nuestros hijos nos decían que estábamos locos y que mejor comprábamos un piso más grande, pero nosotros lo teníamos clarísimo”.

Una vez constituida la cooperativa, a partir de 2004 cada socio debía pagar una cuota mensual de 200 euros para un fondo común, lo que les permitió poder hacer frente a la compra de la parcela, que costó unos 900.000 euros. La búsqueda del terreno fue la tarea más complicada para la cooperativa. “Recorrimos más de cien pueblos buscando hasta que encontramos este terreno”, recuerda Jaime. Después de comprar el solar, el siguiente paso en el plan fue dar con el arquitecto adecuado y para ello la cooperativa creó una comisión específica. “Elegimos a un grupo de arquitectos jóvenes y fue un acierto total. La comisión se reunía con ellos mostrándoles nuestras exigencias y todo salió perfecto”, admite Jaime. Trabensol se inauguró de forma oficial en junio de 2013 y en la actualidad es un proyecto totalmente consolidado. Prueba de ello es la gran lista de espera, de más de treinta personas, que hay en este momento para poder admitir a nuevos usuarios. Es importante apuntar que, además de los requisitos de convivencia necesarios, los nuevos usuarios que quieran ser socios de la cooperativa deben tener una edad comprendida entre los 50 y los 70 años.

Paloma Rodríguez es la presidenta de la cooperativa y una de las personas que más ha luchado para que esta aventura sea una realidad. “Dicen que los dos problemas de los mayores son la soledad y la inactividad, pues aquí lo tenemos todo resuelto. Venimos a convivir, crecer como personas y participar en todas las iniciativas sociales que haya”, explica Paloma, que recuerda con cariño cuando fletaron un autobús para acudir a las Marchas de la Dignidad de Madrid. Paloma está muy contenta por la marcha de Trabensol y celebra que en España se estén poniendo en marcha más iniciativas similares, aunque advierte que ésta “no es la única solución para afrontar la vejez. Hay gente que a nivel económico igual no se lo puede permitir y lo que hacen es comprar un piso más grande entre varios. Hay muchas fórmulas que posibilitan que cada vez haya más núcleos viviendo en colectividad”.

Manuel Beltrán y Baudilia Lozano se besan en la entrada del centro. Foto / Isabel Permuy.

Conectados con la realidad y el pueblo

Aunque viven en un pequeño pueblo de la sierra madrileña, los cooperativistas de Trabensol están atentos a la actualidad diaria. El centro está suscrito a un diario generalista en papel y muchos usuarios también leen la prensa por Internet. “En general la situación política no nos gusta ni un pelo, somos gente que vivimos la realidad social de este país. Rara es la familia que no tengamos algún hijo parado, mal colocado o viviendo fuera de España”, se lamenta Paloma.

Además de la autogestión del centro, Trabensol también se ha involucrado de forma activa en la política municipal del pueblo y un cooperativista es concejal en un grupo independiente que gobierna en el Ayuntamiento de Torremocha de Jarama. El consistorio tiene siete concejales repartidos en dos candidaturas diferentes y varios cooperativistas se presentaron en las listas de ambas propuestas. “Somos gente que toda la vida hemos sido activos y no íbamos a dejar de serlo por venir aquí”, se defiende Paloma.

Otros ocho centros en España

Trabensol no es la única cooperativa social de convivencia en común que existe en España. Al menos hay otros ocho centros situados en distintos puntos de la península (Cuenca, Tarragona, Valladolid, Málaga, Cáceres y Jaén) que se encuentran funcionando a pleno rendimiento. La cooperativa que lleva más tiempo en marcha es la “Residencia Santa Clara”, en la provincia de Málaga, que también cuenta con otras dos cooperativas de convivencia. Además de estos centros activos, desde Trabensol conocen “numerosas iniciativas semejantes que aún están en proceso de gestación y acuden a la comisión de comunicación del centro en busca de asesoramiento que les facilite los pasos a seguir”.

Los que parece que van por buen camino son los de Axuntase, en Asturias. Esta iniciativa, muy parecida a Trabensol, lleva dos años preparándose y en la actualidad está buscando el terreno adecuado donde construir el centro. La presidenta de Trabensol estuvo recientemente en Asturias para ayudar a los cooperativitas de Axuntase y presentar a la sociedad asturiana las ventajas de este proyecto. “Sinceramente lo veo cercano y posible. Hemos enviado cartas a varios Ayuntamientos preguntando por terrenos y de momento nos han contestado veinte”, explica Asunción Rodríguez Lasa, secretaria de organización de Axuntase y veterana activista que fue concejal en Oviedo por IU. Esta organización, a diferencia de Trabensol, no pondrá como requisito tener una edad mínima para entrar en la cooperativa, únicamente máxima, de 70 años.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 48, ENERO DE 2017

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