Hogar

Maxi RodríguezMAXI RODRÍGUEZ / TEATRO PRECARIO

(ÉL observa desafiante como OLGA MARÍA trata de incorporarse, semidesnuda, con un hilo de sangre brotando de sus labios)

ÉL.-Te avisé: Si quieres la media paga, tendrás que aceptar lo que te proponga.

OLGA MARÍA.-Y yo.

ÉL.-¿Tú qué?

OLGA MARÍA.-También le avisé: vine a trabajar decentemente.

(ÉL amaga con volver a abalanzarse sobre ella. OLGA MARÍA retrocede temblorosa)

ÉL.-De aquí no sales si no te acuestas conmigo.

OLGA MARÍA.-Voy a gritar.

ÉL.-Grita todo lo alto que quieras, la abuela está dormida y no te va a escuchar.

OLGA MARÍA.-Los vecinos…

ÉL.-¿Qué vecinos?

(Larga pausa. ÉL le lanza un kleenex, OLGA MARÍA no puede evitar que unas gotitas de sangre caigan sobre la alfombra. Instintivamente, saca un paño de su rugoso mandil y frota jadeante la mancha)

OLGA MARÍA.-¿Por qué?

ÉL.-Me lo has quitado de la boca, joder. (Pausa) ¿Cómo has podido reaccionar así? ¿Por qué te empeñas en complicarlo todo? Te damos dinero, un hogar…

OLGA MARÍA.-El hogar está donde está el corazón.

ÉL.-(Riéndose a carcajadas) ¡Olé las latinas guapas, cómo os gusta el culebrón!

OLGA MARÍA.-(Casi en susurro) Cerdo…

(ÉL se abrocha contrariado los pantalones y la mira con cierta conmiseración)

ÉL.-¿De verdad creías que iba a pagarte tanto solo por limpiar la casa y cambiar a la abuela dos veces al día?

OLGA MARÍA.-¿Tanto?

ÉL.-¿En qué mundo vives, Olguita? En Guatemala eras una universitaria aplicada, sí. Pero aquí limpias casas, cuidas ancianos y…

OLGA MARÍA.-Callo. ¿Verdad?

ÉL.-¿Qué?

OLGA MARÍA.-No pienso callar más, ¿sabe? No puedo seguir aquí recluida. Usted compra mi trabajo, no compra mi vida.

ÉL.-(Partiéndose de risa) Perdón. Pero no puedo remediarlo. ¿Ves? Pareces recién salida de algún culebrón.

OLGA MARÍA.-Cada noche escucho a mi mamá.

ÉL.-¿Tu madre?

OLGA MARÍA.-En sueños.

ÉL.-(Desternillándose) ¡Joder, Olguita! ¿Cómo quieres que no me ría?

OLGA MARÍA.-Le voy a denunciar.

ÉL.-¿Qué?

OLGA MARÍA.-Conozco mis derechos.

ÉL.-Ah, ¿sí? ¡Pues venga, denúnciame! ¡Venga, corre! ¡Denúnciame, joder!

OLGA MARÍA.-Ya no le tengo miedo. Y este caso…

ÉL.-¿Caso? ¿Qué caso? ¿De qué cojones estás hablando? No hay caso, Olga. ¿No te das cuenta? Ni tú ni lo que te pasa a ti figura en ningún registro.

OLGA MARÍA.-¿Qué?

ÉL.-¿Quién eres? (Larga pausa. Ella agacha la cabeza) ¡No tienes papeles!

OLGA MARÍA.-Su empleada de hogar. Y lo puedo demostrar.

ÉL.-¿Cómo? Trabajas en negro.

OLGA MARÍA.-Mire, si yo le denuncio…

ÉL.-Podrían, incluso, echarte del país.

OLGA MARÍA.-¡No es verdad, eso no es verdad!

ÉL.-¿Nunca te han hablado de la Ley de Extranjería?

(Pausa. OLGA MARÍA se recoloca el vestido y le mira con ojos de pánico)

OLGA MARÍA.-¿Por qué disfruta haciéndome sentir como un trapo?

ÉL.-No, eso sí que no te lo consiento. Hasta aquí podíamos llegar. (Acercándose hacia ella y hablándole con forzada dulzura) Tú eras invisible y nosotros te dimos un hogar. Para nosotros la familia es todo y tú aquí eres una más. Yo nunca permitiría que la abuela fuera a misa con cualquiera. Pero tú eres tan…

OLGA MARÍA.-¡Déjeme en paz!

ÉL.-¿Crees que yo no lo paso mal?

OLGA MARÍA.-¿Usted?

ÉL.-Mírame, Olga. Dime la verdad. ¿Te parece normal ir de víctima después de todo lo que hacemos por ti?

OLGA MARÍA.-¡No me toque! Un agresor agrede siempre que puede.

ÉL.-¡Jamás he agredido a nadie! Yo solo quería… Pues lo mismo que tú, no te hagas la tonta. ¿O crees que no siento cómo coqueteas conmigo? Soy católico y un buen cristiano, Olguita, pero coño, ¡no soy de piedra!

OLGA MARÍA.-Si la gente supiera…

ÉL.-Abrázame.

OLGA MARÍA.-¡Que se aparte de una puta vez, déjeme en paz!

ÉL.-Aquí la única víctima soy yo.

OLGA MARÍA.-¿Usted? ¿Víctima de quién?

ÉL.-De mi impulso sexual. Lo reconozco, sí, lo sé, te miro… Y no me puedo contener. Pero, oye, es lo que hay. Sois tan especiales… Y encima, sois tantas… Una avalancha, ¿sabes? Y aquí pues… Os acogemos como podemos… Os damos afecto, dinero y… sobre todo: un hogar.

(OLGA MARÍA grita desconsoladamente. ÉL la mira con frialdad)

ÉL.-¿Ya está? ¿No vas a gritar más? (Pausa) Grita, mujer, si te hace sentir mejor. (Pausa) ¿No? (Pausa) Bueno, pues ahora me frotas bien eso de la alfombra y cuando termines enceras el parquet y pasas el polvo a los muebles del salón.

(OLGA MARÍA permanece un rato abstraída mientras se cuelan por la ventana las notas del pasodoble Suspiros de España, las luces se apagan y lentamente cae el TELÓN)

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PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 45, JULIO DE 2016

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