Humberto Vázquez Viaña: “El Che era un arma, no una cabeza”

Humberto Vázquez con los recortes de su experiencia con Ernesto Che Guevara.

Humberto Vázquez Viaña (La Paz, Bolivia, 1937-Estocolmo, Suecia, 2013) fue uno de los pocos guerrilleros supervivientes de la trágica expedición final del Che, en buena parte porque su misión estaba en la capital, La Paz. Entonces tenía 26 años y poca experiencia. 46 años más tarde habló sobre ello con ATLÁNTICA XXII desde un punto de vista sosegado y analítico, fruto de concienzudas investigaciones y continuas publicaciones. Boliviano de nacimiento y vinculado desde muy joven al PC de su país, Vázquez Viaña no dudó en colaborar fielmente con la guerrilla boliviana del Che. Llegó a Suecia en 1982 como refugiado político huyendo de la dictadura militar que instauró García Meza tras un golpe de Estado en 1980 y tras exiliarse en Chile y Francia. En la capital francesa se licenció en Ciencias Políticas y Sociología. En Estocolmo trabajó como investigador en el Instituto de Estudios Latinoamericanos, aunque nunca quiso desvincularse de su país, viviendo a caballo entre la capital sueca y La Paz prácticamente desde su llegada. Aquejado de una grave enfermedad, falleció sin dejar de escribir ni de seguir el curso de sus investigaciones. Con motivo del 50 aniversario de la muerte del Che, reproducimos a continuación la entrevista que le hizo a Humberto en su casa de Estocolmo la periodista Mercedes González, en el número 25 de la revista.

Mercedes González / Periodista (Estocolmo).

¿Cómo se organiza el grupo de guerrilleros destinado en La Paz?

Nunca se organizó ningún grupo en la ciudad. Simplemente los guerrilleros que no teníamos entrenamiento ni experiencia militar, quedamos relegados por orden expresa del Che a permanecer allí. Pero, a parte de esa primera orden, el Comandante no nos dio ninguna más. La concepción del Che era que el guerrillero estuviera en el campo combatiendo. Quizás por eso nunca le dio importancia a las tareas que pudiéramos desempeñar los que nos encontrábamos en la ciudad. Esto denota una clara falta de criterio logístico.

¿Cuál era exactamente su misión en la ciudad?

Ninguna específica. Al no recibir órdenes, nosotros mismos tomábamos la iniciativa. Hacíamos lo posible por obtener todas las informaciones que podíamos, porque el Che sí había dejado constancia escrita de sus intenciones de formar una red comunicación y propaganda de la guerrilla que operara en La Paz, pero ésta finalmente no se constituyó nunca. Tania fue la única a la que se le había asignado una misión específica que no fuera combatir. Bajo el nombre de Laura Gutiérrez Bauer había sido enviada por Cuba años antes como espía para hacer contactos y recopilar toda la información posible sobre el país. Cuando comienza la guerrilla su papel informativo y coordinador de la red urbana fue fundamental, pero en mitad de la misma abandona sus labores para adentrarse al monte a luchar por iniciativa propia y, de este modo, el servicio de información queda completamente abandonado. También puede considerarse que desempeñó labores de coordinación el cubano Iván, que llegó a Bolivia con la misión de garantizar la entrada de todos los guerrilleros al monte. Cumplida su tarea, en abril de 1967 regresó a Cuba. Luego está Loyola Guzmán, nombrada responsable de finanzas, pero que acaba desempeñando todo tipo de funciones sin discreción ninguna, cuando, precisamente por la importancia de su labor, debía haber sido lo contrario. Quiero decir con esto que en la ciudad nunca se conformó una red militar como tal. Las tareas que desempeñábamos eran temporales y sujetas al transcurso de los acontecimientos, motivo por el que los que pertenecíamos a la misma éramos vulnerables. Cuando la guerrilla estaba finalizando, las autoridades no tuvieron ninguna dificultad para identificarnos.

¿Qué noticias le llegaban a este grupo del monte y viceversa?

Lo que publicaban los medios de comunicación, fuera verdad o mentira. Nosotros no recibíamos noticias directas de los guerrilleros que estaban combatiendo porque no teníamos comunicación con ellos.

¿Cómo se entiende entonces que ejercieran de comunicadores oficiales de la guerrilla sin nada certero que comunicar?

Lo único que hicimos fue publicar tres boletines y no pueden considerarse informativos. De hecho, procedente directamente de los combatientes llegó un único comunicado entregado al Mayor Sánchez cuando cayó prisionero en Iripití para que lo pasara a los periodistas. Pero era apenas un parte de guerra estadístico que hacía balance de la contienda hasta el momento. No ofrecía ningún dato sobre el porqué de la guerrilla ni de sus autores. Es más, ni siquiera viene firmado por el Che, sino por el Ejército de Liberación Nacional. “¿Y quién es el Ejército de Liberación Nacional y qué quiere?”, se preguntaban los bolivianos al leerlo en la prensa.

¿Nunca tuvieron la orden directa del Che de difundir su autoría como líder de la guerrilla?

Nunca. Y nosotros nunca lo hicimos al no recibir ninguna orden expresa de ello. Si lo hubiéramos hecho, podríamos haber sido acusados de delación. Además, no hay constancia escrita de porqué el Che nunca quiso hacer público que él era líder de la guerrilla. Antes de que el enemigo lo supiera, puede entenderse que para preservar su seguridad y la de los suyos, pero en el momento en que el enemigo lo supo habría sido conveniente hacerlo público. Si el mundo entero hubiera sabido que era el Che el que estaba detrás de la guerrilla de Bolivia, muchos guerrilleros de todas partes se habrían sumado a la causa y su ayuda habría sido de gran utilidad.

Si no había comunicación con el campo, ¿cómo sabía el cuadro urbano que la guerrilla había finalizado?

Yo nunca creí que la guerrilla hubiera acabado hasta el día en que el Che murió. Siempre pensamos que al comandarla él, la guerrilla estaba meticulosamente organizada. La falta de órdenes la achacamos siempre a que simplemente no las tenía para nosotros, nunca a falta de previsión o asignación de tareas.

El Che, recién abatido en Bolivia.

Incompetencia y mesianismo

¿Por qué cree que el Che cometió tal cúmulo de errores en Bolivia?

Primero porque no era un militar, no tenía conocimientos sobre tácticas y estrategias militares y por tanto no está preparado para liderar una guerrilla. Segundo por un mesianismo que Fidel Castro y el Che mismo se encargaron de alimentar. Ambos organizaron una guerrilla aferrados a la idea de que la comandaba “ese gran guerrero incorruptible, cuya voluntad es la única fuerza necesaria para cambiar el mundo”.

¿Qué entiende usted por “Iglesia de ‘Che’sucristo”?

Son todos esos seguidores que, a pesar de que la historia ha demostrado que Che no fue buen militar, prefieren venerar su figura mesiánica. No existe ninguna organización aún, pero sí es cierto que hay toda comunidad extendida a lo largo y ancho del planeta que lo considera un santo en el sentido político del término y para la que atacar al Che significa atacar a Dios. Los iconos que se han creado tras su muerte son una buena prueba de ello. En Vallegrande hay un templo construido al que muchos visitantes acuden incluso a rezar y en el que no hay expuesta ninguna foto del Che muerto. Cuba no permitió este tipo de imágenes con la intención de fomentar la idea de que ha resucitado. Optar por esta línea significa distorsionar la realidad histórica.

¿Cual es para usted la imagen real del Che?

Tanto lo he leído y estudiado que obviamente ya no lo veo como lo veía en tiempos de la guerrilla. Entonces lo veía como el rebelde, el inconformista con todo el sistema. No sólo con el capitalista, sino también con el socialista. Ese hereje de malas formas, que no se atiene a ninguna regla ni respeta las instituciones, pero de claros y firmes valores. Ahora veo que sólo era ese líder que no puede llegar a ser porque con el inconformismo hacia todo no se construye nada, a no ser que sea “líder del inconformismo”. Por otra parte, queda reflejado en varios escritos que él se denominaba a sí mismo como “franco tirador”, y yo sí creo que lo era en la práctica, aunque no en la teoría. Era ese arma preparada para la lucha, pero no la cabeza dirigente de la misma.

¿Cree que el Che fue consciente alguna vez de la imagen que estaba dejando para la posteridad?

No creo. Aunque sus escritos arrojan pistas irrefutables de la huella histórica que quería dejar . En la última carta que envía a sus padres, ya desde Ñancahuazú, escribe textualmente “montado en Rocinante, con mi adarga al brazo…”. También en una de las últimas conversaciones con Pombo, uno de los tres guerrilleros supervivientes, menciona que “el guerrillero se sitúa en el escalafón más alto de la figura del revolucionario” y que, según sus palabras, el verdadero revolucionario nace una vez que ha pasado por todas las fases que entraña una guerrilla. Estas palabras refuerzan la importancia que le daba el Che a la figura del guerrillero. Pero esta imagen se construye sobre una base ideológica que no ha trascendido y que sin embargo está mucho más trabajada. Al Che se le conoce hoy en día por sus fotografías posando como el “gran guerrero” que las investigaciones demuestran que no fue, más que por sus numerosos escritos de concienzudo pensamiento político y filosófico. Estoy seguro que éste no era el legado que él querría haber dejado.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 25, MARZO DE 2013

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