El IES El Piles no es un caladero de cachorros neonazis

IES de El Piles de Gijón.

Miguel Ángel Llana Suárez.

ATLÁNTICA XXII publica, en el número 53, aún a la venta, un artículo titulado “Neonazis en auge desde el Fondo Sur” en el que su autor pretende desarrollar la evolución de la ideología neonazi en relación con el fútbol y concretamente con el Sporting. El motivo principal de este comentario es la alusión directa que el autor hace al Instituto de Enseñanza Secundaria El Piles, cuyo centro sale bastante mal parado.

El artículo, a cinco páginas, viene firmado por “Julián Mecegra, Periodista”, nombre que resulta ser un seudónimo.

Vaya por delante mi mayor consideración, elogio y respeto a esta revista, pero esto no significa que no pueda colarse, como es el caso, un artículo sin pies ni cabeza en el que además se denigra a un Instituto de Enseñanza Pública implicándolo en una movida con contenidos injuriosos que, para colmo, son inexactos e incluso falsos. No deja de ser una ofensa, cuando no un insulto, para buena parte de los profesores, alumnos y sus padres y para la Comunidad Educativa del Centro.

Veamos qué dice el artículo en cuestión, bajo el epígrafe “El caladero de El Piles”:

“Hay un lugar en la ciudad que parece haberse convertido en un caladero especialmente fértil de nuevos cachorros del neonazismo local. Se trata del instituto público El Piles, sito a la vera del río del mismo nombre y por lo tanto de El Molinón pero también de los barrios de El Bibio y Somió, que no son otros que aquéllos en los que asienta sus reales la clase alta gijonesa. Ese perfil sociológico peculiar hace al centro diferente de los otros institutos públicos de la ciudad. Según testimonia un profesor que trabajó hasta hace pocos meses en él como interino, y ha conocido otros centros de la ciudad, […]. Si en cualquier instituto hay, digamos, un 10% de estudiantes politizados, y en su gran mayoría lo están en ideas de izquierda, allí también hay un 10% de alumnos interesados en la política, pero en el ideario ultraderechista”.

La condición de interinidad del informante no excusa el desconocimiento que manifiesta de la zona de influencia del centro, al que se suma la ignorancia del anónimo articulista. Para empezar, los barrios que nutren a tal instituto son fundamentalmente La Arena, Viesques, El Coto y los alrededores del propio centro. Los alumnos procedentes de El Bibio y Somió son una minoría porque una reducida minoría son sus habitantes. Aparte de que El Bibio no es un barrio y una buena parte de Somió es, además, zona rural.

En los centros, sobre todo públicos, hay alumnos de diversa procedencia y conducta, la responsabilidad del centro se limita a encauzar, lo mejor que puede, la formación de cada alumno, contando con los medios disponibles. Sin embargo, según el anónimo periodista, tal parece que este Instituto ha apostado por convertirse en “caladero” de neonazis con la permisividad mayoritaria de la Comunidad Educativa del Centro. A pesar de lo dicho, el anónimo periodista da por válida la versión del profesor interino cuando dice que en los institutos de Gijón hay un 10% de alumnos progres, mientras que en el elitista instituto de El Piles el 10% es de cachorros nazis. Está claro que las encuestas lo aguantan todo y, mucho más, cuando ni siquiera se realizan.

El anónimo articulista dice ahora haber recabado información de un profesor del centro, Miguel San Miguel, que “recuerda vívidamente haber sufrido a los ultras en carne propia hace unos quince años”. Y, añade que “recuerda haber escuchado cantar el Cara al Sol en los pasillos brazo en alto y encontrarse el instituto con pintadas amenazantes contra el profesorado”. Ni idea de cómo ni en qué contexto y circunstancias sucedió, ni tampoco las consecuencias que se derivaron de tal hecho.

Este instituto, inaugurado en 1985, hace 32 años, tiene mucha más historia que la anécdota contada por este profesor. Ah, y cabría preguntarse, si tan graves considera que han sido estos hechos, ¿qué medidas tomó este profesor, presentó denuncia formal en el propio Centro o directamente ante la Consejería de Educación y cuál fue la respuesta, si es que la hubo? De no ser así el “caladero de […] cachorros del neonazismo” estaría propiciado por las autoridades responsables de la marcha del Centro a las que tendría que haberse referido y no con una acusación genérica y al aire, descalificando al Centro en lugar de señalar directamente a los responsables con nombres y apellidos, sean estos la Dirección del Centro, su Inspector o la propia Consejería de Educación, que serían los que en definitiva permitían tal conducta. Pero no, parece que el objetivo de tales declaraciones es desacreditar tanto al Centro como a la enseñanza pública.

Por otra parte el anónimo articulista, junto a sus fuentes de información, está identificando y adjudicando en exclusiva los malos modos, falta de disciplina y orden con idearios ultraderechistas. No es posible olvidar que la edad de los alumnos de los centros de segunda enseñanza coincide con una etapa de desarrollo en la que la rebeldía y otras circunstancias hacen o pueden hacer difícil su conducta en el Centro, sin que ello esté relacionado necesariamente con su ideología sino con la pubertad.

Reflejo de la sociedad y de sus políticos

En el anterior número de ATLÁNTICA XXII, con el título de “El neonazismo playu”, el articulista, a modo de generalización, dice que los neonazis forman parte de un grupo autodenominado “La Manada”, vinculado tanto al Sporting como a Gijón, pero olvida y desvincula a este grupo con el presuntamente responsable de la brutal agresión a Germán Fernández, el pasado mes de julio, en una calle de Gijón; y que, con esta misma denominación, “La Manada”, también se autodenominan los cinco presuntos violadores de la joven de 18 años en los Sanfermines de 2016 y que acaban de ser juzgados. Sin embargo no se hace mención ni se relaciona tal circunstancia con los ultras del instituto de El Piles, cuando, tal como dice el anónimo articulista o su informante profesor, un 10% equivalen a unos 50 o 60 alumnos ultras, pero sin que considere pueda existir relación alguna con La Manada, como sería lógico suponer. En el saco del articulista cabe de todo y de cualquier manera, desde los sucesos de hace unos quince años al actual “caladero […] de cachorros del neonazismo”.

Volviendo a las inexactitudes, tanto del articulista como a la de sus dos informantes, los hechos y la historia de este centro de enseñanza es otra y muy diferente. Contrariamente a todo lo anterior, una década antes, tres alumnos y una alumna de El Piles protagonizaron una acción de protesta relacionada con el fondo y la forma de unas elecciones. Tuvieron la ocurrencia de realizar unas pintadas en unas vallas de obra contiguas al Centro, y no en las paredes del Centro como constaba en la acusación, entre otros cargos. En una de ellas podía leerse “votando, votando que por el culo os están dando”. La Policía Municipal, al otro lado del río Piles y a un centenar de metros, identificó a estos alumnos que posteriormente detuvo en La Guía. Meses después se celebró el juicio a estos alumnos, dos de 15 años y otros dos de 16. La sanción ascendió a varias decenas de miles de pesetas. El único denunciante era el Ayuntamiento de Gijón, cuya corporación presidía el socialista Vicente Álvarez Areces como alcalde, siendo María José Ramos Rubiera concejala de Régimen Interior, Seguridad Ciudadana y Policía Municipal. De nada valieron las argumentaciones ni mediaciones, el juicio se celebró de forma inexorable, cualquier reivindicación o movilización social debía de ser sancionada, como así sucedió. Claro que no se trataba de neonazis.

Hace menos de quince años, este carácter autoritario del Gobierno de Asturias y del municipal de Gijón, por decirlo suavemente, no era más que el preludio de, por ejemplo, los cuatro ceros con los que las autoridades político educativas, es decir, el Gobierno socialista cuyo presidente era Álvarez Areces, exalcalde de Gijón, y cuyo consejero de Educación era Iglesias Riopedre, condenado ahora en el Caso Marea, calificaron al aspirante a director de la Laboral, Se puede recordar también cómo otro gobierno municipal socialista, presidido por la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, pretendió “gestionar” la rehabilitación del Colegio Público Jovellanos y, entre unos y otros, destituyeron y descalificaron a su director sin que importara lo más mínimo la opinión de una buena parte de los profesores, de los padres de los alumnos y la situación del Centro.

Me permito recordar al anónimo periodista que los actos y homenajes a fascistas y neonazis no solo están penalizados sino que incluso están financiados, y que plazas y calles siguen con sus nombres, y no pasa nada. Ni este instituto ni ningún otro está en una burbuja aséptica ni es ajeno a todo lo anterior.

Que en cualquier centro de enseñanza se matriculen o no alumnos neonazis no depende en absoluto del Centro. Pero si nos atenemos a la actuación del Gobierno de Asturias y al Gobierno municipal de Gijón parece que ambos, con su actuación, han sido artífices, en buena medida, de que haya caladeros de neonazis campando en bastantes ambientes sociales con la indiferencia de las autoridades. En todo caso este instituto -sus alumnos-, como los del resto de los centros de enseñanza pública, serían más una víctima y el reflejo del ultraderechismo y neonazismo de la sociedad y de sus políticos, no los responsables. Ni el fascismo ni el nazismo ni sus organizaciones ni sus símbolos e ideología están realmente penados en España.

Que el anónimo periodista apunte para donde mejor le parezca, pero que vaya al fondo de la cuestión con datos y con cierta lógica y no como cuando dice, que “el instituto público El Piles, sito a la vera del río del mismo nombre”, lo cual es condición necesaria, pero no suficiente, para que pueda añadir “y por lo tanto de El Molinón”. Vamos, que no porque el instituto esté a la vera del río, como lo están el Rinconín o La Camocha, está a la vera del estadio.

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