Isa ‘Speedy’, excomponente de Las Chinas: “Menos facha y católica, soy de todo”

Isabel Acosta en Avilés. Foto / Sergio López.

Ser punk en los años ochenta en España, donde el fenómeno llegó tarde, como casi todo, requería cierto valor y más en el caso de las mujeres. Isabel Acosta, ‘Speedy’, lo fue entonces y lo sigue siendo ahora con muchos más años, no se sabe exactamente cuántos, porque oculta la edad con punkiosa coquetería. Nació y vive en Avilés, aunque en su viajera peripecia vital estuvo en el Madrid de la Movida, donde fue la batería de Las Chinas, el primer grupo musical formado solo por mujeres. Ya no luce cresta pero la energía la mantiene intacta. Quédense agarrados a su ejemplar de ATLÁNTICA XXII que la cosa va a toda pastilla.

Carlos Barral / Poeta y promotor cultural.

Su mote era ‘Speedy’. ¿Aún responde a ese apelativo? ¿Remite al speed o a que es de natural inquieta?

Respondo, respondo. Antes que en Madrid viví con un jamaicano y otros punkitos en un squat en París. Uno de ellos estaba emperrado en llamarse ‘Speedy’ y le dije que ‘Speedy’ iba a llamarme yo (risas). Conocíamos el speed, claro, pero no vino por eso y se mantuvo porque yo iba fuera de ritmo, entonces Las Chinas, en los ensayos, me decían que qué bien me quedaba el mote: “Vete más despacio, speedy, más despacio”.

¿Por qué se fue a París, qué hacía allí?

Fui a dar una vuelta (risas). Viajé a dedo con otra amiga de Avilés. Tardamos dos días. Nos cogió en Siero un holandés que nos dejó a la entrada de París. Llegué con seis pesetas. Al menos yo hablaba bien francés, de hecho me confundían con una alemana por el acento, así que estuvimos por allí petardeando, buscando albergues de estudiantes para dormir pero, en tres días, la otra se echó un novio y se fue a vivir con él. Yo quería ir con ellos pero me dijo que de eso nada, que me fuera. Entonces vi a unos punkis de lejos y me dije: eso voy a ser yo. Les seguí y les dije que necesitaba un sitio para quedar. Dijeron que si quería podía derribar la puerta de la buhardilla de al lado. Era un squat en la calle Republic. Estuve allí tres meses. Me dediqué a vender marionetas en el metro. Tenían forma de pato con plumas y las llevaba en una maleta; vendía muchas. Pero al poco empezaron a expulsarnos de los squats. Te llevaban a comisaría, salías, entrabas pero, a la tercera, me dijeron que en veinticuatro horas tenía que abandonar Francia. Estuve unos días más y, con lo que había ahorrado, me volví en tren a Avilés.

¿Y es cuando se va para Madrid?

En Avilés había ambiente pero, claro, no había color. Yo de aquella no tenía ni 20 años y lo quería todo a lo grande.

También estuvo en Suiza.

En Suiza estuve un año trabajando de ayudante de cocina en un restaurante cerca de Zúrich aunque, espera, que eso fue antes de Madrid. Yo le había dicho a mi madre que quería irme y ella dijo que vale, pero que tenía que ser con contrato de trabajo. Fuimos juntas a la oficina de inmigración de Gijón y me fui a Suiza con contrato de trabajo y el viaje pagado. ¡Tenía un sueldazo! De hecho ganaba más que mi padre en Ensidesa. Dos días a la semana teníamos clases de alemán pero, claro, eso de joven no se aprecia. Y me cansé.

¿Suiza es tan tostón de país como parece?

Para nada. Yo era muy social y pronto hice mi grupito punki. Entonces me eché un novio que tocaba en un grupo y estábamos todo el rato en el local de ensayo. La batería me llamaba muchísimo. Y me puse a ello.

Ahora sí, es a la vuelta de Suiza cuando viaja para Madrid.

Eso es, sería en el año 79 o en el 80. Estuve 15 años.

Las Chinas y el chispum

¿Y cuándo entra a formar parte de Las Chinas?

Al mes de llegar a Madrid una amiga, Humildad, le fue contando a todo el mundo que yo tocaba. En El Sol me entraron. Mira, somos un grupo de chicas, no tenemos batería y vamos a grabar un disco, si te interesa… Al día siguiente estaba en su local. Fueron seis meses infernales porque yo estaba de hacer el tonto con la batería pero no como para tocar canciones estructuradas. Estrenamos actuación en El Escalón, una sala muy bonita que nos decoró Paco Ortiz con aspiradoras colgadas del techo; era un poco machista pero muy guapo. Y empezaron a salirnos bolillos en salas, en el Teatro Martín…

¿Eran el único grupo de tías que había en España?

Sí, sí, porque Las Vulpes fueron bastante posteriores.

¿Y cuánto tiempo estuvo en la banda?

Un par de años, hasta 1982. Fuimos a tocar a Vigo, a León, a muchos sitios. Hicimos teles, programas como Aplauso.

¿Y Asturias?

Cuando vinieron ya lo había dejado. A mí me tiraba más el rollo punk, Las Chinas eran muy pop. Monté entonces Las Pelvis Túrmix, que formaban parte de las Hornadas Irritantes con Glutamato Yeyé, etc. Todas las canciones duraban un minuto y acababan con chispum.

¿El grupo tenía algún interés político o era pura diversión?

Éramos todas rojas menos una que era de buena familia pero, en las letras, con excepción de El hombre salvaje, pues no se reflejaba. Eran letras apolíticas mientras que nuestro ambiente era otra cosa. Aunque todas sabíamos quiénes éramos como que no encajaba en la idea que querían para el grupo, o que Honorio Herrero [mánager de la banda] quería, porque era él quien realmente ponía y quitaba cosas. Yo, como no mandaba nada… Y eso me tiraba para atrás. Es que no querían meter cosas que escocieran. Y el momento lo permitía todo porque no teníamos ni puta idea de música.

¿Mantiene relación con alguna de las otras componentes de la banda?

Con todas. Sobre todo con la Jose, con Miluka y con Montse, la ex del Auserón. Solemos juntarnos todas cuando bajo por Madrid, y hacemos unas risas.

Aparte de su actividad como baterista, que imagino no daba para vivir, ¿a qué otras cosas se dedicaba?

A salir de noche.

Pero para eso hacía falta pasta, ¿no?

Qué va… Mi amiga Humi y yo teníamos un palco en la Sala El Sol con una botella de champán pagada por el dueño para todos los días del año. Nos invitaba todo el mundo, éramos súper queridas. Eso sí, salía de casa puestísima porque era punk, punk: cadenas, chapas, etc. Pero no hacía nada más, de trabajar quiero decir.

Ya, un punk trabajando…

Y así estuve años. Vivía en casa de Maripili, que me adoptó: ‘Tú de aquí no te mueves’. Eran muy rojos, de la Liga (LCR). Vivíamos un ciento y la madre. Yo es que les hacía gracia pero acabarían hasta los huevos de mí, creo yo.

Tuvieron relación musical y de colegueo con Radio Futura, con Eduardo Benavente, etc. ¿Con quién se llevaba?

Con todos. Con Eduardo Benavente y con las Betty Boop compartí piso en la calle del Pez. Aquello era todo un pandemónium, todos éramos músicos, todos éramos de todo. A Eduardo ya se le veía la maldición que llevaba encima. Empezó muy pronto a tontear con cosas peligrosas. A mí jamás se me ocurrió, tenía un miedo que flipabas. Yo con un par de cervecitas era la más feliz del mundo. Una pena. Y Bonezzi, el de Los Zombies, un tipo encantador, muy perfeccionista. Muy creador. No se soportaba a sí mismo y ¡tenía un talentazo! Creo que el perfeccionismo le acabó pasando factura. Y Tesa…

Justamente traía esta pregunta… Empiezan a surgir voces críticas provenientes de la cara B de La Movida con la que probablemente se identifique más. Recientemente se editaba una entrevista muy interesante con Tesa Arranz, de Los Zombies, y acaba de publicarse La movida modernosa, un libro desmitificador de José Luis Moreno-Ruiz. ¿Les conoce?

Ahora salen muchos libros sobre la movida especialmente de gente que no estuvo allí. ¿Moreno Ruiz, dices? Sería rocker… A ese no le conozco. Sí que he leído la entrevista a Tesa: es buenísima, y es todo verdad.

¿Por qué cree entonces que los más genuinos se han quedado en la cuneta?

Porque eran de verdad ¿Qué me interesa seguir tocando en un grupo comercial de mierda si no me gusta? No va conmigo ese rollo. Si hubiera estado con un grupo ultra heavy seguramente hubiera seguido. También me quitó mucho espacio para la música que fui madre en 1983. Estuve casada dos años y luego tuve que trabajar para criar a mi hija. Me volví seria de repente y me separé de la música radicalmente aunque escucho música todos los días.

Una de las portadas de Las Chinas.

Peores que los hombres

¿Qué grupos le molaban? Y del resto de escenas, ¿qué le interesaba?

Dead Kennedys, Los Rezillos, todos los grupos punks: Pistols, Iggy, La Fura dels Baus. A la pintura se dedicaba la Jose, yo iba con ella a todas las exposiciones porque tenía un novio que era crítico de arte, el Bonet [Juan Manuel]. En esa época íbamos a montón de tertulias, de presentaciones y tal, y mientras ellos hablaban yo a beber cervezas. Íbamos al Café Gijón, al Comercial. He conocido gente increíble pero no recuerdo cómo (risas).

¿Fue aquello tan loco, permisivo, promiscuo, drogadicto y transgresor como se pinta?

Sí, sí, sí. Como decía Tierno, “el que no esté colocado que se coloque”. Estaban los jipis que se fumaban los porros y las otras tribus que se tomaba lo que les daba la gana. Las dexis…, y mucho yonki. La gente estaba muy enloquecida, me siento muy afortunada de haber llegado hasta aquí. Para eso sí tuve cabeza, para otras cosas no.

Juan de Pablos pincha el tema 23 de enero cada 23 de enero.

Era nuestro fan nº 1 y la Jose muy amiga suya. Sentimos mucho cuando murió su amigo de siempre. Yo también la suelo poner en el Facebook.

¿La escena musical de la movida era machista? Y en cuanto a las clases sociales, ¿estaban marcadas?

Fue cuando las mujeres comenzamos a hacer lo que nos dio la gana: en el vestir, en el fumar, en el beber. Éramos peores que los tíos. Reconocimos que no había diferencias, excepto las biológicas. Nos íbamos a bares de señores y pedíamos una copa y un puro y veíamos el partido de fútbol. Aquello era un sin parar; por ejemplo, nos juntábamos 18 o 20 y decidíamos ir al Paseo de la Castellana a cruzar los pasos de cebra en fila india, o comprábamos Blandiblub y nos colgábamos mocos, o nos íbamos a misa… Un día compramos en una casquería un trozo grande de hígado y en el metro íbamos echando pedazos al toser, como si estuviéramos muy enfermos.

Muy naif.

Era muy anglosajón todo porque los punkis ingleses y alemanes eran de epatar a la gente. Muy de risas, inofensivo. En cuanto a las clases sociales, no se notaba la diferencia. Íbamos todos a los mismos sitios. Todo se mezcló. Yo tengo ido de fiesta a casa de Suárez y a casa de embajadores.

¿De Suárez el expresidente del Gobierno?

Sí, sí, aunque no recuerdo cómo fue aquello.

Se está pergeñando un documental en clave feminista sobre el punk y el hardcore femenino en España.

No me ha llegado la onda pero me parece muy bien. Me gustaría mucho que saliera un grupo femenino de heavy regional. Sería un puntazo.

¿Qué opina del papel que jugó el PSOE en el inicio de la democracia?

Me escuece mucho. El PSOE, desde la OTAN, se quitó la careta. Se vendieron muy rápido. Tengo la sensación de que los guiones están escritos, tanto antes como ahora. No van a dejar gobernar a Podemos ni a las Mareas. A veces pienso que sin sangre no va a pasar nunca nada, y es una gran putada. Tengo pésima opinión del PSOE a pesar de algunos de sus militantes.

Y el golpe de Estado, ¿la pilló en Madrid?

En Campo de Criptana. Humi tenía casa allí. Los del pueblo querían hacer barricadas y tal, fue muy acojonante. Oíamos la radio, que si tanques en Valencia, que si el Congreso, y nosotras pensando: ¡hostia, que vuelve el Franco!

¿Pero estaban de punkis?

Hombre claro, pero ya nos conocían. Ella tenía cresta y yo lo llevaba blanco y negro. Íbamos a La Cueva, la discoteca del pueblo, que nos llevaba para que llenásemos el local. Cuando no éramos más de 20 punkis en Madrid (Juan Carlos el Resetas, Fernando el de Flor de Basura…), los niños nos seguían por la calle y decían: “Mira mamá, los payasos”. Y nosotros: ¡¡Niño, desgraciao!!

La ciudad del Gran Hermano

¿Fue muy heavy el choque entre Madrid y Londres?

¡Qué va! Volví de Madrid en 1992, me fui a Londres en el 96 y estuve allí hasta 2004. Trabajé en una empresa de catering y el último año y medio estuve de asistente personal de Alan Brien, conocido por ser autor de una de las biografías más reconocidas sobre Lenin, The novel. Alan estaba obsesionado con él, llevaba perilla y todo. Había sido corresponsal de la BBC en Nueva York y colaborador del New Yorker, The Sunday Times o The Observer. Era un símbolo de opinión en Londres. Cuando yo le atendí tenía demencia y alzheimer, se murió 5 meses después de que dejase de cuidarle. Estaba todo el día aprendiendo con él. Cuando le llevaba al pub había otros escritores, cómicos, gente importante del mundo cultural. Me dio mucha pena cuando se murió.

¿Vivió la escena de conciertos, la vida cultural londinense?

Fui a muchos conciertos y me hice muy fan de Muse. También fui a ver conciertos de grupos punks viejos como yo pero me desilusionaron bastante. Yo sigo siendo punk aunque no lleve las mismas pintas. Me he vuelto más presumida. Ahora me quedaría fatal, además. Me gustan Alabama Thunderpusy, Marilyn Manson, etc., y sigo escuchando la música de mi época: Exploited (que estuvieron en mi casa), The Damned, Stiff Little Fingers…

¿Ha vuelto a Londres?

No, pero iré. Después de tanto tiempo yo solo quería regresar. Londres es una ciudad mega-vigilada, llena de cámaras. No me mola. Me harté.

¿Proviene de la época Thatcher?

Creo que es posterior pero, aparte, la gente inglesa está deseando que te largues, aunque no te lo digan. Yo vivía en el norte, en un barrio turco que luego se fue llenando de polacos. No te sientes en Londres, es como si estuvieras en Blade Runner. Y, además, lo caro que es.

¿Es errante y por tanto apátrida o se siente asturiana?

Me siento mundial. Me gusta Asturias y las gaitas pero estoy a gusto en cualquier sitio. Soy una viajera y no descarto volver a marchar. Me atrae mucho Grecia en este momento. Soy roja, feminista y anarquista. Menos facha y católica, soy de todo. Tengo varias creencias, puedo ser como los japoneses, sintoísta, que es más útil y divertido. Lo del Dios católico no hay quién se lo trague y, claro, también tengo miedo a morir, como todo el mundo.

Cambios y sangre

¿Le asusta el fascismo emergente?

Mucho, me aterra, y deberíamos hacer algo más. Hay que mostrar el rechazo, esto es un problema geopolítico muy gordo. Esta ópera se dirige desde las altas esferas y no cambiará a no ser que haya sangre. Los que dominan saben bien cómo funcionamos y estamos jodidos.

¿Cómo ve Asturias?

La veo cobarde, y me da mucha pena. Los jóvenes están muy poco politizados, poco rebeldes, y me gustaría que se implicaran más. Tendríamos que pedir la independencia, igual nos iba mejor. Y que nos saquen de Europa. A la unión europea, desde que es política, no le veo futuro. ¿Qué podemos hacer? Podemos suicidarnos en masa (risas).

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 48, ENERO DE 2017

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