Javier Vidal, hombre de confianza de Teddy Bautista, ascendido a la cúpula de la SGAE

Portada del número 16 dedicada a Javier Vidal en la SGAE.

Javier Vidal, hasta ahora delegado de la Sociedad General de Autores (SGAE) en Galicia, Asturias y Cantabria, ha sido nombrado director corporativo de relaciones institucionales de este organismo, que ahora preside el músico gallego Antón Reixa.

El ascenso de Vidal indica que el nuevo equipo directivo de la SGAE parece inclinarse más por una transición que por una ruptura, porque el hasta ahora responsable de la entidad en el Noroeste de España era un hombre de confianza del ex presidente Teddy Bautista. Vidal conoció a Bautista cuando la SGAE buscaba a un responsable en Asturias a través de un anuncio en la prensa y desde entonces se convirtió en un gestor eficaz que multiplicó las recaudaciones de la sociedad espectacularmente. También convirtió a la SGAE asturiana en una verdadera empresa familiar, ya que contrató sin limitaciones a numerosos parientes, con el consentimiento de Teddy Bautista, que nunca cuestionó las fórmulas de contratación.

En 1991 fue el primer ascenso de Vidal en la SGAE cuando se hizo cargo de la zona de Galicia, Asturias y Cantabria y se trasladó a Santiago de Compostela.

La labor de Vidal a partir de ahora en su nuevo cargo se centrará en limpiar en nombre de la entidad y recuperar el prestigio perdido, estrechando las relaciones con instituciones, partidos políticos y otras entidades de gestión. Para esta tarea Javier Vidal (Salinas, 1946) está avalado por su experiencia. Fue uno de los fundadores de UCD en Asturias y consejero en la Autonomía por este partido centrista. Después fue concejal en Oviedo con el PP durante la alcaldía de Gabino de Lorenzo.

Atlántica XXII dedicó un artículo a la gestión de Vidal en la SGAE asturiana y a la masiva contratación de familiares en el número 16 de la revista, que apareció en septiembre de 2011. El propio Vidal colaboró aportando datos en la elaboración del artículo, sin ningún tipo de ocultismo.

JAVIER VIDAL COLOCÓ A OCHO FAMILIARES EN LA SGAE DE ASTURIAS

Georgina Fernández y Xuan Cándano / Periodistas.

La Sociedad General de Autores (SGAE) en Asturias es prácticamente una empresa familiar de Javier Vidal García Sánchez. Hasta ocho familiares del director de esta polémica entidad en el Noroeste de España fueron colocados por Vidal en la delegación asturiana, donde trabajan doce personas.

Parientes directos y políticos

Javier Vidal, un tipo simpático al que todo el mundo conoce por su nombre compuesto desde que se inició en la política en la transición, fue colocando a todos estos parientes cuando estuvo al frente de la SGAE en Asturias desde 1986 a 1991, aunque alguno comenzó a trabajar más tarde, cuando ascendió al puesto que actualmente ocupa como director de la zona Noroeste, que también agrupa a Galicia y Cantabria.

Atendiendo al orden jerárquico la lista la encabeza su hijo Francisco García Hidalgo, abogado, que heredó de su padre el puesto de delegado territorial en Oviedo, con mando en las tres Autonomías, y desde hace casi un año ascendió al cargo de Coordinador Nacional de Cuentas a Cobrar. Lo ejerce desde la sede de la SGAE en la capital asturiana y le sustituyó al frente de la delegación su medio hermana Liliana García Gutiérrez, también hija de Vidal, que había entrado a trabajar en la empresa en 1997 como delegada en Gijón. También está en la SGAE asturiana la esposa de Francisco, María Ángeles López Álvarez, que lleva Atención al Socio, y el ex marido de Liliana, Raúl Caldevilla González. La madre de Liliana y ex mujer de Javier Vidal, Pilar Gutiérrez Saavedra, también comparte lugar de trabajo con su hija.

Completan la lista la prima segunda de Javier Vidal, María Paz Álvarez Sánchez, responsable de administración, y su esposo Luis Ángel Menéndez Menéndez, que lleva la recaudación en Oviedo. También hay que añadir el nombre de una prima de María Paz, Raquel Sánchez Sánchez. Algunas fuentes también incorporan al listado a otra trabajadora de la SGAE en Asturias por su actual relación sentimental con Javier Vidal, pero el director apela a su intimidad y recuerda que en la actualidad no está casado. Si incluimos a esta mujer en total son nueve las personal del “clan Vidal” contratadas en la SGAE de Asturias sobre un total de doce trabajadores, seis representantes y otros tantos empleados.

Javier Vidal no se oculta y confirmó todos estos datos a ATLÁNTICA XXII, pero deja claro que nada hay de ilegal en esas contrataciones y, en su opinión, tampoco de inmoral. Fue el primer responsable de la nueva época de la SGAE en Asturias, siempre de la mano de Teddy Baustista. Accedió al puesto tras interesarse por un anuncio en la prensa y de 1986 a 1991 figuró en la empresa como autónomo con total libertad para contratar al personal y poner en marcha un equipo. Lo que se le exigía eran resultados, es decir, dinero, aumentar la recaudación. Y lo hizo espectacularmente. El primer año que llegó recaudó 336.000 euros y en 2010 la cantidad ya era de 7,29 millones. En esa época (1986-1991) recibía unos incentivos del 1,5% de lo recaudado en Asturias y el 7% de lo recaudado en Oviedo.

“Me contrataron, me dieron la empresa y me dijeron que contratara a quien me diera la gana”, recuerda ahora Javier Vidal, que a sus sesenta y cuatro años ve cerca su jubilación. “Les di un regalo, porque era una gente que estaba formada”, añade, subrayando la competencia profesional de su “equipo familiar”, algo en lo que también coinciden quienes conocen bien a la SGAE asturiana. Según Javier Vidal sus parientes empezaron como interinos y luego tuvieron que pasar un examen para obtener su plaza.

Un plan de jubilaciones para cuatro

Esta endogamia en la SGAE de Asturias es un secreto a voces desde hace tiempo en el mundo de la música y de la cultura en la autonomía, pero nadie levanta la voz, ni dentro ni fuera de la entidad. “Es el momento de que la sociedad cambie, de que sea más transparente, si los gestores tienen montado un chiringuito, eso hay que arreglarlo”, asegura el músico asturiano Ramón Prada, aunque a lo que se refiere es a la operación judicial que provocó en Madrid en julio nueve detenciones en la cúpula nacional de la SGAE. El caso aún está abierto y bajo secreto de sumario e incluye acusaciones de delitos societarios y apropiación indebida. Aunque Prada deja claro que los únicos que tienen derecho a estar enfadados con su mala gestión son los socios de la SGAE y que no hay que confundirse: hay que cambiar algo en la SGAE, pero deben seguir cobrándose los derechos de autor.

“Siempre hubo mucho hermetismo”, asegura por su parte otro músico asturiano, Xune Elipe, cantante de Dixebra. “Debía ser transparente”, dice, por su parte, Enrique Granda, productor musical asturiano, el empresario musical que más ingresos genera en el Principado.

No gusta tampoco a todos la peculiar democracia de la SGAE en la que los autores tienen derecho a voto a partir de determinados ingresos. Así, por ejemplo, Xune Elipe, con un grupo de los más conocidos en Asturias, no tiene derecho a voto. Ramón Prada, por su parte, asegura que la sede de Asturias -con 1.427 socios según el último balance- únicamente tiene 74 votos “y éstos están en manos de pocas personas, que somos las que generamos más dinero a la sociedad”.

Algunos, como Toli Morilla, autor e intérprete que ostenta derecho a voto, creen en el sistema: “En mi caso y en los que conozco, el trabajo y la suerte, como en todos los ámbitos artísticos, confluyeron para que esas obras fueran distribuidas y generaran ingresos. No sería lógico, pues, que las decisiones, en una entidad que gestiona los rendimientos dinerarios de una actividad de carácter privado, las tomen aquellos cuyas obras, por la razón que sea, no han tenido la suerte de generar derechos. Quiero decir, para evitar malentendidos, que no es lo mismo tomar decisiones cuando te va la vida en ello, como es mi caso, que cuando los intereses son mínimos y la vida transcurre por otros derroteros. Ahora bien, si esto se puede mejorar, habría que estudiar profundamente qué mecanismos se deberían cambiar para que esto ocurra y actuar en consecuencia. A título personal, estuve bastantes años sin tener derecho a voto porque mis obras no llegaban a generar los ingresos necesarios y tenía que dedicarme a otras cosas, pero siempre entendí que esto era bastante lógico”.

Quien más ingresos genera, más votos tiene y también cobra más. Para Granda, la fórmula es injusta porque “un músico puede tener un solo éxito y ya tiene derecho a ciento y pico votos. Así, puede tener más peso el Aserejé que Aute. La SGAE al final es como un plan de jubilaciones para cuatro”.

No se entienden las cuentas

La opacidad en el dinero que recauda y distribuye la SGAE es un estribillo repetido entre los músicos. “Anualmente, nos llega una memoria y se ven las grandes cifras; no se desglosa por comunidades autónomas. Lo ves y ¿qué vas a decir? Estamos hablando de muchísimo dinero, pero te abstienes o lo apruebas”, dice Prada. Xune Elipe coincide en ello: “Las cuentas de la SGAE no las conocemos; las que nos mandan a nosotros cada seis meses tampoco las entendemos. Nos extrañó algo que nos sucedió hace años: la Consejería de Cultura eligió una canción de Dixebra como lema de una campaña de promoción del asturiano. El tema formó parte de un spot de publicidad y salió en la radio, en la televisión y hasta en el cine y cuando pasaron los seis meses -periodo en el que nos liquidan los derechos de autor- no nos pagaron nada. Les preguntamos: ¿qué pasa aquí? Y nos dijeron: os pagamos, si nos traéis un listado de cuántas veces sonó. Nosotros pensamos: ‘entonces para qué estás tú’. De aquélla no cobramos un duro. Como no somos un grupo profesional, lo dejamos…”. Son muchos los socios asturianos de SGAE que se preguntan dónde van los ingresos -“es mucho dinero”, coinciden-, cómo se reparten y por qué no se apoya más a los grupos y creadores en general que están empezando.

Claro que, con todos sus defectos, los socios de la SGAE quieren que siga existiendo una sociedad que gestione los derechos de autor y temen que algunos pretendan aprovecharse del problema que atraviesa ahora la entidad para intentar eliminarlos. Ese cobro es fundamental, por ejemplo, en casos como el de Ramón Prada, ya que para un compositor ésa es la única fuente de retribución. “En mi caso y bastantes más que conozco, los ingresos por derechos de autor son los que nos permitieron poder invertir el dinero necesario para poder seguir con la labor de componer, grabar, editar y distribuir las obras, porque cuando uno está haciendo esas cosas no hay entradas, pero sí muchos gastos y, simplemente, te tiras a la piscina y después la gente es la que te premia con su aceptación o te castiga con su indiferencia”, coincide Morilla.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 16, SEPTIEMBRE DE 2011

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