Jordi Évole: “Cuantos menos despachos pisemos los periodistas mejor”

Jordi Évole es el director de ‘Salvados’. Foto / Virginia Quiles.

Jordi Évole (Cornellá de Llobregat, Barcelona, 1974) no se salva de la gripe y llega a la entrevista con ATLÁNTICA XXII en su lugar de trabajo en Barcelona con un trancazo tremendo. Le suele pasar después de semanas de mucho trabajo y tensión. Y las últimas lo han sido. Desde desplazarse a Venezuela para entrevistar a Nicolás Maduro hasta contar los abusos de un cura en La Bañeza, pasando por arbitrar un debate entre Zapatero y Mas y otro entre Arrimadas y Rovira. Esa variedad es una de las claves del éxito de Salvados, como el propio Évole admite. El programa de La Sexta cumplirá diez años de emisión el próximo mes, para lo que preparan un programa especial. Pese a la gripe, Évole se sienta en una sala de la redacción del programa y habla a gusto de todo. Sobre todo de periodismo y de medios de comunicación, comparando sus guerras con un Oviedo-Sporting o un Madrid-Barcelona. También hay tiempo para Cataluña, como era de esperar.

Xuan Fernández / Periodista (Barcelona).

¿Y usted de qué nos quiere salvar?

(Risas) Hoy de nada, puedo intentar salvaros de lo que vosotros queráis, aunque no tengo ninguna capacidad sanadora, ¿eh?, te lo puedo asegurar.

¿Por qué en España hay tan poco periodismo de investigación?

El periodismo de investigación es caro y necesita tiempo. El tiempo vale dinero y por eso hay tan poco. Los medios están en una situación muy mala, económicamente hablando. Vivimos un momento de una paradoja importante, en el que hay por un lado una demanda de información potable por parte de la población y, en cambio, no sé si estamos ofreciendo esa información tan potable.

¿Qué responsabilidad tienen los propios periodistas de la mala salud del sector? Parece que siempre se echa la culpa a otros.

Creo que nosotros, como periodistas, no estamos luchando contra cosas en las que no hace falta dinero. Nos están marcando la agenda, lo que tenemos que hacer, ya desde hace mucho tiempo. Y eso es algo que al final acabamos decidiendo los periodistas en las redacciones. Es verdad que a veces pueden venirte las cosas impuestas, pero también te puedes revelar ante eso. Creo que nos hacemos un flaco favor cuando nos dedicamos a acudir a ruedas de prensa del político de turno que no tienen ningún tipo de importancia.

El poder la información oficial.

Sí, exacto. Perdemos un tiempo valiosísimo que se podría dedicar a tirar de un tema que puede ser mucho más interesante que lo que diga un mandatario.

¿Se ha perdido la pasión por hacer periodismo?

No, creo que pasión sigue habiendo. Me resisto a pensar que se ha perdido. Hay gente jovencísima saliendo de las Facultades con la misma pasión y ganas que podíamos tener cualquiera de los que ahora pasamos los cuarenta. Ese no es el problema sustancial.

¿Están preparados los periodistas para ser empresarios?

No es nuestra principal virtud. Pero, no sé, se puede querer ser empresario, con todo lo que eso implica, pero sin esa vocación de querer ganar tanto dinero que han tenido los empresarios de la comunicación. Creo que la empresa periodística tiene una manera de premiar a los periodistas muy rara: les asciende y les da un despacho. Cuando quizá ese periodista donde es bueno es en la calle y sacando temas. En cambio, para ganar más dinero, parece que lo que tienes que hacer es acabar en un despacho. Es un poco contradictorio. Cuantos menos despachos pisemos los periodistas mejor.

¿Por qué en esta profesión se dan tantos premios?

(Risas) Hay muchos premios en otros gremios también, lo que pasa es que los periodistas cubrimos mucho los premios que nos damos a nosotros. Yo estoy encantado con todos los premios que nos han dado, ¿eh? Bienvenidos son, hemos tenido mucha suerte, porque nos hemos sentido muy reconocidos.

Jordi Évole ha hecho de su programa de televisión un referente del periodismo de calidad. Foto / Virginia Quiles.

Sin camiseta

¿Qué opina de las guerras entre medios?

Creo que los periodistas no tenemos que confundirnos y no debemos convertirnos en soldados de las guerras de nuestros jefes. Son guerras de grandes empresas y ese es el error. No es nuestro papel.

¿El periodista no debe ser abanderado de su medio?

No. Bueno, a veces sí, pero no en una guerra económica de dos grupos. Yo no quiero militar en ningún gran grupo de comunicación. Eventualmente estaré en uno de ellos porque me contratan y a los dos nos va bien ese acuerdo. Pero de ahí a convertirte en abanderado de un gran grupo, en plan “yo visto esta camiseta y defiendo este escudo”, creo que es un error.

Como en el fútbol.

Hay una cierta futbolización de toda la información. Llegamos a un punto en que todo se convierte en un Barça-Madrid o en un Oviedo-Sporting. Reducirlo todo a eso es malo. También está pasando en la política. Todo se está convirtiendo en un ranking.

Los medios luchan por ser los primeros en el ranking de los clics de Internet.

Sí. Que es lo más visto, lo más visitado, lo más comentado. Es una verdadera obsesión. Paremos un poco todo esto.

Usted tiene una gran exposición en redes sociales. ¿También se obsesiona?

Participo de eso, pero lucho para intentar obsesionarme cada vez menos. No creo que lo más visto o retuiteado sea lo mejor. Creo que tenemos que hacer un ejercicio de humildad y no currar para la galería. Estamos obsesionados en mirar a las gradas. Vivimos demasiado pendientes de si funciona aquello que he escrito o si se ve mucho el programa que he grabado. De lo que dicen de nosotros, vamos.

Pero esto es también es un negocio.

Es verdad que estamos en un mercado en el que si no tienes visitas no entra publicidad… y es la pescadilla que se muerde la cola. Pero de ahí a sacralizar la audiencia, porque al final todo es audiencia… Pues no sé si vamos bien por ahí.

¿Lo que dice Twitter va a misa?

Twitter es una burbuja en la que hay una cantidad enorme de ciudadanos que no participa. Pero lo que pasa es que hay muchos periodistas, entonces hemos convertido lo que dice Twitter en algo casi universal y estamos equivocadísimos.

Las mentiras de toda la vida

¿Qué le parece el concepto de la posverdad?

Estos palabros que nos sacamos de la manga, como posverdad… ¡La posverdad es la mentira de toda la vida! Ahora lo disfrazamos y decimos que es posverdad. No sé muy bien qué es lo que queremos decir con eso, pero estamos en un momento de seria dificultad para que a veces nos crean.

Un estudio de la Universidad de Oxford dice que los periodistas españoles son los más mentirosos de Europa.

El espectador, el lector, el oyente, pone muchos reparos a veces en lo que decimos. Piensa: ¿y esto por qué me lo estará contando? A mí me gusta que sea así. Me parece bien que quieran contrastar lo que les decimos. Lo que me alucina es que luego un whatsapp enviado desde un grupo de amigos se convierta en un dogma, en la verdad verdadera. Antes se decía: “Esto es verdad porque lo ha dicho la tele”, ahora te dicen: “Esto es verdad porque me lo ha enviado un amigo por Whatsapp”.

¿Cómo se debe luchar contra esa invasión de noticias falsas, las llamadas fake news?

Ahora mismo creo que no tenemos las herramientas necesarias. Están surgiendo algún tipo de iniciativas, como Maldito Bulo, que me parece que son muy buenas. Pero no sé si suficientes para parar la bola. ¡Porque es muy grande! Me han llegado cosas por Whatsapp, a veces sobre nosotros mismos, que piensas: “¿Pero esto quién se lo ha sacado de la manga?”.

¿Es algo peligroso a largo plazo?

¡Es peligroso ya! Y con el tiempo puede serlo más aún.

¿Las redes sociales sacan lo peor de las personas?

Lo peor y lo mejor. Últimamente no sé qué filtro me he puesto en el móvil que me llegan pocas notificaciones de Twitter y estoy siendo bastante más feliz. No he mirado como quitarlo. Hay que relativizar un poco todo. Esta mañana he tenido un día loco en Twitter. He destacado unas declaraciones de la directora de Verano 1993, en el programa de Buenafuente, que decía que había rodado la película en catalán porque es su lengua. Fue muy aplaudida en el plató, que está en Madrid. Quise destacarlo porque creo que en un momento como este de vez en cuando tenemos que destacar lo bueno. Rápidamente en Twitter me contestó un chico, que no conozco de nada, diciéndome que bueno, que sí, pero que lo malo era muy malo. Empezamos un diálogo sin insultarnos ni nada y al final le dije: oye, voy a destacar lo bonito de este dialogo. A veces se puede.

Jordi Évole durante la entrevista en la redacción de su programa en Barcelona. Foto / Virginia Quiles.

Las opiniones de los jefes

Vayamos con Salvados. En uno de los programas recientes, “El silencio de la Bañeza” (sobre un cura pederasta en un seminario), recupera esa fórmula de profundizar historias ocultas. ¿Ese es el camino?

Debemos ir por todos los caminos. Salvados tiene la suerte de que cada programa es diferente. A mí particularmente, y creo que al equipo también, nos ayuda la variedad de enfoques que le damos a los temas. Desde un cara a cara, una entrevista o un programa con profundidad. Lo que no queremos es tener ningún corsé. Ahí perderíamos.

Salvados se emite en La Sexta, de Atresmedia, un gigante de la comunicación. ¿Alguna vez algún jefe le ha dicho no tocar según qué tema?

Recomendaciones de que no hagas un tema siempre las hay. Pero lo importante de un programa para mí radica en utilizar nuestra fuerza, que es la cantidad de gente que nos ve. Escuché una vez una frase de Julia Otero que dijo que lo más importante que te da la audiencia es libertad. Debemos utilizar esa fuerza para poder hacer lo que queramos, aunque nuestros superiores no estén muy de acuerdo. Nos hemos encontrado con temas que no les hacían mucha ilusión a nuestros jefes y los hemos hecho igual.

¿Se arrepiente de algo?

¡De un montón de cosas! ¡Un montón! Siempre hay una pregunta que no haces, un enfoque con el que te equivocas, una secuencia que no funciona, un programa que no lo haces con la pluralidad que necesitaría, una información que no contrastaste lo suficiente…

Referéndum sí, independencia no

Vayamos al procés catalán: ¿piensa que hay gente que le ha encasillado en un bando u otro?

Sí, creo que es un proceso por el que hemos pasado varios en Cataluña y si eres una persona conocida o pública eso se acentúa. (Silencio largo) No sé sí me ha pasado factura, pero no lo he pasado muy bien. No ha sido la mejor época de nuestras vidas, eso seguro.

Pero aún podemos ser optimistas, ¿no?

Uf, no sé qué decirte. No tengo ni idea. Creo que dentro de Cataluña se ha fomentado una tensión y una brecha muy peligrosa.

¿Esa tensión social casi bélica es real o es lo que nos están vendiendo?

Ahora mismo sí que hay un conflicto social muy fuerte entre los favorables a la independencia y los que no. Es un tema que si lo sacas en una terraza, con gente de las dos partes, no se lleva muy bien.

¿Ha cambiado su postura? A favor del referéndum pactado, pero no de la independencia.

Soy muy cabezón, sigo en el mismo sitio. Creo que sería lo lógico. Sigo pensando que la independencia no sería buena, lo que pasa es que me gustaría refrendar eso votando. Si la mayoría de mis vecinos, los otros catalanes, decidiesen que la que la independencia es la opción preferida, yo lo aceptaría.

¿Nos volveremos a llevar todos bien?

Va a necesitar tiempo. Nos hemos engorilado demasiado todos, es una pena. Lo digo con tristeza, a mí no me ha gustado lo que hemos vivido, por los dos lados. Tanto por lo que ha significado la vía unilateral del independentismo como por la represión del Estado.

¿Qué político lo ha hecho peor?

Podríamos dar una lista muy larga. Creo que han ayudado muy poco posturas como las de Carles Puigdemont o Albert Rivera. Este último, siendo catalán, no ha explicado exactamente bien lo que sucedía aquí en algunos aspectos. Y cuando ostentas un cargo de importancia, como Puigdemont, no puedes hablar solo para una parte de Cataluña.

¿Cómo salen parados los medios de comunicación de todo este lío?

Lo que hablábamos antes del fútbol. Creo que los medios se han puesto una camiseta, cada uno lleva la suya. Cuando abres un periódico o enciendes la tele sabes lo que te vas a encontrar, aunque hay honrosas excepciones. Hemos convertido el periodismo en una guerra de bandos. Los medios, en general, han contribuido muy poco a la distensión en Cataluña.

Hace poco usted comparó el procés con una serie de televisión con grandes personajes y giros de guión. ¿Cada vez tiene menos audiencia?

Ahora puede haber un cierto hartazgo, sobre todo fuera de Cataluña. Aun así, ¡cuidado con los guionistas del procés! Son muy buenos. Aquí procés tenemos para rato. Hay momentos en los que baja la intensidad, pero todos sabemos que volverá a subir. No os quepa la menor duda: no sé si como mega producción, pero el procés volverá a traspasar fronteras. Durante muchos años fue nuestro culebrón, pero pasó como cuando una serie funciona muy bien y la compra otro país. Eso fue el procés: un culebrón estrictamente catalán que amplió sus fronteras. Ahora ha bajado un poco su audiencia.

Esperemos que en unos años no hagan un remake.

Hostia, no descartes nada. No os fiéis de estas bajadas de intensidad, ¡porque luego siempre vuelve a remontar!

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 54, ENERO DE 2018

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