Jorge Moruno: “El deseo de vivir mejor y sufrir menos es profundamente anticapitalista”

Jorge Moruno en Oviedo. Foto / Imanol Rimada.

Sociólogo e investigador en el campo de las transformaciones del trabajo, Jorge Moruno (Madrid, 1982) es miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos y autor de La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa-mundo (Akal). Participó la semana pasada en la Universidá de Primavera organizada por el Institutu Asturies 2030 en Oviedo, dentro de la mesa redonda dedicada a “La industria de la felicidad. Capitalismo, malestar social y recetas de mansedumbre”.

Luis Feás Costilla / Periodista.

¿Qué podemos entender por “industria de la felicidad”?

La industria de la felicidad, o de la motivación, digamos, hay que enmarcarla dentro de un modelo de relaciones, y de redes sociales y de producción, más amplio, es decir, como la respuesta del capitalismo contemporáneo, al menos en esta parte del mundo. Es una forma de dominación política sobre la fuerza de trabajo, toda vez que, en mi opinión, la sociedad se ha convertido en una fábrica. Es una manera de controlar mentes acorde a la competencia extrema que requiere el trabajo actual, que por ejemplo te exige la resilencia, es decir, la capacidad de superar traumas rápidamente. Nuevas modalidades de trabajo acordes con las exigencias ultracompetitivas de la relación financiera provocan que las personas funcionemos al ritmo de las propias finanzas y por eso son fundamentales dispositivos que moldeen mentalmente a una fuerza de trabajo que muchas veces colapsa, claro.

Afirma que España es el país que más psicofármacos consume.

Sí, su consumo se ha triplicado desde la llegada de la crisis. Toda esta necesidad de presentarte en sociedad supuestamente feliz, con sonrisa profidén, esconde al mismo tiempo unas tasas de estrés y de incertidumbre e inseguridad que lleva al aumento en un 20% de la tasa de suicidios y al consumo constante de psicofármacos. ¿Por qué? Pues porque de alguna manera nunca puedes estar a ese nivel de perfección que te exige la empresa financiera contemporánea.

¿La felicidad individual no está relacionada con el anhelo de emancipación?

En mi opinión, en lo que ha tenido éxito el neoliberalismo contemporáneo es en movilizar el deseo inconsciente por dejar de ser lo que te ha tocado ser en esta vida, que es ser trabajador. Lo que pasa es que lo hace canalizándolo a través de la competencia y de la emancipación individual. De alguna manera Margaret Thatcher supo leer muy bien lo que sucedió en los años sesenta y setenta con los conflictos, las movilizaciones y las transformaciones del ser humano, cansado de ser un apéndice en la fábrica haciendo ocho horas lo mismo, el mismo gesto rutinario que enmohece el cerebro. Lo articuló de manera neoliberal, pero ese deseo de vivir mejor y sufrir menos, por no estar supeditado a una disciplina, por no ser trabajador, es un deseo profundamente anticapitalista.

La pregunta es: ¿cómo podemos nosotros, desde un punto de vista democrático, orientar ese deseo por vivir mejor y sufrir menos, esa aspiración, ese anhelo por no ser aquello que supuestamente tienes que ser? El problema es que esta deriva anticapitalista reivindica mi papel dentro del capital, es decir, me reivindica como trabajador. Y no puede ser que el neoliberalismo te incite a dejar de ser trabajador, a emanciparte, a no estar subordinado, a tomar tus propias decisiones, a ser libre, a articular todo este tipo de conceptos, y nosotros lo que reivindiquemos es nuestra posición dentro del capital como trabajadores, cuando lo que tendríamos que buscar es la emancipación.

¿Hay algo que pueda hacernos sospechar que el emprendedor es feliz?

Ahí habría que definir qué es la felicidad, no es lo mismo hoy que en otras épocas. Lo que nos hacen es trasladar el riesgo. En un mundo donde el trabajo ya no está garantizado y conseguirlo te asegura cada vez menos, se traslada el riesgo a la población y se la exhorta, se la invita a tomar “sus propias decisiones”, todo con este lenguaje. Para poder ser “libre”, tienes que buscarte la vida y construir tu propio futuro. Es una manera de decir: “esto es una selva y tendrás que perseguir tu éxito”. Perseguir tu éxito es quererlo y desearlo con muchas ganas y entonces lo que te separa de un multimillonario es la manera en la cual persigues tu sueño. Y esto es un elemento que se traslada al conjunto de la población, dando la sensación de que desaparecen las desigualdades, de que desaparece la sociedad porque solo estás tú y los temores que te separan de tu libertad. El concepto contemporáneo de felicidad se asocia al éxito y a esa forma de éxito, siempre enmarcado en una lógica de la pura competencia económica. Lo que pasa es que decir eso queda muy feo y es mejor el eufemismo de perseguir tus sueños.

Habla del riesgo de convertir al jefe en un colega, y la dificultad de luchar contra eso.

Es la nueva forma posmoderna de entender las relaciones laborales. Se considera tóxico todo aquello que impide el objetivo común entre el trabajador y la empresa de aumentar beneficios, como por ejemplo reivindicar tus derechos laborales, irte a tu hora del trabajo…, porque lo que te piden es un contrato emocional en el que lo tienes que dar todo, volcar tu alma en el trabajo. El trabajo son tus sueños y tóxico es aquél que no comparte esa unidad de destino que es la empresa. Una comunidad de microemprendedores, ése es el deseo ultraliberal.

¿Qué opinión le merecen programas doctrinarios de la televisión pública como Emprende?

Sabemos que la televisión y los medios de comunicación son uno de los principales dispositivos de configuración de ideas, de cómo pensamos las cosas y desde qué punto de vista. La industria de la motivación no es solamente una sesión personalizada de coaching, también afecta a nuestra realidad contemporánea, que va desde la práctica política institucional, con Albert Rivera diciendo “quiero ser el coacher de la sociedad”, hasta los programas de televisión, que constantemente se enfocan siempre desde el mismo paradigma y desde el mismo punto de vista. Así podemos encontrar desde Pesadilla en la cocina a El jefe infiltrado o El millonario anónimo. Lo vemos también en los anuncios, como los de coches, que son claves para construir esa imagen de hombre de éxito o de libertad y emancipación o de saber vivir la vida. La publicidad lleva décadas viviendo de Mayo del 68. Nos han robado el anhelo de utopía, esto lo decía muy bien Hayeck. Hasta que no recobremos esa potencia de creernos que es posible vivir la vida de otro modo, el neoliberalismo nos ganará la batalla. Mientras sigamos a la defensiva resistencialista de mantener lo que hemos tenido, cuando ya hay una generación que no tiene nada, seguiremos perdiendo. Si mitificamos el pasado de una clase obrera perdida o un pueblo perdido nos van a derrotar una vez tras otra, porque las fuerzas “deseantes” las van a seguir acumulando ellos. En el anhelo por vivir mejor y sufrir menos está la disputa política.

Deja un comentario