La burbuja del fracking

El gráfico de los pozos en operación y productividad media en EE.UU.entre 1990 y 2010 demuestra que el fracking no es rentable.

El gráfico de los pozos en operación y productividad media en EE.UU. entre 1990 y 2010 demuestra que el fracking no es rentable.

Por Paco Ramos / Ecoloxistes n´Acción. En los últimos dos años se ha podido observar cómo la petición de permisos de investigación de hidrocarburos ha aumentado de manera más que considerable en el Estado español. Según el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, desde el año 2008 el incremento ha sido de más del 67%. Detrás de esta avalancha se encuentra la implantación de una técnica de extracción de gas natural llamada fractura hidráulica (o fracking, en su horrible anglicismo) que permite explotar yacimientos “no convencionales”, es decir, aquellos que no se hayan explotado de manera masiva debido a sus altos costes energéticos y económicos, en muchos casos también ligados a su difícil accesibilidad. Hasta el momento el fracking solamente se ha desarrollado a gran escala en los Estados Unidos.

Esta técnica consiste básicamente en la realización de una perforación en el suelo, entre mil y tres mil metros de profundidad, hasta alcanzar las formaciones rocosas que, potencialmente, contienen gas metano en sus poros. Una vez alcanzada esa profundidad, se procede a realizar perforaciones más o menos horizontales para así fracturar el sustrato mediante la utilización de explosivos y la inyección a grandes presiones de un fluido de fractura compuesto por agua, arena y productos químicos. Con ello se consigue la extracción del gas metano, que al liberar la presión fluye hasta alcanzar la superficie.

Los impactos sobre el medio son numerosos y se han documentado ampliamente. Los fluidos utilizados son altamente contaminantes y requieren un tratamiento como tales. Además, pueden ocurrir filtraciones hacia los acuíferos, lo que hace que el daño a soportar sea incalculable.

Alrededor de la fractura hidráulica se han ido erigiendo una serie de mitos que en muchas ocasiones resultan ser falsos: desde que se trata de la solución a la escasez de combustibles fósiles hasta que ayudan a mitigar el cambio climático. Pero es que, además, todo indica que en realidad estamos ante una nueva burbuja financiera.

Según la experiencia adquirida en Estados Unidos durante la explotación con fractura hidráulica, se estima que es necesario invertir 42.000 millones de dólares para perforar más de 7.000 pozos anuales y así mantener el nivel de flujo de gas que los mercados requieren. Ahora bien, lo que resulta más alarmante incluso que las enormes cantidades de capital que demanda la fractura hidráulica, es constatar que en el año 2012 el valor del gas obtenido a través de ella fue de 32.500 millones de dólares. Es decir, una cantidad menor de la que se invierte. De lo que se deduce que la fractura hidráulica no solamente es un negocio ruinoso en lo que se refiere a la conservación del medio ambiente, a la protección de la salud o en lo relativo a la rentabilidad energética, sino que también lo es económicamente.

Las ganancias, en bolsa

Durante los últimos años las empresas financieras de Wall Street han estado promoviendo el gas de esquisto (o gas de lutitas gasíferas, muy ricas en materia orgánica) de manera frenética, con lo que sus precios se situaron por debajo de los costes de producción. Dicha bajada de los precios se provocó con la intención de hacer más atractivas las empresas dedicadas a la fractura hidráulica y sus acciones. De esta manera, con las fusiones y compra-venta de acciones, e incluso de empresas enteras, los actores de Wall Street salían beneficiados gracias a este tipo de transacciones. Ahora bien, como toda burbuja financiera, se confiaba en que la extracción de gas de esquisto se mantuviera en cantidades constantes en sintonía con las primeras estimaciones realizadas. Pero dichas estimaciones se han demostrado superiores a los datos de extracción en porcentajes que varían entre un 100% y un 400%. Este dato, unido al hecho de que aproximadamente el 80% de los pozos estadounidenses son “antieconómicos”, ya que el dinero que se obtiene de la venta del gas extraído es inferior a la inversión, dan como resultado un escenario en el que las bases físicas sobre las que se quiere asentar el negocio financiero no se sostengan. La extracción de gas de esquisto mediante fractura hidráulica no es suficientemente cuantiosa, no se realiza a un alto ritmo y resulta demasiado costosa tanto energética como económicamente para que se pueda hacer negocio con ella.

En un ejemplo más de la interrelación entre el mundo financiero y la economía real, y sus efectos perjudiciales en la toma de decisiones democráticas y en la protección de la salud de las personas y del medio ambiente. Esta evidencia nos lleva a lo siguiente: la publicitada independencia energética que supuestamente se perseguía en Estados Unidos era una falacia. Fue inducida artificialmente y ni siquiera la promesa de desarrollo económico local a medio-largo plazo, o la creación de puestos de trabajo, se han cumplido a pesar de tan abultadas inversiones. Los indicadores de desarrollo económico local (como la ventas minoristas o el ingreso medio de los hogares) en los condados donde se realizaron las obras principales no superaron la media estatal, salvo en los primeros momentos de las explotaciones. Además, los empleos directos de toda la industria del gas y el petróleo se calculan en menos del 0,5 por mil del total de aquel país desde 2003. Lo cual no puede interpretarse, ni mucho menos, como un cambio cuantitativo importante en el ámbito laboral.

Después del estallido

La apuesta por el gas natural no convencional extraído mediante fractura hidráulica es una decisión energética, económica, ecológica y estratégicamente errónea.

El aprovechamiento energético por medio de la fractura hidráulica es mucho más bajo de lo previsto dados los altos consumos de energía que provoca su extracción. Además, en el futuro aún será menor, lo que traerá consigo la perforación de nuevos pozos en un loco intento por extraer gas a un precio cada vez mayor. La sustitución total o significativa de los hidrocarburos convencionales por los no convencionales parece imposible, pues no podrían sostener energéticamente el tipo de sociedad actual.

Por todo ello la viabilidad económica de los propios yacimientos se verá perjudicada: la burbuja de la fractura hidráulica estallará. Aunque muchos pozos tengan que cerrar por motivos económicos, las consecuencias medioambientales perdurarán por siglos, en forma de contaminación de acuíferos y otras modificaciones nefastas para los ecosistemas.

Entretanto, se habrán malgastado esfuerzos muy valiosos y se habrá perdido un tiempo precioso para acometer el necesario viraje hacia un modelo energético en el que las energías renovables sean las predominantes, reduciéndose paulatinamente el consumo energético.

¿Como las punto.com?

Las empresas relacionadas con la fractura hidráulica no han parado de hablar de los beneficios que traerá esta técnica. Sin embargo, quienes han trabajado para estas empresas o con ellas saben que está lejos de ser una panacea energética. En 2011, en pleno boom de este sistema extractivo, cientos de correos electrónicos y documentos internos sobre este polémico asunto salieron a la luz. Para quien hubiera creído las promesas de estas industrias, la decepción debió de ser mayúscula: cuestionan que el potencial anunciado de los yacimientos pueda ser extraído y queda patente que el descenso de la producción es mucho más rápido de lo que se esperaba. Todo esto lleva a algunos trabajadores de la propia industria a comparar la fractura hidráulica con el crack de las punto.com o con un esquema Ponzi: la propia industria sabe que la fractura hidráulica es una nueva burbuja especulativa.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.

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