La conmovedora despedida de Líber Forti

Líber Forti en Salinas (Asturias) en 2012.

Líber Forti en Salinas (Asturias) en 2012.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

Uno de los privilegios de la profesión periodística es conocer y tratar a gente interesante, que no suele ser la que goza de fama y cargos públicos. A mí pocas personas me impresionaron tanto como Líber Forti, que acaba de morir en Cochabamba a los 95 años.

Hijo de un anarquista italiano, Líber Forti había nacido en Argentina, pero se consideraba boliviano, porque a Bolivia fue a parar de niño con el exilio de su padre.

Librero, impresor, sindicalista revolucionario, agitador cultural –sobre todo en el teatro, que llevó a las minas bolivianas–, Forti es un mito del anarquismo latinoamericano y un referente moral y humano irrepetible para los que pensamos que la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive es posible, algo especialmente complicado para un libertario.

Conocí a Líber Forti cuando vino a finales de 2012 en su última vista a España, porque ya había estado aquí incluso en pleno franquismo para contactar con la débil oposición a la dictadura. Cruzó entonces el Atlántico para saludar personalmente a Gregorio Morán, al que había ayudado durante la elaboración del libro del periodista ovetense sobre Rafael Barrett, el escritor español que impulsó el anarquismo en Argentina y Paraguay a principios del siglo XX. Lo acompañaba su gran amigo el editor boliviano Tyrone Heinrich, también colaborador de Morán en su libro.

Morán había decidido que se encontraran personalmente los tres en Asturias durante un viaje del periodista a su tierra. Aquellos días en los que estuvimos en Asturias compartiendo veladas y debates interminables, en las que no faltaron risas incesantes y alguna pasional discusión política, son para mí memorables y pocas veces recuerdo haber disfrutado y aprendido tanto en tan poco tiempo.

Líber Forti en 2012 en Asturias con el autor de este artículo a su izquierda y el escritor Braulio García Noriega (T. S. Norio) a su derecha.

Líber Forti en 2012 en Asturias con el autor de este artículo a su izquierda y el escritor Braulio García Noriega (T. S. Norio) a su derecha.

Líber tenía la mirada pícara y el verbo cálido y cautivador, porque el siglo XX era su biografía, tan novelesca que fue el protagonista de un libro de Régis Debray, uno de sus grandes admiradores.

Aquellas jornadas que ahora evoco con emoción, en las que Tyrone y Líber se patearon Asturias, fueron uno de esos regalos que te ofrece la vida y no parecían acabar nunca. Recuerdo un espontáneo concierto nocturno a capela, mágico e inolvidable, que nos ofreció de madrugada en una terraza Jerónimo Granda, otro figurante de lujo en aquella romántica excursión de unos ilustrados viajeros latinoamericanos por Asturias.

León Felipe, buen amigo de Forti, lo denominaba “luchador amoroso por la justicia”. Tyrone Heinrich dice que era “un inclaudicable combatiente de la ternura y la libertad”. Pero Forti, que era tan libre como indicaba su nombre, siempre anteponía lo humano a lo social, porque no entendía lo uno sin lo otro. Decía que había que respirar por el corazón y que lo importante no era convencer, sino conmover.

Y puedo asegurar que pocas personas me conmovieron como Forti.

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