La España de las banderas

Las banderas de España proliferan por las ciudades españolas, especialmente en el centro urbano, desde que estalló el conflicto catalán. Foto / Imanol Rimada.

José A. Madiedo Acosta / Presidente de la Asociación Española de la Marina Civil y ex director general de la Marina Mercante.

Engaño, manipulación, intoxicación, docta ignorancia y necedad institucional parecen tejer el entramado que se sustenta la vida pública española en este momento. Falsarios y cómplices interesados en que no se airee lo suyo, corruptores y corruptos unidos por causas comunes. Delincuentes amparados por el sistema, voceros de falsedades oficiales, retrogeneralitos dispuestos a contaminar a la opinión pública con patriotismos infectos, a las gentes con cabeza de balón y conciencia curtida por los apologetas de lo indecente. Tertulianos que mienten más que Judas en la última cena. ¡Que bochornoso espectáculo el exportado al corazón de la Europa degradada y decadente que nos contempla más allá de los Pirineos! ¡Qué cátedra de cinismo político impartida por incalificables doctores de lo esperpéntico! Niños mal educados para vivir en un mundo que no concuerda con lo que se les enseña.

Líderes elegidos por las bases democráticamente que son ninguneados por tribus de virreyes al servicio de los de siempre. Padres de la conciencia nacional, que se han enriquecido mientras decían defender a los obreros. Resurrección de aquellos que nos quieren unir en lo universal, tan universalmente como el capitalismo salvaje y ultraderechista que representa. Papeles diarios emborronados con mensajes de la gran caverna. La España de “Tatachundi Lerxundi“ ¡Presente!

Y en el fondo de todo este barullo social con claros precedentes, late una brutal lucha de clases que se pretende camuflar con encarcelamientos de dudosa naturaleza y mareas de arrebatados envueltos en banderas. Por las calles vuelve a bramar la bestia, mientras se detiene a unos titiriteros intrascendentes. Urnas que se almacenan en el teatro de la Comedia. Iglesias opulentas con mendigos a sus puertas. Politólogos que miran a la bola de las encuestas para situar en el mapa la cambiante posición de Antequera, mientras que el sol sigue saliendo por donde siempre.

Justicia, lo que se dice justicia, no es para estar muy contentos. Hay Justicia y justicia; hay Jueces y jueces. Carreras por Derecho, y el derecho a hacer carrera. Un Estado de Derecho que parece ser asimétrico, que se escurre por los olvidos, las pérdidas, las demoras, los indultos y otras tretas, y se vuelve contundente y riguroso cuando les interesa.

Las miserias propias, los escándalos que nos afectan a todos, porque nos han metido la mano en el bolsillo impunemente, pierden fuerza cuando se tapan con otros espectáculos públicos orquestados a base de cerrazón y procesamientos. Pero que finalmente se resuelven como se viene haciendo con el mismo dinero, es decir, con lo que se quita a unos para dárselo a otros que levantan más la voz a la hora de la protesta. Con lo que triunfa el espíritu del sistema: ese que impone que los ricos sean más ricos, y los pobres se repartan la miseria.

Y para colmo, para vergüenza de unos y otros, España está actualmente gobernada por un partido en el que abundan los delincuentes.

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