La estatua de Asorey es de un soldado franquista, no de Teijeiro

La estatua de Francisco Asorey de un soldado franquista que se quiere reponer ahora en Oviedo.

La estatua de un soldado franquista que se quiere reponer ahora en Oviedo.

Oviedo vuelve a vivir una polémica ideológica al decidir la Comisión de Cultura del Ayuntamiento reponer en su lugar de origen, con los votos de Foro Asturias y PP, la escultura del monumento al teniente coronel Teijeiro, el militar franquista que lideró las tropas gallegas que rompieron el cerco a la capital asturiana durante la Guerra Civil. La decisión, que cuenta con la frontal oposición de PSOE e IU, afecta solo a una parte del monumento, la escultura del soldado que acompañaba a la efigie del militar, reproducida en un muro que desapareció en 1995 en uno de los planes urbanísticos del anterior alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo.

El monumento, obra del escultor gallego Francisco Asorey, consistía en la escultura que ahora se quiere reponer y un muro pétreo que decía «Oviedo a Teijeiro – Año MCMXXXVI – Día XVII-X – En este día de triunfo para las fuerzas de Galicia los heroicos defensores de Oviedo recibieron aquí, con un abrazo fraterno, la ventura de su liberación». En la parte de atrás llevaba la efigie del militar grabada en bronce con la siguiente inscripción: «Teijeiro – 5-I-MDCCCXCII – † 27-XI-MCMXXXVI». Fue levantado en 1952 y al ser reformada la plaza en 1995 en uno de los planes de choque del anterior alcalde del PP, hoy delegado del Gobierno en Asturias, se quitó el muro posterior del monumento, suprimiéndose así la efigie del militar, en paradero desconocido desde entonces.

La estatua en sí consiste en la figura de un soldado ataviado con el uniforme franquista que porta entre sus brazos una enorme espada con la punta apoyada sobre la base cuya empuñadura recuerda la Cruz de Santiago. Tiene el rostro casi totalmente destrozado. Formaba parte de un conjunto en homenaje al teniente coronel franquista Jesús Teijeiro, al que mató una bomba de la aviación republicana en la calle Uría en noviembre de 1936, apenas un mes después de haber roto el cerco de Oviedo.

La retirada de la escultura fue aprobada en 2008 por la comisión municipal que se constituyó tras la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, que sirvió también para que el Tribunal Superior de Justicia de Galicia rechazase una reclamación de una hija del militar que había pedido que se repusiera el nombre de una calle con su nombre. Los operarios municipales aprovecharon una reforma en la plaza en la que estaba situada para retirarla discretamente en diciembre de 2012.

Fue el grupo municipal de Foro Asturias el que planteó que se repusiera en su lugar de origen, la plaza de la Liberación, la escultura franquista, que ahora permanece en almacenes municipales. La concejala Belén Arganza apeló a su “gran valor escultórico” y a su consideración como una simple pieza artística. Por su parte, el concejal de IU, Roberto Sánchez Ramos, aseguró que “la derecha ovetense ha decidido unir sus votos para reponer la estatua apologética del fascismo”.

La plaza en la que estaba colocada la estatua se sigue llamando Plaza de la Liberación, sin que se haya producido ningún cambio desde la promulgación de la Ley de la Memoria Histórica, que sí afectó a la avenida adyacente, que ya no se llama Calle División Azul sino Real Oviedo, al menos oficialmente. El lugar es aprovechado por la Hermandad de Defensores de Oviedo para celebrar cada año el alzamiento franquista contra la II República.

La asociación Trece Rosas-Asturias, colectivo a favor de la recuperación de la memoria histórica, ha dirigido un escrito al alcalde de Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, en el que considera que la reposición de la estatua constituye “un obstáculo para la reconciliación entre las partes enfrentadas”. Para su presidente, Moisés Álvarez, es imposible obviar “el valor simbólico” de la estatua de Francisco Asorey, por lo que pide que no sea repuesta sino depositada en un Museo de la Ciudad de Oviedo de nueva creación, “donde se podrían depositar y conservar este tipo de símbolos”, debidamente contextualizados.

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