La estrella rural de Lorena Álvarez

Lorena Álvarez y su banda. Foto / Jaime Santos.

Lorena Álvarez y su banda. Foto / Jaime Santos.

“Yo siempre te lo dije, Lorena -dice una vecina de San Antolín, la capital de Ibias-: tú naciste de culo y con estrella”. Y Lorena, con su risa contagiosa, asiente: “Una buena definición”. Tal vez porque ha pasado de ser la hija rarita del chapista (su padre tiene un taller en San Antolín) a firmar autógrafos en su antigua escuela. La vertiginosa carrera musical de esta joven está marcada por su origen en Ibias, una de las comarcas más aisladas de noroeste peninsular, pero sobre todo por un estilo original y excéntrico que la hace brillar con fuerza en el panorama actual de la música indie española. Por Jaime Santos / Periodista.

En apenas año y medio Lorena Álvarez tocó en Gijón con Nacho Vegas, fue contratada en festivales nacionales e internacionales y en Radio 3 la acogieron con fervor como un nuevo fenómeno musical. Ella sigue tocando en sus conciertos con su vieja y rota guitarra infantil y, aunque disfruta de su éxito, tampoco le da demasiada importancia.

En el verano de 2011 conocimos a Lorena en su San Antolín natal vestida con un chándal rosa que hubiera lucido la mismísima Cindy Lauper. En un pequeño local de este pequeño municipio asturiano, Lorena nos ofreció con desparpajo sus canciones, que aún no habían encontrado discográfica pero que ya vivían con fuerza en la mente de su familia y amigos. Había una grabada en una maqueta con instrumentos de juguete y con su pequeña sobrina a los coros. Poco más de un año después, el disco de Lorena cerraba el Telediario en horario de máxima audiencia y fue entonces, seguramente, cuando en Ibias comprendieron que lo de esta mocina tan original iba en serio.

Hoy Lorena vuelve a su pueblo natal con su Banda Municipal, compuesta por un extremeño y un oscense, para actuar en la escuela en la que se crió como alumna, desde infantil hasta los dieciséis años. El salón de actos está abarrotado, hay expectación en San Antolín y las paredes del centro educativo están decoradas no solo con sus fotos, sino con imágenes de las generaciones de niños que pasaron por el Aurelio Menéndez y que reflejan los muchos logros conseguidos por este centro educativo, varias veces galardonado por su programas de innovación, nuevas tecnologías y enseñanza de idiomas.

Orgullo de pueblo

Lorena, al igual que su generación y las anteriores, fue educada para salir del pueblo. La Asturias rural, próspera, industrial y minera de finales del siglo pasado supo formar a sus jóvenes, pero para triunfar más allá de la aldea. Además, en Ibias no se imparte bachiller, así es que los chavales que quieren seguir estudiando deben abandonar el valle. Eso mismo hizo ella en 1999 con rumbo a Oviedo, para ingresar en la Escuela de Artes y Oficios, donde empezó a desarrollar un estilo pictórico de cuadros naif que encierran un mundo interior similar al de sus canciones. Luego fue a estudiar con becas al extranjero. Un año en México y dos en Berlín. Al regreso de Alemania, Lorena volvió con sus canciones y probó suerte en Madrid, donde encontró el éxito mediático que casi sin querer estaba buscando. Ahora vive en Barcelona. Por eso, cuando los medios destacan su origen en una aldea de las remotas montañas que cabalgan la línea entre Asturias y Galicia, Lorena no puede evitar sentirse algo incómoda. “Teníamos tele y radio y hoy hay Internet, en esta escuela nos enseñaron que teníamos las mismas oportunidades que cualquiera y yo recorrí bastante mundo”.

Lorena Álvarez y su banda actuando ante sus vecinos de Ibias. Foto / Jaime Santos.

Lorena Álvarez y su banda actuando ante sus vecinos de Ibias. Foto / Jaime Santos.

Con todo, esta artista ni esconde ni quiere esconder que es de pueblo. Lleva navaja, viaja con bocadillo, le encantan las verbenas y “de mano soy desconfiada, cuando alguien me entra me pregunto: éste, ¿qué querrá?”. Que Lorena y su banda municipal estén hoy en San Antolín es una fiesta local y su padre la llama para recordarle que debe ir con sus músicos de ronda “para hacer algo de gasto en todos los bares del pueblo”. “Hablando de la cosa rural”, dice con una sonrisa cuando cuelga el teléfono.

Y de pueblo son sus canciones, un estilo que ella define como “tradicional sexy” tal vez para librarse de la etiqueta folk, que desecha porque “el folk me parece demasiado foral y serio y yo lo que busco es alegría”. Sus ritmos son populares y beben a grandes tragos de la rica tradición folclórica de estas tierras, pero sus letras en castellano son frescas, ingenuas, divertidas y despechadas, transmiten la sensación de un verano en la comarca más soleada de Asturias, de mañanas en el río y tardes bajo una parra comiendo tortilla hecha con huevos y patatas de casa.

Autenticidad

Tal vez Lorena se vista con el vestido y los zapatos de una imaginaria tía solterona, pero no lleva la pañoleta al pelo porque para ella lo tradicional es alegre y fresco, “sexy”. Suso, el tío de Lorena, se acerca para decirle algo en la lengua gallega que se habla en Asturias, y en este idioma ella contesta. ¿Por qué no escribir canciones en gallego-asturiano? “Me lo planteo y tal vez lo haga, ya me estoy librando de uno los complejos que nos inculcaron: el de que hablar en tu lengua es de paletos”.

Un bombo, una trompeta, una flauta, una vieja guitarra o un pandeiro son los instrumentos con que se orquestan sus conciertos, concebidos como una sesión de complicidad con el público. Mucha improvisación y poco ensayo. Sus letras son contagiosas, como su risa, y el público las corea.

En este equilibrio entre lo internacional y lo local, entre lo rabiosamente moderno y la esencia tradicional, uno de los músicos de su banda, el extremeño Juan Carlos Roldán, define el éxito de Lorena como el triunfo de la autenticidad. “Hoy muchas bandas se esfuerzan por triunfar y Lorena demuestra que lo importante es ser fiel a uno mismo”.

Un mundo único

Lorena en la panera de Santa Comba.

Lorena en la panera de Santa Comba.

Hay que tener mucha personalidad para que tu primer disco salga al mercado en forma de musicassette, una cinta de las de toda la vida. Y como hoy en día hay ya mucha gente que no tiene un reproductor para cinta magnética, el primer álbum La cinta de Lorena Álvarez y su Banda Municipal venía acompañado de un walkman barato para que todo el mundo pudiera disfrutar de su música. Después vendría el disco Anónimo, la mismas canciones pero ahora encapsuladas, naturalmente, en un vinilo. Y todo acompañado de un universo gráfico puramente kitsch.

A pocos kilómetros de San Antolín de Ibias, en Santa Comba de Boiro, hay una panera de 1946 con una galería de colores torneada y tallada en un estilo que recuerda al Art Decó. Un capricho rural que entonces debió de resultar estrafalario y que hoy es una de las joyas más originales del patrimonio etnográfico asturiano. Subida a ella, Lorena se fotografió para una de sus imágenes promocionales. Un mundo único que enamoró a la cantante mejicana Julieta Benegas, de quien fue telonera, a Nacho Vegas, con quien tocó en más de una ocasión, y a la discográfica barcelonesa Sones, que apostó por su estilo y ganó.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº27, JULIO DE 2013.

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